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UNIDAD DE ocupACCIÓN:

 

Política militar y militarización de la política

Las divisiones evidenciadas en la bancada frenteamplista cuando el gobierno pidió al parlamento prolongar la ocupación militar de Haití, como lo hace todos los años sin mucho trámite, han provocado esta vez una polémica.

La negativa a votar de algún parlamentario, en todo caso, debería ser cuestión aceptada dentro de la vida democrática. Después de todo este es un país republicano en el que debería haber independencia de poderes.

Lo mismo en cuanto a la existencia de distintas posiciones dentro de una organización política plural. Si hay algo que nos ha enseñado la Historia es que en política es imposible desterrar el disenso.

El emerger de hoy de estas diferencias, que no son nuevas, en un tema que hasta ahora se pudo gestionar manteniéndolas silenciadas, se debe a una razón evidente.

La ocupación militar de Haití, crucial para mantener el actual sistema de dominación imperial, con la participación primordial de los países latinoamericanos y muchos gobiernos de pretendida izquierda, es algo que inevitablemente terminaría desgastándose.

Por un parte, por la creciente resistencia del lado de los haitianos. Por la otra, por el creciente bochorno del lado de los uruguayos.

Pero lo que resulta significativo es la reacción ahora de los responsables de que las cosas llegasen a este punto. Ante los primeros asomos de la disidencia: apelan a las sanciones disciplinarias.

Esto es lo que dice Lucía Topolansky porque Esteban Pérez se negó a votar“ Este no es un tema que tuviera libertad de acción, no es un tema filosófico ni de conciencia, es un tema de postura política" [Hay] "un mandato... tiene dos caminos: acepta el mandato..." o renuncia.

Aquí tenemos, para empezar, la lógica del mundo al revés: Como no se trata de un tema tan importante... ¡hay que callarse la boca y acatar!

No es, además, un tema de conciencia, ¡qué va a ser, si se trata apenas de un acto de guerra, de la ocupación militar de un país hermano!

Hay un mandato, dice Lucía. ¿Y con qué legitimidad se emite ese mandato?

¿No dice acaso la Mesa Política del Frente Amplio el 21 de diciembre, que sigue incumplido lo que resolvió el Congreso del FA (programar un “retiro progresivo”)?

¿Se apoya esta decisión en una libre discusión democrática previa, cuando los mismos diputados dicen que el tema quedó pendiente de discusión el 14 de diciembre de 2011, y la Mesa lo trata el 21 de diciembre del 2012, un año y una semana después, para que se aplique en la sesión de Diputados del 27 de diciembre?

Y aún en ese caso ¿con qué legitimidad se mandata a los senadores en la sesión del 20 de diciembre, si el organismo partidario se pronuncia el 21?

No le pidamos prolijidad a esta gente que ha abandonado cualquier coherencia conceptual en aras del oportunismo. Pero pese a todo, la izquierda uruguaya es políticamente culta y no está formada por recién nacidos.

Por eso, cuando se dice por ejemplo que estas actitudes en disidencia de algunos parlamentarios vulneran la “unidad de acción”, nos permitimos recordar el significado estricto de este concepto político.

Unidad de acción”, ¿qué quiere decir?

 

Si distintas fuerzas políticas, pongamos dos por caso, tienen UNA un pensamiento general rojo-verde-amarillo y quiere realizar las acciones A, B y C, y OTRA un pensamiento azul-naranja-gris y quiere hacer A, B y J, pueden hacer dos cosas.

Pueden ponerse a discutir desde los fundamentos últimos de lo verde, naranja, y azul.

O pueden decir:

Estamos de acuerdo en A y en B; veamos entonces como trabajar juntos en eso; también cómo hacer para no trabajar uno contra el otro en lo demás tratando de que C no sea anti-J ni J anti-C; y nos damos un espacio democrático y respetuoso para ir discutiendo tranquis lo rojo, lo verde, lo gris y lo naranja, sin que eso vulnere la acción común.

