El Sr. Esteban Valenti, es un “renegado” (“los renegados son los peores” acostumbraba a decir su antiguo protector y mentor, Rodney Arismendi, pero era una de sus tiradas anti-trotskistas, que eran obligatorias para todo Secretario General de aquellos tiempos).
Valenti en cambio, protagonizó un gambito original, que solo fue posible después de la implosión de la URSS, renegó para la derecha, se pasó al campo burgués, como tantos antiguos miembros de la “nomenklatura” soviética. No cazó en el ramo del gas, ni del petróleo, ni de los bosques u otros productos primarios de exportación como hicieron sus antiguos congéneres del “partido guía”.
Valenti agarró para el empresariado nacional, en el ramo de la publicidad que había aprendió entre los camaradas italianos durante las campañas electorales de la península itálica.
Y acá hizo carrera de director de campañas electorales frentistas al lado del Sr. Astori. Actualmente es uno de sus “operadores mediáticos”.
Del período “comunista” le quedó la vieja fobia sectaria (típicamente estalinista) contra el viejo MLN-Tupamaros (y toda otra izquierda rival, particularmente si tenían prédica en los círculos obreros sindicalizados).
Nos llamaba “los iluminados” para que la militancia tenga memoria de las barbaridades ideológicas que se comenten en un país subdesarrollado y dependiente como Uruguay, en nombre de la denominada “lucha ideológica”, buscando la primacía de la formación propia aún a riesgo de sacrificar todo (1).
O, dicho de otra manera, la actitud “comunista” que reivindicaba Marx en su célebre Manifiesto, no tiene puntos de contacto alguno, con la práctica “comunista” que introdujo el difunto Stalin, cuando agarró la manija en la Unión Soviética y terminó metiendo ante el paredón (después de obligarlos a envilecerse mediante torturas infames) a todo el viejo Comité Central Bolchevique, los compañeros de Lenin, que hicieron la Primera Revolución Obrera Victoriosa, después de la Comuna de Paris. En la cama, de todos ellos, murieron Lenin y Stalin, los otros fueron todos ajusticiados vilmente.
Después y a lo largo de muchos años, los comunistas en América Latina, eran defensores rabiosos, violentos y patoteriles de toda invasión soviética, de toda condena a honestos comunistas críticos, que defendían a rabiar, y por tanto de todos los crímenes que se realizaron en “los campos” del Círculo Polar Ártico, en la lejana Siberia.
La crítica al “socialismo real”, la realizada por obreros e intelectuales comunistas, y que es muy superior a las críticas de los intelectuales burgueses a sueldo del Imperialismo, los encontró siempre al lado de la burocracia soviética contra esos heroicos camaradas comunistas, y se festejaban sus muertes y deportaciones. Todos ellos eran “perros” y “traidores” y estaba bien torturarlos, detenerlos, enviarlos a trabajos forzados y asesinarlos.
Sus obras estaban prohibidas leerlas en los partidos comunistas occidentales y muchos pagaron con la expulsión lo que se entendían eran “desviaciones”.
Valenti fue educado en todo esto: el marxismo adulterado de los manuales soviéticos, las prácticas sectarias y el oportunismo de adaptarse “a los virajes”.
Para el movimiento popular es un irrecuperable, un lastre, un elemento que aporta solo negativamente.
Su último “aporte” con pretensiones teóricas, fue una crítica al folleto de Lenin, “El Estado y la Revolución” donde creyó encontrar los gérmenes de las desviaciones estalinistas. Es decir nuestro novel pensador no se elevó más allá de la crítica mal intencionada de los Conquest, los Thompson, y tantos otros panegiristas burgueses y a sueldo, desfachatadamente, de los peores círculos imperialistas (2)
Ahora tomó la pluma para comunicarnos “Que ayer vi a un traidor”. Se refería al Sr. Amodio Pérez, cuestión que este acepta plenamente (sin haber pasado por la Lubianka) y por eso habría que señalarle: “Chocolate por la noticia!!!”.
El tema Don Valenti, no es el “traidor” Amodio, SINO LOS OTROS TRAIDORES QUE ESTÁN EN SILENCIO PROLONGADO Y SE ESCUDAN DETRÁS DE AMODIO. Por si no se desayunó.
Que Amodio traicionó lo conoce el movimiento popular uruguayo y particularmente los tupamaros hace sus buenos, casi 40 años. Fíjese Ud.!!!!
