Intervención en el Senado, 23 de diciembre de 2013
SENADOR LÓPEZ GOLDARACENA.-
Señor Presidente: no pensaba intervenir en profundidad pero me veo obligado a hacerlo porque si existía una razón para disipar las dudas que teníamos en relación con el voto de este proyecto de ley era, precisamente, el artículo 3º
Leo este proyecto de ley de manera diferente. Para nosotros, en esta iniciativa se está proponiendo un retiro escalonado –por cronograma– de las tropas uruguayas en Haití. Se nos pide una prórroga pero el proyecto de ley establece claramente que en abril de 2014 se van a reducir en un 33% los efectivos uruguayos en Haití y, al mismo tiempo, se establece expresamente la posibilidad –que no es redundante sino que responde a un caro interés de buena parte de la sociedad uruguaya y de la sociedad civil latinoamericana– de que el Poder Ejecutivo examine y proceda en cualquier momento a retirar la totalidad de las tropas en Haití, comunicándolo a la Asamblea General. Mi visión es completamente diferente a la que se ha dado precedentemente.
Quiero señalar que la exposición de motivos establece claramente y dice expresamente que el Poder Ejecutivo se encuentra considerando una eventual retirada de la totalidad de las tropas. Esto no puede pasar desapercibido; por el contrario, es el único elemento por el cual inclinamos nuestra duda a darle el voto a esta iniciativa, en el entendido de que se trata de un proyecto de retiro de las tropas uruguayas de Haití.
Uruguay no debió haber participado en este proceso; lo he manifestado y lo digo ahora en este ámbito. Nuestra fuerza política, que está en el Gobierno, tuvo un intenso y costoso debate. Entendimos que la crisis haitiana debió haberse solucionado de otra manera y que el Uruguay no debió haber participado legitimando lo que, a nuestro criterio, trasgredió esa fina línea entre intervención para el mantenimiento de la paz y la defensa de los Derechos Humanos de un pueblo y la eventual violación del principio de autodeterminación de ese pueblo, precisamente por lo que había sucedido en Haití y por la crisis en la que estaba viviendo el pueblo haitiano; crisis que se ha mantenido y agudizado; crisis que no se ha superado en lo social, en lo económico, en lo cultural, en lo humanitario ni en lo político
Recordemos que en Haití existió un golpe de Estado; recordemos que en Haití existió, en alguna medida, una línea política continuista de ese golpe de Estado y la intervención por parte de las Naciones Unidas en ese país puede leerse como una legitimación a esa continuidad, en relación con el golpe de Estado ocurrido en Haití
El plan de saneamiento para solucionar los problemas humanitarios del pueblo haitiano requeriría entre US$ 200:000.000 y US$ 220:000.000, contra US$ 600:000.000 que nos exige el mantenimiento de la intervención militar en Haití. Los números hablan por sí solos; las crisis de esta naturaleza no se solucionan con intervención militar. Muchas veces, detrás del mantenimiento de la paz existen intereses. Por lo tanto, debemos leer todo el escenario para tomar decisiones políticas adecuadas y creemos que la que se tomó en su momento no fue adecuada
Estoy en contra de la guerra; estoy en contra de la violencia; estoy en contra del uso de las armas. Lo he dicho en todas las oportunidades que he podido y lo reitero en este ámbito. Eso no quiere decir que uno viva en una burbuja o desconozca la realidad. Más allá de las utopías, existen guerras, violencia, conflictos, armas, fuerzas armadas, pero uno no puede despegarse de las utopías a la hora de tomar decisiones de Gobierno.
La evolución del Derecho Internacional ha sido a tropezones y aún no se ha consolidado; eso todos lo sabemos. Está, todavía, en una etapa –si se quiere– “prehistórica” de lo que puede llegar a ser la evolución de un Derecho que rija la convivencia entre los ciudadanos del mundo, las naciones y las comunidades pero, aun así, prefiero ver en este caso el vaso medio lleno. Si no hubiese existido ese compromiso de evolución en la conciencia jurídica del Derecho Internacional, seguramente hoy viviríamos en un estado de guerra permanente, de barbarie. Si no hubieran existido las disposiciones y la conciencia jurídica y moral en la prohibición de la guerra de agresión; si no hubiera existido la evolución de los Derechos Humanos y el reconocimiento del ser humano, de la persona humana como sujeto de Derecho Internacional, seguramente hoy estaríamos en una situación peor.
Esto no quiere decir que estemos en una situación ideal. Por el contrario, no vivimos en un mundo exento de guerras; no vivimos en un mundo exento de violencia; no vivimos en un mundo exento de ejércitos; seguimos viviendo en un mundo con violación continua y permanente de Derechos Humanos, pero la situación sería peor si en las últimas décadas el Derecho Internacional de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional no hubieran avanzado para intentar alcanzar esa utopía: la paz entre las naciones y entre los hombres.
