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DE ALLÁ LEJOS Y HACE (demasiado) TIEMPO

Raúl Sendic: “Este acá es igualito a Amodio Pérez- dijo mientras lo señalaba con un dedo”

Zabalza: “Cállate la boca, viejo Chocho” 

Del libro de Federico Leich, “Cero a la izquierda, Zabalza”, pág. 166

 

Mientras los que negociaron en el Florida, se mantienen en silencio, se produce la contradicción de que los que no negociaron salen a defenderlos.

Lo hacen porque comparten la tesis “del aparato” de que Amodio Pérez no es solo es un traidor, (eso lo reconoce él mismo y desde el comienzo de sus censuradas cartas) sino también “el complemento” que la “derrota” del viejo MLN-Tupamaros se debe a  aquella traición.

El tema lo han de dilucidar los lectores y las nuevas generaciones. Nosotros creemos que la primera parte es verdad y que la segunda no lo es de ninguna manera. La derrota se debió a errores y contradicciones de la vieja cúpula y en el trecho final, la cosa se aceleró por las peleas internas de poder desencadenadas después de la Fuga del Abuso.

Para el aparato y los aparatistas, el tema –al que “cuando les canta” se introducen- después se niega y cierran filas. Hacen un frente único de defensa del aparato.

Las nuevas generaciones no dejarán de observar esta contradicción. No dejarán de asombrarse. Pero las nuevas generaciones no conocieron el aparato ni a los aparatistas y cuando los conocieron –brevemente- como le sucedió a las generaciones del 83, se apartaron de él, rápidamente y renunciaron en masa.

Mientras vivió Sendic, a esos jóvenes, el aparato no se atrevió a agredirlos políticamente, porque Raúl Sendic los defendía, pero apenas desaparecido Sendic, los aparatistas se cobraron las cuentas.

Para hacerlo, tuvieron además que modificarse y formar un MLN-Marenales y el MPP. El MLN-Marenales “atajaba” por la “izquierda” contradicciones antiguas con los “viejos militantes” y el MPP se dedicaba a reclutar una nueva juventud, pero abandonando los aspectos más crudos del viejo aparatismo.

De cualquier manera, el viejo MLN-Tupamaros, de esa manera confirmaba que solo había servido en un periodo muy corto del viejo Uruguay (10 años escasos) y que era imposible modificarlo para hacerlo servir en los nuevos tiempos.

Los “aparatistas” en cambio siguieron en sus viejas luchas. Y continuaron también con toda su vieja mentalidad.

Se dieron así “las luchas” por el poder interno, que empezaron siendo en primer lugar las luchas contra Raúl Sendic, al que una parte muy importante del viejo aparatismo de la cúpula consideraba un “loco”.

Esas luchas siguieron después entre los aparatistas mismos. Unos perdieron y otros ganaron. Los que ganaron y “aguantaron” están hoy en el gobierno. Los que perdieron, están hoy reivindicando los viejos tiempos, al mismo tiempo que el reloj biológico los va alcanzando porque la mayoría está por encima de los 65 años.

Para las nuevas generaciones, pronto todo esto será pasado porque hoy las condiciones del socialismo y de los cambios no está más en la repetición de los esquemas de los años 60.

Es por eso que los aparatistas “que perdieron” desde el 85 no han logrado jamás unificarse, ni coordinarse, ni presentar una alternativa a los cambios y virajes que introdujeron los que “ganaron”.

 Y es por eso que todos sus “frente únicos” de ahora, son despreciables

La mayoría de la militancia, que se apartó de esas luchas internas asqueado por los métodos, los virajes, las zancadillas, se fue diluyendo en un “goteo” interminable que dejó a los “aparatos” viejos y nuevos, despojados de la savia humana, la denominada “militancia”.

Y en ese marco general, empezaron a aparecer las “historias”, las “biografías”, las “memorias” de los aparatistas. Los demás no debían ni podían hablar.

Otras “historias” de algunos del aparato que habían sido siempre muy críticos, también debieron ser convenientemente apartadas, verbigracia Cultelli y su librito, que estaba en el índice de los libros “heréticos”.

