VÁSQUEZ UN CANDIDATO "CANTAO", PERO NO POR AMODIO!!
SOLO CONJETURAS E INCERTIDUMBRES
por Daniel Gianelli
Búsqueda nº 1723 -25/7/13
Aun cuando Tabaré Vázquez no ha dicho que está dispuesto a ser candidato presidencial, en el oficialismo se descuenta que el ex mandatario encabezará la fórmula de la coalición de izquierda. No obstante, a diferencia de hace una década, cuando tenía una adhesión total en el Frente Amplio, su candidatura despierta hoy resistencias no menores de dirigentes y militantes "radicales". Estos no ocultan su preocupación ante la tendencia a un manejo político "personalista", a un estilo de trabajo ejecutivo, poco deliberativo y participativo. A evitar en lo posible pasar por una orgánica partidaria siempre complicada.
Vázquez tuvo una tardía inserción en el mundo de la política. No tuvo militancia estudiantil ni política en su juventud. Su incorporación a los cuadros dirigentes del Partido Socialista se produjo tras el restablecimiento de la democracia. No es por tanto un cuadro típico de las formaciones de izquierda. Carece de muchas de las "virtudes" —y de los "defectos"— que suelen serle reconocidas a los dirigentes y militantes de la coalición.
Estas características quedaron de manifiesto en los cuatro años en que fue intendente de Montevideo (1990-1994), durante los cuales llevó a cabo una gestión comunal con bastante independencia de los organismos de dirección departamental del Frente Amplio. Una experiencia en la que puso de manifiesto un estilo de conducción que muchos en la izquierda debieron digerir no sin disgusto. Lo aceptaron, no obstante, en virtud del capital político que se le reconocía a Vázquez. Y, detalle no menor, porque con él tenían resuelto el tema candidatura, cuestión siempre problemática y capaz de generar fricciones internas imprevisibles y con un costo electoral potencialmente negativo.
Durante su Presidencia (2005-2010) muchos frentistas debieron tragarse sapos que nunca habían imaginado. Amén de los que inevitablemente implican pasar de la oposición al gobierno. Su visita a Washington para entrevistarse con el presidente George Bush, la retribución del mandatario estadounidense en Anchorena en medio del conflicto con Argentina, su inicial disposición a negociar un tratado de libre comercio con Estados Unidos, así como el veto que, invocando una cuestión de conciencia, interpuso contra una ley que despenalizaba el aborto impulsada y votada por sus propios correligionarios, fueron motivo de cuestionamientos internos.
Más aún cuando al año y medio de haber dejado la Presidencia reveló durante una charla ante alumnos de un colegio católico secundario que, en medio del conflicto con Argentina y ante el riesgo de una agresión por parte del vecino país, procuró —y obtuvo— del gobierno de Bush expresiones de apoyo al Uruguay. Lo que en cualquier país del mundo habría sido visto como una movida inteligente destinada a resguardar la soberanía y a defender los intereses nacionales, fue motivo de cuestionamientos y reproches por muchos correligionarios.
Es público que su eventual candidatura presidencial para la cita del 2014 ha sido motivo de especulaciones desde el mismo día que le transfirió el bastón de mando a Mujica.
Desde entonces Vázquez condicionó dicho hecho a la biología y, naturalmente, a una decisión de las autoridades del Frente Amplio. Más recientemente ha dicho que habrá que ver qué quiere el Frente Amplio y luego ver qué quiere él. Una respuesta que debe considerarse condicionante. A fines de junio pasó otro aviso a los navegantes. Declaró: "No me desespera hacia el futuro ningún cargo de gobierno".
Vázquez no puede ignorar que un eventual tercer gobierno frentista tendrá que lidiar no solo con una coyuntura económica internacional menos favorable que le acompañó durante su gobierno y que acompañó al de Mujica, que deberá afrontar un abultado gasto público, mejorar las condiciones de competitividad de la producción nacional, refrenar presiones inflacionarias, evitar que el déficit fiscal se descontrole, así como contener las presiones de un sindicalismo que no cesa en sus demandas y que, como es notorio en estos días, ha ido perdiendo sintonía con el gobierno.
No es un campo de rosas el que está a la vista. Y por último, pero no por ello menos importante, Vázquez no puede tampoco ignorar que su candidatura no concita al interior de la coalición oficialista adhesiones como en el pasado.
O que, en las redes sociales y en medios intelectuales de izquierda, se expresa por un lado una demanda de renovación generacional —si Vázquez es candidato y gana la elección volvería al gobierno con 75 años— y por otro lado se le critican manifestaciones que son consideradas un cierto "giro a la derecha"
Críticas que son expresión de disputas y competencias internas, libradas cada vez más abiertamente, por el control del gobierno entre corrientes consideradas "moderada" una y "ortodoxa" o "radical" la otra.
