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LO QUE CAMBIARÍA

 

“¿Qué cambiarías en Uruguay para hacerlo más próspero y equitativo?”:

eso pregunta el Sr Peter Siegenthaler, representante del Banco Mundial en Uruguay, y ésta es mi respuesta

Lo primero es un detalle casi sutil, de tipo conceptual: La palabra “más” de la pregunta, induce a suponer que vivimos en un país que podría profundizar su condición ya supuestamente existente de “próspero y equitativo”, lo cual no es cierto. Uruguay no está prosperando ni es un país con equidad en la distribución de sus ingresos. Por eso creo que la pregunta debería ser:

 “¿Qué cambiarías en Uruguay para hacerlo próspero y equitativo?”

Lo siguiente es menos sutil: no creo en los procedimientos que utiliza el BM para medir la prosperidad y la equidad, en su simplificación economicista de la vida, como si la prosperidad y la equidad de un país pudieran cuantificarse en los términos monetarios y macro económicos que utilizan sus técnicos.

Por eso no admito monitorear a mi país con los ojos del BM, ni con las referencias técnicas que se crearon para ello desde su enfoque netamente capitalista. Por tanto no acepto mediciones del tipo “PIB”, “IPC”, “IBES”, “IPR”, “IDH”, “Coeficiente de Gini”, “Índice de Atkinson” y así por el estilo. Rechazo esos medidores de prosperidad y de equidad utilizados por quienes tienen el mundo en el actual estado de retroceso y de inequidad.

Si, el mundo está retrocediendo. Estamos volviendo a los tiempos feudales y ello ocurre, en buena medida, porque rige la actitud deshumanizante del BM y quienes utilizan al BM para sus propósitos

En este punto le sugiero la lectura del artículo titulado “Una sugerencia al BM”, escrito hace algún tiempo, en el que fundamento mi afirmación de que esta institución está llevando al mundo en franco retroceso desde el punto de vista social, según lo que significan en mi diccionario las palabras “prosperidad” y “equidad”.

Si algo está avanzando en el mundo es la inequidad. Si alguien está prosperando en el mundo es la minoría dominante, y ello ocurre, entre otras cosas, porque hay gobiernos como el uruguayo, que se dejan manejar por instituciones financieras internacionales como el BM.

En la carta que recibí del Sr Peter Siegenthaler invitándome como periodista a responder la pregunta con la que inicio este texto, este alto funcionario del BM afirma: “Si bien el Gobierno es nuestro interlocutor directo –quien recibe el financiamiento y ejecuta los programas- nosotros nos consideramos socios de todos los uruguayos.”

Y agrega: “Lo verdaderamente importante para mí, es saber si los programas financiados por estos préstamos logran su objetivo de mejorar la calidad de vida y las oportunidades sociales y económicas de los uruguayos.”

Le respondo que personalmente yo no acepto como socio a un agente de la inequidad y el retroceso social como el BM, y lamento que el gobierno de mi país actúe no como un socio, sino como un subalterno o en todo caso como un cómplice en las operaciones de sometimiento y expoliación que perpetra el BM

Los programas que financia el BM para  supuestamente “mejorar la calidad de vida y las oportunidades sociales y económicas de los uruguayos”, en mi opinión, no son más que simulaciones para ocultar las verdaderas intenciones y los verdaderos programas, que no apuntan a la prosperidad y la equidad de los uruguayos, sino a la defensa de los intereses de la plutocracia, que necesita pueblos dóciles e ignorantes para perpetuarse en el poder.

Resumiendo mi opinión, digo que hay mucho para cambiar en este país para que se pueda hablar de prosperidad y de equidad, empezando por significar correctamente esas palabras. Para mí, un pueblo prospera en la medida que gana en libertad y en soberanía, y el BM no promueve esos valores ni tiene medidores para registrarlos

Subir algún punto el PIB o exhibir crecimiento en el volumen de exportaciones, no necesariamente significa prosperidad para los habitantes de un país

Y no me engaña ni el BM ni el gobierno que aplica sus recetas, cuando me muestra ese crecimiento, que se reparte muy mal en suculentas ganancias para unos pocos y migajas para la mayoría, mientras se profundiza la dependencia de los unos y los otros, aunque por distintos motivos: los pocos dependen de que el modelo siga funcionando para seguir enriqueciéndose, y la mayoría depende cada vez más de la clase dominante porque aumenta la deuda externa nacional junto con la injerencia en nuestros asuntos internos estratégicos como lo son la educación y el medio ambiente, por nombrar apenas dos de los ítem en que el BM influye claramente en mi país.