Eso tan simple es la unidad de acción. No pretende eliminar las diferencias, y no obliga a nadie a hacer aquello en lo que NO se está de acuerdo. Es una unidad “de acción” EN LO QUE SE ESTÁ DE ACUERDO.

Hay otro concepto de uso corriente en nuestra cultura de izquierda y es el de “unidad ante el enemigo común”.

Es un poco diferente porque en este caso sí se apela a dejar de lado las diferencias menores para hacer un frente común ante una grave amenaza.

La Mesa del FA se congratula porque la UNASUR, a pedido uruguayo, retirase de su resolución la frase: “Haití representa una amenaza para la paz de la región”. ¡Necesitaron ocho años de ocupar el país para darse cuenta de eso!

Sin embargo, si se hubiese mantenido esa frase absurda podríamos entender mejor la postura oficialista. Así, menos todavía.

Podrían haber dicho algo más o menos así:

En nuestra coalición hay quienes están a favor de una ocupación puramente militar y sin plazo, y otros quieren una ocupación “cívico-militar” combinada con retiro programado a cinco años... pero ANTE LA GRAVE AMENAZA que representan los haitianos decidimos dejar de lado esas diferencias menores en aras de la UNIDAD.

Disparatado pero entendible. En cambio, si Haití NO ES UNA AMENAZA, ¿por qué es tan inaceptable que haya diferencias sobre LA OCUPACIÓN MILITAR DE UN PAÍS HERMANO, que nada malo nos ha hecho ni nos hará?

¿Por qué poco menos que se cae el mundo si alguien aparece con una diferencia?

En política todo pasa por alguna razón. Tratemos de explicar esto que ocurre, en términos de lucha de clases.

El actual gobierno frenteamplista siente una amenaza: el posible retorno de la derecha. Pero ¿de qué depende esa posibilidad? Esto es, palabra más palabra menos, lo que piensan, y no es un secreto.

Nosotros -dicen-tenemos un apoyo de izquierda de un 25%, y un voto prestado de derecha de un 25% (más o menos).

Para mantener todo eso debemos hacer un GOBIERNO DE DERECHA, o perderemos ese voto prestado. Por otro lado tenemos una oposición burguesa tradicional que nos controla el estricto cumplimiento del programa de derecha. Nosotros no somos los dueños del negocio (o sea los dueños del poder real),tan solo concesionarios.

Si queremos que nos renueven el contrato tenemos que dar garantías creíbles de nuestra gestión a los dueños (o sea: la burguesía y el imperialismo).

¿Qué es lo que esperan ellos que hagamos? Que contengamos las demandas de los sectores subalternos, los explotados y oprimidos. Si hacemos eso somos creíbles (y necesarios),si no lo hacemos no somos creíbles (ni necesarios),y les van a conceder el contrato a otros gestores más confiables.

Por eso la “unidad de acción” burocrática y cerrada nos es tan necesaria. Porque si los distintos elementos de nuestro EQUIPO CONCESIONARIO DE GESTIÓN empiezan a tomarse libertades, si se nos INDISCIPLINAN LOS CUADROS, les van a a dar MALAS IDEAS a los oprimidos que están abajo y no vamos a dar GARANTÍAS DEL DISCIPLINA MIENTO de esa masa social.

Hasta ahí todo muy claro. Pero ¿qué tiene que ver Haití en todo esto?

Si la burguesía uruguaya fuese un poquito más robusta, si fuese como la burguesía brasileña, por ejemplo, podríamos pensar:

Estos burgueses tienen intereses propios en Haití, tienen inversiones de capital en empresas que explotan y súper-explotan el trabajo de los haitianos (como pasa con los burgueses brasileños), forman una cadena productiva que permite tener sectores de trabajadores calificados en este país (Uruguay si fuese como Brasil), que ganan mejor y por lo tanto están a favor de mantener el capitalismo.