Al tema nos hemos referido demasiadas veces a lo largo de estos años, haciendo inclusive la reseña de algunas de las obras aparecidas.

Esos trabajos, más los diálogos con los militantes, nos fue permitiendo tener una visión abarcativa y bastante rica de las contradicciones y posiciones que habían estado en juego, desde el 85 en adelante, hasta nuestros días.

La enriquecieron otros estudios y una profusa bibliografía que fue apareciendo en los últimos 20 años, en la cual libros que hacían hablar a los militantes, fue fundamental. Porque en esas brevísimas memorias se aclaraban multitud de puntos oscuros, contradicciones, repentinos rayos de luz, sobre aspectos que las obras glorificadoras de los aparatistas dejaban sin aclarar.

Se trataba de una historia, que había hecho una generación, pero que había sido escamoteada por un pequeñísimo grupos de personas –los aparatistas- y particularmente los aparatistas que habían estado en cargos de dirección –elegidos entre ellos mismos y por favoritismos personales- y que después se han creído o atribuido la visión de que ellos eran “los héroes” de aquel proceso

De esa visión, tomada de la ideología burguesa, del Sr. Carlyle para ser más precisos, no se han apartado nunca. Que todas esas paparruchas fueron rechazadas en todos los tiempos por todas las corrientes socialistas (las marxistas, como las anarquistas) no les hace mella. Y un polemista brillante como el Sr. Lenin hubiera hecho con esas “desviaciones” uruguayas del pensamiento pequeño-burgués, sus buenos y mordaces análisis, sepultándolos en el ridículo.

Pero allí siguen, en la impotencia política más absoluta desde el 85 a la fecha, revolviéndose en quimeras viejas y protagonizando vueltas y volteretas, sin acertar a dar un paso adelante, rémoras petrificadas del pasado, con todos sus viejos prejuicios a la espalda

Así algunos de ellos han sido cómplices en la calumnia de la “locura” de Raúl Sendic y después han virado, para intentar convertirse en los apóstoles de última hora de su pensamiento.

Han sido también seguidores del Sr EFH o del Sr. Marenales y los han seguido hasta sus entrevistas de alto nivel con torturadores, convirtiéndose así en cómplices “protestantes” de esas reuniones que se hacían a la espalda de toda la militancia y de la organización a la que debían.

Cuando se publicaron, las copias fotoestáticas de las declaraciones “del detenido especial” EFH, del año 77, se apresuraron a señalar que eso era “carne podrida”, para después tener que desandar el camino ante las protestas generalizadas, pero sin por eso llamarse de una buena vez al silencio definitivo, pedir disculpas y dejarse de majaderías.

El asunto de la reaparición del Sr. Amodio Pérez, los llevó a otro furibundo ataque de “bocamarismo” militante, haciendo los papelones de todos conocidos en la televisión, donde entreveraron con el tema otras cuestiones –que no venían al caso- como fueron la muerte del peón Pascasio o del lumpen Arteche.

Y siguen en los dislates, haciendo el jueguito ahora, de entreverar las cartas y contradecirse ellos mismos.

Porque en ocasión que fueron convocados como “expertos” abogaban por la publicación de sus cartas, en función de la democracia y otros argumentos entre los que incluían una tiradita a favor de la conciencia y el discernimiento de los propios lectores.

Sobre el Sr. Amodio Pérez, hemos hecho por lo menos a lo largo de sus buenos cinco artículos nuestra exposición del tema, las consideraciones del mismo y los pronósticos posibles de interpretación de a qué se debe su aparición.

En lo que siempre hemos sido constantes es en considerar que era una barbaridad censurarlo, por más traidor que fuese.

Los aparatistas, y particularmente los aparatistas que estuvieron en la cúpula después de la muerte de Sendic, se transforman de esa manera en émulos del Sr. Stalin.

 Pero, curiosamente, no lo fueron nunca con otro traidor, que cantó antes que Amodio: el Tino

A ese nuestro aparatista inclusive, fue a entrevistarlo, allá lejos y hace tiempo.