La institucionalidad a nivel internacional es un instrumento, pero cuando se expresa en decisiones de intervención en asuntos de Estados, los países –sobre todo los países pequeños– deben estar alerta porque, muchas veces –como señalaba al comienzo–, detrás de las Misiones de mantenimiento o de restablecimiento de paz pueden existir intereses y, más allá de la finalidad loable de garantizar los Derechos Humanos de los pueblos, podría existir una violación del derecho de autodeterminación de ese pueblo. Esto es lo que pienso con relación a la intervención de las Naciones Unidas en Haití.
Uruguay debió haber evaluado de una manera diferente su participación, pero hoy creemos que lo está haciendo correctamente: es necesario retirar las tropas de Haití y, para ello, existe un cronograma.
Ese cronograma, como se señaló, va a marcar un mojón en abril de 2014, y en diciembre del mismo año Uruguay no va a tener tropas en Haití. Especialmente, el artículo 3.º del proyecto de ley –lo dice con claridad; es un mensaje contundente y el único que nos habilita a votarlo– establece, sin margen para la duda, la voluntad y el interés político del Poder Ejecutivo de retirar inmediatamente las tropas de Haití si no se dan las condiciones exigidas por nuestro propio Gobierno, creándose un ámbito para el mantenimiento efectivo de la paz, a los efectos de que la intervención militar no sea fungible a los intereses continuistas de lo que fue el golpe de Estado en Haití.
Nótese que el propio Senado de ese país ha pedido el cese de la intervención de Naciones Unidas; nótese que se ha denunciado una serie de concesiones y explotaciones mineras por intereses canadienses en la zona norte de Haití y esto nos debe llamar la atención en el sentido de si la intervención de Naciones Unidas en Haití no está apalancando, no está siendo fungible a los intereses de un régimen de dominación. Aun frente a la duda no deberíamos participar y lo digo con claridad. Este proyecto de ley debe ser leído como el retiro de las tropas uruguayas en Haití.
Hay quien dice que el estado de naturaleza entre los hombres y las sociedades es de conflicto, de guerra, y no de paz, y que la paz se debe construir; es un estado para elaborar, pero no es el estado de naturaleza. Hay otros que piensan –entre los que nos incluimos– que el estado de paz es el escenario al que está destinada la raza humana, en la medida en que los seres humanos conforme a la naturaleza nos desarrollemos, de acuerdo a nuestros talentos y virtudes, en paz, alcanzando nuestro desarrollo total, espiritual y físico, en nuestro corto tiempo vital. Aspiramos a ese estado de paz, pero garantizado y anclado en la ética y en el Derecho, y no impuesto por la fuerza de las armas.
Recuerdo cuando el filósofo –con el cual discrepo en muchas de sus conclusiones– Immanuel Kant en su ensayo “La paz perpetua” alertaba sobre una inscripción que aparecía debajo del letrero de una pintura que representaba un cementerio, en una taberna holandesa, La inscripción decía: “La paz perpetua”. Kant advertía que se puede interpretar como un mensaje para todos los hombres con relación al cementerio o como un mensaje para los Jefes de Estado, nunca hartos de guerra. Este filósofo indicaba que su propuesta de paz perpetua, anclada en el Derecho, no debía interpretarse como una paz impuesta por las armas.
Ese desarrollo, del que hablábamos al principio, del Derecho Internacional –que es imperfecto– debe ser un instrumento para alcanzar, algún día, no la paz del cementerio de la taberna holandesa, sino una verdadera paz donde todos los seres humanos y la comunidad de naciones puedan vivir en armonía.
Esto será una utopía, pero no podemos despegarnos de ellas en estas instancias. No podemos legitimar las intervenciones militares, ni aún bajo el eslogan o la finalidad del mantenimiento de la paz, cuando se puede vulnerar la autodeterminación de un pueblo y cuando, en lugar de garantizar los Derechos Humanos que se quieren proteger, se están violando los derechos colectivos.
Estamos firmemente convencidos de que el Uruguay debe retirar sus tropas de Haití; estamos firmemente convencidos de que el Uruguay no debió haber enviado tropas a Haití; estamos firmemente convencidos de que existe un proceso de autocrítica que va a llevar a que no incurramos más en esos errores, a que revisemos, incluso, nuestra intervención en el Congo y que pongamos en cuestión el fenómeno de las Fuerzas Armadas, que pongamos en cuestión que debemos educar para la paz y no para la guerra, es decir, que debemos formarnos para la paz y no para las armas
Este proyecto de ley puede ser inscrito exclusivamente en ese plan de cronograma de retiro de las tropas uruguayas en Haití. Es por esa única razón que lo vamos a votar.