PRIMERA PARTE
ESCENARIO Y PROTAGONISTAS
VII - IDEOLOGÍA DE SARAVIA
El sistema de ideas y sentimientos que impulsaron a la acción a Aparicio Saravia brotan más de un profundo conocimiento del pueblo y de la Historia que de un marco teórico pre-elaborado.
Dije que hubo un predecesor de Aparicio Saravia; un jefe “blanco” que fue el espejo en el que Saravia quiso mirarse: ese hombre fue el General Leandro Gómez
Deseo evocar aquí nuevamente a Leandro Gómez, especialmente para el lector extranjero, porque incidió extraordinariamente en el pensamiento y la acción de Aparicio Saravia.Sin la memoria de Leandro Gómez, Saravia no se hubiera sentido “blanco” como se sintió.
Por eso retrocedo brevemente en el tiempo.
El Estado Oriental del Uruguay nació en 1830. Ya en 1851 el Partido Colorado había consolidado a sangre y fuego el modelo liberal entreguista. Había quedado como Partido único de Gobierno. Sin embargo, presionado por sus amos comerciales europeos los “colorados” comienzan a ceder algunos cargos a los “blancos” en la administración gubernamental.
Europa no quería bajo ninguna circunstancia que sus Estados-sirvientes tuvieran gobiernos “de partido” sino de “unidad nacional”.
Esos gobiernos de coalición en los países subdesarrollados debían ser una garantía de que ya no habría guerras civiles. Europa, que intervenía descaradamente en los asuntos internos de los nuevos países, había comprendido que para asegurar la estabilidad del comercio exterior, para proteger sus inversiones, no debía excluirse a los opositores; éstos debían comprarse con cargos y dinero.
El Partido Colorado obedeció esta orientación de sus financiadores extranjeros con disgusto Pero cuando los “blancos” desde sus nuevos puestos, afirmaron nuevamente cierto nacionalismo, el “colorado” Venancio Flores en 1864 dio un sangriento Golpe de Estado.
Las potencias coloniales europeas apoyaron el Golpe, porque los “blancos”, ahora con cargos gubernamentales, se estaban acercando demasiado al Paraguay, el único Estado de la región que se desarrollaba sobre una base de total soberanía e independencia económica. El pueblo paraguayo era el más alfabetizado de la región y el que se beneficiaba de la mayor equidad social.
Su gobierno desarrollaba la industria, el comercio y el transporte con tecnologías propias, prescindiendo en lo fundamental de la importación de manufacturas europeas. Era un mal ejemplo para la región; eso pensaban los ingleses.
Las potencias europeas deseaban destruir al Paraguay; pero siendo éste un estado ubicado en el interior del continente, sin costas oceánicas, era aconsejable hacerlo con manos ajenas.
El Emperador de Brasil y el presidente genocida argentino Mitre apoyaron el golpe de estado “colorado” en el Uruguay a condición de que el tirano Venancio Flores los acompañara después en el saqueo al Paraguay.
Es entonces que en la pequeña ciudad de Paysandú el General “blanco” Leandro Gómez con un puñado de héroes y heroínas resiste el Golpe de Estado. Leandro Gómez sabe que la causa institucional uruguaya está perdida, pero cada día que resiste en suelo oriental le da más tiempo al Paraguay soberano para preparar sus defensas. La furia del Emperador de Brasil, del argentino Mitre y del golpista Flores se vuelve impotencia ante la resistencia de la Heroica Paysandú.
Paysandú queda sobre el Río Uruguay. Por este río avanzó la escuadra brasileña, que se amunicionaba en Buenos Aires, para bombardear la ciudad mientras el golpista Flores y el ejército brasileño la sitiaban por tierra.