Se trata de pugnas que no tienen solución por vía electoral porque el comicio solo actualizará su potencialidad e influencia sobre el futuro gobierno. Por ello un triunfo del Frente Amplio ofrecería una nueva versión de "gobierno en disputa",
El supuesto "giro a la derecha" de Vázquez, que causó sorpresa y perplejidad en esas redes y cenáculos frentistas, se fundamenta en recientes hechos y manifestaciones públicas del ex presidente.
Fiel a su posición contraria a la despenalización del aborto, no ocultó su apoyo a la campaña para derogar la nueva ley votada por el oficialismo. Adhirió al recurso de referéndum respaldado por la Iglesia Católica y sectores blancos y colorados, ratificando, sin estridencias, su posición de siempre.
Tres semanas antes, el 31 de mayo, durante una presentación que hizo en el Woodrow Wilson Center en Washington DC, defendió la idea de establecer un nuevo relacionamiento entre Estados Unidos y América Latina. "Ya es tiempo de dejar de pasarnos cuentas" por el pasado y de pensar en establecer "una agenda común". Su solo enunciado hizo temblar las raíces del árbol frentista.
El 27 de junio pasado desarrolló su pensamiento. Dijo percibir un "cambio" en la actitud de Washington hacia América Latina y la oportunidad de llegar a "relacionarnos de otro modo, con tolerancia, con respeto, con igualdad de condiciones a pesar de las diferencias". Consideró que "no solo Estados Unidos representa una oportunidad para América Latina sino que América Latina es (hoy) una oportunidad para Estados Unidos".
Hace dos semanas, en una "Cumbre Latinoamericana de Ética", en San Pablo, Brasil, Vázquez puso en duda la vigencia de las categorías de "derecha" e "izquierda" para definir concepciones políticas y sostuvo que desde hace aproximadamente tres siglos no hay "nada sustancialmente nuevo bajo el sol" en cuanto a "los grandes valores políticos de nuestra época: libertad, igualdad y solidaridad".
Expresó su creencia en que "las cosas no son tan sencillas como parecen" y que "la caracterización derecha/izquierda ya no es lo que fue en el pasado y la disyuntiva que hoy tenemos planteada no es entre libertad e igualdad, ni entre neoliberalismo e igualitarismo".¿Qué tal?
Estos nuevos planteos de Vázquez llaman la atención. Poco o nada tienen que ver con las posiciones históricas del Frente Amplio. Tanto que sorprenden y son cuestionados por muchos correligionarios, a la vez que despiertan diversas interrogantes.
¿Está Vázquez dando una batalla interna? ¿Marca la cancha antes de que se decida su candidatura de modo de que luego nadie se llame a engaño?
¿O es parte de una estrategia política destinada a retener el voto centrista, de clase media, de quienes se han desencantado de la gestión de la "administración Mujica", un voto que puede ser decisivo para que el Frente Amplio gane la elección y retenga la mayoría legislativa? Interrogantes para las que hoy carecemos de respuestas terminantes. Solo conjeturas e incertidumbre.
NO ESTÁ DICHA LA ÚLTIMA PALABRA
por Tomás Linn / Búsqueda Nº 1723- 25/7
Lo que hace seis meses parecía resuelto, hoy se ve como una realidad indefinida, turbia y compleja. Aquella elección nacional de 2014 cuyos resultados todos anticipaban con tanta claridad, ya no será tan así.
Primero fue el lento pero constante crecimiento de Luis Lacalle Pou, intentando horadar una verdad instalada:la posibilidad de que Jorge Larrañaga dispute la Presidencia con Tabaré Vázquez.
Otra candidatura evidente en sí misma era la de Vázquez y muchos lo anunciaban como el próximo presidente. Hoy, sin embargo, surgen dudas. No por la capacidad del ex presidente para lograrlo, sino por la creciente hostilidad de un núcleo duro de militantes frentistas que lo resiste.
Había una oferta que nadie ponía en duda, con un Vázquez tal vez triunfante, con Larrañaga, Pedro Bordaberry y Pablo Mieres. Hoy eso ya no parece tan seguro y las elecciones retoman interés gracias a su cambiante y saludable dinamismo.
Desde que Vázquez dejó la Presidencia hace tres años y medio, ha estado diciendo que volvería a ser candidato si así lo quería el Frente y si "la biología" (en referencia a su edad) lo permitía.
Si es por la biología, todo indica que está en buenas condiciones para volver. Tendrá 75 años cuando asuma y 80 cuando termine su período. En caso de ganar, llegaría a presidente siendo aún mayor que Jorge Batlle y José Mujica en su momento, por mencionar a dos con edad avanzada respecto a los primeros presidentes desde la dictadura, que tenían apenas 49 años al asumir.
Las dudas aparecen ante la enconada ofensiva de sectores radicales del Frente Amplio. Lisa y llanamente no lo quieren. Prefieren a cualquier otro candidato y alegan que Vázquez se alejó mucho de la visión clásica de la izquierda.
