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La Pedagogía en una Escuela llamada Sociedad

 

Escribe Ignacio Martínez

Antonio Gramsci dijo:“…la relación entre maestro y escolar es una relación activa, de interacciones recíprocas, por las cuales todo maestro es al mismo tiempo alumno, y todo alumno maestro.

Pero la relación pedagógica no puede reducirse al ámbito de las interacciones específicamente escolásticas, por las cuales las nuevas generaciones entran en contacto con sus predecesores, cuyas experiencias y valores históricos necesarios absorben para madurar una personalidad propia, histórica y culturalmente superior. Esta relación existe en toda sociedad en su conjunto y para cada individuo con respecto a los demás, entre las clases intelectuales y las no intelectuales, entre los gobernantes y los gobernados, entre las élites y los seguidores, entre los dirigentes y los dirigidos, entre las vanguardias y los cuerpos de los ejércitos.

Toda relación de hegemonía es necesariamente una relación pedagógica y se verifica, no sólo en el interior de un país, entre las diferentes fuerzas que lo componen, sino en todo el campo internacional y mundial,…".

Los sectores poderosos que dominan nuestras sociedades, buscan hegemonizarlas  ideológica, cultural y éticamente.

Ese bloque en el poder nacional y planetario, está  representado por los oligopolios industriales-tecnológicos, armamentísticos, químico-farmacéuticos, militares, religiosos y de los medios de comunicación, que ejercen el predominio de sus ideas y de su cultura en los pueblos, para el sometimiento de éstos y para la defensa de los intereses de riqueza y de poder de aquellos.

Para nosotros los trabajadores, las capas medias, los pequeños productores y comerciantes, los estudiantes, los intelectuales, los artistas, es decir, las grandes mayorías que somos parte del pueblo, allí, en la ideología, en la cultura y en la ética, hay un territorio de lucha en procura de gestar el nuevo relacionamiento, la nueva pedagogía de los sometidos, de los explotados, que es la pedagogía de la libertad, con la didáctica de la libertad, que vaya gestando en el vientre de la sociedad consumista, corrupta, frívola, belicista y de la idolatría de la estupidez, una sociedad de la solidaridad, de la honradez, de la sensibilidad, de la paz y de la razón y la inteligencia, es decir la sociedad de la liberación.

Para esa libertad, para ese ser humano que es esencialmente espiritualidad condicionada por el lugar que ocupa en el complejo entramado social, no solamente será necesario cambiar esas relaciones sociales que nos condicionan, nos dominan y nos someten, sino que, al mismo tiempo y como un acto profundamente revolucionario y liberador, tendremos que desatar todas las capacidades creadoras y transformadores que tenemos dentro, tratando de germinar nuestras mejores partes, regándolas con la mejor agua que recojamos del mundo viejo y enfermo que lleva en su vientre el mundo nuevo que no ha nacido aún.

Aquí, entonces, es donde tenemos que trabajar intensamente por aquellos espacios extracurriculares que ofrezcan las artes, las investigaciones, las críticas y las autocríticas superadoras, reflexivas, en procura de ir esculpiendo un ser humano nuevo, mejor que el que tenemos.

Es imprescindible habilitar tiempos y espacios para reflexionar, para filosofar, para crear, para compartir, donde nadie sea más que nadie ni menos que ninguno, donde nos devolvamos la autoestima y la hagamos más grande aún, donde se potencien todas nuestras capacidades y nuestros talentos para que cada uno ocupe el andamio que sea en esta compleja, pero maravillosa construcción de la nueva sociedad.

Tomo como referencia dos hechos:

el debate organizado recientemente en el Liceo Nº 2 de Juan Lacaze con los jóvenes de bachillerato, pensando colectivamente por dónde debemos encarar la formación en valores de las nuevas generaciones, y el próximo Congreso de Educación organizado por el Liceo Tomás Berreta de Canelones (27, 28 y 29 de setiembre) que propone, entre otras cosas, analizar lo que podemos hacer, más allá de los programas académicos, para fortalecer la educación en nuestro país. Uno de esos aspectos es asumir todos nosotros el enorme potencial educativo-pedagógico que tiene la misma sociedad y particularmente sus dirigentes y los medios masivos de comunicación.  

 Columna Nº 159, publicada por el semanario uruguayo El Popular el viernes 28 de setiembre de 2012