Estas graves noticias del sitio a Paysandú llegaron al Paraguay. El Mariscal Francisco Solano López, Presidente paraguayo, comprendió de inmediato que Paysandú era en ese momento la primera trinchera de la soberanía americana, la primera barrera del Paraguay independiente. Por ello López envió un cuerpo del Ejército Paraguayo en apoyo a Leandro Gómez. Su pasaje por tierra argentina hacia la frontera uruguayo-brasileña había sido autorizado de palabra por el presidente Mitre, pero luego éste lo denunció como una invasión paraguaya a la provincia de Corrientes.
Es absurdo pensar que el presidente López pretendía invadir la Argentina. López sólo buscaba cruzar por Corrientes para apoyar la soberanía oriental frente a una agresión del Impero de Brasil y su títere Venancio Flores, pero lo que el paraguayo no sabía era que ya existía un acuerdo secreto argentino-brasileño. Las tropas paraguayas llegaron tarde y fueron rodeadas y derrotadas en Uruguaiana por brasileños y uruguayos golpistas.
De todos modos, cuando caen los últimos defensores de Paysandú, en enero de 1865, Leandro Gómez había ganado un mes entero para que el Paraguay preparase sus defensas. Paraguay, a pesar de la derrota de Uruguaiana, replegó las fuerzas que quedaron de su frustrada operación militar y gracias a sus medios bélicos, muchos de ellos de fabricación nacional, y gracias al espíritu indomable de su pueblo, resistió a la Triple Alianza hasta 1870.
La dictadura de Flores, que empezó con el baño de sangre en Paysandú, terminó con otro baño de sangre del que él mismo fue víctima; pero los tiempos tumultuosos y dictatoriales “colorados” continuaron en el Estado Oriental.
25 años después, estas memorias bullían en el corazón de Aparicio Saravia. Por oposición al Partido Colorado, le parecía que la única continuación posible del Artiguismo pasaba por rescatar al Partido Nacional de su apatía y de su complicidad con el Gobierno. Era necesario resucitar al partido de Leandro Gómez.
Su experiencia militar en Brasil le había enseñado que la causa de los pueblos no podía fragmentarse por los marcos fronterizos. De un lado y del otro de la frontera la tierra era la misma y sobre ella se vivían los mismos enfrentamientos.
Del fundador del Partido Nacional, aquel Oribe aristócrata imbuido de patriotismo, Saravia tomaba su propuesta de un federalismo de Patria Grande, aunque se diferenció de Oribe al recuperar el sentido popular del federalismo de la época de Artigas.
Por todo ello Saravia en 1904, como Leandro Gómez en 1865, pasó a la mejor historia: sobrevivió en la memoria popular del campo.
VIII - JOSÉ BATLLE Y ORDÓÑEZ
También deberíamos hablar brevemente del archienemigo de Saravia, de Don José Batlle y Ordóñez, hombre de su misma edad, quien encabezó como Presidente de la República el bando enemigo en 1904.
Su abuelo catalán, Batlle y Carrió, se había radicado en el Montevideo colonial. En 1811, siendo muy joven, hizo un fuerte aporte financiero al ejército de Posadas, aquel destacamento armado que salió extramuros para enfrentar a los patriotas en la Batalla de las Piedras.
Pese a la postura españolista “empecinada” de este señor Batlle y Carrió, en 1830 el Estado uruguayo recién nacido le devolvió todas sus extensas propiedades. El hijo de este catalán fue el Coronel Lorenzo Batlle, participante de la agresión genocida contra el Paraguay, aquella invasión que ejecutaron los gobiernos de Brasil, Argentina y Uruguay de la que ya hablamos. Lorenzo Batlle fue oficial superior en aquel crimen contra América Latina, el crimen que había pretendido impedir Leandro Gómez resistiendo en Paysandú.
Lorenzo Batlle fue dictador, sucediendo y continuando al verdugo Venancio Flores quien finalmente había sido ajusticiado en Montevideo por patriotas “blancos”. Lorenzo Batlle fue un hombre de prestigio en el Partido Colorado y se esforzó para que su hijo José tuviera una esmerada educación europea.
