El presidente y los docentes
Carta abierta al Presidente Señor José Mujica.
Qué poco sabe del Otro, señor Mujica. Aunque reconozco que tampoco los demás sabemos mucho de usted. De su período pretupamaro. He intentado conocer su currículum. Busqué en Internet, pregunté. No fue fácil. Los uruguayos sabemos poco de su pasado.
Me interesaba conocer su historia como estudiante, el hecho de por qué dejó el liceo en un tiempo en que la educación uruguaya era un orgullo para América Latina, en este país que pagaba a un profesor trabajando esas "cuatro horas" lo mismo que a un parlamentario. Tal vez, desde su punto de vista, los gobiernos de otrora estaban equivocados. Y pagaban demasiado a sus docentes.
Volvamos a su perfil de estudiante. En Internet aparece que usted fue al liceo y que luego se inscribió en el IAVA, supuestamente a cursar preparatorios (hoy 5°). Nada sabemos sobre su devenir académico, sobre por qué no culminó su bachillerato.
Pero entre los profesores corre este rumor: su entrada en el IAVA parecería haberse frustrado porque nunca aprobó una materia de 4°. ¿Es verdad, señor presidente?
Luego, muy poco sabemos de su trabajo —sin estudios—: sí se dice que usted militó en las filas del herrerismo. ¿Es verdad, señor presidente?
Podría pensarse que usted no estudió en nuestra gratuita Universidad de la República porque tomó las armas para hacer la Revolución. Pero en su etapa liceal, Cuba estaba muy lejos aún. Por cierto, sus ídolos, señor presidente, Ernesto Che Guevara y Fidel Castro, eran médico y abogado respectivamente. Una carrera universitaria no les impidió luchar por sus ideas.
Usted habla con desdeño de aquellos que hemos optado por estudiar, estudiar mucho, liceo, universidad, IPA, posgrados… Al economista Oddone le espetó no hace mucho tiempo una grosería.
No voy a olvidar nunca, señor presidente, que en un encuentro de liceales en Paso Severino, usted los arengó con una frase que —creo recordar— expresaba esto:
"Si yo tuviera la edad de ustedes y estuviera en el liceo, le diría al profesor: Viejo pa’ qué me sirve lo que me estás enseñando".
Sus agresiones al cuerpo docente se han vuelto virulentas en los últimos tiempos. Decir que los profesores trabajamos cuatro horitas indica su profundo desconocimiento de cómo funciona un liceo público. (Claro, usted no tiene hijos y los políticos allegados envían a los suyos a liceos privados).
Un profesor solo puede trabajar 20 horas de clase en la mayoría de asignaturas porque Secundaria topea su trabajo. Los profesores que llevan 35 años de docencia no pueden jubilarse, ya que lo harían con la mitad de su sueldo. Entonces el trabajo disponible se ralea.
Y usted ignora que ningún profesor da esas "cuatro horitas" de corrido.
¿Conoce lo que en la jerga docente se llaman "horas puente"? Son aquellas entre una clase y otra, una, dos o tres largas horas, durante las cuales el profesor permanece en el liceo: con frío, con hambre, con baños sucios.
En esas horas, atendemos padres o alumnos con graves conflictos. Planificamos "tolerancias", hacemos planillas, "libretas" de asistencia y calificaciones. ¿Sabe qué es una evaluación con "tolerancia"?
Y los fines de semana, en nuestra casa, corregimos auténticas torres de escritos, de ejercicios. Y estudiamos.
¿Sabe, señor presidente, que los profesores estudiamos toda la vida, porque, por ejemplo, cambian los programas, las tendencias pedagógicas?
¿Sabe, señor presidente, que los escritos y parciales ya no son como cuando usted iba al liceo? Ahora los profesores, en nuestra impresora, o en el Cyber, hacemos propuestas creativas de evaluación: crucigramas, múltiple opción, sopa de letras, videos, etc. Las fotocopias para los estudiantes son subvencionadas por ese salario que usted considera excesivo. Las reuniones trimestrales duran a veces 12 horas. También las mesas de exámenes. Sin un café.
Qué poco sabe usted de nosotros, los profesores. Yo estudié y trabajé toda mi vida, porque creo que el mundo mejora así, señor presidente. Yendo a clase todos los días, preparando los exámenes con ahínco, escuchando a los profesores, que tanto sabían y que me dieron tanto.
Es otra opción de vida que la que eligió usted, evidentemente. Pero en realidad, sé bastante poco de la suya.
Andrea Blanqué
CI 1.154.910-4
Periodista, escritora y profesora de Literatura en un liceo público
Sr. Presidente de la República Oriental del Uruguay
Presente.
Maria Noelia Ceballos
Paysandú, 21 de julio del 2013
Con gran dolor y orgullo herido leo sus declaraciones sobre la valoración de nuestro sueldo por cuatro horas de trabajo.
Me duele saber que mi presidente no sabe, no conoce la función, el rol y las responsabilidades de un maestro/a de clase y doy por hecho entonces que tampoco conoce el rol del Maestro/a Comunitario/a , cargo en el que también me desempeño.
