Es curioso –pero sintomático- que las formidables movilizaciones de masas que se sucedieron en Buenos Aires y en interior del país, es decir en toda la República Argentina en rechazo al golpe de estado del año 1976, no hayan tenido repercusión ni en la prensa tradicional uruguaya (dominada por la derecha blanqui-colorada) ni en el mismo FA, en el gobierno.
Curioso, porque la política argentina –ni hablar de su economía- siempre ha tenido repercusiones entre nosotros, influencia, efectos, que no podemos saltearnos, con las referencias de “viajar al estribo de Brasil” como tan infelizmente lo definió en su momento el Sr. Presidente Mujica.
Del tema nos hemos ocupado últimamente, cuando hemos señalado la pasividad que envuelve al electorado frentista por contraste con la movilización popular en la república hermana, y su componente multitudinario de la juventud organizada.
Un vistazo a la prensa uruguaya, o a los programas de radio y televisión, nos lleva a constatar que son una reproducción –en el tema Argentina- de los prejuicios más rancios de Clarín y La Nación. Aquí como allá se reverencia y homenajea la figura de Martínez de Hoz, o se hace eco de estados de ánimo colectivas con respecto al Sr. Bergoglio elevado al trono de San Pedro.
Pero no es de extrañar, los grandes grupos económicos argentinos tienen una relación directa con la Junta criminal que inauguró el golpe del 76, como en Uruguay, los mismos grupos civiles de la derecha blanqui-colorada, aplaudieron y fomentaron el golpe uruguayo. Unos y otros saben a qué se refieren los voceros populares cuando hablan del “componente civil” de la dictadura de ambas orillas del Plata.
En Argentina están ya en la picota, en Uruguay, por complicidad de las jerarquías frentistas, han eludido –hasta ahora- la responsabilidad que tienen con todos aquellos sucesos. En Uruguay no se ha sabido acorralarlos políticamente, como lo demostraron recientemente en sus alharacas histéricas del “avasallamiento a la división de poderes”, hoja de parra detrás de la cual pretenden ocultarse.
Aquí nos gana la pasividad y el desgano, que es la obra de las direcciones políticas de los partidos agrupados en el FA y, del mismo gobierno y su falta de coraje cívico. Allá es el mismo gobierno el que impulsa la movilización popular y se beneficia electoralmente de la misma.
Ayer mismo, en el diario oficialista “La República”, (edición del 24 de marzo) el Sr. Lorier, señalaba lo que desde dentro de las filas de su mismo partido –particularmente en el movimiento sindical- se traba (en la discusión interna de los sindicatos) o se niega: que corremos el riesgo de no tener mayorías parlamentarias en caso de triunfo que lleve al balotaje y que además se corre el riesgo inminente, de que en el balotaje se pierda el gobierno.
En el suplemento “Ideario” de esa misma edición dominical el mismo periodista que le hizo el reportaje a Lorier, se lanza a especular sobre si existe o no una crisis del FA.
El Sr. Legnani que en otros momentos ha analizado correctamente la responsabilidad que le cabe a las altas jerarquías frentistas por las soberbias particulares de algunos de sus componentes más connotados, las peleas constantes de la cúpula, los saboteos, zancadillas, las indecisiones del titular del Ejecutivo y sus más cercanos secretarios y asesores, ahora pretende catalogar como “malhumorados” a las corrientes sociales de los que acumulaban descontento, lo manifestaban, lo expresaban claramente y lo enumeraban.
Ahora, los rebaja de un plumazo a personalidades malhumoradas provenientes de las clases medias profesionales (médicos, educadores de las tres ramas) y de la burocracia estatal. Es decir que el tema – lo sabe bien- que es social, colectivo, lo ignora.
La prueba más evidente, de que hay un periodismo oficial, que como sus avisadores estatales desde el gobierno no quieren mensajeros que les traigan malas noticias, practican la autocensura. Y menos aún que estas circulen entre la opinión pública, se discutan abiertamente, se instalen en la discusión cotidiana.
El reciente episodio protagonizado por la SCJ y sus nefastas decisiones que llevaron al traslado de la Jueza Motta, las otras decisiones complementarias (inconstitucionalidad de la ley Interpretativa de la Caducidad, ICIR) , nos mostraron a una jerarquía política frentista sin poder dirigirse a los que convoca para hacerles llegar un mensaje unánime. Los convoca al silencio, a la pasividad. Y por radio se realizó la payasada presidencial de mencionar un “juicio político” (y por ICIR, solamente) que quedó en aguas de borrajas.
Del otro lado del charco, lo que comenzó como una necesaria puesta a punto del tema de los Derechos Humanos avasallados, avanza y se desarrolla ligando los derechos humanos, la lucha de los militantes sociales desaparecidos, a la causa de la justicia social, del pleno empleo, de la limitación del trabajo precario.
Abarca ahora también, la democratización de la Justicia, la investigación de las complicidades civiles y de los grandes grupos económicos con la tiranía, ligando todas estas causas en un haz de conceptos, que convoca a la juventud que se organiza y se moviliza.
No solamente en la parte de la juventud organizada en apoyo al gobierno, sino también en la parte de la juventud que va más allá de ese apoyo y en ciertos temas y tópicos es crítica.
De esa manera se ganan las grandes mayorías populares que aquí, nosotros, perdemos.
