23 de setiembre de 1850
Solo cuatro patriotas dieron el adiós póstumo al Prócer de América, Don Jose Artigas
Es hoy más que nunca, un articulo escalofriante, si leemos en el tiempo, si comparamos, si recordamos las épocas que hicieron despertar tantos impulsos de honestidad, de veneración a la palabra dada, de lealtad a toda prueba, en fin de amor a la libertad y de principios revolucionarios que solo un hombre en aquella época podía conmover: Jose Artigas.
El artículo es una copia del relato de un militar brasilero, pero es además el eco que nos viene del tiempo del "Diario del Uruguay" del mes de Setiembre 1850.
En realidad, comparado con este siglo donde la hipocresía es la clave para un modo de vida "moderno", donde la mentira es el pan cotidiano y la forma de propagarla es una peste que pudre corazones y mata el razonamiento.
Nos preguntamos porque, quienes, cuando, en qué momento comenzaron esta debacle imparable pretendiendo vendernos la impunidad como una nueva y maravillosa forma de vivir.
Justamente, gracias a la rampante oligarquía, a las logias masónicas y escorias de la nobleza fue que se destruyo junto con la Revolución Artiguista todo el entramado social por y para siempre; para siempre porque en el próximo gobierno volverán las logias enemigas del pueblo.
Debemos volver a recuperar en la práctica, las palabras sagradas de nuestro Prócer, Jose Artigas, "las armas en manos del pueblo para defender sus intereses e imposibilitar el despotismo militar".
Tenemos que reaprender a transformar aquella "admirable alarma" en una consigna de liberación, para que ningún extranjero, siquiera pueda pensar en subyugarnos, como ya lo fuimos y hoy volveremos a serlo, con los yankis pisoteando nuestro suelo y sus sucias botas y sus manos ensangrentadas por los traicioneros crímenes tiñendo el mapa del mundo.
Los pueblos de nuestra América vuelven a ser testigos de saqueos, torturas y violaciones de todo tipo realizados por estas hienas sedientas de sangre inocente.
Jose Artigas nos enseña que repartiremos las tierras y bienes de los malos europeos y peores americanos y a los traidores ajenos a nuestro sistema que se opongan a nuestros sagrados principios "Tráiganmelos engrillados a Purificación, aquí deberán trabajar para procurar su sustento"
Tal vez debimos responder como Jose Artigas, cuando mando fusilar al infeliz enviado que traía la propuesta de rendirse a las armas imperiales. Nunca será demasiado tarde para despertar el sueño de recuperar la dignidad extraviada en la maraña diabólica de discursos plagados de insultante contenido patriotero.
La dignidad es otra mercancía que puede ofertarse en la bolsa del rico mercader, riqueza obtenida a costa de la felicidad de ejércitos de seres explotados y mancillados de la más canallesca manera.
Cuando en aquellas épocas gloriosas de la patria, en setiembre de 1815 se echó a andar el Reglamento Provisorio para el arreglo de los campos y haciendas, el único medio de comunicación posible, era el jinete con su caballo, la contrarrevolución en tanto, obstruía las ordenes del Prócer en Montevideo; de todas maneras comenzaron a expropiarse las tierras para que "los mas infelices sean los privilegiados", lográndose por primera y única vez, que el pulso incontenible en el espíritu y los brazos mal armados de los revolucionarios del plata convirtiesen ellos mismos, en realidad, la felicidad tan trabajosamente lograda.
Repetimos para la vergüenza eterna: el 23 de setiembre del año 1850 únicamente cuatro personas eran los presentes cuando "El Prócer" pasa a ser eterno para la historia.
Hoy todo lo recuerda, pero principalmente la oligarquía extranjerizante que goza haciendo estruendosos discursos, pero ello no seria únicamente lo que nos avergüenza sino que la desvergüenza de reconocerse moralmente aniquilados para defender los intereses de quienes creyeron una vez más, en la bien orquestada mentira del "voto del pueblo libre" y los robos mas descarados y la venta de los bienes al mejor postor revirtiendo lo que para Don Jose Artigas tenía fuerza de ley:
"No venderé el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad", y el desfile de tropas genocidas y el despotismo militar y la impunidad ofrecida en el mercado. "Parece mentira -diría el Prócer- teniendo todo en las manos, les falta la decisión que a mi gente le sobraba"
"Es lo que me queda después de tantos trabajos, hoy vivo de limosnas".
¡Salve o; Prócer Inmortal!!
¡Veneramos tus palabras que será una orden en la consciencia de nuestro hacer de cada día!