Lo que está “tapadito”, pero empieza a salir a luz, cada vez con más fuerza, es que Amodio no fue el único traidor (ni él ni la troika que tradicionalmente se asocia con su nombre o sea: la “flaca” Mercedes y el “Tino” Piriz Bude). Y ahí Don Valenti, justamente ahí, es que comienzan los problemas para muchos.
Digamos también –antes de pasar a lo otro, lo central- que no ignoramos porqué “el operador Valenti” sale ahora, comedidamente, a la palestra. Lo hace porque en el Frente, hay quienes especulan con “los trasiegos electorales” y se apresuran a que los factibles disidentes se vayan de sus tiendas actuales, desencantados y vayan a engrosar otros caudales electorales, que los posibles receptores necesitan urgentemente para afirmarse al seno de la “interna” frenteamplista.
O sea un vasto juego especulativo, altamente especulativo, que no es nuestro tema. Son derivaciones de los conciliábulos entre cuatro paredes, donde todos se anotan para parecer “originales” y sacar conclusiones, actitudes, posiciones que ayuden a la causa propia.
Al Roto de Valenti, le sale en contrapunto El Descosido de Jorge Zabalza. Empecemos por sus elogios a Valenti: ..”los dichos de Esteban Valenti sobre el traidor cobran mayor valor, superan distancias, entienden que fuera quien fuese la Organización traicionada, el agravio ( ¿? meramente agravio ¿y los muertos?) es al movimiento popular”.
Nos alegramos que Zabalza se sienta hermanado con Esteban Valenti, “que superen distancias” y hasta “entiendan” cualesquiera que sean las acepciones que el término “entiendan” tenga.
Pero Zabalza nos quiere señalar que solo la traición de Amodio es un “agravio al movimiento popular”, que lo es, sin duda alguna. Solo que deja de lado otros “agravios” hechos tanto al movimiento popular como específicamente a la militancia tupamara, que para nosotros, es lo que cuenta.
Al fin y cabo, con las traiciones, los que dejaron el cuero en la estacada fueron los militantes y compañeros tupamaros. Con las traiciones del “aparato” de la Orga, de los jefes, a ver si nos entendemos, porque los otros aparatos de otros partidos también dejaron el tendal de sus propios militantes muertos, pero eso es harina de otro costal. Y conviene no entreverar las cosas.
Cada cual, dentro de filas, debe hacer sus propias investigaciones y velar por los sacrificados inútilmente.Evaluar los errores propios, los de los jefes, los de los que sacrificaron militantes, la responsabilidad de las diferentes traiciones y sus niveles.
Lo tendrá que hacer el antiguo Partido Comunista, lo tendrá que hacer el GAU, lo tendrá que hacer el PVP, para mencionar solo algunos de los partidos y organizaciones reprimidas, pero vamos a no generalizar demasiado la cosa con “los agravios al movimiento popular” porque es una forma de salirse por peteneras, sacar la pelota al óbol, y restarles fuerzas a la seriedad y rigurosidad del análisis propio.
Después de esa desafortunada introducción, Zabalza entra en materia, citando libros de crítica de la militancia propia: desde el malogrado recientemente “Urraca” Modernell y su opúsculo crítico, a los también compañeros Cultelli, y el “gordo” Jorge Torres, que produjeron obritas un poco mayores. Se pasea incluso, brevemente, por el Simposio de Viña del Mar.
Todo “filo”, vamos a decir las cosas como son, porque a eso antes no se le dio la más mínima bolilla.
Todo aporte crítico se vio siempre con recelo. Y el mismo se extendía de “la obra” al autor.La militancia tiene que guardar “la subalternidad debida” a la egolatría de los jefes, deben ser entes, no militantes consientes.
No tenemos mayores antecedentes sobre lo que pasó con Modernell y con Torres, pero en cambio tenemos información de primera fuente con lo que pasó con la “autocritica” de Cultelli. Cultelli hizo varias copias de su manuscrito original, la repartió entre compañeros que creyó sus albaceas testamentarios y capaces de publicar su obra. Uno de ellos fue Julio Marenales. Ni Marenales desde “su” MLN, ni el “fondo Raúl Sendic” estaban dispuestos a tomar cartas en el asunto y publicar la obra.
Así ha tratado siempre “el aparato” y “los jefes” a sus militantes!!!!
Si no andaban de “negritos” o “fogoneros” “FLIT” con ellos.
Al final, un grupo de compañeros, sin apoyo material oficial, tomó en sus manos el asunto, recogió el manuscrito, lo armó finalmente (constataron que un reportaje final que Cultelli había incluido y pensaba publicar, fue secuestrado) y, dos de los compañeros viajaron a Bs. As. dónde la solidaridad militante argentina se encargó de publicarlo sin cobrar un peso. Como uno de esos compañeros se llama S.A., Zabalza sabe bien a quién nos referimos y sabrá también que el testimonio es veraz.
