En toda la confrontación mediática de estos meses, el gobierno y la oposición se acusaron mutuamente respecto a los orígenes de las asociaciones de PLUNA con capitales extranjeros (VARIG, LEADGATE), pasándose uno al otro la responsabilidad principal en el desastre. Afloró otra vez la “herencia maldita” como argumento del oficialismo, y la oposición le sacó el máximo jugo posible al escandaloso remate y el no menos escandaloso final con empresarios procesados y gobernantes renunciando o tambaleando.
Sin embargo hay que ir un poco más atrás para encontrar el origen de este cierre que ha dejado a cientos de trabajadores sin su fuente de trabajo, y al país sin una aerolínea de bandera nacional. En el año ’91, en el marco de la profundización neoliberal en la región (Lacalle, Menem, Collor de Mello, Fujimori) se aprobó la Ley de Empresas Públicas con el objetivo de privatizar los mejores activos del estado.
En el ’92, la oposición política y sindical se planteó interponer un referéndum para hacer caer la ley.
Sin embargo las componendas políticas a nivel del FA y la política de conciliación, ya hegemónica en el PIT-CNT; llevaron a que el cuestionamiento alcanzara solamente a 5 artículos (de una ley que tenía 32) y que en los hechos significaba defender únicamente a ANTEL y DEJAR EL CAMINO LIBRE PARA PRIVATIZAR EL RESTO DE LAS EMPRESAS
Las distintas corrientes del clasismo sindical y social así como algunas organizaciones políticas de izquierda sostuvimos hasta el final el referéndum contra toda la ley (la papeleta rosada), pero finalmente la gente en las urnas convalidó por amplísima mayoría la anulación parcial de la ley (papeleta blanca).
El capítulo 11 que se refería a PLUNA, quedó firme entonces, y esa es la base jurídica en que se apoyaron posteriormente las ventas del paquete accionario de la aerolínea
A PESAR DEL INTENSO CALOR AVANZA LA
CONGELACIÓN SALARIAL
El ministro Brenta, antes de dejar su cartera para dedicarse a la campaña electoral, anunció con bombos y platillos que, pese a los malos augurios de los contras de siempre, la ronda salarial recientemente concluida arrojaba un saldo favorable de más del 80% de los grupos con acuerdos. Por supuesto no desglosó cuantos fueron Convenios entre todas las partes, cuantos fueron votaciones de dos partes, y cuantos decretos unilaterales del gobierno en algunos casos especiales (salarios muy sumergidos, ausencia de patronales representativas, etc.
Tampoco dirán ni los ministros ni las cifras oficiales, que ronda tras ronda, se ha ido inexorablemente hacia la congelación del salario real, habida cuenta del promedio de recuperación que rondó el 2% anual y la inflación proyectada que siempre resulta menos que la que después se verifica realmente. Los montos salariales nos retrotraen al año 1999, aún están en el guarismo de esa fecha.
Este ataque planificado contra los ingresos fijos de los trabajadores, pone sobre el tapete la esterilidad de la lucha por el salario si no va atada a la lucha por otras reivindicaciones más pesadas que tienen que ver con el tarifado de los precios de la canasta básica, la eliminación del IVA a todo los productos y servicios de consumo popular, y la eliminación del impuesto a los sueldos. Necesitamos poner en cuestión también a la negociación colectiva tripartita (que se convierte aceleradamente en una cáscara vacía) como escenario privilegiado de los Sindicatos, y nos obliga como vertiente alternativa del sindicalismo a formular nuevos ejes de acción que nos permitan defender nuestras condiciones de vida más efectivamente
Debemos desarrollar la crítica sistemática que permita ver tras los engañapichangas de que la única meta y la única movilización son en el marco de estas negociaciones. Hecho que demarca, limita y condena indefectiblemente la acción de los trabajadores al mecanismo estatal -patronal de esas mesas ministeriales que concluyen en un robo consensuado de la plusvalía
Correo de la Tendencia - enero 2014-
Boletín informativo y de opinión del sindicalismo clasista-
Blog: tccclasista.blogspot.com