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BALANCE del 25 de febrero en Plaza Libertad

 

Después de la última jornada colectiva de la Plaza Libertad

La convocatoria del lunes pasado en la Plaza Libertad, ha tenido la ventaja de dejar muchas cosas claras y, en ese sentido, se han desbrozado el camino.

Ahora sabemos todos, que el FA, no está para encabezar lucha popular alguna, sino que prefiere seguir los caminos de dejarse de amagar  y someterse a los dictámenes de la SCJ, sin mayores alharacas. Fueron todos alardes radiales, y solo por el ICIR, del Sr Presidente.

A lo más algunos voceros (ver Brecha, edición. del 1 de marzo, Walter Pernas págs. 6-7) hablan de que habrán de impulsar leyes y por esos caminos salir del atolladero en el que se metieron.

 A los demás nos queda desearles éxito en esos caminos trillados, sabiendo que, trabados como están internamente, será una vez más, los desacuerdos internos, las peleas, las “filtraciones” a la prensa burguesa y el resto de la consabida riña en la bolsa de gatos, que es el FA en el gobierno.

Ellos están en su camino de ganar las elecciones- si pueden!!!- con otra carguita de desprestigio acumulada.

Sabemos también que el PIT-CNT, por lo menos su mayoría (que es bastante ficticia y maniobrada) está para alardear de un apoyo “obrero y masivo” que tampoco pueden movilizar efectivamente, en los grandes temas populares como el de los Derechos Humanos.

 Ese debate se da en la dirección sindical, pero está ausente en las asambleas de base.

Esa misma dirección está para los amagues de intervención pero sin pasar las fronteras de lo meramente reivindicativo.

Solo ahí son una fuerza popular a contar, en lo demás están para participar pero rompiendo con los manifestantes desde adentro de la movilización misma, como lo hizo el “pitufo” Ohyenart, ante las cámaras de la televisión, mientras se oía en off, la voz de una participante femenina que le agregaba a sus palabras “de retirada” este juicio lapidario: “como siempre, con las maniobras” y así se conoció en el mundo entero.

 Los “maniobreros” de siempre, están para eso.

Es la limitación que tiene la dirección “por arriba” sin participación, movilización y concientización de las bases laborales y obreras.

Una diferencia muy apreciable con el movimiento obrero y laboral de antes de la tiranía, donde los militantes y activistas estaban politizados y alertas.

Seguirá así hasta que los trabajadores concientes los desalojen de una vez por todas a ellos, y a la fracción gubernamental de la “Concertación”, de los sindicatos en los que están claveteados a las butacas. Los primeros signos ya se hacen sentir con la ampliación de la sindicalización.

Pero todavía está en pañales.

Se les ha despejado también el camino a ciertos críticos del movimiento popular que temieron que todo esto fuera una puesta en escena del Gobierno para congregar apoyo popular y lanzar la campaña electoral.

Ni pueden hacer esos amagues, porque toda la acción del FA se basa en los “representantes”, los “dirigentes políticos” y el “marco parlamentario”, sin la movilización del electorado más que para una participación pasiva, como votantes, en las elecciones.

La mística de la “unidad” de pareceres entre la base y la dirección se ha disipado, sabemos todos que en temas vitales como son los Derechos Humanos, no hay más posibilidades de engañar a la gente, fomentar falsas expectativas, seguir jugando a la sombra de las confusiones.

Ellos, están en el bloque de los que no quieren ni juicios, ni justicia, ni siquiera procesos a los integrantes de la corporación militar que son todos ahora, responsables por complicidad, con los asesinos que todavía alberga en su seno.

Hay que seguir el camino, como antes, como siempre, solos, que es mucho mejor que andar mal acompañados. Vendrán declaraciones desde el exterior, le señalaran otras corporaciones al Uruguay que está en falta, que no cumple acuerdos internacionales que laudó, y les señalaran la falta.

 Son esos, buenos aparceros, compañeros de ruta deseables, pero en la lucha que se librará aquí y no en algún otro lugar estamos solos. Y eso es bueno porque, como en otros temas, el divorcio entre ellos y nosotros ahora es claro, terminante.