Solo cuando nos liberemos del BM, el FMI, la OMC y demás herramientas de dominación diseñadas por los plutócratas que hoy controlan la mayor parte de los recursos del mundo, podremos hablar de prosperidad y equidad.

Sr Peter Siegenthaler: usted preguntó, yo respondí, espero que no le moleste mi franqueza. Amo la libertad, y como decía uno de sus defensores: “Con libertad ni ofendo ni temo.” (Frase del primer escudo oriental diseñado por José Artígas, que jamás aceptaría un préstamo del BM).

Aníbal Terán Castromán

(Ciudad de Treinta y Tres, marzo 29 de 2013)

 

UNA SUGERENCIA AL BANCO MUNDIAL

El Banco Mundial está integrado por 186 países miembros. Fue creado en 1944, tiene su sede en la ciudad de Washington, Estados Unidos, y es administrado por sus accionistas, que son los gobiernos de los países que lo integran. Los que actualmente tienen mayor poder de voto son Estados Unidos, Japón, China, Alemania, Gran Bretaña, Francia, India, Rusia, Arabia Saudita, Italia y Brasil.

Los nombrados suman más del 50% de los votos y son 11 países, por lo que el resto de los socios, 175 países, en la práctica, dependen de los acuerdos a los que lleguen estos socios “grandes”, que en definitiva, son los que mandan, porque son los que aportan más capital

Un dato muy interesante es que el Banco Mundial aporta al CGIAR (Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional) un fondo de US$50 millones anuales, con el cual se han establecido conexiones con empresas que buscan acaparar tierra de cultivo en gran escala.

Al BM le gusta aconsejar a los gobiernos respecto a las políticas que deberían adoptar, por eso, creo que no le molestará recibir una devolución en el mismo tono, espero que lo tome como un modesto acto de reciprocidad de parte de un ciudadano bienintencionado. Voy a formular la siguiente sugerencia a título personal, pero me consta que no estoy solo en este planteo: DEJEN DE FINANCIAR INFAMES PROCESOS DE FEUDALIZACIÓN.

El BM está detrás de grandes inversiones mediante las cuales se están concentrando en muy pocas manos millones de hectáreas de suelo fértil. Todos los días hay noticias sobre empresas que están comprando tierras agrícolas. Los gigantes del aceite de palma de Malasia compran plantaciones en África Occidental

Hombres de negocios sauditas firman acuerdos sobre tierras en Filipinas. Banqueros de Wall Street, mediante maniobras astutas en un país que limita la venta de tierra a extranjeros, apoderándose de enormes extensiones en Brasil. Datos oficiales señalan que cerca de 3,6 millones de hectáreas de tierra en Brasil están en manos de extranjeros, a pesar de las leyes que tratan de evitarlo. La última recopilación de datos sobre acaparamiento de tierras en todo el mundo, señala que un promedio anual de 10 millones de hectáreas de tierra han sido acaparadas por compañías extranjeras

Este fenómeno lo estamos viendo en nuestro querido país, dónde la extranjerización de la tierra llegó a niveles escandalosos, siendo el caso más notorio el de Montes del Plata que ya posee unas 250 mil hectáreas y es el principal terrateniente en Uruguay.

El asunto es muy grave porque un pequeño número de personas están apoderándose de las tierras agrícolas del mundo y de los recursos hídricos asociados a ellas. En la medida que se profundiza la crisis alimentaria, estos nuevos terratenientes serán quienes tendrán el dominio del suelo del que saldrá el alimento que ya es escaso y lo será aún más en un futuro cada vez más próximo.

