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Una cuadrilla de monstruos (1)

Boris Kagarlitsky, Moscú, 21 de enero 2014

Los acontecimientos que se desarrollan en Kiev enfrentan a muchos en ambos lados de la frontera entre Rusia y Ucrania a un dilema muy desagradable. Si dejamos de lado los arrebatos sentimentales sobre la última "revolución" (¿cuántas van ya?) en nuestros vecinos, junto con la paranoia de los protectores rusos que adoran cualquier autoridad que funcione y entran en pánico de cualquier ante cualquier posible cambio, entonces el general la discusión se reduce a una elección entre dos males.

Por un lado está la administración corrupta e irresponsable del presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich, que es día a día más autoritaria. Por otro están los nacionalistas y ultraderechistas, violentos y agresivos, no menos corruptos, y que de ninguna manera se parecen ser demócratas se entienda esa palabra

La mayor parte de la población, que en un principio simpatizó con las protestas, ahora están tratando de mantener distancia de los guerreros nacionalistas, no tanto por consideraciones ideológicas sino por la sencilla razón de que la compañía  de esas personas es repelente y no carente de peligro.

Ambas partes, como si fuera deliberado, están haciendo todo lo posible para alejar la ayuda de la gente con inteligencia y buena voluntad. Alcanza conque un bando lleve a cabo alguna estupidez o provocación, para que  el otro se encuentre de inmediato la manera de superar a sus rivales en esta competencia.

La destrucción del monumento a Lenin por los nacionalistas en Kiev despertó la ira de los residentes, la mayoría de los cuales no sienten ninguna simpatía alguna por los comunistas. Pero bastó que el péndulo de la simpatía pública oscilase un poco hacia las autoridades para que los partidarios de Yanukovich introdujesen en la Rada Suprema un paquete entero de legislación anti-democrática, que parece haber sido compuesto a propósito para garantizar que las fuerzas sociales desconfíen de la Plaza de la Independencia y se sumen a la protesta.

Mientras tanto la oposición, con un gran saque para acumular puntos, pone toda su técnica en frustrar cualquier  votación en el parlamento que pueda comprometerla a alguna iniciativa seria. Tal vez esto esté más allá de la incompetencia y la irracionalidad, la razón para no abolir los mecanismos represivos puede estar en la esperanza de usarlos contra sus opositores luego de conseguir un cambio de gobierno.

Ni las autoridades ni a la oposición cuentan con el apoyo de la mayoría de la población, y lo más importante, ninguna de las partes tiene un programa que le daría alguna posibilidad de ganar este apoyo y de construir una amplia base social. El problema radica no sólo y no tanto en las antipatías notorias que hay en Ucrania hacia el Este y el Oeste, como en la ausencia hasta de cualquier intento de sugerir un programa socio económico con vistas a la integración de la sociedad, la mejora de las condiciones de vida, la reducción del desempleo y el desarrollo de la economía.

Los monstruos que están librando una lucha por el poder en la capital de Ucrania están constantemente cambiando lugares, como las parejas en un baile. Todos ellos ya han pasado un tiempo en el poder, si no a nivel nacional por lo menos a nivel local. Todos ellos, incluidos los neofascistas del partido " Svoboda “, han logrado ir presos por malversación. Todos ellos muestran una determinación idéntica a defender y mantener el orden socioeconómico existente, cuya crisis es evidente.

Sin embargo ahora que se desarrollan los acontecimientos, se puede afirmar que el modelo concreto de democracia en Ucrania, basada en un equilibrio entre dos bloques oligárquicos, está llegando a su fin. Sea cual sea el grupo gane en Kiev, solo será capaz de mantenerse en el poder mediante el establecimiento de un duro régimen autoritario. En esta situación, la cuestión de quién debe ser considerado como el mal menor o el mal mayor es una enorme simplificación. El "mal mayor”, inevitablemente, será el grupo que consiga la victoria. Mientras tanto, estamos habilitados con total justificación para designar al grupo termine en derrota como el "mal menor”, ya que a diferencia del vencedor, no va a tener éxito en la realización de su potencial destructivo.

¿Significa esto que la posición de Ucrania es desesperada, y que la catástrofe es inevitable? Llegar a una conclusión tan pesimista aún sería algo prematuro. Con el triunfo de uno u otro lado está garantizada una gran calamidad, pero al igual que la experiencia previa de la política ucraniana, los acontecimientos de los últimos tiempos muestran que los grupos contendientes son capaces de simplemente bloquear el camino de la otra parte. Si ni las autoridades ni sus oponentes logran imponerse de forma inequívoca en el conflicto actúa, el país se enfrentará a un período de inestabilidad interminable, tal vez incluso de caos político. Pero esto sería mejor que una victoria decisiva de uno de los grupos, que luego impondría su dictadura

En condiciones de inestabilidad prolongada, aparecerá la posibilidad de la estructuración de las nuevas fuerzas sociales que exigen una renovación genuinamente radical del Estado y el sistema social. Es más bien como el famoso chiste de los blancos, los rojos y los "verdes " que lucharon interminablemente en el bosque, hasta que el guardia forestal llegó y los echó a todos. La cuestión radica en cómo, y en qué plazo, la sociedad ucraniana será capaz de dar a luz a este "forestal”, y qué papel en este proceso será interpretado por las organizaciones de izquierda, que han estado dispuestos a mantenerse al margen de la presente batalla entre monstruos políticos.

Negarse a dejarse arrastrar a este conflicto, sin embargo, no significa abstenerse de lucha. La pasividad nunca ha sido una receta para el éxito, a pesar de que participar sin pensar en las acciones de las fuerzas sociales ajenas sigue siendo una garantía de fracaso. Fuerzas que apuntan realmente a un cambio democrático deben organizarse y actuar de forma independiente, la presentando sus propias demandas. Esto ya está ocurriendo, como por ejemplo en la huelga de los estudiantes de la Academia de Kiev- Moguilianski que exigen la derogación de las leyes anti-democráticas Yanukovich, pero que no se están uniendo con los guerreros de ultraderecha en la Plaza de la Independencia. Tal vez esto es sólo algo local y episódico, en contraste con una dinámica general desagradable. Aún así, ofrece alguna esperanza para el futuro.

(1) Estoy traduciendo con un cierto atraso los últimos artículos de Boris Kagarlitsky sobre Ucrania, este es el primero. Ese atraso en unas semanas sobre los acontecimientos me parece más interesante aun, porque pone a prueba la condición analítica del autor. Creo que no hay abundancia de fuentes analíticas marxistas en el terreno sobre estos acontecimientos. Hay más artículos. FERNANDO MOYANO