Ser maestro de clase implica concurrir a clases preparado para afrontar la jornada, es decir que fuera del horario escolar solos o junto a otros maestros/as planificamos, organizamos contenidos, realizamos proyectos, secuencias didácticas , buscamos material, leemos, completamos datos en GURÍ, hacemos carné, elaboramos informes para los niños que los necesitan para llevar al pediatra o a otras instituciones.
A todo esto cabe agregar los cursos virtuales que hacemos para comprender y usar en forma real la Plataforma Crea por ejemplo, Curso de Ceibal en Inglés, Curso virtual de Las nuevas tecnologías en el aula. Todo esto a sola voluntad porque queremos cumplir con nuestra labor en forma responsable, aunque exceda el horario por el que se nos remunera.
Todo esto se realiza fuera del horario escolar y en forma honoraria. En las cuatro horas que usted menciona estamos con niños. Esto que parece tan sencillo, ni cerca de serlo. Es imposible cumplir con esas otras tareas inherentes a nuestro trabajo.
Debemos cumplir con las actividades diarias, atender problemas emergentes, escuchar a los padres con sus inquietudes y como usted se imagina todo lo que puede surgir en un grupo de niños de un barrio estigmatizado, con muchos problemas sociales y una escuela APRENDER.
De mi rol de Maestra Comunitaria le puedo contar que es un excelente programa. Trabajamos en cuatro líneas de acción.
Una de ellas es Alfabetización de Hogares que consiste en visitar los hogares de aquellas familias más vulnerables y que menos se acercan a la escuela, buscando empoderar al adulto referente y hacerlo protagonista del aprendizaje de su hijo o niño a cargo. Hasta aquí solo poesía, hermosas palabras que las llevamos siempre presentes.
La realidad es que los maestros/as que cumplimos este rol tenemos mucho para decir ya que es en el que vemos la realidad cara a cara. Una autoridad dijo que éramos “mascaron de proa”, el “barco insignia” y yo le agregaría “los que vamos al campo de batalla”.
Señor presidente usted no puede mandarnos a trabajar más, cuando ya no tenemos horas para hacerlo. Los maestros doble turno debemos hacer las tareas antes mencionadas para los dos turnos. ¿Y la familia?, ¿y nuestros hijos? ¿Y un descanso adecuados para nosotros/as? ¿Usted cree que es fácil trabajar con niños?
Los niños son personas y como tales tienen necesidades afectivas, problemas emocionales, aprendizajes en distintos niveles de conceptualización y un crisol de cosas más. No son materiales de trabajo que uno deja para seguir mañana.
¿Tiene idea lo desgastante que es?
¿Conoce lo
que aconseja UNICEF a los docentes sobre los horarios y tiempo de trabajo?
Sin otro particular lo saluda atte.
Noelia Ceballos
C.I. 2 914 597-4
Maestra de Ed. Común y MC
Paysandú
P/D: ¿Usted tiene calefacción en su despacho?
Para mañana están anunciadas temperaturas bajo cero. Nosotros no
40 años del golpe de Estado
Sr. Director:
De Realidades y Falsedades Históricas
Con algún retraso leí en Cartas al Director de Búsqueda (04.07.2013) la nota titulada "Ante una falsedad histórica" con la que León Lev pretende desacreditar una parte del testimonio que ofrecí en el Coloquio "Chile-Uruguay. A 40 años de los golpes de Estado", organizado en México por varias instituciones académicas, uno de cuyos fragmentos fue recogido por Sergio Israel, periodista de ese semanario, quien siguió el evento vía remota y escogió un aspecto del testimonio para darle relieve en su nota periodística.
Coincidentemente, pocos días antes vi en las redes un video catalán relativo a la liberación de los últimos presos políticos de la dictadura. Y ahí estaba León. Salía del penal, abrazaba a su esposa y a sus hijas, reivindicaba su lucha de resistencia a la dictadura y decía que todo había valido la pena. Fue como una onda cálida.
Esas vueltas atrás del tiempo histórico que por la vía de los medios audiovisuales genera la ficción de transportarlo a uno al pasado en tiempo real. Lo miré con cariño y admiración y no pude dejar de preguntarme:
¿qué le habrá pasado a este muchacho puro, íntegro, heroico, ortodoxo y poco flexible? ¿Cómo terminó siendo diputado por las listas de Alianza Progresista? No lo atribuí, claro está, a delirios de orden psiquiátrico sino a meras razones ideológicas, a procesos histórico-políticos y a otras explicaciones más terrenales y pedestres, no por ello menos difíciles de explicar.
Por eso cuando veo que León titula su respuesta "Ante una falsedad histórica" no dejo de preguntarme: ¿cómo se atreve?
Y, ¿quién lo impulsa a esta acción temeraria? Él afirma que mi primer error es sostener que mi padre, "el entrañable Alberto Altesor", "no tenía responsabilidades en el área sindical del PCU", sino que sus atribuciones eran en el frente de organización de ese partido.
