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Argentina sigue en estanflación, enajenada por las elecciones

 

Estancamiento en países centrales, desaceleración en los BRICS, horizonte tormentoso para América Latina

 

El panorama económico internacional se agrava sin pausa. En la Unión Europea, con una perspectiva de crecimiento cero para 2013, cada día explota un eslabón de la corroída cadena del euro. En Estados Unidos sortea con medidas inventadas día a día las amenazas del crack fiscal y la tendencia a la caída del giro económico, de todo modo dominante.

Los BRICS van también en inexorable declinación. Y las economías latinoamericanas en su conjunto, todavía prósperas –con excepción de Argentina y Brasil– están amenazadas (aunque no conscientes, a estar por lo que se lee y escucha), por una nueva fase de caída en los precios de las materias primas, única y exclusiva fuente de crecimiento en la última década.

De esa perspectiva sólo se exime la economía venezolana, puesto que no es previsible una caída significativa en el precio del petróleo y porque tras la estrategia de transición al socialismo, se lleva a cabo una profunda transformación del sistema productivo. Pero con Brasil ya estancado, el resto de los países tiene como perspectiva una brusca retracción de sus economías.

Si esta realidad vale para el conjunto e inexorablemente golpeará a todos, los países de la región no integrados al Alba serán los más perjudicados. Argentina, reprimarizada y con todos sus parámetros económicos desquiciados y en marcha al colapso, está a la vanguardia de esa marcha hacia atrás.

Pero el resto de los gobiernos convencidos de que era posible el desarrollo y la prosperidad sostenidos sin romper amarras con el capitalismo, ingresarán fatalmente en nuevas y mayores crisis que las vividas en el pasado.

Zarpazo del imperialismo

Es en esta coyuntura y con el horizonte sumariamente descripto, que el imperialismo articula y ya aplica una contraofensiva de largo alcance. Uno de los tentáculos de esa ofensiva es el paso dado con el reemplazo de Benedicto XVI por Francisco, el jesuita demagogo.

Es preciso tener los ojos abiertos frente a los efectos de esta combinación: crisis económica y plan contraofensivo del imperialismo. Los pasos dados a escala latinoamericana en la última década están en la frontera de una nueva fase, en un punto de inflexión

A término, los países y gobiernos empeñados en defender el capitalismo, o bien caerán sin pena ni gloria, o bien se quitarán el disfraz con el que han engañado a las masas y se convertirán en brazo ejecutor de los planes del imperialismo y sus socios locales.

Un botón de muestra:

 Argentina viró en redondo, en el lapso de una semana, en dos cuestiones fundamentales de la panoplia estadounidense

Primero y tras comportarse de manera irresponsable y torpe ante la designación del nuevo papa, se encolumnó rápidamente tras él, es decir, tras la maniobra conjunta del Departamento de Estado y el Vaticano para salir al cruce al movimiento de masas revolucionario que crece en América Latina con Venezuela como vanguardia.

Después, tras persistir en gestos de aparente confrontación con Washington, dio vuelta en redondo y se contrapuso al bloque del Alba que chocó de frente con la estrategia imperial en la OEA, resuelto a desarticular esa herramienta clave de la contrarrevolución que es la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Con cínica cobardía, tras ocultar su verdadera posición, el canciller argentino se apartó de la línea de confrontación con ese instrumento de manipulación y se alineó con Washington. Virajes como éste se multiplicarán en el futuro próximo.

Otro signo de esta fase de inflexión es la confrontación interburguesa que cada día ahonda las grietas entre Brasil y Argentina, entre Argentina y Uruguay, entre Brasil, Argentina y Paraguay.

Por estos senderos avanzará la ofensiva contrarrevolucionaria imperialista en América Latina. Algunos gobiernos colaborarán de buen grado con ella.

Otros serán cómplices a medias conscientes, temerosos de la voracidad del norte, pero aterrados por la perspectiva de una genuina revolución política y social.