Se trata de una lucha, que  implicará una modificación fundamental de los parámetros establecidos desde la caída de la tiranía y establecidos por todos los gobiernos que se sucedieron en “democracia”.

  No hay democracia política posible, con régimen republicano, división de poderes y la mar en coche, y mucho menos una democracia social digna de su nombre, que pueda desarrollarse si la sociedad toda no reconoce los crímenes que cometieron la alianza cívico-militar de la tiranía. 

Sus tres soportes: los políticos profesionales, las corporaciones del capital en todas sus esferas (incluida la prensa privada y los medios de comunicación masivos) y la corporación militar. Todos ellos para defender el sistema, cuando éste estaba en crisis, se coaligaron. Se olvidaron de la democracia, se olvidaron del republicanismo, se olvidaron de las divisiones de poderes, se llamaron unos al silencio para dejar hacer, y otros envalentonados, alentados, hicieron. Eso fue la tiranía cívico-militar.

 La lista de sus crímenes, excesos, y el resto del barbarismo que introdujeron en la sociedad, recién comienza a conocerse, es mucho mayor de lo que sospechábamos todos, incluye personas totalmente inocentes, que fueron asesinados bárbaramente y de los que recién comenzamos a conocer algunos aspectos (1)

 Porque las cosas han desbordado el “marco” que se habían fijado tolerar, es que la superestructura reacciona. Se ha roto (o está amenazado) el “consenso” que era informal, para dar paso, o abrir camino,  a la ley entre iguales, una cuestión que las clases dominantes no pueden tolerar ni admitir.

Todo el proceso general, de de-construcción del estado burgués democrático, pasando por el estado autoritario hasta llegar a la tiranía militar, así como el proceso posterior de re-construcción de ese desprestigiado estado para hacerlo servir “a la restauración democrática” y reinstalar los paradigmas de dominación, pueden seguirse en el librito de Álvaro Rico “Como nos domina la clase gobernante” (2)

 Es un excelente análisis que se cierra con la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado. Es la obra política de las sucesivas administraciones de Sanguinetti, Lacalle y Batlle y los asesores civiles que los acompañaron.

El esfuerzo no lo realizaron solos, todo el aparato burgués  los acompañó en la empresa. La prensa y los medios de comunicación, los intelectuales orgánicos burgueses, se encargaron de machacar en la conciencia pública los aspectos centrales de ese nuevo paradigma y los mitos correspondientes. Instalaron las falsas dicotomías “orden o caos”, y otros como “olvidar el pasado”, “no pueden coexistir la justicia y la verdad” y el resto de los fetiches conocidos. 

Era la democracia “controlada”.

Es por eso que cuando la crisis del 2002 instaló el peligro de ser desalojados del poder han defendido a capa y espada, por todos los medios posibles, esos mitos “democráticos” que practicaron durante casi 20 años.

Y los siguen defendiendo, celosamente ante cada crisis. Los “acuerdos del Club Naval” y otras paparruchas que nadie del pueblo conoce, que no fueron escritos nunca,  pertenecen a esa mitología.

Es la democracia “controlada” por “secretos” que no pueden revelarse y que ellos y otros modernos sacerdotes controlan y custodian (3)

El “progresismo” frenteamplista, cuando llegó al poder, demostró ser solamente un epígono y continuador de lo mismo.

Los Derechos Humanos, fueron simplemente un peldaño más de la escalera política al poder.

La utilizaron como oportunistas, porque convocaba masas, pero después de algunos amagues iniciales la abandonaron

La primera escena de la comedia la practicó la primera administración frentista (Tabaré Vázquez, Astori, Azucena Berrutti, Gonzalo Fernández y en el “aparato” frenteamplista, Brovetto). El segundo acto lo continuaron personajes de mucho menor valía intelectual (Mujica, Eleuterio Fernández, Cánepa, Breccia, la “tronca” Topolansky).