Sirva de ejemplo el caso de Sai Ramakrishna Karuturi, el “Rey de las Rosas” de la India, que actualmente está invirtiendo en su nuevo gran proyecto en África: la producción de alimentos. Hasta hora, ha tomado control de 311.700 ha en Etiopía y está negociando otras 370.000 en Tanzania. Además, compra tierras en el Congo, Sudán, Mozambique y Gana

Según un informe del Human Rights Watch del año 2012, el gobierno etíope relocalizó por la fuerza a 70.000 personas originarias de Gambela occidental en nuevos villorrios de precarias condiciones, con el fin de facilitar los proyectos agrícolas de gran escala de Karaturi

El informe señala que cultivos pertenecientes a comunidades locales fueron arrancados sin consentimiento para facilitar las operaciones de Karaturi y que a los residentes de un pueblo de más de 1.000 habitantes en el área concesionada a Karaturi, el gobierno etíope les comunicó que serían trasladados como parte de su programa de realojamientos. El BM está negociando con este terrateniente un seguro “contra riesgos políticos”.

Otro que está haciendo estragos en África es Neil Crowder, quien se describe a sí mismo como “un ciudadano norteamericano bien educado quien, hace cuatro años atrás, no era capaz de localizar Zambia en un mapa”, donde ahora administra 20.000 há. Su intención es que sus negocios sigan creciendo

La posibilidad de que el pueblo se resista a sus propósitos, no le preocupa, porque él mismo confiesa: “El Banco Mundial ha protegido nuestros activos contra riesgos políticos”… “pagamos una prima de seguro y nos protegen contra expropiaciones.” “nuestro seguro contra riesgos políticos nos protege ante disturbios civiles.”

Meles Zenawi, difunto Primer Ministro de Etiopía, le dio prioridad a la inversión extranjera en su país. A fines del año 2011, 800.000 há habían sido arrendadas a inversionistas extranjeros. Y, para facilitarles el negocio, Zenawi construyó represas, expulsó a comunidades por la fuerza y usó al ejército para reprimir violentamente a la oposición.

Zenawi murió de causas naturales el 20 de agosto de 2012, y sus sucesores no han dado ninguna señal de cambio. El B.M. coordina la ayuda financiera internacional que está siendo usada por el gobierno etíope para un programa que desplaza pueblos con el fin de facilitar los proyectos agrícolas de gran escala.

En nuestro continente, entre los múltiples problemas sociales que provoca este proceso de “re feudalización”, se destaca la afectación de la salud de las comunidades próximas a las grandes explotaciones de monocultivos

La utilización de agrotóxicos en grandes cantidades, tiene un impacto evidente como se puede apreciar en localidades de Argentina, donde la incidencia del cáncer es hasta 40 veces mayor que el promedio nacional ¿Es simple coincidencia que la gente que habita territorios fumigados con éstos productos presente tan altos índices de cáncer? Estudios confiables de organizaciones como “Red Argentina de Médicos de Pueblos Fumigados”, indican que no es casualidad.

Actualmente, tan solo la empresa Cresud, perteneciente a Eduardo Elsztain, posee 628.000 há de tierras de cultivo en Argentina, en su mayoría destinadas a la producción de soya transgénica. Recientemente, las filiales de Cresud han adquirido 17.000 há en Bolivia, 142.000 há en Paraguay y 175.000 en Brasil

Las actuales propiedades agrícolas de Cresud suman más de 962.000 há. Como él hay varios empresarios acaparadores de tierra que se están adueñando de territorio en los países de nuestra región.

Este resurgimiento de un esquema económico feudalista, es auspiciado por instituciones financieras como el Banco Mundial, al que va dirigida esta exhortación: si realmente “el objetivo predominante de todo su trabajo es luchar contra la pobreza a través de un proceso de globalización inclusivo y sostenible”, como lo afirma su autodefinición, debe cambiar inmediatamente su estrategia operacional, ya que está favoreciendo exactamente los objetivos opuestos a esa loable intención.

Analizando su gestión, suena totalmente irónico el mensaje con que se abre su página oficial de internet: “nuestra misión es simple: Ayudar a reducir la pobreza”. Cambien de slogan…, o mejor, dejen de financiar negocios que enriquecen a unos pocos y empobrecen a muchos.