Envíopostaporteñ@ 1237

López Murphy sobre salario, desempleo e inflación (1)

Rolando Astarita [Blog]

En una polémica realizada ayer en un programa de TV con Jorge Altamira, dirigente del Partido Obrero, el economista de derecha López Murphy reivindicó las políticas de los bancos centrales de los países desarrollados de control de la inflación, que han venido aplicándose en las últimas décadas. Si bien las mismas tienen como punto axial la idea de que una elevada tasa de desempleo da lugar a una baja de la tasa de inflación, se combinan sin embargo con la tesis de que la inflación es, en lo esencial, un fenómeno monetario (esto es, un resultado de una excesiva emisión monetaria). En el curso de la polémica, JA señaló, correctamente en mi opinión, el carácter ideológico del planteo de LM; con esto quiso decir que no tiene un fundamento científico, sino está basado en la defensa de los intereses del capital en general. LM defendió su posición presentándola como “natural y lógica”, prácticamente como si se tratara de un hecho técnico; la naturalización pasa por el argumento de “la aplican los países serios”

Por supuesto, dadas las limitaciones del tiempo televisivo, los argumentos de un lado y del otro no se pudieron exponer con profundidad; y además, el debate se desvió hacia otros temas conexos. Dada sin embargo la importancia de la relación desempleo e inflación -el enfoque LM es el usual de los cursos de macroeconomía del mainstream-, en esta nota presento algunas reflexiones sobre el asunto. En primer lugar, resumo de manera breve en qué consiste el planteo de LM, basado la llamada tasa “naturalde desempleo, que fue una reformulación de la clásica curva Phillips, realizada por los economistas monetaristas Milton Friedman y Edmund Phelps, en los años 1960. En segundo término, presento algunas de las objeciones centrales que se han hecho a la tasa natural, tanto desde el punto de vista empírico como teórico. Por último, presento la posición del marxismo frente al asunto. La conclusión de la nota es que la tesis de LM no tiene sustento científico y es, como ha dicho JA en la polémica, una mera construcción ideológica, pero con efectos políticos definidos: defender los intereses del capital frente a los reclamos de la clase trabajadora, naturalizando el arma de la desocupación como forma de controlar los salarios. Divido la nota en dos partes, dada su extensión.

El punto de partida: el mercado de trabajo neoclásico

La teoría ortodoxa neoclásica parte de suponer que el nivel de empleo está determinado por las curvas de oferta y demanda de trabajo, y que todo trabajador que quiere trabajar al nivel de salario de equilibrio (nunca se discute si ese nivel cubre las necesidades básicas de reproducción de la fuerza de trabajo), puede hacerlo. En términos de la ortodoxia, la curva de demanda, de pendiente negativa, indica de qué manera los salarios reales disminuyen a medida que aumenta el empleo (es la tesis, carente de fundamento, de la productividad marginal decreciente); la curva de oferta de trabajo, a su vez, no está diciendo a cuánto ocio están dispuestos a renunciar los trabajadores por cada aumento de salario (que, supuestamente, recompensa la desutilidad de trabajar). Es sobre esta construcción, puramente especulativa (la construcción de las curvas son meros ejercicios mentales, basados en razonamientos contrafácticos realizados por el “microeconomista”), que la teoría sostiene que las ofertas y demandas de trabajo dependen de las decisiones libres de los “agentes” (no hay clases sociales, sino “agentes”), de manera que el que está desempleado es porque no acepta el salario que le corresponde (según su productividad marginal). El razonamiento de LM y en general del mainstream ortodoxo tiene este punto de partida y fundamento.

La curva Phillips

En los años de la posguerra el planteo anterior se combinó con la curva Phillips, que establecía una relación negativa entre el nivel de desempleo y los salarios. A partir del estudio de la economía británica entre 1861 y 1913 Alban Phillips creyó encontrar una relación inversa, aunque no lineal, entre los porcentajes de desempleo y la variación de los salarios nominales. Esto es, cuando aumentaba el desempleo, los salarios bajaban. Se trata de una relación empírica de largo plazo que, como veremos luego, expresa, superficialmente, el rol que le dio Marx al ejército industrial de reserva como factor de presión y control sobre los salarios.

