del poeta nicaragüense Manolo Cuadra (1907-1957)
Los déspotas nos atan los pies y las manos/ y traban nuestros dientes con alambre,/ porque los impotentes tienen miedo a la palabra./ Con nosotros barren el suelo de las ciudades./ Pero este será el año de los grandes milagros.//
Porque la libertad no está en la letra de imprenta/ si nace de diez bandidos que discuten en una mesa,/ ni viene de los carneros que mugen en el parlamento,/ esa palabra se aferra muy dura a nuestras conciencias// (…)
El pan que no comemos se pudre en lejanos armarios/ y el vino hierve en las vasijas lejanas./ Un beso, un solo beso de la mujer amada,/ buscadlo ahí donde la tierra se ha hecho pedazos.//
Para alcanzar la dicha siempre nos hace falta una pulgada/ y está la culpa en nuestra medrosa mirada,/ en el barniz que engaña a nuestro tacto,/ en los vergeles donde se embriaga el olfato./
La culpa es de nuestros puercos sentidos,/ desde que nos hizo saber el señor ministro/ que dos más dos son igual a cinco./ Por fin sabemos que dos más dos son cuatro.//
Cuando bajen al pueblo estas simples verdades/ el mundo ha de tornarse súbitamente claro/ como un cuchillo volado por el aire/ en pleno día sobre los duros escenarios.