Ni siquiera es capaz el gobierno de capitalizar políticamente la renuncia al Centro Militar del Comandante de las Fuerzas Armadas, el General Aguerre, en ejercicio, enfrentado a la “fauna jurásica” de los retirados atrincherados en los círculos y centros militares.
No acierta, para apoyar a los sectores en actividad y designados por ellos mismos, en ampliar la brecha política que separa al pequeño círculo de reaccionarios del pasado, y llevar adelante una campaña con movilización popular en la calle, que los aísle aún más hasta hacerles aceptar lo inevitable: que respondan por sus múltiples crímenes, ante los tribunales y acepten las sentencias que los jueces con todas las garantías de un estado democrático consideren que les corresponden.
En Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, acorrala a los aliados peronistas de la derecha, a los barones provinciales y a la derecha opositora tradicional, haciendo claro ante las grandes masas populares que intereses políticos defienden, que proyecto orientan, que quieren con toda su actividad opositora.
En Uruguay, no se ha visto la ligazón del tema de los Derechos Humanos, con las otras cuestiones, no han sabido enlazarse, vivificando la movilización popular que debe contentarse con la pasividad de que son “los elegidos” y a puertas cerradas, en la interna frentista, que deben orientar los temas, discutirlos, llegar a acuerdo y recién después salir con la papilla digerida a entregársela a los votantes para que la acepten a rajatablas, sin lugar a cambiar ni una palabra, ni agregar una coma a la “voz de las alturas”.
Cuando un aventurero político, del tamaño del actual ministro de Defensa Nacional, sale a la palestra a acusarlos de “estupidez” con respecto a la ley de interpretación de la Caducidad, bajan la cabeza, y se reúnen en concierto amplio para solicitar “la fraternidad y la discusión interna” de las diferencias que toda la ciudadanía sabe que existen, que son amplias y que abarcan desde los Derechos Humanos a la economía.
Ya hemos señalado en otras oportunidades que la opinión pública debe poner un ojo sobre las iniciativas políticas constantes del Sr. Eleuterio Fernández, sobre sus desacatos al poder Judicial, cuestión que es totalmente ajena al ministerio de su competencia.
Y más aún: absolutamente extraño a la historia de los titulares de ese mismo ministerio sobre los temas políticos nacionales anteriormente.
Eleuterio Fernández, con su pasado de “mariscal de derrotas”, con su historial de renunciamientos constantes a los principios que alguna vez profesó, con su defensa parlamentaria de todos los crímenes y los criminales, hasta llegar a la renuncia de banca senatorial, con su relativa influencia a la interna de su Ministerio -en toda o en parte- del órgano de la Inteligencia militar, es un aventurero peligroso en el plano de la política nacional
. Como tal debe ser erradicado colectivamente, tanto él, como el grupo político, que está bajo su mandato.
Ahora, este viejo camaleón político, adopta las poses “tercermundistas” de la antigua derecha peronista, reverdecida en estas horas del otro lado del Plata, con motivo de la elección del Papa. El principal defensor de las “misiones militares”, particularmente la de Haití, la posa de “anti-imperialista” en el tema Malvinas.
Todo esto que sucede, simultáneamente, en ambas orillas del Plata, debería convocarnos a una reflexión profunda y serena. Cerrar los ojos ante las realidades que suceden ante nuestros ojos, es contraproducente.
Y puede hacernos deslizar, paulatinamente, en escenarios políticos negativos, porque en tiempos de crisis, es más necesario que nunca, estar vigilantes y alertas.
c.e.r.
Los cantitos de la Plaza
A los que marchamos por las nuestras desde hace treinta años en demanda de justicia por las violaciones a los derechos humanos cometidas por el poder desde principios de los años ’70, no deja de sorprendernos, pese a que data de varios años, el nuevo decorado de ómnibus y combis que atiborran los alrededores de este mismo tipo de actos cuando los organiza el kirchnerismo.
Igualmente habitual es la aparición y desaparición de amores y desamores en el relato oficialista, al compás de intereses políticos coyunturales.
Por ejemplo, ayer, eso se percibió en el estruendoso silencio sobre el papel de la Iglesia y del actual papa durante los años de plomo, silencio unánime, tanto en lo que se emitía desde el escenario, como en los cánticos del público durante el acto K.
También es repetida la pretensión totalitaria de impedir el acceso a la Plaza de los que no comulgan con ese flexible relato oficial:
ayer, nuevamente, tomó un sesgo violento que solo la prudencia de los organizadores del acto del EMVJ evitó que llegara a mayores.
Lo que no querían padecer los kirchneristas son verdades incómodas como estas:
Olé olé, olé olá:
Mirá, Cristina, qué “popular”
es el gobierno
con más presos por luchar.
Este gobierno espía a trabajadores
para meter en cana a los luchadores.
A treinta y siete años vamo’ a la Plaza
para pedir perpetua para Pedraza.
Ya pasaron treinta años,
y se dice “¡nunca más!”,
pero el compañero López
no se sabe dónde está.
Qué pasa, qué pasa,
qué pasa, joven K,
que hay desaparecidos
en el gobierno “popular”.
Como contrapartida de los silencios del acto oficial, cuando las columnas de la marcha del EMVJ pasaban frente a la Catedral demostraban con estos estribillos que la amnesia no es un mal generalizado:
¡Ustedes de callaron
cuando se los llevaron!
¡Iglesia, basura,
vos sos la dictadura!