Como era de esperar, no pocas voces se han alzado con beneplácito por la muerte de otro genocida y torturador, cuya memoria eriza la piel y la dignidad de miles de torturados, desaparecidos, emigrados o simples ciudadanos que se han sorprendido con estas prácticas aberrantes.
Sin embargo, con el transcurso del tiempo y a partir de las nuevas historias que han ido apareciendo en base a testimonios y archivos desclasificados, se puede apreciar en todo su aspecto las verdaderas intenciones que llevaron a las fuerzas armadas a perpetrar el quiebre institucional por las que se consideraron amos y señores de la vida y gestores económicos e ideológicos de la sociedad.
Es evidente sin embargo, que un proyecto de tal envergadura debía contar con múltiples apoyos, tanto internos como externos, sin lo cual, por mas loables que fueran sus fines, hubiera fracasado irremediablemente.
Y es aquí precisamente donde menos se ha avanzado en el esclarecimiento de las responsabilidades que han tenido los diferentes actores económicos, sociales, políticos, jurídicos, eclesiásticos y diplomáticos en la gestación y fortalecimiento de un gobierno de facto amparado por la prensa "libre" y llamado a ser el estandarte de la creación de una sociedad occidental y cristiana basada en las modernas teorías neoliberales de los chicago boys.
Si se repasa la historia de los últimos cien años de América Latina, la repetición de hechos de esta característica es el común denominador, sin que por ello haya mejorado en algo la vida de sus habitantes.
Los múltiples movimientos sociales que han surgido a partir de esta realidad incontrastable, ya sean pacíficos o armados, han tenido siempre la misma respuesta de parte de los que ostentaban el poder de turno en beneficio de un sector económico y financiero que no reconoceideologías al momento de defender sus intereses, para lo cual, la tortura el asesinato de opositores y la corrupción desmedida, nunca fueron un motivo de alarma de aquellos actores que con la complicidad del silencio han mirado para otro lado mientras se pisoteaban derechos y garantías.
Ese orden jurídico creado -al que se aferraron asesinos y torturadores clamando leyes finales, obediencias debidas e interpretaciones falaces- por aquellos que al amparo de los poderosos y las corporaciones, han "legislado" y estatizado deudas privadas fraudulentas y empobrecedoras hipotecando el futuro de varias generaciones, son precisamente los que no aparecen en las crónicas y que sin dudas han sido el sostén intelectual y material de regímenes aberrantes, con la complicidad y ayuda de las agencias norteamericanas, expertas en desestabilizar democracias más o menos contrarias a sus intereses o cuya ideología no compartieran.
Son en definitiva los grandes responsables del vaciamiento institucional cuyas consecuencias más visibles son la marginalidad y pobreza que rodea las grandes ciudades y de cuya "inseguridad" y falta de valores se horrorizan pidiendo penas más altas y presos mas jóvenes...
Con el advenimiento del Plan Cóndor, y el arribo del neoliberalismo depredador a favor de las potencias industriales, estos procesos se agudizaron, al tiempo que las pocas industrias desaparecían y el desempleo record impulsaba la precarización laboral al amparo de los sindicatos, el silencio impune rodeo a eclesiásticos, fiscales y jueces en su mayoría y la gran prensa libre se nutria de apologistas liberales que saturaban los medios de comunicación con las bondades de la competencia y la libre empresa y el achicamiento del Estado en perjuicio de las políticas sociales consideradas causantes de los déficits.
Estas recetas, aplicadas a sangre y fuego, no se podrían haber llevado a cabo sin el uso de la fuerza militar, para lo cual la Academia de las Américas había preparado cuadros para toda Latinoamérica, entre cuyos exponentes más visibles han sido Videla, Pinochet, Stroessner y el Goyo y cuyo sostén económico eran el fondo monetario y el banco mundial.
Lo que vino después es harto despreciable y conocido.
Los desaparecidos, torturados, exiliados, los nietos sin identidad y los pobres de pobreza, nos recuerdan que la mayoría de los culpables aun siguen impunes y el hecho de haber muerto el símbolo, no nos debe quitar la visión de los que con tanta o mayor responsabilidad hoy nos dan clases de democracia o de interpretación de leyes sentados en sus bancas o desde los monopolios mediáticos.
20/5/13
LUIS ORTIZ [eloriental.com]