Se me ocurrió contar cosas de las que nadie quiere hablar y creo que de esta forma, de cuento, podemos acercarnos a cosas que la mayoría no saben.....si hay espacio seguiré en esta línea esta es la segunda entrega
OTRA HISTORIA CON VERDAD Y SIN PREJUICIOS
El agua fría de la única ducha del patio competía con el aire frío que venía desde ese río casi mar, una brisa convertida en viento en el callejón donde los presos caminábamos, jugábamos al fútbol, ajedrez y a todo aquello que de una forma u otra nos permitiera una evasión momentánea que lejos de molestarme me estimulaba en mi fantasías de libertad.
Sobre los altos muros de la cárcel hoy convertida en templo de la religión moderna, el consumismo, caminaban de un lado al otro los guardias.
Símbolo patético de un país sin ganas de tener memoria es ese templo de la religión del sistema, construido sobre las lágrimas, la sangre, el sufrimiento de centenares de vidas que lo combatieron y en alguna medida fueron derrotadas, aunque la realidad muestra que no fuimos sometidos, por lo menos una buena parte.
“El Monje” le arranca a la guitarra ligeros acordes de “milonga del fusilado” que hacen de cortina a centenares de charlas y a algún grito de gol aislado.
En esa época el Penal estaba “muy poblado”: presos de todas las organizaciones armadas, del Partido Comunista, de los GAU y varios, que si bien no tenían que ver con ellos habían tenido cierta vez algún esporádico contacto con esos “enemigos de la Patria”, así compartíamos nuestra suerte un contrabandista,(por venderle a la madre de un preso calentadores a querosén para la celda) un médico experto en estadística (que había osado dos noches de desenfrenado amor con una compañera que estaba clandestina y el no tenía ni idea), un obrero de la construcción afiliado al PC que (en el partido Peñarol-Independiente colgó una bandera roja), un estudiante por prestarle la canoa al primo en la cual después se encontraron armas, un carpintero (que a pedido de un familiar había hecho unos bancos para sentarnos en la celda y no los quiso cobrar)
Si bien es verdad que las relaciones entre los militantes de las diferentes organizaciones armadas, del partido comunista o de los grupos de izquierda presentes en el Penal tenían el denominador común de estar ahí por causas políticas, nunca habían sido tan fraternales como el imaginario popular, atizado por bien otras razones, lo creía.
Las diferentes fugas fueron un testimonio objetivo de esas relaciones dentro del Penal, basta mirar la lista de los fugados y de aquellos que se quedaron, no por ganas sino porque no se les permitió participar, cuando empezaron a llegar los considerados “verdaderos presos políticos” como lo afirmaron en más de un momento varios de los que hoy detentan importantes cargos en el gobierno. Estas diferencias personales, demasiadas veces camufladas, contrabandeadas por diferencias políticas o ideológicas se agravaron.
Es por lo menos para mí muy extraño que ya que tanto se ha escrito, contado y manipulado sobre este tema y nunca ninguna editorial tocase esta realidad y varias otras de la vida dentro de los lugares de reclusión.
Quizás sea solo que el mercado editorial no les da cabida o simplemente que para los “investigadores periodísticos” estos temas son menores porque se trata solo de la calidad humana de un grupo de hombres que en este caso confesaron querer cambiar la sociedad.
Cuando voy a la feria o al supermercado y veo pomelos me recuerdo una larga discusión con un preso de Facultad de Ingeniería integrante de los GAU, que solo aceptaba la centralización de comida si se le garantizaban dos pomelos al día.
O aquel otro dirigente del mismo grupo que compartía la celda con un compañero muy apreciado y querido por todos (el Quito), que se enojó mucho porque este al no tener lapicera agarró la suya para escribir una carta a la familia y aquel otro, también del mismo grupo, que ya venida la democradura fue expulsado del Sindicato Docente y en cana se paseaba por la planchada tomando mate en pantuflas y compartía la celda con un delator y provocador, “el fantasma”.
El aire estaba frío pero los ánimos estaban calientes, llegaba la tarde de otro invierno y con ella, otra hora de patio que tratábamos de aprovechar todos, ya que estábamos veintidós (22) horas al día encerrados y dos (2) al aire.
La costumbre era juntarse en grupos de rueda de mate para charlar, discutir, pasarnos información, etc., también para caminar (trillar); esa tarde venía trillando con otros dos compañeros cuando a medio patio recostados al muro vi una “rueda de mate” muy particular:
dos integrantes del C 1 (dirección interna del MLN), dos referentes de los GAU y mis dos compañeros de celda que éramos de la misma organización, F.A.R. Orientales. Cuando paso a su lado me hacen seña que me quede y eso hago, la conversación no dejaba lugar a dudas, clara y simple, mis dos compañeros le comunicaban al C 1, en presencia de dos referentes de los GAU que a partir de ese día ellos también pertenecían al GAU y como correspondía se irían a las celdas que ocupaban los de ese grupo, un compañero del C1 me preguntó qué haría yo…y mi respuesta también fue clara y simple, mas por intuición que por elaboración política “…..estas cosas se discuten en la calle, mientras esté aquí soy un preso de las FARO…”
Días después quedé solo en la celda, debo confesar que no me disgustó el quedarme solo, por lo demás no soy ni Museta ni Mimí, ni Dios ni conciencia, cada uno sabe lo que hace a condición que asuma aciertos y errores.
Creo que mi respuesta fue más de barrio, de esas cosas que se aprenden jugando a la pelota y juntándote en el murito de la esquina, a los amigos no se los deja en la “estacada” y mucho menos cuando están presos