Si nosotros -el gobierno-retiramos a los milicos de Haití, la rebelión de los haitianos les haría perder el negocio a nuestros burgueses Y NOS QUITAN LA CONCESIÓN.

Este planteo sería válido si Uruguay fuese como Brasil, que obviamente no lo es.

El único “interés económico uruguayo” en Haití es el interés mercenario y corrupto de los milicos como fuerza parasitaria al servicio del imperialismo, que se maman con la plata del combustible que roban falseando las bitácoras, y después se traen algunos pesos para hacerse acá una casita (véase la intervención de Esteban Pérez en el parlamento).

Pero ¿en qué va la burguesía uruguaya en eso, y después con eso el gobierno uruguayo? Alguna cosa moja algún burgués o algún político corrupto con las compras fantasmas de las fuerzas armadas, pero eso es algunos.

Los burgueses uruguayos nunca podrán ser “capitalistas como la gente” como sueña el Pepe. Son un caso patético de burguesía frustrada, nunca tuvieron un proyecto propio. Su medio de vida es la reproducción simple del capital y no llegan a la reproducción ampliada.

Mojan en alguna comisión por la venta de recursos naturales al capital transnacional, o por la introducción de bienes de la industria transnacional a nuestro mercado interno fundiendo a otros burgueses uruguayos, cobran algún puntito en algún bono financiero, y si pueden explotan por algún tiempo a los trabajadores uruguayos aumentando la intensidad del trabajo (la productividad les queda grande) hasta que se funden, o se rajan antes a algún sector del capital parasitario.

Así las cosas, los burgueses uruguayos deben estar siempre muy pegados al imperio de turno. No tienen intereses DIRECTOS en Haití, pero tienen un interés claramente definido en ser cipayos. Los yanquis son los que organizan el capitalismo mundial y los burgueses uruguayos no tienen vida propia ni quieren tenerla.

Los burgueses uruguayos necesitan unas fuerzas armadas hipertrofiadas porque ellos mismos como clase son comparativamente débiles.

Esas fuerzas armadas no sirven para nada en la defensa territorial del país, pero en cambio pueden servir como parte de la policía globalizada. De esta forma, además, se las mantiene y adiestra repartiendo los costos, de otra forma sería muy caro.

Como este gobierno necesita estar en buenas relaciones con la burguesía, y necesita ofrecerle una garantía para que lo dejen ejercer como concesionario, necesita también respetar la presencia de las fuerzas armadas.

¿Por qué no puede “reducirlas y profesionalizarlas” según dicen que quieren? Porque necesitarían licenciar sus tres cuartas partes, y encontrar un “empleo genuino” para toda esa gente. ¿Y dónde? Este gobierno de pretendida socialdemocracia pero sin base material redistributiva, no puede resolver ese problema. En cambio el negocio mercenario (la policía globalizada) le permite mantener un sector de miseria en los cuarteles y tener así un doble colchón.

En el presente, dándoles empleo y oportunidad de algún mango extra por misión, y en el futuro potencial para contener algún desborde de rebeldía popular que pudiera aparecer.

Vemos que el aborto, por ejemplo, puede ser tema de “conciencia”, pero la guerra no. ¿Por qué? Porque el aborto clandestino puede ser negocio privado de algunos empresarios médicos, tal vez amigos de Tabaré o tal vez no. Pero el negocio mercenario es negocio de Estado.

Un senador frenteamplista se lamentó el 20 de diciembre de la inconveniente difusión mediática que tuvo la violación de un joven haitiano por efectivos uruguayos.

Pero el 27 de diciembre un diputado frenteamplista revela “corruptelas” de esos efectivos (pequeño negocio individual subsidiario del negocio mercenario) y provoca el “malestar” de las autoridades de la fuerza política. La verdad es un acto de indisciplina.

Cuando el proyecto político incluye el cuartel, la disciplina política pasa a ser disciplina cuartelera.