Como sea, los economistas de la llamada síntesis neoclásica – keynesiana utilizaron la curva Phillips para explicar la inflación por aumento de los costos laborales. Siendo Pt el nivel de precios precios en el tiempo t, μ el “recargo” o “mark up” (que nunca se explica en su naturaleza y origen, pero es esencialmente el beneficio), Wt los salarios y λ la productividad, tenemos:
Pt = (1 + μ) Wt/ λ
De esta manera se justificaba la idea de que la inflación era un fenómeno de costos, principalmente salariales, y que en consecuencia, en tanto no aumentara la productividad λ, sólo podía ser frenada mediante una caída de los salarios reales. Esta idea se mantiene hasta el día de hoy: por eso se sostiene que si aumentan los salarios (dada λ), inevitablemente deben aumentar los precios. Por supuesto, nadie discute por qué tiene que ser constante el recargo, esto es, la ganancia. En otras palabras, a nadie se le ocurre sostener que si aumentan los salarios podría bajar la ganancia, de manera que los precios se mantengan iguales, y mejoren los salarios reales, W/P. Por esta vía se naturaliza la relación “suba de salarios, suba de precios”. De esta manera, la redistribución del ingreso sale del foco del análisis. Una cuestión que se mantiene en la literatura y determina que jamás se ponga en discusión la distribución del ingreso en un país como Argentina, en que existe, a igual que en el resto de América Latina, una llamativa desigualdad del mismo (en relación a otros países). Lógicamente también, la teoría inducía a atribuir la causa de la inflación al poder de negociación de los sindicatos; o, alternativamente, a los “mercados imperfectos” -esto es, oligopólicos- que afectaban el margen de los costos.

No es de extrañar por lo tanto que esta tesis fuera aceptada por el keynesianismo mainstream de los gobiernos capitalistas de los 1950-1960. Y sobre esta tesis, reaccionaria en contenido, elaboraron Friedman y Phelps la “ampliación y rectificación” de la curva Phillips, que dominará hasta el día de hoy (y es la reivindicada por LM).

La tasa “natural” de desempleo

Durante años se mantuvo entonces la idea, basada en la curva Phillips tradicional, de que existía una suerte de “intercambio conflictivo” entre aumentos de salarios y la desocupación. Era un argumento para presionar a los sindicatos a que “cuiden el empleo antes de pedir aumentos salariales”; discurso que, por otra parte, emplea hoy el Gobierno K (hay poco nuevo bajo el sol ideológico burgués)

Sin embargo, en los años 1960 aparece el fenómeno de la estanflación -espiral de aumentos de precios y desocupación-, para la cual la curva Phillips tradicional no tenía respuesta. Es entonces que Phelps y Friedman lanzan la tesis de la tasa natural. La idea básica está resumida por Friedman en un famoso mensaje a la Asociación de Economistas Americanos, de 1968 (en el que recoge los aportes de Phelps). Allí Friedman plantea que la curva Phillips estaba mal especificada, ya que los trabajadores negocian según salarios reales, no nominales, y que además incorporaban en sus demandas salariales la inflación esperada para el próximo período. Anotemos ahora que la realidad es, contra lo que afirma Friedman, y continúan afirmando los manuales, que la mayoría de las veces los trabajadores luchan por recuperar los salarios reales que son disminuidos por la inflación pasada; pero estos son “detalles” para la ciencia “a lo López Murphy”

En segundo lugar, Friedman sostuvo que existe una tasa de desempleo “natural”, o “friccional”, conformada, básicamente, por la parte de los trabajadores que están buscando un empleo mejor. Aquí no existe ninguna explicación teórica de por qué, por ejemplo, esa tasa “natural” puede ser del 5, 6, 10 por ciento, o más. Esto es, no se explica el porqué del nivel del salario, sino sus variaciones en relación a la desocupación. El centro de la historia son trabajadores que se resisten a aceptar los salarios que se les ofrecen (que corresponderían a su “productividad marginal”), porque quieren mejorar sus ingresos. Se sostiene también que el tiempo que están buscando estos empleos depende, entre otros factores, de la existencia de seguros de desempleo, de la presión de los sindicatos, y factores similares. Por lo tanto, se concluye, cuanto menores sean las prestaciones a los trabajadores (servicios por parte del Estado, seguros por desempleo) y cuanto más flexibles sean las condiciones de contratación (menor poder de los sindicatos, facilidades de despido), más rápidamente los que buscan trabajo estarán dispuestos a aceptar las condiciones que se les imponen

En otras palabras, si por ejemplo, y debido a la existencia de un seguro de desempleo, grupos importantes de trabajadores están buscando empleos con salarios superiores a su productividad marginal, la tasa “natural” de desempleo se mantiene alta, ya que se resisten a trabajar “por lo que les corresponde”. Por eso, si existiera un subastador walrasiano proveyendo información segura, y si hubiera plena flexibilidad de los mercados, esas personas no estarían desocupadas, ya que sabrían cuánto les corresponde por productividad, y aceptarían lo que se les ofrece. Obsérvese que desde esta perspectiva, sindicatos poderosos -y máxime, sindicatos conducidos democráticamente por representantes de los intereses de los trabajadores- son un obstáculo para este funcionamiento “perfecto” de los mercados “perfectamente flexibles”. No es casual por eso que en el curso de la polémica con JA, LM se haya cuidado de hablar decididamente a favor de la acción libre de los sindicatos. En otras palabras, el mercado funciona con tanta mayor libertad en tanto la libertad democrática de los trabajadores para organizarse sea restringida y vigilada; o reemplazada por átomos en competencia, desprovistos de poder alguno frente a las patronales. Es la esencia del personaje “liberal” (por eso LM precisa que él es “liberal” de pura cepa, a igual que lo fueron Friedman, Phelps, o también un Hayek o von Mises).