La ofensiva puede ser eficaz, pese a que no parece modificar la opinión mayoritaria de los uruguayos. Según Ignacio Zuasnábar, director de Opinión Pública de la empresa encuestadora Equipos Mori, las cuestionadas actitudes de Vázquez "no generaron consecuencias negativas sobre su imagen y tiene los mismos niveles de aprecio, tanto en la izquierda y centroizquierda como en el centro del electorado".
Vázquez ha venido asumiendo posiciones que rechinan a estos sectores duros, que olvidan que no todo lo hecho durante su período fue "moderado". El peor lastre de su gobierno es una horrible ley de educación que favoreció los intereses menores de los burocráticos sindicatos del sector. Un daño que se sigue pagando hasta hoy.
Ahora importan sus dichos más recientes.
A fines de 2011 el ex presidente declaró que ante el conflicto fronterizo con Argentina, había procurado de George W. Bush una suerte de apoyo disuasivo. Hace apenas unas semanas, defendió la necesidad de mantener buenas relaciones con Estados Unidos al entender que había un nuevo contexto internacional. Ambas posturas generaron revuelo en una izquierda que sigue viendo al "imperialismo" como el demonio mismo.
Asimismo, Vázquez defendió su derecho a expresar su posición personal y discrepante con la ley de aborto. Lo curioso es que es una posición conocida desde antes de que fuera presidente, cuando anunció que en caso de serlo, si se aprobaba una ley que despenalizaba el aborto, la vetaría. Pese a ello, igual fue votado y ganó en primera vuelta. La ley se votó y siendo presidente la vetó.
¿Por qué todo este lío ahora?
Los sectores radicales del Frente Amplio siguen creyendo que les llegó su hora, la de "profundizar los cambios" y controlar la política económica del próximo gobierno. Olvidan que si el Frente Amplio alcanzó el gobierno es porque predomina su discurso más moderado.
Vázquez no es el único que expresa a la vertiente moderada, aunque sí quien genera más entusiasmo. En las elecciones internas del Frente Amplio, el sector del vicepresidente Danilo Astori, aliado al Partido Socialista, le ganó con cómodo margen a un MPP que desde el gobierno juega el desagradable rol de ser un "comisario político" e ideológico. En la medida que los votantes perciben que el MPP no es lo mismo que Mujica, prefieren tomar distancia y eso se vio en la mencionada elección.
Los grupos hostiles a Vázquez, al decir que es hora de proponer nuevos nombres e incluso promover candidatas mujeres, siempre hablan de la gente volcada hacia el MPP. Basta ver las redes sociales para corroborarlo.
Sólo salta el nombre de Constanza Moreira, legisladora con cierta aureola "académica" y muy promovida por el MPP. Es que detrás del cuestionamiento a Vázquez, hay un claro intento de fortalecer a dicho sector. Sin embargo, si hubiera que mencionar a una mujer ducha en política y con experiencia en el terreno, el primer nombre que se les ocurre a muchos votantes por fuera del cerrado circuito militante es el de Mónica Xavier.
Vázquez está armando un grupo propio para elaborar un programa de gobierno con figuras que algunos observadores califican de "interesantes". El Frente Amplio, empero, tiene su propia comisión de programa donde se da una puja entre los sectores moderados y radicales. Por lo tanto el resultado será un programa poco útil, transado y volcado a favor de quien sea más eficaz en la negociación. ¿Querrá Vázquez gobernar bajo tales pautas? Es dudoso.
El politólogo Adolfo Garcé, consultado la semana pasada, cuestionó la estrategia de Vázquez. Entiende, sí, que ella importa por ser el ex presidente favorito para el votante centrista pero sugirió que "cada tanto se peine un poco el jopo hacia la izquierda".
El razonamiento de Garcé responde a la vieja lógica frentista de equilibrar a los diferentes grupos. El propio Vázquez ejerció su liderazgo como presidente, laudando en las disputas internas.
El problema es que Vázquez no parece interesado en seguir jugando ese rol. Quiere ser aceptado así como se muestra.
Esta es la novedad
Da la impresión de que Vázquez quiere llegar a presidente según sus términos
Lo cual cambia las reglas de juego. También da la impresión de que desde la visión de Vázquez, si al Frente Amplio no le sirve, que se busque otro candidato. Él está interesado pero no desesperado por su reelección. No parece, a su edad, querer ejercer el cargo obligado a un cotidiano ejercicio de toma y daca. De ser esto cierto, es muy probable que Vázquez sea candidato, pero de modo alguno es una certeza absoluta.
El Frente Amplio sin Vázquez sería otra cosa y determinar quién puede ser presidente implicaría una interna difícil con incierta perspectiva. Habrá que ver hasta dónde un electorado que le ha sido fiel seguirá al Frente Amplio si éste decide darle más poder a los "comisarios" del MPP.
El paquete electoral, como señalé al principio, no está tan bien atado como parecía hace algunos meses. Habrá que ver cómo evolucionan los hechos y si se confirman los pálpitos.