Argentina : La crisis del FIT y la única salida
La dirección del FIT acaba de dar una muestra de su profunda crisis: no sólo no pudo darle al frente una estructura más ambiciosa que la de un frente electoral, sino que ni siquiera se preparó adecuadamente para la victoria en ese terreno.
A poco de que asumiesen los diputados, se instaló una discusión sobre una cuestión que, en cualquier otro contexto (y entre compañeros), no habría insumido más que una llamada telefónica. En cambio, y aunque parezca increíble, hoy amenaza romper el frente.
¿Por qué? Porque, en realidad, lo que está detrás de estas minucias es lo que el propio desarrollo del frente pide y a lo que su dirección se niega. Eso sobre lo que venimos insistiendo: la conformación de un Partido.
Luego de prometer en la plataforma electoral actuar de conjunto, en un solo bloque, el PTS propone formar un interbloque. Es decir, que cada partido conforme un bloque propio, que se pondría de acuerdo para cada intervención. Para ello, da dos argumentos: que eso duplicaría la capacidad de intervención oratoria y que un bloque implicaría “un centralismo y una disciplina que no existe”.
La primera resulta superflua. Habida cuenta de la cantidad de representantes, no va a cambiar demasiado una intervención más. Aun así, si todo el problema fuera ese, entonces perfectamente se puede conformar una dirección política del bloque, que incluso exceda a los parlamentarios en cuestión, con un acuerdo político que deje bien claro que esa “división” se efectúa solo a los efectos de ganar un lugar en la Cámara Baja.
Pero allí vamos a la segunda objeción de los compañeros: no quieren avanzar hacia una centralización. Es decir, no quieren que el frente se desarrolle en lo que la realidad pide: una organización común.
De imponerse esta resistencia se habría pedido un voto para un frente que se disuelve apenas tiene que empezar a funcionar como tal. Se prometió un frente “más allá de lo electoral” y nos encontramos con un frente que no puede superar los obstáculos de la acción parlamentaria.
El PO, por su parte, defiende la existencia de un bloque con un argumento puramente formal: se prometió eso en campaña y corresponde tener una posición frente a los grandes acontecimientos (parlamentarios). Puramente formal, porque la discusión real no se refiere a las promesas de campaña ni al comportamiento en el parlamento, sino justamente a eso que el PTS se niega a conformar: una centralización política. En lugar de escapar con argumentos administrativos, el PO debería encarar el debate político que la situación plantea. Pero como no quiere levantar la apuesta, ya que implica el debate sobre el Partido, se toma de un elemento menor, puramente táctico y mezquino (conformar un interbloque para poder ganar una intervención) y amenaza romper el frente. Como dijimos más arriba, si ese es todo el asunto, se firma un documento de compromiso político y se conforma una dirección del “interbloque”, que exceda a los legisladores, con un representante de cada partido. Esa dirección, no solo tendría a su cargo la intervención parlamentaria, sino la intervención más general en la lucha de clases. ¿Pero eso no es avanzar hacia un partido? Sí, claro. De eso se trata.
Esto que está pasando lo anticipamos hace dos años. Dijimos que era un frente puramente electoral y que cada partido se negaba a conformar una estructura mayor.
El PO, porque no está dispuesto a discutir su programa, cree que él solo va a conformarse en el partido revolucionario y que bien podría haber tenido resultados electorales similares sin cargar con el frente. El PTS, porque no desea ser engullido por el PO. IS no interviene porque su proyecto es medrar con el nombre del FIT, para obtener una proyección que antes no tenía. El resultado: no pueden ponerse de acuerdo ni para conformar un bloque parlamentario.