El corolario es claro: o las clases obreras y los estudiantados de nuestros países se dotan de sólidas organizaciones políticas de masas para afrontar esa tenaza, o nuestros pueblos serán víctimas inermes

Argentina: debacle en marcha e inconsciencia política

El frepasocristinismo ingresó en fase de disgregación. El desplazamiento de clases y sectores ha sido reseñado en la edición de febrero de Eslabón.

La Presidente no controla a ninguna de las innumerables facciones que usufructúan su gobierno. La única posibilidad de retomar el control reside en algún artilugio que le permitiera ser reelecta. Hoy eso parece imposible.

 De modo que, desde el ángulo estrictamente político, la dinámica es de división y conflicto crecientes.

Pero eso está determinado en última instancia por la realidad económica, signada por el estancamiento, la inflación y el ajuste tradicional que en zigzag viene descargándose sobre los trabajadores y el conjunto del pueblo, con particular énfasis en las clases medias, desde hace un año disputadas con fiereza por las diferentes expresiones de la derecha y ultraderecha.

Con este gobierno o cualquier otro de naturaleza burguesa que lo suceda, esa crisis se ahondará. No hay ni remota posibilidad de que se sostenga la ficción de crecimiento y consumo insostenible que se vivió en la última década.

Las omisiones y desviaciones de las izquierdas en los últimos años han pavimentado el camino a aquellas expresiones de derecha hoy predominantes en los sectores medios e incluso en amplias franjas de la clase obrera y el estudiantado.

Sea en sus versiones livianas y hasta camufladas de progresistas como las propuestas de la UCR, la Coalición Cívica e innumerables variantes conservadoras, sea en fracciones peronistas como la que encabezan el menemista Daniel Scioli, o el duhaldista Gerónimo Benegas con su partido FE (ambos respaldados ahora por el papa), son las derechas las que están presentándose como alternativa ante el desgranamiento del elenco gobernante.

Otra expresión de derecha, pero con mejor camuflaje, es el FAP.

Que nadie nos llame sectarios. Todos los esfuerzos fueron hechos por la UMS para lograr una instancia electoral de unidad social y política con el mal llamado Partido Socialista. Pero su dirección no sólo avanzó en un acuerdo estratégico con la UCR y otros sectores de la burguesía, sino que se aferró a esa fuerza internacional contrarrevolucionaria que es la Segunda Internacional.

Binner afirmando que en Venezuela hubiera votado por Capriles contra Chávez es la confesión de una estrategia de completa sumisión al imperialismo, que hace palidecer al actual elenco oficialista.

 No es posible enfrentar al gobierno actual desde esa perspectiva crudamente contrarrevolucionaria y proimperialista.

Otra variante, aún no definida, es la que encarna Hugo Moyano, quien anunció un Partido por la Cultura, el Trabajo y la Educación, basado en los sindicatos que controla, pero no acaba de darle forma y, sobre todo, no acaba de definirlo como expresión política de esos sindicatos –y por lo tanto sin definición ideológica unívoca– contraria a la candidatura de cualquiera de los pescadores en río revuelto del peronismo burgués.

Pese a algunos pasos no sectarios del bloque infantoizquierdista, como los dados cuando la CGT y la CTA no oficialista manifestaron conjuntamente –que sin demora reconocimos y saludamos– estos sectores, sin dejar de acentuar el izquierdismo verbal, no han variado un milímetro en sus dos principales desviaciones: el economicismo y el electoralismo, ambas propias del más ramplón reformismo.

Fuga electoralera

Si el clima moral y político de la coyuntura nacional están definidos por la actitud del frepasocristinismo y su titular frente a la asunción del obispo Jorge Bergoglio como papa –repudiándolo primero, desdiciéndose luego de manera deshonrosa e indigna– y las actuales contorsiones para buscar rédito electoral en ese zarpazo estratégico de la dupla Washington-Vaticano, no es menos cierto que la conducta de sectores autodefinidos como progresistas, de izquierda, nacionalistas e incluso revolucionarios, completan un cuadro de degradación que no tiene precedentes en nuestra historia y que, fatalmente, permea a numerosos agrupamientos sociales y políticos e incluso a amplias capas sociales.

A los restos del PC no los contamos, porque como se sabe están subordinados una vez más a la burguesía por vía de su incorporación –en los escalones de abajo– al oficialismo frepasocristinista.

