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Aparicio Saravia -El Traicionado - Gonzalo Abella

 

SEGUNDA PARTE: LOS ACONTECIMIENTOS

XI - PRIMERAS ACCIONES ARMADAS

En 1896 Aparicio Saravia convoca a una “concentración” en la zona fronteriza de Pablo Pérez. Le responden de inmediato 2000 hombres con lanzas y escasas armas de fuego. Algunos son hacendados pequeños al frente de sus peones, otros son hombres sueltos del campo corridos por el alambrado y el desalojo, otros son desertores de la leva forzosa.  La noticia vuela y se agranda.

Idiarte Borda no se preocupa; pero el Partido Nacional sí.

De inmediato el Directorio expresa su condena “a todo movimiento anárquico”.

El caudillo “blanco” de Cerro Largo, Justino Muniz, coordina con el Gobierno “colorado” para detener a ese “brasilerito fanfarria” que está desafiando su liderazgo en el Partido Nacional. El directorio “blanco” por su parte intentará asesinar a Saravia y, al no poder hacerlo, delatará sus planes.

Vale la pena transcribir el comunicado oficial del Directorio “blanco”:

Perseverando este Directorio en la acción patriótica que ha de arrancar al Partido  de la inercia del abatimiento, manteniendo como es su deber la plenitud de sus facultades  de dirección política ejercidas sin mandato imperativo alguno que las limite… no puede asentir ni conceder aprobación a pesar de cuanto en contario pueda propalarse, a actos, propósitos ni organizaciones de trascendencia colectiva que impacientes o prematuros comprometan los destinos  de la asociación que él preside… Desautoriza  en consecuencia a toda personalidad, centro u organización dentro del Partido Nacional  que por ceder a impacientes pudiera ocasionar movimientos anárquicos o pretendiera sustraer a parte alguna del Partido para hacerlo adoptar una línea de conducta aventurera o temeraria”

Y como los sucesos se precipitan, el Directorio blanco, si no puede frenarlos, los delata:

Rumores circulantes de una próxima conmoción en el país que involucran indebidamente la representación del Partido Nacional obligan al Directorio a condenar todo movimiento anárquico estimulando a las comisiones departamentales para que lo desautoricen y comuniquen rápidamente a  los correligionarios caracterizados del departamento la enunciada decisión”  

Justino Muniz, el jefe “blanco” del departamento de Cerro Largo,  General al servicio de los “colorados”, recibe este nuevo mensaje del Directorio. En un comunicado que no firma porque no sabe, pero que aprueba como suyo, establece:

La comisión Departamental  que tengo el honor de presidir cumple con el imperioso deber de llevar  a conocimiento de los correligionarios el telegrama transcripto para que no sufran las consecuencias fatales de una mistificación política que perjudicaría hondamente los sagrados intereses de nuestra colectividad…” 

Aparicio Saravia en cambio es de pocas palabras. Cuando un lugarteniente le pide que hable a los hombres armados y reunidos, Saravia contesta:

-Yo creo que con un viva la Patria, viva la Revolución y viva el Partido Nacional es suficiente ¿No halla?

Sin embargo sus lugartenientes “letrados” entienden necesario un comunicado. La guerra no la deciden solamente las multitudes a caballo

Los saravistas pensaban ahora que la estructura dirigente del Partido Nacional había resultado una farsa. Pero en realidad no lo era: simplemente defendía intereses de clase diferentes y su pomposo Comité Militar en Buenos Aires era parte de una estrategia cuyo fin era presionar al gobierno colorado, amenazarlo con una guerra que nunca declaraba, conseguir así cargos en la administración, y no cambiar verdaderamente la situación  de los pobres del campo. 

Del Directorio ya no se podía esperar nada; en el mejor de los casos una pasividad resignada ante la fuerza de los hechos desencadenados ¿Acaso no había rechazado hasta los títulos de propiedad de Aparicio, que éste había ofrecido para financiar la guerra necesaria?

Por eso los lugartenientes de Saravia, asumiéndose como continuadores de Leandro Gómez y del verdadero Partido “blanco”, el de la Heroica Paysandú de 1864,  escriben y difunden:

“El Partido Nacional abandona su actitud pacífica…en la justa demanda de sus derechos civiles y políticos…para combatir al oprobioso Gobierno, en nombre de la libertad institucional; la Patria reclama con voz herida el sacrificio de los buenos, que felizmente corren presurosos a secar sus lágrimas con el riego de su sangre generosa”   

Aparicio Saravia se hace así único heredero del partido de Leandro Gómez

Comienza su recorrido y recibe nuevas adhesiones de hombres sueltos y de hacendados “cimarrones”. Pero los hacendados “blancos” latifundistas que podrían  hacer importantes aportes en dinero y en caballos le dan la espalda. Más aún: colaboran con el general “blanco” Justino Muniz que lo persigue.

Sin grandes hechos de violencia al principio, la columna expedicionaria puede ser imaginada en todo su pintoresquismo. Recuerda Nepomuceno, el hijo de Saravia:

“Encontramos tres músicos italianos que el General contrató a $30 por mes y se unieron a la columna”   

El levantamiento de 1896 terminó con una derrota de Saravia. Bastó una estampida de caballos en la noche, para que se hiciera irreversible el desánimo masivo de aquella gente aún desorganizada. Sin caballos la gente se desmovilizó sola, buscando muchos la frontera protectora del Brasil.

Entonces Saravia dijo a los inquebrantables: la revolución recién empieza.

Y picó espuelas él también para la frontera.