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UN ACTO DE ?JUSTICIA?

 

Al fin se pronunció la corte;  al fin la justicia hizo su “justicia”:   los criminales no serán enjuiciados y las víctimas deberán resignarse. Es un acto acorde a derecho moralmente deleznable.

 Otra vez el derecho va por un lado y la justicia por el otro. Algunos se conformarán con lo que impone el “Poder” (judicial) y otros¿? felizmente- no.

Al fin quedó claro que esta es la “justicia” que hay; que todas las puerilidades con las que nos habían querido convencer sobre la imparcialidad de los jueces era mentira.

Al fin se les terminó de caer la careta a los que durante años acompañaron a regañadientes la lucha contra la impunidad y con su pasividad hicieron posible este desenlace y ahora respiran satisfechos: me refiero entre tantos tartufos al Sr. Presidente y Sra.

Al fin se termina de consolidar -aunque parezca contradictorio- lo que la mayoría de los uruguayos quería: que se terminara de una vez por todas con el asunto de los derechos humanos que tan ingratos recuerdos les trae, a los que de alguna manera hicieron o dejaron de hacer para que esto ocurriera.

Al fin se llega a la instancia que tantos decían que querían; la del abrazo

Los torturados con los torturadores, las violadas con los violadores, los secuestrados con los secuestradores, los familiares de los desaparecidos con los desaparecedores, y así sucesivamente.

 Y si alguno no tiene la grandeza de alma necesaria para dar ese paso, peor para él; eso demuestra una mezquindad de espíritu que lo margina de este pueblo pletórico en actos de grandeza.

Porque al fin y al cabo, dejando de lado los tecnicismos jurídicos que ha nadie importa, la Suprema ha sabido interpretar sabiamente el sentir mayoritario de los uruguayos que en varias oportunidades se pronunciaron de la misma manera.

  Primero, a través de sus representantes electos y después, para que quedara bien claro, dos veces en forma directa.

  La voluntad popular fue contundente: no queremos que se juzgue a los que nos sometieron por la fuerza, encarcelaron o mataron a los que se les opusieron, ni a los que violaron a nuestras mujeres y desaparecieron a nuestros hijos. Esa fue la opinión de la mayoría y esta sentencia la deja firme;  al que no le guste, mala suerte.

Se me podrá decir que ese no fue el sentir de la mayoría, que la mayoría entendió que eso que yo digo no le pasó a ella, que “eso” le pasó a otros!, bueno de ser así, estamos frente a un problema. 

Porque en ese caso o durante la dictadura la mayoría no se sintió sometida y humillada (los sometidos y humillados eran otros) o la mayoría sufrió todo eso, pero  aconsejada por sus líderes, prefirió resignarse y a esa claudicación llamarle “perdón”.

Seguramente pasaron las dos cosas: algunos nunca se sintieron menoscabados en sus derechos ¿?y eso habla de su conducta durante la dictadura o de su escasa sensibilidad ciudadana- y otros, aunque ofendidos, prefirieron “doblar el pescuezo” que también es una forma de hablar.

¿Cuál es la argumentación de la corte o cuáles han sido las razones que se han dado los uruguayos a sí mismos para directamente o a través de sus autoridades legalmente constituidas proceder de esa manera?

 Ahora  no interesa.  La consecuencia es que los criminales quedarán impunes, la comunidad internacional nos condenará legal (y moralmente) como corresponde y no nos queda otra que hacernos cargo de lo que somos: una nación de pusilánimes que con argumentos diversos  perdona a sus verdugos porque se identifica con ellos o porque no le da el coraje para condenarlos.

Porque si algo queda claro es que esta sentencia desnuda nuestro verdadero carácter nacional.  No importa que algunos no estemos de acuerdo con ella y no nos sintamos identificados con lo acontecido y resuelto.

 Está bien que muchos se sientan indignados y avergonzados por lo que la supuesta justicia ha dictaminado;  está bien porque pone de manifiesto que todavía quedan seres vivos en este cementerio pestilente. 

Pero a no equivocarse eso no es lo que piensa la mayoría. Nosotros somos la minoría y a mucha honra.

 Para la mayoría, incluidos varios y varias prohombres de la patria, formadores de opinión y líderes de todos los pelos políticos y religiones, este es un fallo que los refleja.

Está claro que fuera de los círculos militares ninguno de los que auspiciaron esta sentencia saldrá a festejar;  no les da la cara y se harán los desentendidos.

 Habrá los que con sus volteretas, agachadas y ambigüedades que también son responsables de lo ocurrido fingirán asombro e indignación; pero todos, hasta los más abyectos, saben desde el fondo de su conciencia ¿? no importa como lo racionalicen- que están en pecado; que con su acción u omisión han contribuido a gestar uno de los actos criminales más oprobiosos de nuestra historia.

Todos tendremos que hacernos cargo de este hecho. Algunos como víctimas y otros como victimarios; algunos como los que sufrieron el agravio, otros como los que lo hicieron posible o lo realizaron.

 De ahora en más todos tendremos que hacernos cargo de lo que somos y de lo que hicimos. La cuestión es no olvidar a ninguno; a no caer en la tentación del perdón, porque mientras los que lo hicieron posible no se arrepientan ¿?cosa improbable- no pueden ser perdonados.

 Tendremos que vivir con eso.

25-02-2013