Cuarta y última parte
(Ponencia presentada en el panel "Del Uruguay tapón al Uruguay botón, Uruguay y las misiones de paz, claves geopolíticas", Facultad de Ciencias Sociales, 18 de noviembre de 2013)
Aclaración: Chaplin y la banderita roja
Quienes usamos el método del materialismo histórico tratamos de encontrar siempre causas sociales y estructurales a los hechos políticos, y no caer en explicaciones a partir de actos individuales o de pequeños grupos. A veces las circunstancias nos ponen en la situación de Chaplin, cuando había recogido por azar una bandera roja y en ese momento aparece detrás de él una combativa manifestación obrera.
Los conceptos aquí manejados fueron elaborados paralelamente a un trabajo militante por el retiro de las tropas uruguayas de Haití, junto con un pequeño grupo de compañeros, durante varios años. Ahora, cuando las publicamos aprovechando una de las pocas oportunidades de debate que hay en este país, el gobierno decide retirar las tropas.
Lo único que podemos decir en este caso es que hace tiempo que sospechábamos -sospecha fundada en estas ideas- que antes o después, más grande o más chica, algo iba a pasar por esa esquina en la que nos habíamos parado, agitando la banderita.
A lo que habíamos hecho debimos agregar una explicación de esta decisión del gobierno a partir de las ideas que aquí manejamos.
IV – Di qualcosa de sinistra!!! (*)
Así como es multicausal el fenómeno de participación desproporcionada de Uruguay en las “misiones de paz”, también lo son sus límites y el posible retiro de Haití, total o parcial.
Sobre ese retiro de tropas (se concrete en el grado en que se concrete, aunque ya están claras las cosas en su sentido general), hay un aspecto fundamental que corresponde a la lucha del pueblo haitiano, o no sería explicable si no por qué entra en crisis política la fuerza de ocupación de la ONU en Haití y se torna acuciante el retiro de Uruguay de allí, y no en otros puntos intervenidos militarmente en forma similar. Más aún, ¡ya se está hablando de nuevas misiones para volver a colocar las tropas uruguayas!!
Esto es posible por algunas características destacadas de la formación social haitiana, comparada con otras comunidades agredidas en los bolsones de pobreza del planeta. La protesta haitiana sostenida que hoy ocurre tiene una visible madurez política, y se sostiene.
Apuntaremos algunas de estas características, solamente a modo de sugerencia para un estudio que hay que hacer.
Lo primero es que la formación social haitiana es más moderna que las de los países africanos ocupados por la ONU. No es menor el haber superado el tribalismo que torna muy vulnerables a los pueblos africanos (algo denunciado por Lumumba), y esto es resultado tanto de la colonia de esclavos como de su revolución, que marca la historia haitiana hasta el presente.
También la unidad idiomática autóctona (que tiene la misma causa histórica), y los vínculos mucho más estrechos y de ida y vuelta y de larga data con los países más desarrollados que lo rodean, y muy en especial con Cuba con la cual Haití mantiene un contacto permanente desde el comienzo de su historia. Y no es cosa menor el siglo y medio de ventaja comparativa en vida política independiente, aun con todos sus problemas.
Pero creemos que el aspecto principal es que “el espejo haitiano” es para los dos lados, América Latina se ve en Haití y Haití se ve en América Latina. Por eso se conformó así la MINUSTAH, y por eso puede terminar también siendo un boomerang.
Agreguemos además que el pueblo haitiano maduró políticamente en estos años.
Tengamos presente lo endeble que fue la situación política desde la caída del duvalierismo, e incluso lo ocurrido con la vuelta de Aristide en 1994 por medio de una intervención yanqui para desplazar a los militares duvalieristas que lo habían derrocado, y la confusión política de la izquierda haitiana en ese momento. El tiempo dio la razón al sector minoritario que se mantuvo firme oponiéndose a los militares duvalieristas en el poder pero tampoco aceptó ser sostenido por el imperialismo. Hoy, la movilización actual del pueblo haitiano y su izquierda muestra una situación muy diferente.
