Envíopostaporteñ@ 895

HISTORIA y VIGENCIA de la TRAICIÓN

 

Se me ocurrió este título a propósito de la disección realizada sobre la masa corpórea y mental de un ministro de este gobierno realizada por José Luis, avalada y ampliada por otros;( ver   Ejército ¿ PARA QUÉ ? por José Luis Baumgartnery y  VICISITUDES A LOS “HECHOS” INSOSPECHADOS  DE LA HISTORIA en postaporteñ@ 893 - 2013-01-07)

Por ello también, me animé a garabatear lo que sigue :                                                  

 Soy de los que creen en la historia como cimiento ineludible para lo que viene después; que desconocerla o creer en la mentira de textos y oratorias de los políticos, nos lleva irremediablemente a carecer de Nación y de Patria en sus más puras acepciones.

 Como siempre, aprecié lo que hace poco se publicó en la Posta escrito por Gonzalo Abella, por quien siento un gran respeto y afecto.

Creo estar en su misma línea política, aunque tal vez no tanto en algunas abstracciones ideológicas.  Citar su nombre es más bien para preguntarle que para disentir. Carezco de su nivel de conocimiento histórico y por eso mis opiniones deben ser tomadas como dudas para esclarecer. En la salida del día 20 /dic. , expresa que José Batlle, en la guerra civil de 1904, enfrenta a los terratenientes.

Deseo acotar al respecto que el Partido de gobierno, el Colorado, tenía  tantos terratenientes como el Partido Blanco. Desde los inicios sus dos grandes y emblemáticas figuras, Rivera y Flores, por citar a los más relevantes, poseían decenas de miles de hectáreas por ejemplo, en el Dpto. de Río Negro. No tomo este hecho como crítica, sino como la expresión de un orden económico propio del contexto de la época basado en el despojo.

Acotemos además, que mil o dos mil hectáreas dedicadas a la ganadería en aquellos tiempos, no hacía rico a nadie. Minifundista según el rubro explotado, equivalía a lo que hoy es un pequeño o mediano productor. Pero lo más saliente respecto a la tenencia y color político de los terratenientes, es el hecho de que a partir del primer desgobierno de Rivera, de la Guerra Grande declarada por este a Rosas y, continuando con el casi perpetuo coloradismo usurpador del poder desde 1865, este partido entregó gran parte del país al norte del Río Negro para hacendados brasileros (que venían con sus propios esclavos!). Estos hacendados son los ascendientes de numerosas y conocidas familias coloradas con campo actualmente al norte del país principalmente.

 Un segundo tema, refiere al influjo de la memoria del excepcional héroe Leandro Gómez sobre el noble Aparicio Saravia. Sin dudas, el ejemplo de Leandro como valiente, por su integridad como hombre y como patriota, por su inigualada hidalguía, debió haber calado hondo en el corazón  de Aparicio como en cualquier patriota honesto. Pero no olvidemos cuanto pudo haber influido Timoteo Aparicio, a quien acompañó casi niño en la Revolución de las Lanzas, y a su glorioso hermano Gumersindo de quien fue su segundo en la Revolución de los Farrapos.

 Pero algo que me obligo a decir, es que no es posible mencionar a Leandro Gómez sin mencionar a Bernardo Prudencio Berro, con quien los propios mal llamados blancos han sido tan mezquinos, y quien en mi concepto fue, como presidente, el más probo, el más moderno, el más progresista y el más grande defensor de nuestra soberanía. Como hombre público de más jerarquía exigió como nadie una educación  pública laica, gratuita y obligatoria (no prosperó en aquel Parlamento su propuesta de sancionar económicamente a los padres que no enviaran sus hijos a la escuela, o en su defecto, con prisión); Bernardo Berro  seguramente influyó en su sobrino José Pedro Varela Berro en su visión educadora.

 Bernardo P. Berro enfrentó simultáneamente a las reclamaciones del Imperio Francés, del Imperio Británico, del Imperio de Brasil, a la luz del resultado de la infame Guerra Grande y sus antinacionales tratados de 1851; al criminal unitario Bartolomé Mitre ayudando a los colorados al mando del anticristo criollo Venancio Flores, y a la medieval Iglesia Católica representada por el Vicario Monseñor Vera, justamente  expulsado del país. 

Berro fue fusionista y prohibió el uso de las divisas, pero la realidad de la esencia del Partido Colorado, le hizo regresar, al final, a su condición de blanco, condición que ningún político activo del Partido Nacional de hoy  tiene. Son consecuentes y cómplices de la política de entrega del gobierno actual.

 Leandro Gómez fue hombre de Berro y más aun, de otro dignísimo oriental, como lo fue Atanasio Aguirre (quien hizo quemar públicamente los infames tratados mencionados),  presidente Interino durante la gloria de Paysandú y también cuando la toma de Durazno y Florida -donde  la saña del jefe colorado cubrió de gloria al mayor Párraga y tres de sus oficiales defensores en la proporción de ocho a uno y todos fusilados-, hasta el constitucional traspaso de mando a Tomás Villalba, deponiendo blandamente este último las armas frente al vesánico sanguinario  y supremo traidor Venancio Flores junto a las tropas y armada del imperio vecino.

 Recordando una de las notas de Gonzalo, leí su afirmación de que Flores fue asesinado por los blancos. Reconociendo mis limitados conocimientos, deseo opinar que no hay pruebas de que haya sido así; ni los propios colorados lo creen.

La primera acusación formal sobre el más seguro asesino, fue la de la propia viuda de Flores, a la que se sumaron las voces de otros dirigentes de su propio partido, sindicando al célebre degollador Goyo “Jeta” Suárez, su acérrimo rival por el poder. El grito de ¡mataron a Flores, fueron los blancos, vénguese (por véngase)! fue el pretexto para la carnicería llevada a cabo por el coloradaje usurpador. Una de las víctimas, brutal y demencialmente torturado por un hijo de Flores durante horas hasta morir, fue Don Bernardo Prudencio Berro, el mártir ignorado. Mientras el cuerpo de este auténtico cristiano era arrastrado colgado a un carro de los pies, la Iglesia preparaba la sepultura del traidor genocida en la Catedral Metropolitana, donde también ya reposaban los restos de su mentor e inspirador, Fructuoso Rivera.

He ahí el premio a la infamia de la llamada Cruzada Libertadora llevada a cabo por asesinos y traidores (¿cristianos?), el premio a la traición y el genocidio.

 La tramoya de la venganza por lo de Quinteros, fue la otra farsa para asaltar el poder y servir a los amos extranjeros.

 La indigna deformación oficial de la historia culpando a los blancos del fusilamiento del sanguinario a su vez fusilador César Díaz y a muchos de sus compañeros, es flagrante. Ni Pereyra –fue hombre de la Defensa- y el propio ejecutor de la orden de fusilar, Anacleto Medina, era por entonces blanco. 

 El partido único, el del acomodo y el entreguismo conformado por colorados, “blancos” y frenteamplio,  la misma cosa logrado el poder,  mantiene la ofensa al honor, a la condición humana y a la República rindiendo en el nomenclátor homenaje perpetuo a la infamia.

Una forma de complicidad en la traición y la exaltación del delito.

 ¡Cuánta deshonra para la ciudad de Colonia, de Montevideo, y tantos Departamentos!

                         

 

 Basco Echenagusía   04/01/13