Envíopostaporteñ@ 1077

RESPUESTA DESDE LA ALEGRÍA

Muchos militantes de mi generación pasaron por el horror de la tortura. Por ética, porque no la viví, nunca expresé una opinión pública sobre lo que supe, o conjeturo, de las diversas conductas de los supervivientes de esas condiciones terribles. Juzgo sí sus definiciones posteriores.

Los dirigentes históricos tienen el derecho de volverse neoliberales, pero en ese caso deberían dar un paso al costado, y no fingir que siguen siendo “de izquierda”. Deberían recordar que muchos jóvenes, por creerles, sacrificaron muchos años de su vida, o la vida misma.

En los años siguientes, para muchos viejos militantes salidos de la cárcel, vueltos del exilio, salidos de la clandestinidad, se dio la lógica desubicación en un período de democracia tutelada, donde las claudicaciones y los pactos sólo se fueron conociendo por cuentagotas. El que esté libre de pecados, que tire la primera piedra.

Confieso los míos, que no son leves. En 1989 pensé que ningún grupo político del FA de entonces se salvaría de la claudicación. Ese año voté en blanco. 

Cuando el plebiscito anti-Lacalle por las privatizaciones, luché por la “papeleta rosada” (de eso no me arrepiento) que era más radical pero con menos probabilidades. Y condené desde el sindicato de PLUNA lo que llamé, insolentemente, “la coalición Sanguinetti-Sarthou”. Tengo la tranquilidad de haber hablado del tema posteriormente con Sarthou, que sólo se encogió de hombros.

Se encogió de hombros porque tenía muchas ganas de vivir, de incidir para que el pueblo retomara la senda del combate. No perdía tiempo en discutir con los fantasmas del pasado, y sólo trazaba una línea divisoria entre las conductas de hoy, mirando hacia el futuro con ese entusiasmo que nunca perdió.

En “posta” aparece gente que se atraganta de rencores, y en lugar de centrar su indignación contra los verdugos de ayer y los claudicantes de hoy, pasa cuentas a las conductas de algunas de las víctimas de entonces y de los que creyeron después (equivocados o no) que estaban reconstruyendo organizaciones de izquierda. 

Me alegro de que estos compañeros de lenguaje agraviante no estén por ahora en la UP-AP. Ya nos reencontraremos y espero tener la grandeza de Sarthou para encogerme de hombros.

En la interna multisectorial de la UP-AP. entre los viejos, nadie olvida las broncas del pasado, y como soy “no sectorizado” vienen a mí para contarlas y recordarlas. Pero nos une una ética, un programa y un método de trabajo.

En la más amplia avenida de la lucha social seguiremos reencontrándonos.