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URUGUAY: ?ALTERACIÓN DE LA MATRIZ PRODUCTIVA?

Errores y omisiones

4 de abril de 2014

Hemos leído con alguna frecuencia trabajos de Juan Luis Berterretche. Y hemos compartido muchos de los conceptos que vierte.

En “Rebelión” de hoy el autor publica uno cuyo título reproducimos

(Publicado en posta http://postaportenia.blogspot.com.ar/2014/04/uruguay-alteracion-de-la-matriz.html )

También compartimos mucho de lo que el autor escribe. Lamentablemente se le escapan varios errores muy gruesos que ponen en entredicho todo lo correcto que hay en el conjunto.

1) Vemos así que JLB afirma: “la ocupación de 2 millones de hectáreas (20 mil Km2) con plantíos de eucaliptus para la producción de pasta de celulosa en plantas industriales gestionadas por transnacionales en zonas francas, es decir con toda clase de exenciones impositivas.”

Esto no es cierto. La superficie plantada con montes artificiales (que no son sólo eucaliptus, ya que parte de la misma lo está con variedades de pinos que se utilizan, en parte, para producir derivados de madera aserrada, no celulosa) no supera el millón de hectáreas. Según la dirección general forestal del MGAP a 2012 las plantaciones se discriminaban de acuerdo al cuadro que sigue más abajo:

GENERO                             TOTAL

 Pinus                                256.943

Eucalyptus                         726.323

Salicaceas                              6.764

TOTAL                                 980.030

Como se ve, la superficie total de montes artificiales era inferior al millón de hectáreas y del mismo un 25% está formado no por eucaliptus sino por pinos.

No tenemos motivos para dudar la validez de las estadísticas oficiales en este caso. Si JLB los tiene sería bueno que nos lo hiciera saber.

2)   También afirma JLB: “Y la extranjerización de industrias: la frigorífica, por ejemplo, que durante la presidencia de Vásquez pasó en su totalidad a manos de capitales brasileños”. Tampoco es cierto. Recientemente se publicó que una empresa brasileña había comprado el frigorífico Carrasco. Según la misma noticia esta adquisición elevó a 41% el porcentaje de faena en manos de capitales brasileños. Habría que verificar esa información. De todas formas existen plantas en manos extranjeras no brasileñas: el frigorífico San Jacinto (Pérez Compancq, argentino), el frigorífico BPU, en Durazno de capital inglés, y existen, aún, varias plantas en manos nacionales; entre ellas uno de los más grandes, Las Piedras, propiedad de la familia González, también gran terrateniente y, reiteramos, sin agotar el tema: Lorsinal, Pando, Las Moras, Frigo Yi, Solís, Sarubbi, Schneck.

3)   Más adelante, analizando los cambios de la matriz productiva en curso JLB afirma: “Pero por las exigencias de infraestructura del turismo, es seguro que la informática superará con rapidez esas cifras. Este es el único vector de cambio productivo que no puede ser cuestionado: sólo aporta ventajas al país.”

Visto desde una lógica estrictamente ambientalista esto tal vez sea cierto. Desde una lógica económica ello no es tan así. Gran parte (estamos tratando de averiguar cuánto) de esta industria novedosa (en Uruguay no tiene más de 20 años de existencia) está en manos extranjeras. Si nos alarmamos por la extranjerización de la industria frigorífica, no veo por qué habríamos de pasar por alto ese fenómeno en la del software. Es que éste es uno de los sectores más dinámicos de la economía y dejarlo en manos extranjeras no es menos grave que hacer lo propio con la tierra o los frigoríficos.

Pero hay más: si hablamos de software estamos ante dos modelos posibles: el libre y el privativo. La ley sobre compras estatales de software que supuestamente debía dar amplia prioridad al primero sobre el segundo ha terminado siendo una típica engañapichanga progresista dejando todo tipo de escapes para que las empresas públicas compren software privativo. En síntesis, mucho hay de objetable en las formas en que se está desarrollando la industria del software en el país.

4)    Para no extendernos demasiado diremos algo sobre el tema del agua. No tiene sentido insistir sobre la importancia del asunto. Simplemente queremos hacer notar que el mayor despilfarro de agua dulce en el país se produce por la vía de dejar simplemente que ésta se vaya al mar. Por esta vía se arruina (se mezcla con agua salada oceánica) no menos del 50% del agua que llueve. En ese sentido, simplemente para ubicar magnitudes si nos basamos, por ejemplo, en el cálculo que realiza JLB sobre el consumo de agua por los eucaliptus (creo que exagera bastante la cantidad de madera necesaria para producir una tonelada de celulosa, pero eso no cambia la esencia del tema) se constata que toda la producción de celulosa consume aproximadamente el 1% del agua que llueve sobre el territorio nacional. No digo esto para propagandear la plantación masiva de eucaliptus. Ésta tiene varios efectos negativos; en mi opinión el más importante es que inhabilita por largos períodos de tiempo grandes extensiones de tierra mayoritariamente agrícola de buena calidad para la producción de alimentos. En segundo lugar sí genera problemas con el agua, pero a nivel local. Parece indudable que las zonas cercanas a las grandes plantaciones sufren problemas de suministro durante los estiajes. Tema no menor para las pequeñas explotaciones y que contribuye a su desaparición.

En suma: los problemas a raíz de la alteración de la matriz productiva que está sufriendo el país son muchos y variados. Algunos de ellos serían inevitables bajo cualquier régimen socioeconómico. Es indudable que si se extienden los niveles de consumo a nivel de las mayorías habrá que disponer de más bienes. Y esto significa necesariamente presionar sobre los recursos naturales.

Si bien nunca fui estalinista me reconozco integrante de la izquierda marxista leninista desde mi juventud allá por los 60. No estaban de moda los temas ambientales. Por razones objetivas, no se experimentaban los límites que la disponibilidad de recursos impone al crecimiento económico.

Estos se han vuelto hoy de una trascendencia indudable.

Sin embargo el principal problema que tiene el Uruguay se llama capitalismo. Podemos imaginarnos una situación en que todos los problemas ambientales que se denuncian cotidianamente se resuelven en gran medida. En lo esencial en nuestro país bastaría con que bajaran significativamente los precios de media docena de commodities, entre ellos la celulosa, la soja, el hierro y alguno más para que, como por arte de magia, dejáramos de hablar de estos temas.

Persistirían, no obstante, todos los problemas por los cuales la generación a la que yo pertenezco luchó y en muchos casos llegó a dar la vida.