Pero lo que nos interesa aquí, más que los factores haitianos, son los uruguayos.
¿Por qué se va Uruguay antes que nadie? ¿Por qué el que “no existe ni para servir el café”, de pronto existe y cobra este protagonismo?
Si acá hay un boomerang haitiano, hay también un boomerang uruguayo.
La idea de hacer del estado tapón un “estado puente” no se le ocurrió a Mujica, la toma (poniéndola patas arriba, pero la toma) de lo mejor de nuestra tradición intelectual, la misma a la que hemos recurrido acá.
Las mismas variantes estructurales que hacen la política mercenaria, crean sus límites. Veamos los problemas puestos en evidencia en esas aventuras mercenarias, también a modo de sugerencia para un estudio más profundo y urgente.
1 La pesada implicación del aparato militar en las “misiones” trae también un acelerado desgaste. Se encuentra dificultad en reponer efectivos, agravando el problema ya planteado de la poca “vocación militar” que hay hoy en nuestra sociedad.
2 Los costos son cada vez mayores, las ganancias cada vez menores.
3 El supuesto “prestigio internacional” que se pretendía terminó siendo un profundo desprestigio, y esto no puede evitarse porque está en la “naturaleza” del elemento militar, naturaleza agravada en el caso de Uruguay por su condición mucho más parasitaria, que hace que sea más perversa.
4 Y por último, pero no menor, la creciente resistencia del pueblo uruguayo. No es ni podría ser una resistencia intensa y abierta en este tema. No hay en Uruguay manifestaciones masivas por el cese de la MINUSTAH, eso puede ocurrir en Haití... Pero de algún lado sale la “fuente de inspiración” de las disidencias que aparecen últimamente incluso en el aparato frenteamplista. ¿Que se trata de política electoral? Bien. Pero un demagogo que hace promesas electorales promete lo que la gente quiere, no lo que no quiere.
Resulta claro que la tarea del retiro de tropas de Haití, una vez reconocida como necesaria, debe ser asumida por Mujica. Debe estar en el paquete de medidas con que Mujica le despeja la cancha a Tabaré, y si no lo hace él ahora hacerlo después sería más difícil porque es Mujica quien mejor puede manejar las tensiones con el aparato militar.
Y después de haberse visto frustrado en tantas iniciativas que intentó (al menos de boca), Mujica necesita irse con algún galardón por la izquierda.
Expliquemos esto dicho de otra manera. Todos sabemos que no estallará ninguna revolución en Uruguay en los próximos meses. Pero muchas veces se han visto revoluciones precipitadas por una guerra que termina en una derrota. Uruguay fue a una guerra (a medias) y perdió.
¿Y si fueron como fueron, cómo no iban a perder?,
El subsecretario de Defensa (en realidad el ministro, el otro ya ni habla) dice ahora que existen “cosas más importantes que lo económico a la hora de enviar efectivos a una Misión de Paz” y aseguró que el objetivo “es político y no dar satisfacción salarial a nadie”.
Si se va a la guerra con los objetivos más mezquinos, como se fue por más que ahora cínicamente se diga lo contrario admitiendo tácitamente que así fue o el tema ni se mencionaría, no se podía esperar otro resultado. Y además, ese supuesto desinterés y “objetivo político” se borra con el codo de inmediato, al darse la noticia de que ya, antes de que retorne un solo militar, se están buscando nuevos destinos en “misiones” para dar continuidad al curro, que no es lo más importante pero...
El retiro de Haití es una medida de prudencia antes que sobrevengan males mayores.
Es un repliegue de la aventura mercenaria, impuesto por el sector más lúcido de la burocracia frentista, venciendo resistencias internas inclusive, que busca evitar no ya una revolución, pero sí complicaciones políticas para la continuidad del Frente en el gobierno. Y como vemos, esas complicaciones seguirán, ya que Uruguay continuará su línea mercenaria en otros lugares, que traerán, cierto que algún tiempo después, los mismos problemas.
