La incapacidad de conocer el presente nace fatalmente de la ignorancia sobre el pasado.
(Ataulfo Pérez de Aznar)
(Una nota con ese título me habían sido publicados en dos semanarios del Interior, cuatro años y medio antes)
Era este, más o menos, el contenido del texto:
-En enero de 1819 Lucas Obes, integrante de la camarilla que 11 años después nombrara a Rivera como primer presidente constitucional, firmó con el general portugués Federico Lecor el famoso Tratado de la Farola por el cual, a cambio de la construcción de un faro para la navegación ubicado en la Isla de Flores, reconocería las Misiones Orientales como propiedad de la Corona Portuguesa. Este territorio es tan grande como el Uruguay de hoy. Aún en aquel momento, Artig
as se desangraba en su desigual lucha contra el luso usurpador. El amigo de Lucas Obes, Fructuoso Rivera, también juraría en 1820 fidelidad al reino lusitano. En 1822, se declararían por propia voluntad, súbditos del nuevo Imperio del Brasil a partir del 7 de Setiembre (Grito de Iipiranga).
Una importante calle del Prado recuerda a Lucas Obes. Huelgan los comentarios sobre el Compadre Frutos en el nomenclátor nacional.
- El 25 de diciembre de 1828 Rivera tras su patriada, reconoce el “derecho” del Imperio sobre las Misiones firmando con el general brasilero Sebastián Barreto la entrega de las mismas al Brasil mediante el Tratado de Ireré- Ambá donde se reconoce como límite norte uruguayo, el río Cuareim en su costa seca sur (¡sin agua!). La propuesta inicial del criollo habría sido el Río Arapey!
-Firma de los Tratados del 12 de octubre de 1851 entre el gobierno colorado y el Brasil luego de la derrota blanca-federal en la Guerra Grande. Sintetizando cuánto es posible, digamos que se trataba de la imposición de un conjunto de obligaciones que el canciller colorado Andrés Lamas (recordado en el nomenclátor) suscribió con su par brasilero. Uruguay se obligaba a reintroducir la esclavitud en el país - abolida por nuestras leyes- en los numerosos y extensos establecimientos de brasileros habidos en nuestro país, obra de de sus agradecidos aliados colorados; devolver a los esclavos fugitivos; permitir la existencia de cuarteles del Imperio en nuestro territorio; no cobrar tasas de exportación de tasajo (carne salada), al igual que al enorme y permanente trasiego de ganado en pie uruguayo hacia Brasil; reconocer la monstruosa deuda contraída con el Imperio por su ayuda al gobierno de “La Defensa”, etc. etc. Como si esto fuera poco, nuestro país renuncia definitivamente a su soberanía sobre la Misiones Orientales, quedando enteramente el Río Yaguarón y la Laguna Merín en exclusividad a la navegación brasilera.
¡Gracias colorados y batllistas!
- La ratificación de esos infames tratados por Venancio Flores en 1865.
El más sanguinario usurpador del poder que haya dado el partido colorado y nuestra historia. Su homenaje plasmado en el nomenclátor constituye una verdadera apología del delito. Para los uruguayos y para unos cuantos “historiadores”, Don Venancio, como lo había sido su mentor en la traición, Don Frutos.
La Patria que se trató de hacer a caballo y se deshizo montada en guampas!
El vándalo Flores comienza en 1863 la invasión contra el legítimo gobierno de Berro. Lo hicieron con el respaldo de los unitarios argentinos y los imperiales.
Complacencia y apoyo total de Bartolomé Mitre y Pedro II de Brasil (honrados también en nuestro nomenclátor). Atanasio Aguirre, presidente del Senado y honroso Presidente Interino del Estado tras el fin del mandato de D. Prudencio Bernardo Berro, quema públicamente los viles tratados de 1851 en la Plaza Matriz un 13 de diciembre de 1865.
Al asaltar el poder, Flores ¡denuncia la destrucción de los tratados y ratifica plenamente la vigencia de la deshonra!
Obsérvese la diferencia en el tratamiento de la posteridad para el criminal traidor y para los héroes patriotas de aquel momento, ignorados por la historia oficial y la pésima educación que reciben nuestros educandos tanto en los centros de enseñanza pública como privada.
-Los TLC’s y Tratados de Protección de Inversiones.
Consecuencia de ello, se da la deglución del chico por el grande. Entre otros, las zonas francas para las pasteras. Los antecedentes de las zonas francas se remontan a la década de 1920.
Hoy, son el complemento de la masiva extranjerización de la tierra. Ambas cosas, banderas del gran espectro político nacional, y de los grandes medios de comunicación.
Exenciones impositivas, ingresos depositados en el exterior, reinversiones al arbitrio del capital trasnacional.
Reiterativo sería referirse al ridículo canon para el estado, y el presupuesto para crear y mantener infraestructuras, la irrelevante ocupación creada, la humillante y servil recreación de los inmensos latifundios de antaño y, peor todavía, extranjeros y con monocultivos.
Sí, es bueno recordar a Danilo Astori en oposición: el más grande demoledor de las Zonas Francas!
A título ilustrativo podríamos decir que hoy, tanto SLIM como Bill Gates o el dueño de las tiendas Sara, podrían comprar todo el suelo productivo del país. La venalidad pública y privada allana el camino a la enajenación.
Así como nuestra Constitución puede resultar permisiva a la enajenación del país, da también la oportunidad de enfrentar a la mafia política con el derecho popular a referéndum.
Pero, ¿cuánto de conciencia de soberanía y nación hay en nuestro pueblo?
Mujica y sus paniaguados no quedan en absoluto satisfechos porque China proponga financiar los proyectos, ¡quieren que los lleven a cabo y sean dueños de los mismos!