José Antonio Vera
Es habitual, en especial en las últimas tres o cuatro décadas, que las manifestaciones políticas, culturales y hasta científicas, después de llevar años de ejercicio cotidiano en países de la región, lleguen a Paraguay con notable atraso, a tal punto que la ultraderecha recién se visibiliza de nuevo, y lo hace a través de operarios voluntarios y oportunistas, desde el parlamento, coincidente con la repulsa ciudadana de las prácticas retrógradas.
La explicación de ese fenómeno probablemente hay que buscarla en el miedo masivo que provocó entre la población la brutalidad y descomposición moral del régimen absolutista que encabezó el General Alfredo Stroessner, apoyado en el trípode que conformó la oligarquía vacuna con el Ejército y el Partido Colorado, desde la mitad del siglo pasado que, entre otros males impuso una escolaridad memorizante y repetidora del discurso oficial, negando la abstracción y el razonamiento.
Una senadora, y por más inverosímil que parezca, Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos en la Cámara Alta, expresa adhesión a los métodos educativos de ¡¡Hitler!!, “aunque formando para la paz”, dice, al unísono con un diputado, quien presentó un proyecto de ley para meter hasta diez años en la cárcel a quien niegue la existencia del holocausto.
Fácil de comprobar que esas tan evolucionadas posturas carecen del más mínimo principio moral, al inspirarse en el Fuhrer para capacitar a niños y adolescentes y/o intentar hacer creer que en el genocidio nazi las principales víctimas fueron por su origen judío, deformando una barbarie histórica cuya raíz fue el enfrentamiento ideológico, que provocó millones de muertos, entre ellos miles de judíos, sin la menor duda.
Pero reducir esa criminalidad a una sola víctima constituye una mentira y deshonestidad mayúsculas, olvidando los otros holocaustos que continúan provocando la avaricia y angurria del capitalismo y el totalitarismo ciego en diversas partes del mundo. ¿Acaso no fue un holocausto Hiroshima y Nagasaki, o los campos de Vietnam y sus pobladores, o la obra de la Operación Cóndor, o Irak y Libia?.
El Ycua Bolaños también debe considerarse un holocausto, porque cientos de personas fueron cremadas ahí en ese encierro. Además, entre los efectos más penosos de las masacres y destierros, destaca el sufrimiento actual del pueblo palestino, víctima del Estado de Israel, el que dice representar al pueblo judío, en otra mentira más, porque sólo representa al sionismo, que es terrorismo y xenofobia, al extremo de prohibir la libertad de pensamiento y expresión, a quien dude del holocausto, por más equivocado que esté.
Los Estados más poderosos vienen cometiendo holocaustos de todo tipo desde el fondo de la historia y sería bueno que la humanidad entera los elimine definitivamente, pero ello es imposible mientras exista un mundo dividido entre una minoría que detenta el poder a través de su capital financiero, con aplastante presencia de familias sionistas, y una inmensa mayoría que va desde una clase media aterrada, bajo constante amenaza de empobrecimiento, hasta millones de seres en extrema miseria.
El pronunciamiento de la ultraderecha paraguaya no tiene nada de espontáneo, dado que aparecen en un momento en el que la confrontación política en el país retoma fuerza con un claro protagonismo de expresiones y actuaciones nuevas en el movimiento popular, frente a un gobierno inepto que lo ha subestimado y se mueve inseguro y peligroso porque recurre como respuesta a la represión policial-militar que, hasta ahora, opera contra el campesinado que reclama reforma agraria, pero que se puede extender.
Las calles céntricas de Asunción desbordan desde hace días de mensajes convocando a la ciudadanía a plegarse a la huelga general decretada para este miércoles 26 por un amplio como heterogéneo colectivo de organizaciones campesinas, centrales sindicales, movimientos sociales, espacios crecientes de repudio a los transgénicos y sus paquetes tóxicos, estudiantes, artistas, desempleados, en un espacio de confluencia considerable de fuerzas democráticas, que repudian el comportamiento de los tres poderes del Estado.
El Presidente Horacio Cartes, perdiendo aceleradamente la poca legitimidad que aparentó ganar en los primeros meses de los siete y medio que lleva en el mando, no es el único blanco de las críticas de la ciudadanía, que incrementa sus reclamos de destitución de todos los Ministros de la Corte Suprema de Justicia y del Fiscal General de la Nación.
Cinco campesinos, entre más de cien que están presos sin condenas en las cárceles desde hace 21 meses, y que se consideran presos políticos, comenzaron una huelga de hambre el 14 de febrero, sin que las autoridades estatales expresen un mínimo de atención hacia un hecho que puede generar un efecto de boomerang si es que alguno de ellos, en pésimas condiciones de salud, llega a perder la vida.
“El hambre que sufrimos aquí en este sótano, es continuación de nuestra miserable vida que padecemos en nuestros rancheríos, sin un mínimo de tierra para alimentar a nuestros hijos, frente a latifundios de miles de hectáreas, mayoría ocupados con títulos falsos de propiedad, sembrados de soja transgénica y ganados”, declaró uno de ellos.
Otro dice, “nos matan compañeros (23 jóvenes dirigentes han sido asesinados en los 21 meses últimos, desde el Golpe de Estado que derrocó al Gobierno de Fernando Lugo), la represión ha destruido miles de familias y arrasado poblados enteros, así que no nos queda más nada que perder, y ojalá que nuestro sacrificio sirva para ayudar a liberar a nuestro pueblo, de tanta opresión e injusticias”.
A diferencia del gobierno, que declara respetar el derecho constitucional a la huelga, los organizadores del paro nacional denuncian que desde hace días está en marcha un plan del Ministerio del Interior de amedrentamiento, al punto que hay policías recorriendo, de a dos, las escuelas del interior amenazando a los docentes que se adhieran, al mismo tiempo que, bajo el pretexto de garantizar la paz social, aplican un exagerado control de vehículos y personas que circulan por las rutas del país.
El pronunciamiento popular también es saboteado desde todos los ángulos oligárquicos, en particular desde las corporaciones del agronegocio, del gremio de la producción, en particular de oleaginosas, y de las poderosas como retrógradas Asociación Rural y la Unión Industrial, sustentadas por las empresas de la comunicación comercial y la patronal del transporte de pasajeros, que se niega a alquiler unidades a los huelguistas.
La presidencia del gobernante Partido Colorado, ha ordenado a todos sus afiliados que no participen en la huelga, prohibición dirigida en particular a los sindicatos de la Función Pública, amenazando con represalias a quienes desobedezcan.
Las alas del viejo Stroessner siguen sobrevolando el cielo paraguayo