Luego de su introducción Zabalza entra en materia para afirmar lo siguiente que culminará en tres numerales: “A la III Convención Nacional, realizada en 1985, la primera en la legalidad, se presentaron cerca de 80 análisis críticos sobre la derrota”.
No tenemos motivos válidos para suponer que la afirmación de Zabalza no sea cierta, pero digamos también que esos “80 análisis críticos sobre la derrota” no los conoce ni la militancia ni el movimiento popular, si siquiera el público en general.
Y el tema no es ninguna casualidad, que ni a mimeógrafo se han publicado, que no están registrados en archivo web alguno, y no tenemos noticia de que esté depositado en fondo documental ídem, como sucede con otras organizaciones latinoamericanas (el MIR chileno, el PRT argentino).
El “aparato” y los jefes, los “históricos” se han encargado de que no tengan publicidad, que no los conozca nadie, que no sirvan de antecedente. Saben todos ellos muy bien porqué y Zabalza también lo sabe (3)
Venimos sosteniendo desde hace varios años –esta no es ocurrencia de último momento, ni cosa que se le parezca- que además de los “80 análisis críticos sobre la derrota” los jefes tuvieron tantos o más (me animaría a decir cientos de testimonios directos, en conversación personal y privada, buscada por ellos) también de información crítica sobre los motivos de la derrota y sobre ciertas traiciones que no se circunscriben a Amodio y al resto de la “troika”, PERO DECIDIERON “TAPAR TODO”. Y todo sigue tapado, desde 1985 hasta el 2013 presente.
Pero además todas las críticas jamás se reflejaron en la política que se practicó, lo cual quiere decir solamente una cosa: los “jefes”, el “aparato” se pasaron todo por el quinto forro (como decíamos antes).
El “aparato” y “los jefes” funcionaron siempre como un gran recolector de información de las bases que ellos decidían utilizar a discreción. La base aportaba, la cúpula digería a lo Pantagruel sin que la información volviera a la base.
Así fueron cimentando la pre-eminencia, su(s) ventaja(s). Del trabajo de los demás. Unos trabajaban “de trueno” y otros embolsaban “la llovida”.
La usura intelectual, una variable de la política del rentista pequeño burgués, muy típica del Uruguay del “medio pelo”.
El “aparato” y “los jefes” sancionaban o cancelaba sanciones que habían establecido las bases también a discreción.
Es el caso de las “sanciones” que tenía la “tronca” Topolansky, que no le impedían militar, pero tenía prohibido tener responsabilidades y cargos en la estructura, hasta que un “jefe”, su marido, tomó cartas en el asunto: le levantó las sanciones sin dar cuenta a nadie y hasta la incluyó en las listas parlamentarias.
Así está, esta señora, ahora, en el Senado. Lo mismo sucedió con la mujer ( Susanita) de un actual ministro que ahora es diputada parlamentaria y anda con la “barra brava” de Peñarol a cuestas sin tener méritos de militancia alguna
El “aparato” y “los jefes” decidieron que había que sostener diálogos con las logias de la inteligencia militar y mantuvieron diálogos (y ¿quién sabe qué más?) con los mismos. A uno de esos diálogos concurrió el Sr. Zabalza (y pudrió todo) como lo confiesa en el libro “Cero a la Izquierda”.
¿Sabían las bases que hacían Marenales, EFH, Mujica, el Tambero allí o, fueron a esas reuniones sin permiso y sin anuencia, con “agenda libre” para negociar cualquier cosa?(4)
Y como cada libertad del “aparato” y “los jefes” lleva posteriormente a que “cada jefe” hace lo que “se le canta” después siguió el “referente” Mujica haciendo sus “contactos particulares” desde el Ministerio de Ganadería, con los círculos del capital agrario, estableciendo sus contactos con la Asociación y la Federación Rural, sin permiso y sin anuencia, hasta lograr los firmes apoyos que le permitieran levantarse como un candidato presidencial a la “interna”
. De esos cabildeos en los que participó también Agazzi (fue cómplice), surgieron situaciones bien bizarras, como el reproducir Agazzi, el verso que le vendían los grupos de presión agrario, de que sus campos “de basalto” no les producían ni 1.000 dólares de renta anual, episodio que ha narrado también otro “compañero” bastante especializado en los temas y que responde a las iniciales de W.Y., cuestión, como la anterior, que Zabalza puede identificar y que, por lo tanto, es garantía de veracidad.