Es por ese motivo también que Friedman, en su informe de 1968, ponía el énfasis en que la tasa “natural” de desempleo no era inmutable a lo largo del tiempo: podía disminuir flexibilizando los salarios mínimos y reduciendo la fuerza de los sindicatos; esto es, bajando las “aspiraciones” (¿desmedidas?) de los trabajadores, en tanto las mismas estuvieran “fuera del equilibrio”. Por eso la tesis de la tasa natural encierra todo un programa política de ofensiva del capital sobre el trabajo. Por eso también era saludada y apoyada entusiastamente por los empresarios. Y es un hecho que la idea se ha incorporado, de forma permanente, al cuerpo teórico mainstream, académico o dedicado a la práctica de la Economics. Hay que decirlo con todas las letras: esta tasa natural es la idea rectora de la política que elogió LM en su polémica con JA. La explicación monetarista de la inflación, como veremos en la segunda parte de la nota, tiene este punto de partida (que a su vez, deriva de la formulación a-teórica de la curva Phillips tradicional).

Interludio: aplicaciones prácticas de LM y su equipo en 2001

Lo planteado en el punto anterior tuvo ilustración fáctica por parte de LM en 2001, cuando fue ministro de Economía del gobierno de De la Rúa (y antes había sido ministro de Defensa). Recordemos que uno de los ejes de la política de De la Rúa fue flexibilizar y desregular los mercados, y reducir el poder de los sindicatos, con el argumento de que por esa vía se generaría más empleo. Era la traslación al ámbito criollo de la tesis monetarista de Friedman y Phelps. Por eso el punto nodal de LM y su equipo económico fue flexibilizar los salarios, a partir del diagnóstico de que la desocupación se debía a que los ingresos de los trabajadores eran muy elevados. Tal vez nadie lo haya expresado mejor que quien por entonces fue su viceministro de Economía, Daniel Artana. En un reportaje concedido a La Nación (11/04/2001) explicaba que “… no es agradable lo que voy a decir, pero es de sentido económico: si el desempleo es muy alto es porque los salarios son muy altos”. Y el obstáculo para bajar los salarios (que por cierto, estaban ya muy bajos en relación a las necesidades básicas) era el empleo público y transferencias del Estado: “Lo que impide generar los puestos de trabajo es que todo el mundo está esperando una beca del Estado. Porque si se puede trabajar como recolector municipal -como en muchos municipios con 600 o 700 dólares de bolsillo, nadie quiere trabajar en una fábrica en una provincia pobre donde paguen 350 o 400. Y además tiene que trabajar muchas más horas”.

Recordemos que en aquellos años la relación peso – dólar era 1:1, de manera que Artana (subrayo, viceministro de LM) estaba planteando como necesarios salarios de 350 a 400 dólares mensuales “por muchas horas de trabajo”. Agregaba luego que en el sector privado ya se había producido el “ajuste”: “En el sector informal, con baja de sueldos, en el formal ha habido gente que ha perdido el empleo”. Les tocaba ahora a los empleados estatales; de ahí que el Gobierno de la Alianza (al pasar, en el que estaban connotados kirchnetistas modelo 2014) bajaría un 13% los salarios de los empleados públicos (baja nominal). Por último, Artana expresaba muy bien la relación salarios beneficios (que está implícita en la distribución básica del ingreso explicada “a lo Marx”, como veremos luego). Después de insistir en la necesidad de “desregular”, decía: “Para salir de acá (esto es, de la recesión) hay que recuperar los beneficios del sector privado, porque así funciona el capitalismo. No hay otro mundo. O sos capitalista o nada”. La tesis reaccionara de “no hay alternativa” juega entonces su rol ideológico. Por eso, y siguiendo esta idea, LM, en el programa televisivo de ayer enfatizaba que la alternativa al capitalismo es el estalinismo, o el chavismo. Se cuidaba muy bien de mencionar siquiera la idea (de Marx), del socialismo de los trabajadores. En otros términos, el mensaje a la población es: “o aceptan esto (de hecho, bajas de salarios, sea por vía deflación o devaluación; flexibilización; pérdida de poder de los sindicatos), o habrá más desempleo. Friedman, Phelps, antes Phillips, y todos los gobiernos “serios” (capitalistas, faltaba más), nos respaldan”. Es el contenido esencial de este discurso. Veremos más consecuencias en la segunda parte de la nota