Señalar estas cuestiones ahora, lo consideramos necesario pero también marginal.

Los que tienen que expresarse son “los otros” los que estuvieron en el Florida, en competencia con Amodio para ganarse el favor de los militares “patriotas”, “peruanistas”, o como mejor quiera llamárseles.

Y esos están silencio y todo el mundo se sospecha cuáles son los motivos de sus silencios que nada tienen que ver con posibles disminuciones de caudales electorales tanto para el eme-Pepismo como el CAP-libertario.

Y es que esta cuestión de los “traidores”, tiene mucho que ver con lo que es central:

Los traidores se dieron en la cúpula, al seno de la misma vieja dirección

 Se dieron entre personas que nunca fueron promovidos por la militancia, sino promovidos por otros miembros de la cúpula en procesos que de democracia política no tienen nada

Ni siquiera de la elemental

Son problemas de los que nos condujeron – a nosotros que éramos simples soldados- a la derrota. Y nos condujeron a la derrota en nombre de ideales comunes, que después ellos mismos traicionaron, para re-encarnarse como firmes defensores de la democracia burguesa, de la conciliación de clases, del acuerdo por debajo de la mesa con la oligarquía, con la defensa de los militares defensores de los criminales que violaron los Derechos Humanos en Uruguay y enlutecieron tantos miles de hogares.

Es desde esta perspectiva, -la de los militantes- que Amodio Pérez, (que por otra parte –reiteramos-se ha reconocido traidor desde su primera carta) no nos mueve un pelo.

 Es tan traidor como los “otros” los que le hicieron la leyenda negra de que además de traidor, era el causante de la derrota, que eso es una completa falsedad

Pero es también una defensa del aparato, y de la misma esencia de los aparatistas

El Observador, no es ningún ogro. Es –como dijimos- parte del espectro burgués, que vio en el silencio de la “izquierda” y la derecha una brecha por la cual meter una cuña, terminar con los misterios, aumentar el tiraje y anotarse un porotito ya que “los dejaba afuera Amodio”.

Y rápidamente solucionó el problema de ponerse en contacto, hacer una entrevista de 15 preguntas, conseguir varias fotos, de lo que era un galimatías de secretismos para los demás. Les liquidó los cabildeos de entendidos, esa plaga del Uruguay de las clases medias pacatas nuestras.

 Y eso duele

Duele, porque en realidad, para satisfacer inquietudes de ciertos círculos gubernamentales, presuntamente implicados, no hacían más que practicar una variable del estalinismo criollo de viejo cuño (1).

 Es decir negar la humanidad de otra persona, con el motivo de que fue un traidor

Por ese simple hecho no debe existir más, no debe leerse, no debe comentarse, no hay que hablarle ni mencionarlo. Es el chivo negro, y como tal está maldito, concentra todas nuestras culpas y hay que echarla al desierto (o a Siberia).

Como se ve, fetichismo tribal del feo, del reaccionario.

En esa no estamos. Y aunque pertenece a un pasado que se diluye cada vez más, esos vicios que no son ningunas virtudes, hay que combatirlos día a día, por todo el tiempo que nos reste de vida, hasta liquidarlos completamente. En eso estamos.

(1) Lo mismo se hizo antes, con personas particulares (el caso de Mejías Collazo)  o fracciones de compañeros.

El caso más notable es la denominada “microfracción” que para caracterizarla se emplearon verdaderas aberraciones argumentativas, que hasta hoy los persiguen. Todo ante el silencio –que es aceptación- de la mayoría de los militantes.

Los tupamaros nos doblegábamos ante “el argumento de autoridad”, aunque los denominábamos también “vacas sagradas”, pero de allí no pasábamos, de la ironía.

La política, las diferencias políticas nos pasaban por arriba, ni nos dignábamos a analizarlas con seriedad, ni exigíamos de las vacas sagradas, una fundamentación de sus posiciones, y el conocimiento cabal de las posiciones y argumentos de los compañeros que se condenaba