En Uruguay, como siempre, somos pocos y nos conocemos todos.
Zabalza, que después del 85, llegó al vértice de la pirámide (hasta que lo bajaron del cielo a escobazos), convirtiéndolo en un paria y en un leproso político, sabe perfectamente todas estas cuestiones y las que no sabe directamente se las barrunta. No es tonto, en cambio, es avieso y cuando cuadra, maniobrero.
Pero Zabalza fue formado (y deformado) en la mentalidad del “aparato”. Es “aparatista” en todo, o sea quiere hacer lo mismo que el “aparato” viene practicando desde siempre: el poder discrecional, el reino del subjetivismo propio, que es también la arbitrariedad elevada a la quinta potencia.
Que nadie los controle, que todos se sometan a sus caprichos, que no haya organismos a los que se deban, informes que se deban dar, cortapisas, limitaciones: en suma la libertad particular para mí y la esclavitud formal para el resto. La Organización soy YO, como aquel que decía (en francés monárquico) L'ÉTAT, C'EST MOI.
¿ Ha reflexionado Zabalza que todo eso es una quimera, una aspiración casi demencial, imposible en una sociedad civil como la nuestra, un retroceso a las formas caudillescas, cuando la Banda Oriental era una pampa, escasamente poblada, con la inmensa mayoría de la gente analfabeta, sin sociedad civil digna de su nombre, sin organismos representativos de la voluntad popular, sin opinión pública electora, sin prensa, sin burocracia elemental capaz de registrar acuerdos, levantar un acta, archivar los hechos de gobierno realizados, con la discriminación generalizada de la mitad (o sea las mujeres)?
¿O el ideal es, la sociedad del “socialismo real” (el otro era el “utópico”) donde el líder gobierna hasta que se muere, todos le juran “lealtad”, él es el “gran timonel”, el que dice la última palabra, y al final consumen a la sociedad toda, arruinan la producción, hacen crecer una burocracia que fagocita la vida social. Lo que fue el socialismo modelo estalinista que la gente celebró que reventara y se fueran todos, de una buena vez, al diablo?
¿Comprende ahora Zabalza, las implicaciones que tienen los combates contra “el aparato” y la dictadura discrecional “de los jefes”?
Vayamos ahora, al resumen en tres puntos, de los que tomaremos meramente dos y, reducidos a sus aspectos fundamentales.
Dice Zabalza en el primero: “Nadie, absolutamente nadie, responsabilizó a la traición la derrota del Movimiento, todos tendimos a bucear en las concepciones y errores políticos antes de acordarnos del episodio Amodio Pérez”.
Habrán tendido mucho a bucear, quizás, pero como la derrota se produjo después que había ascendido en marzo (el 16 de marzo de 1972) una nueva dirección que componían Marenales, EFH y Rosencof, habría que haber comenzado por separar a esos “compañeros” de cualquier posibilidad de ocupar una dirección, manipular los archivos de los “80 análisis críticos sobre la derrota”, y someterlos a un tribunal de evaluación de responsabilidades.
Si eso se hubiera hechos nos habríamos ahorrado muchos años de majaderías continuadas del Sr. EFH y del Sr. Marenales.
De todas sus mentiras grandes y chiquitas, de todas sus chicanas y de todo el mal que hicieron los tres. Pero no se hizo.
Así que bucearon, demasiado y al final terminaron como siempretomando resoluciones equivocadas basadas en criterios erróneos, para “reproducir” todos los males que antes nos habían llevado a la derrota.
En el parágrafo dos, de sus tres conclusiones, Zabalza estampa: …”Demuestran claramente que los integrantes del movimiento guerrillero no vivían en una realidad creada e inventada por ellos mismos”.
Señalemos a Zabalza que no se trata, para nada, de “los integrantes del movimiento guerrillero” o sea la mayoría, que eran las bases. Se trata del “aparato” y se trata de “los jefes”.
Esos sí vivían totalmente disociados de la realidad, en una burbuja de “mariscaleo” donde seguían con los viejos mitos del “aparato mínimo”, y habían llegado a la brillante conclusión de “la indestructibilidad del aparato” que se dijo (hasta por Sendic) antes del 14 de Abril, yque fue el fundamento para que Candan Grajales pensara que la Operación Hipólito “se asimilaba”
Los que salían recién de la prisión estaban atiborrados de “informes” que daban una visión parcial de la realidad, y los que estaban en la dirección como Rosencof, callaban lo que no les convenía porque estaban en el jueguito de mantenerse en el poder, lo cual consiguieron, pero implicaba callarse la boca y jugarla “de seguidor y por fiel”, ya que apoyo de las bases no tuvo nunca.
