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LA PAZ Y LA JUSTICIA SOCIAL QUE BUSCA SANTOS; ¿Es la que buscan las FARC?

 

Cuando Santos habla de violencia ¿opinan igual las FARC?

¿Dialogo o Desviación Burguesa?

¿Paz o Elegante Rendición?

Ni Partidos Guías ni Hombres Guías

IDEAS GUÍAS (Parte I)

 

 Corriente de Opinión de los Trabajadores Municipales

Año I – Número 5

 

Debemos más que nunca ser cuidadosos y usar conceptos con la máxima claridad posible. Consideramos que este es un tema por demás delicado y por sobre todo aclaramos que las FARC merecen nuestro más amplio respeto.

Claro está que nuestras posiciones se pueden o no compartir, y eso nos parece lógico, pero que consideramos que es imprescindible discutir si es que queremos compartir un espacio común como clase, considerando y manejando que elementos nos unen y cuáles no, para que con la máxima tolerancia entre hermanos de clase, podamos todos juntos arribar a buen puerto.

Nosotros consideramos que debemos establecer algunos conceptos centrales que definen nuestra base ideológica como clase que nos permita establecer (como dijimos antes), claramente coincidencias y diferencias ya que son ellas las que nos unirán o no al momento de establecer programas, tácticas y un accionar en común.

En esta etapa embrionaria, en la construcción de una vanguardia organizada de nuestra clase, entendemos que no podemos hacer o establecer nada que nos lleve nuevamente a un brutal retroceso.

VIOLENCIA:

La violencia es un concepto, es una categoría de análisis, como tantas otras que importan a la vida social; tales como democracia, libertad, estado, moral, ética, etc., etc. Corresponde entonces aplicarle un método científico de análisis y nosotros hemos elegido el materialismo histórico y dialéctico (la ideología de los trabajadores), para llegar a una conclusión sobre el tema.

La historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases y la violencia revolucionaria es el comportamiento de las clases oprimidas en el curso histórico de la humanidad.

El esclavismo se descompuso en medio de una violencia generalizada de levantamientos de esclavos cuya conducción estaba en manos de terratenientes que devinieron en feudales, convirtiendo a los esclavos en siervos y campesinos.

Estos mejoraron objetivamente su situación frente a los antepasados del esclavismo. Los señores feudales fueron en su momento histórico abanderados del progreso y el cambio.

Pero este sistema de producción, el feudalismo, entró en decadencia y el levantamiento de los siervos acaudillados por la burguesía, nuevamente adelantó el crecimiento de las fuerzas productivas, desplazando del poder político a la nobleza mediante revoluciones sangrientas como por ejemplo la revolución francesa, las guerras de la independencia en América Latina, la revolución norteamericana contra el colonialismo inglés, etc., etc.

La violencia revolucionaria es la partera de la historia cuando una clase social es impotente estando en el poder, de resolver las necesidades económico-sociales de los pueblos. Esta clase por lo tanto es ilegítima frente a las mayorías.

El materialismo histórico nos muestra claramente que la violencia estuvo siempre presente en los cambios sociales y existe por lo tanto una violencia que oprime (la clase vieja) y otra violencia que libera (la clase nueva).

La situación actual en la que vivimos constata que hay dos clases en pugna: una vieja, la burguesía y otra nueva, la trabajadora. La actual situación del desarrollo de esta contradicción está a favor de la clase vieja, más allá de que su suerte está sellada.

El sistema económico capitalista domina el grueso de la producción mundial.

El socialismo como sistema de producción es una calidad en la cantidad y responde en el devenir histórico de apenas unas cuantas decenas de años de experimentación social frente a siglos de producción capitalista.

Cuando se genera la muerte del sistema capitalista y nace el sistema socialista; cuando triunfa no

nuevo sobre lo viejo, el sistema nuevo (el socialista), es a su vez una nueva contradicción donde a la luz de las experiencias exitosas y fracasadas, se oponen la burocracia contra los trabajadores y por lo tanto, de la certera resolución de esta contradicción, se retrocede o se avanza.

Todo es una serie ininterrumpida de contradicciones encadenadas.

Estas se dividen en antagónicas y no antagónicas. Las primeras son irreconciliables y se dirimen por la violencia, mientras que la segunda se resuelven por la discusión, la tolerancia, la persuasión, la paciencia y fundamentalmente, por la educación.

La lucha entre oligarquía-trabajadores, es una contradicción de carácter antagónico e irreconciliable, por lo que la liberación de la explotación de los trabajadores se resuelve con la desaparición de la burguesía.