José Batlle y Ordóñez, su hijo, combinó una ambición sin límites, una falta total de escrúpulos personales, con una observación inteligente de la situación mundial y una lúcida comprensión de los cambios modernizadores necesarios en su Partido Colorado y en el país.
El Capitalismo mundial entraba por entonces a la fase imperialista que se caracterizaba por la fusión de capital industrial y bancario, la formación de monopolios (embrión de las trasnacionales), la exportación de capitales y el reparto colonial del mundo y de las áreas de influencia entre las potencias capitalistas.
José (Pepe) Batlle y Ordóñez supo siempre de qué lado debía estar. Batlle estuvo contra Pancho Villa y Emiliano Zapata, contra Sandino y contra la Rusia soviética; apoyó siempre a los Estados Unidos y en 1904 pidió su apoyo militar directo, buscó la intervención yanqui, contra la subversión rural de Saravia.
Al mismo tiempo que fue un defensor activo del Sistema Capitalista Mundial, Batlle procuró que su país no fuera una semicolonia atrasada sino un estado con cierto desarrollo capitalista y con determinado nivel cultural, al estilo de Suiza, país al cual veía como modelo. Batlle partía de un marco teórico estricto, avanzaba con voluntad de hierro hacia el modelo de Estado europeo moderno que siempre tuvo en la mente, pero no vaciló en cambiar su discurso y su táctica política según la coyuntura y hacerse sucesivamente demócrata, magnicida, golpista, elitista, obrerista, intervencionista pro yanqui, absolutista y nuevamente demócrata según las conveniencias.
Se esforzó para que llegara de Europa mano de obra calificada. Para estimular a los inmigrantes Batlle elevó la calidad de vida de los trabajadores urbanos, echando mano a los aportes de los siempre postergados productores rurales.
Después de la derrota de Saravia impulsó leyes avanzadas para la época como la del derecho de la mujer al divorcio. Logró fundar un centro educativo gratuito de enseñanza secundaria para las jovencitas, e impulsó los liceos en las capitales departamentales. Su prédica cautivó y confundió a auténticos luchadores sociales urbanos.
Pero volvamos a fines del siglo XIX, cuando Batlle todavía caminaba hacia el poder y era apenas un disidente dentro del Partido único de Gobierno.
De alguna manera los gobernantes colorados previos a José Batlle, mucho más reaccionarios y torpes, favorecieron el discurso demagógico opositor de los “blancos”.
Los grandes terratenientes seguían sintiéndose postergados en el reparto de utilidades del Estado. Estos grandes hacendados se erigieron demagógicamente en voceros de los pobres del campo a los que procuraron sumar a sus demandas.
Pero cuando Aparicio tomó en serio este discurso ruralista, el Partido Nacional mostró su verdadera naturaleza oligárquica y lo traicionó. Y Batlle, el moderno reformador, enfrentó a Saravia implacablemente, demostrando así que su Partido Colorado podía modernizarse, pero que jamás sería el defensor de los verdaderos desposeídos.
En cuanto a sus políticas de estado, Batlle fue sin duda un gran político burgués. Continuador de la dinastía de Batlle y Carrió y de Lorenzo Batlle, Don José no fue el último de su dinastía: tuvo un sobrino llamado Luis Batlle que gravitó fuertemente en la política uruguaya de 1950. El hijo de este Luis, Jorge Batlle, fue presidente “colorado” del Uruguay en los 90. El hermano de Jorge, por suerte, se dedicó sólo a tocar el piano
O sea que cuando hablamos de José Batlle y Ordóñez, el adversario de Saravia, estamos ubicándolo en un árbol genealógico que tiene como denominador común estar compuesto por adversarios de las causas populares. Los Batlle son la dinastía más dilatada de la clase política uruguaya.
Siendo parte consciente de esa dinastía, José Batlle y Ordóñez fue sin duda su exponente más capaz y lúcido. Impulsó las reformas que el capitalismo necesitaba. El tirano Lorenzo Batlle, su padre, lo había educado bien.
Presentados los contrincantes, ahora volvamos al teatro de operaciones