La realidad fue que “no se asimiló nada”, y nos pasaron a dar un surtido completo, “pa' tabaco, hojilla y fósforos” como decíamos antes.
Nos bailaron un malambo arriba del lomo, o como decía Marenales hace unos años (en Suecia) y haciéndose el inocente: “Fuimos a meter la cabeza en la cueva del tigre, y el tigre nos comió la cabeza”.
”La cabeza”, o sea a todos ellos, que eran “los jefes”, ”los dueños del aparato”.A las “bases” y a los muertos no los mencionaba
Hasta aquí, la “primera pata” de la cueca, vayamos ahora a “la segunda”.
El Plan Tatú,es la segunda “pata” de la cueca. Se planifico mal, sin evaluaciones críticas, justamente lo que no hace un oficial de estado mayor, que presenta a su superior (que era Sendic), las variables en juego para que éste las analice y tome las resoluciones o disposiciones más racionales posibles. A su vez, después, esas posibles variaciones se transmiten a los otros mandos involucrados de acuerdo a sus escalas de rango y necesidad de conocimiento.
Un oficial de estado mayor y sus colaboradores más inmediatos, tiene que conocer cabalmente el terreno (aspecto geográfico), saber los elementos militares (potencia de fuego y munición que dispone) conocer el grado del entrenamiento del personal subalterno, prever los problemas de adaptación de hombres urbanos a un medio rural como el nacional y sus humedades y lluvias que arruinan la salud, conocer que disponibilidad se tiene de comunicación eficiente y efectiva, también de vías alternativas en el caso de que éstas fallen, conocer el grado de entrenamiento de los oficiales subalternos y su capacidad para tomar iniciativa y resolver sobre el terreno los diferentes problemas que se puedan plantear, inclusive el equipamiento con que se cuenta, la logística médica, un sinfín de problemas que todos deben analizarse antes de entrar en acción.
Si se constata que no hay condiciones, se modifica el plan original y su buscan soluciones alternativas.
Zabalza que tiene pretensiones de teórico militar, que fue entrenado en Cuba, que era uno de los oficiales del Estado Mayor del Interior, debería conocer el ABC que no puede ignorar un oficial de estado mayor.
Pero en la ORGA, hablábamos de Columnas, Jefaturas, Estados Mayores al bardo. Se usaba terminología de la cual, en realidad, se ignoraba todo, particularmente el fundamento.
Todo era “jarabe de pico”, y el reino de los atrevidos y los audaces.
En lo del Plan Tatú, estuvo además, la pretensión, el intento, de abrirse un lugarcito abajo del sol, encontrar el caminito “para arriba”. Bien caro que le costó a la militancia toda esa falta de profesionalidad y a Zabalza casi le cuesta la vida.
Esperemos, que estas notas, le sirvan para una reflexión que hace tiempo viene eludiendo. Que abandone el “vedetismo” del cual es prisionero.
Que se deje de falsos orgullos y tome la necesaria dosis de modestia, que antes era el emblema de todo verdadero tupamaro. Por respeto a todos los compañeros que cayeron.
Y, aunque no lo crea, con mucha fraternidad
notas
(1) Además de eso, que al fin y al cabo es venial, meramente sectario, utilizaba los “grupos de choque” para atacar los que en las asambleas identificaban en posiciones tupamaras, lo cual es mucho más grave y hubo con enfrentar con hechos defensivos de similar violencia e intensidad.
(2) Que casi todos los teóricos “comunistas estalinistas” formados en el aparato de Arismendi son una verdadera calamidad teórica, lo demuestran constantemente cada vez que toman la pluma: es un marxismo ramplón, con pretensiones, repetitivo y adocenado. Desde Lorier a Caetano, no tienen un solo marxista digno de las mejores tradiciones leninistas
(3) El motivo es bien sencillo, si las bases se comunicaban horizontalmente, si los discrepantes y críticos hacían frente común, los “aparatistas” y “jefes” tenían corta vida política.
(4) Esta es la base de los “chalaneos” con la cúpula militar. De la política de “perdonar a los pobres viejos presos” y de los olvidos de los familiares de los presos, inclusive de las políticas estatales de reclamar “sanciones” de la juez Motta. Todo eso se preparo y aceitó antes y, con Mujica se puso activamente en funcionamiento, bastó mandarle un casette, para que le temblara la chiquizuela y se arrugara en el chicote, este fanfarrón que padece “el síndrome de Estocolmo”, al igual que el Sr. EFH