Mientras se discute cómo lograr un orador más o uno menos en el Congreso, Córdoba estalla. La clase obrera cordobesa se lanzó a una incipiente rebelión, que comenzó con el personal policial y terminó con la sobrepoblación relativa actuando desesperadamente y sin dirección. El suceso muestra que en ausencia de una dirección revolucionara, las masas obreras son dirigidas por el lumpenproletariado, que expresan la descomposición de los partidos burgueses
¿Qué hizo el FIT ante tamaño acontecimiento? Nada. O sí: preparó la asunción de sus diputados. Mientras Pitrola juraba por “la clase obrera”, esta estaba incendiando una provincia, sin nadie que la dirija y sin más fuerzas que su propia voluntad.
Mientras nos entretenemos con discusiones sobre bloque-interbloque, el Gobierno está preparando un ajuste histórico que va a cambiar el curso del kirchnerismo. ¿Está preparando el FIT una intervención? ¿Hay un Plan de Lucha? ¿Se llamó a un Congreso para discutir qué debe hacer la clase obrera? No, la movilización fue para festejar la jura de los diputados. Si esto no es electoralismo…
El FIT consiguió 550.000 votos en Capital y Buenos Aires. Con un buen esfuerzo y una buena campaña, perfectamente se puede movilizar dos tercios de esos votantes contra el ajuste, lo que sería una marcha histórica de la izquierda y la colocaría como un verdadero actor político de primera envergadura.
En la discusión real de la salida a la crisis. Mientras la oposición parece aplaudir el recambio, la única voz en defensa de la clase obrera aparecería tomando las calles con una fuerza de masas detrás. Claro, eso obligaría a coordinar esfuerzos, a una centralización y a una disciplina común. Tres partidos por separado no pueden dirigir a semejante movimiento.
El problema expresa una contradicción entre la disposición de las clases y sus direcciones. Por un lado, la lucha de clases lleva a una fracción de la clase obrera hacia la izquierda y la misma, por lo tanto, gana terreno. Mientras la clase obrera está lejos, todas las diferencias cobran una magnitud inusitada y las necesarias disputas no tienen, sin embargo, grandes consecuencias reales. Por lo tanto, perfectamente se pueden multiplicar las siglas y las organizaciones. No obstante, cuando la clase obrera interpela a esa izquierda, cuando los partidos ponen un pie en la lucha real de masas, los programas muestran su verdadero contenido. Para el caso que nos convoca, en los grandes eventos, se ve que no hay diferencias sustanciales entre los tres partidos que componen el FIT. Por lo tanto, el desarrollo de la lucha de clases va exigiendo darle una forma política a esa confluencia real.
Sin embargo, por el otro lado, las direcciones de los partidos, conformadas en la política de “secta” en períodos de reflujo y reproducidas en esa dinámica, se niegan a adecuar la vieja forma al nuevo contenido. Defienden sus pequeños partidos aun a costa del propio desarrollo del socialismo en la clase obrera.
Estamos ante una especie de contradicción entre el empuje de las “fuerzas productivas” (la lucha de clases) y las “relaciones sociales de producción” (las direcciones sectarias). Si se imponen las primeras, cambian las segundas. Si éstas se imponen, retrocede la primera. Esa es la cuestión central.
Por lo tanto, y para salir de esta crisis, hacemos un llamamiento urgente a la dirección del FIT que consta de los siguientes puntos, que deberían ser resueltos en lo inmediato:
1. Que el FIT asuma su condición de dirección de las masas y defina ya un Plan de Lucha contra el ajuste a través de los mecanismos obreros: asambleas de barrio y lugares de trabajo.
2. Que se le ponga fecha a una Gran Marcha Nacional contra el ajuste, la represión, por el doble aguinaldo para desocupados, la ampliación de los planes sociales y la abolición del impuesto a las ganancias.
3. Que el FIT le ponga fecha y convoque ya a un congreso de que prepare la formación de un Partido Revolucionario de masas en la Argentina.
Razón y Revolución
Ante los debates sobre la intervención parlamentaria de la izquierda, esto decíamos hace 20 días...
¿Qué pasó?
El FIT, el socialismo y las últimas elecciones
(ver posta nº 1073 3/12/139
http://postaportenia.blogspot.com.ar/2013/12/1073pero-me-han-dormido-con-todos-los.html