Pues yo les puedo asegurar a León y a quienes lo mal informaron que Alberto Altesor fue responsable de la fracción sindical del PCU en el momento del golpe de Estado.
No puedo precisar si asumió esta función poco antes o inmediatamente después de iniciada la huelga general. Pero sí puedo sostener sin la menor duda que esa era su responsabilidad política concreta como miembro de la dirección del PCU en junio de 1973. Puedo comprender el error de León y un cierto mecanicismo que lo lleva a creer que en el partido cada quien se mantuvo congelado en sus puestos en esas circunstancias decisorias. Pues no fue así y León haría bien en informarse sobre realidades de las que aparentemente no tuvo conocimiento.
Y me pregunto entonces, si León ignoró e ignora qué función cumplió Altesor durante la huelga general, ignorancia que le permite negar sus responsabilidades en el área sindical, ¿cómo puede atreverse a sostener que no existieron contactos en la búsqueda de salidas, una de cuyas expresiones fue esa muestra de "buena voluntad" que involucró al transporte municipal?
Reafirmo con toda responsabilidad lo dicho en el testimonio que brindé.
Ese testimonio trató de atenerse a los hechos. No quiere decir que no haya volcado opinión. La búsqueda de salidas democráticas y populares a la coyuntura que intentó el PCU y otros sectores de la izquierda nacional no pueden ser equiparadas de ninguna manera a las turbias negociaciones que, como las Batallón Florida, mantuvieron otros sectores cuyas consecuencias todavía sufre el movimiento popular uruguayo.
El PCU enfrentaba de manera decidida a la dictadura pero buscaba salidas. Y me pregunto: ¿acaso León fue ajeno a todo el debate que existió antes del golpe en torno a la concepción que acuñamos sobre las FFAA?
¿Entendíamos o no que no eran un grupo monolítico, que albergaban tendencias, que la lucha de clases no se frenaba en la puerta de los cuarteles, que el involucramiento en la política de este sector se equiparaba al proceso de radicalización de las clases medias?
Pues en este tema hay que abrir una discusión sobre el papel de las FFAA.
En el medio académico hay mucho terreno avanzado sobre su condición. Deberíamos revisarlo a fin de valorar su posible prescindencia en un pequeño país como Uruguay, dada su problemática y reiterada voluntad reivindicatoria de sus crímenes y atentados.
La historia se hace de hechos e interpretaciones. Pero las interpretaciones no están por encima de los hechos, o caeríamos en un relativismo al que ideológicamente no deberíamos ser afines ninguno de los dos. Y la realidad histórica es que mi padre, en su condición de responsable de la fracción sindical del PCU, fue encargado de transmitir esa orden. Siempre es difícil hablar a nombre de los muertos y valoré ese hecho antes de dar el testimonio. Evalué también que a la hora de los balances no se le puede sustraer a la historia la información, porque ello tuerce la interpretación.
Aparentemente León entiende que mi testimonio ataca a la entonces dirección más estrecha del PCU y pretende generalizar la ofensa extendiéndola al movimiento sindical uruguayo. Dice, en tono exaltado, que: "Dejar pasar este dislate, no es solo una canallada contra Arismendi, sino una infamia contra el movimiento sindical y su autodeterminación"
Realmente yo no hice una valoración estricta de los hechos. En todo caso avancé la idea de que "lamentablemente llegamos a pensar que acaso era posible encontrar una salida a la coyuntura a través de una negociación con algunos sectores de las FFAA". No puse en duda la autonomía del movimiento sindical frente a los partidos de izquierda, ni desconozco el funcionamiento de este movimiento. Menos aún dudé jamás de su heroicidad en el enfrentamiento. Sentí siempre que la huelga general con la que enfrentó al golpe de Estado fue uno de los momentos potencialmente más coagulantes de la historia nacional.
Supongo que esto último no es lo que le importa a León. A él le afecta lo primero. La crítica estuvo alejada de mi intención. Esa búsqueda de salidas, en el acierto o en el error, no significó jamás que el PCU haya apoyado al golpe de Estado, como algunos pretenden.
Tampoco significa que cuarenta años después debamos dejar de poner sobre la mesa el conjunto de hechos que deben ser sopesados e integrados interpretativamente al legado futuro. Para ese testimonio fui convocado. Otros podrán volcar diferentes aspectos, guardar memorias y sensaciones que seguramente se me escapan en mi visión acotada.
Quiero decir además que soy Iván Altesor, el testimoniante al que León no nombra quién sabe por qué razón. Quién sabe también por qué, pese a la admiración que manifiesta por mi padre, a la mera hora política e ideológicamente se situó en la calle de enfrente.
En fin, yo no diría que cometió una canallada aunque sí un error. En materia de políticamente equivocados y canallas hay diferencias y muchos matices. Los sé apreciar. Finalmente me gustaría señalarle que "el honor del apellido familiar" y la transparencia de mi padre no necesitan de su aval.
¿Qué le permite pensar a León que requieren de su "Doy fe"?
Iván Altesor Hafliger
publicada Búsqueda Año 2013 Nº 1723- 25/7/13