 Pero vale señalar y condenar la conducta de dirigentes de Libres del Sur, que se exponen ante la población –para regocijo de la prensa burguesa– al lado de personeros reconocidos del gran capital.

En tren de competir con esta conducta indigna, la cúpula sin base de aquello que en algún momento fue Proyecto Sur aparece ahora al lado de la señora Elisa Carrió, cuya filiación proimperialista no requiere fundamentación.

No hay modo de defender esto como táctica electoral.

Son fugas desesperadas por obtener o mantener cargos legislativos, a costa de cualquier principio, de cualquier postulado programático, a costa de cualquier forma de estrategia antiimperialista, tanto menos anticapitalista.

Mientras tanto, expresiones políticas de la CTA no oficialista, que inicialmente estuvieron en Psur y luego pasaron al FAP, no adoptan medidas políticas frente al hecho obvio de que el FAP va a elecciones con la UCR, que Binner se proclamó ya parte del bloque articulado por el imperialismo que tiene como pelele en Venezuela a Capriles, que el gobernador de Santa Fe y la intendente de Rosario asisten a los preparativos del encuentro fascista programado por Washington en esa ciudad…

 En suma, que el PS adoptó ya una política que hará parecer progresista a François Hollande, su brutal ajuste antiobrero, su papel en la Otan y su invasión a Mali.

Pese a esto, voces de esa corriente proveniente de la CTA ratifican su pertenencia al FAP y lo presentan como la alternativa para arribar al gobierno en 2015. La CTA no oficialista no puede dejarse arrastrar por la maniobra socialdemócrata-socialcristiana. Ya hay prueba suficiente de que es imposible defender a los trabajadores, defender la nación, e incluso defender la democracia, formando parte del FAP.

No tenemos el hábito de decirle a ninguna fuerza política o sindical lo que debe hacer. Pero sí tenemos la inalterable conducta de decirles a los trabajadores y el pueblo argentino lo que hacen quienes dicen representar sus intereses. Y lo que creemos que debemos hacer, hombro con hombro con todas las organizaciones, cuadros y activistas comprometidos con la revolución.

Encuentro nacional para debatir y acordar tres puntos

Frente a este panorama de caída económica y redoblada degradación política, las expresiones antimperialistas y anticapitalistas con explícita definición revolucionaria, no representamos una opción válida para las grandes masas.

Como directo reflejo de la situación de la clase obrera –desorganizada y paralizada– nuestras fuerzas están dispersas y menguadas en su capacidad de acción efectiva.

Para dar un paso decisivo en pos de la superación de esta situación, la Unión de Militantes por el Socialismo convoca a agrupamientos, cuadros y activistas de todo el país a un Encuentro nacional a realizarse en mayo próximo, en fecha y lugar a determinar, sobre la base de tres objetivos:

# concretar en la acción un frente único para denunciar que gobierno, peronismo opositor de derecha, Pro y FAP, con todas las diferencias que tienen entre sí, son portavoces del capital en momentos de crisis y por lo mismo enemigos de los trabajadores y los pueblos;

# acordar lineamientos básicos que lleven a apoyar, proyectar y votar en cada distrito a agrupamientos que los asuman, con prescindencia de la organización a la que pertenezcan;

# definir la necesidad estratégica de una herramienta política de masas, antiimperialista y anticapitalista, democrática y plenamente participativa, comprometida con la unión latinoamericano-caribeña y el programa del Alba.

Compañeras y compañeros: es preciso un esfuerzo de voluntad y conciencia para salir de la enajenada carrera electoralista que ha atrapado al conjunto político nacional. Es muy grave la situación económica nacional.

Peor, a término, que la vivida a fines del gobierno de la Alianza. Pero además está enmarcada en una visible debacle del capitalismo en los centros metropolitanos.

No es mera retórica sostener que en la coyuntura histórica que nos toca vivir, otra vez pero en dimensiones mayores, la alternativa es socialismo o barbarie.

Eslabón -Unión de Militantes por el Socialismo-

24 de marzo de 2013