Estas premisas ideológicas conceptuales se trasladan a la práctica social mediante la política.

 Esta elabora una estrategia, una táctica, un programa y una organización.

El estudio de la situación de la realidad, o sea de la lucha de clases, marca la actividad política, pero siempre con norte estratégico claro: la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos y será por la violencia.

Debemos entender algo de una buena vez por todas, el sistema capitalista es un sistema por demás violento, y dicha violencia la aplica todos los días. Y si no veamos la situación de los países del Tercer Mundo.

Veamos en Laos los recién nacidos con peso por debajo de lo normal, observemos en Bangladesh los nacidos con atención hospitalaria, miremos en la India cuantos nacidos desnutridos hay, allí está Afganistán con su mortalidad de niños menores de 5 años cada 1000 nacidos vivos, o en Bhutan la mortalidad materna cada 100.000 nacidos vivos.

Miremos cuántos niños de 1 año hay vacunados en Etiopia o la malnutrición de niños de 5 años con peso menor del normal en Nepal o los adultos alfabetizados en Somalia. Veamos el consumo de calorías per cápita en Mozambique. Observemos la matricula escolar en estos países. Burkina Faso, Nigeria, Malí, Zimbawe, Zambia, Chad, Mauritania, Guinea-Bissau entre otros, son también otras tristes realidades a tener en cuenta tan solo a modo de ejemplo.

Y mientras sucede día a día y segundo a segundo en el mundo pobre, en Israel, Japón, EE.UU., Inglaterra y la gran mayoría de los países del mundo capitalista construyen armas para seguir oprimiendo, condenando y despedazando a los pueblos pobres del mundo.

La construcción de un Tanque MT A1 equivale a la construcción de 5 Centros Culturales, la fabricación de 1 Misil táctico tierra-tierra equivale a la construcción de 3 Escuelas, con el costo de 1 helicóptero Tigre se le daría Atención Social a 30.000 personas y 1 Caza Bombardero F 22 equivale a la construcción de 3 Hospitales. Estamos hablando en todos los casos de la fabricación de 1 de estas armas para que podamos apreciar la obscenidad del sistema capitalista de vida.

Entonces: Como podríamos ser los oprimidos los que iniciáramos la violencia si somos el resultado de una violencia determinada. Como podríamos ser los promotores de algo que, al instaurarse objetivamente nos constituye.

No existiríamos los oprimidos si no existiera una relación de violencia que los conforme como violentados en una situación objetiva de opresión. Son los que oprimen a los pueblos los violentos. Son ellos quienes instauran la violencia.

Quienes instauran el terror todos los días no somos los trabajadores, no somos aquellos que nos encontramos sometidos; los violentos son quienes con su poder crean la situación concreta en la que se generan los pobres del mundo.

Quien instaura la tiranía no somos los tiranizados sino los tiranos, quien instaura el odio no somos los odiados sino los que odian primero.

Quién instaura la negación de los seres humanos pobres no son aquellos que fueron despojados de su humanidad sino aquellos que se la negaron; quién instaura la fuerza no son los que enflaquecieron bajo la opulencia de los poderosos sino los que los debilitaron.

Sin embargo, para los opresores, en la hipocresía de su falsa “generosidad”, somos siempre los oprimidos a los que se nos denomina según nos situemos en “masa ciega”, “salvajes”, “subversivos”. Somos para ellos los que no nos acostumbramos a vivir en “democracia” y fundamentalmente, somos los violentos cuando reaccionamos contra la violencia de los opresores.

Entonces debemos preguntarnos; ¿la burguesía está dispuesta a la violencia para defender sus intereses?

SI; y además la aplica todos los días contra la sociedad.

Sin embargo, estoy seguro, si un Revolucionario pudiera elegir el camino para la construcción del socialismo, elegiría sin ninguna duda la vía pacífica. No obstante ello, tal afirmación es incompleta por a-histórica y abstracta.

Si partimos de la realidad de nuestro continente, nos encontramos con un hecho que domina la escena latinoamericana: la violencia institucionalizada o violencia estructural expresada en la violencia invisible del hambre, la falta de viviendas, el analfabetismo, la mortalidad infantil, la falta de cobertura médica, la falta de empleo, etc., etc. y por lo tanto esa violencia suscita la contra violencia como defensa al derecho a la vida y el derecho a la vida no se mendiga y siempre, absolutamente siempre, el grado de la violencia lo determinara la contra revolución.

Luis Rodríguez – Policlínica José Pedro Varela

 

CONTINUARÁ EN PRÓXIMO BOLETÍN