Por último debemos señalar el aspecto regional. Lo mismo que decimos sobre el proyecto mercenario de Uruguay puede decirse del proyecto sub-imperial de Brasil. Eso también es un boomerang. Brasil fue por lana y volvió por trasquilado, en vez de obtener un sillón permanente en el Consejo de Seguridad, termina cosechando espionaje. Entonces su pataleo también se hace sentir, y la pugna imperio-subimperio se inscribe en las tensiones del reajuste imperial necesario a que hicimos referencia. Por ahora el intento subimperial resultó ser temprano, a lo sumo queda en ensayo general.
Es un fenómeno semejante a la dinámica de “bipartidismo imperialista”, es decir la alternancia de potencias imperialistas en el dominio de la periferia. El centro colonial comenzó siendo Europa, luego EEUU trabajó para desplazarla y levantó el estandarte de la descolonización y la democracia.
Durante las dictaduras militares pro-yankis en América Latina de los 60-70 fue al revés, la socialdemocracia europea ayudó a la resistencia latinoamericana para poder poner un pie en el patio trasero yanki, y entrar con inversiones de capital europeo.
En Haití pasó algo parecido. En un primer momento se montó, de común acuerdo un ensayo de sub-imperio. Cuando comenzaron a aflorar las contradicciones, en unas elecciones presidenciales montadas por los ocupantes para que ganase el candidato oficialista Celestin, resultaron tan cuestionables que EEUU quiso aprovechar para mostrar quien manda, e impuso a dedo a su títere directo Matelly pasando por encima de una “legalidad” muy precaria. Pero el gobierno de Martelly resultó ser desastroso, otro indicador más de la decadencia de EEUU. Ahora Brasil aprovecha el descontento popular y les cobra la factura.
Uruguay portavoz del malestar de Brasil es también una manifestación de la misma condición de estado tapón-cuña-puente-botón.
Por todas estas razones es que, más allá de incertidumbres, marchas y contramarchas, calendarios y cambios de calendarios, el retiro de las tropas de Haití ya es un hecho.
El retiro de Haití, lo que no significa un abandono de la política mercenaria sino tan solo un repliegue táctico.
Porque uno de los hechos que la confirma ahora es la preocupación por encontrar otros destinos a las tropas.
Y esto último demuestra a su vez que la política mercenario es inercial, responde de a tendencias enraizadas en causas estructurales. Seguirá, y seguirá trayendo los mismos problemas.
Nuestra guerra / es un acto de paz / para cambiar la guerra / por otra más.
Tabaré Rivero
V – Conclusiones
Una primera conclusión empieza con una pregunta. ¿Quién esperaba un retiro de Uruguay de Haití durante el gobierno de Mujica?
La primera conclusión entonces es que hay que abrir más la cabeza a lo que tiene que decir la realidad, que supera siempre en complejidad todos los esquemas. Estamos lejos de entender esa complejidad. Tenemos mucho que recuperar de nuestra tradición intelectual, y más aun tenemos para entender de las cosas que están ocurriendo, muchas de las cuales nos resultan nuevas.
Segunda, tercera conclusión, etc. Por ahora no. La primera las dejó en suspenso
- Roberto Ares Pons, “Uruguay, ¿provincia o nación?”. Escrito en 1959, ganador de un concurso de “Marcha”, es una vergüenza que este libro no esté siquiera en la Biblioteca Nacional (habrá sido sustraído y no repuesto) y esté totalmente agotado desde hace años y no haya sido reeditado, no se lo puede encontrar en ninguna librería ni nuevo ni usado, y tal vez haya dificultades también para fotocopiarlo.
- Carlos Real de Azúa. “Uruguay, ¿una sociedad amortiguadora?”.
- Ver Arturo Sotomayor. La participación en operaciones de paz de la ONU y el control civil de las fuerzas armadas: Los casos de Argentina y Uruguay, http://www.redalyc.org/pdf/599/59918706.pdf
(*) Nanni Moretti, Aprile