Su falta de coraje cívico, sus renunciamientos, los han dejado expuestos ante la sociedad toda. Al integrarse al “consenso de las elites”, participan de todos los ritos exigidos.

El “voto como único significante de la democracia pos dictadura, las elecciones como única forma de participación formalizada de la ciudadanía y los  representantes y gobernantes electos como los únicos sujetos autorizados para prácticas política cotidianas”  (Álvaro Rico, op. cit. Pág. 70).

Por contraste todo lo que sucede en materia de derechos humanos en la vecina orilla, la República Argentina, es de una claridad manifiesta. Allí las víctimas, los familiares, están acompañados de la movilización popular y el apoyo del gobierno, que empezó todo este proceso y que le ha rendido frutos políticos formidables. Es una sociedad, la argentina, mejor preparada para asimilar reveses en los otros planos de la vida social, económica e internacional.

El tema en Uruguay se silencia permanentemente, porque es un mal ejemplo para el consenso pos dictatorial en crisis. Señala que caminos que deberemos recorrer.

La lucha nuestra, por lo tanto continúa, seguirá en el futuro los mismos caminos que hasta ahora ha seguido, con la incorporación de las variables que contribuyan a la extensión y elevación del nivel de organización popular. Hay todo un universo a ganar, en la lucha por el convencimiento de la justeza de nuestras reclamaciones.

Enla parte más inmediata de ese futuro, las elecciones, sabemos ahora una cuestión que no hicimos valer en toda su extensión: que aquellos que nos defraudan NO TIENEN VOTOS.

Ni tampoco concitaran movilización alguna en el futuro que nos aparte de nuestros objetivos. No nos corresponde a nosotros cerrar las brechas de confianza que han abierto, las deben cerrar ellos mismos con actos.

Y si  no como tantos otros, deberán ir al llano. Los partidos, los frentes electorales, son herramientas, meros instrumentos capaces o no de captar la voluntad popular.

Y cuando un instrumento deja de funcionar, no cumple el rol para el cual creíamos –y ellos nos aseguraron- que cumplirían, dejan de tener, para nosotros, valor y se desechan.

Son las reglas elementales del llamado juego democrático. Si el gobierno no es del pueblo, y para el pueblo, no merece nuestro apoyo.

(1)  Hay trabajadores hombres y mujeres, sin participación política alguna, emigrantes económicos anónimos, que están desaparecidos sin rastro en la Argentina. Recientemente conocimos dos casos, que no sospechábamos. Recomendamos a esos familiares que se apersonen ante los organismos de derechos humanos, porque presentaban toda la evidencia de desapariciones forzadas, en el periodo, que habrá también que aclarar.

Así que la cuestión, no abarca solo a los militantes de las organizaciones políticas y/o sus familiares más cercanos, sino un espectro mucho más amplio e insospechado

(2)  El librito de Álvaro Rico, lo hemos comentado recientemente, es demasiado culterano en las formas, lo que importa sin embargo es el contenido de su tesis. Sacándole esa maleza, una edición popular nueva, que señale lo principal es deseable

(3)  Que una democracia, implique “historias secretas” que nadie conoce y que no están publicadas en ningún lugar, es una de las engañapichangas más notables de la vida política uruguaya. Atenta contra el mismo concepto básico de que la soberanía residen en el pueblo y los organismos que éste elija, para dejar todo en mano de algunos “viejitos” que se han muerto todos, pero que sabían la “justa”

Es el reino de la fantasía más salvaje y el sin sentido más evidente, pero las clases dominantes comulgan con estas supercherías y últimamente ha renacido desde las filas populares esa “revelación” que como todas las revelaciones debe pasarse de mano en mano en silencio y sin discutir.

Tiene además el sentido de negar la lucha popular colectiva que esa sí puede seguirse, rastrearse y documentarse fehacientemente y el rotundo fracaso político, económico y moral de los mismos militares que se derrumbaban por sí solos sin apoyo popular alguno. Licandro lo expresó perfectamente bien, y por eso fue silenciado y desechado por las mayorías políticas frentistas gobernantes.