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Los troskos y la Revolución Cubana

El viernes fui a una charla/debate organizada por el Partido de los Trabajadores con el nombre "¿A dónde va Cuba?" Para los no iniciados en cultura política trotskista digamos que el título viene de una larga tradición, tomada de los artículos de León Trotsky como "¿A dónde va Inglaterra?", "¿A dónde va Francia?", etc.

La charla, a cargo Rafael Fernández, dejó sin respuesta la pregunta, y la puso como "problema abierto". Tal vez para algunos dejar sin respuesta justamente la pregunta con la que se convoca a la actividad, sea un "debe". Yo al revés, lo anoto en el "haber".

Tal vez Rafael no esté de acuerdo con esto que voy a decir. Al comenzar presentó un artículo suyo escrito hace diez años, “El proceso de restauración capitalista en Cuba", como un "prefacio" a la charla. Pienso que más bien es su antítesis.

Bajo ese título, el material empieza con una cita:  "los empresarios estadounidenses son hoy los mejores aliados del presidente Castro en la búsqueda del levantamiento del embargo económico a la isla, para introducir sus negocios... ".

Luego sigue una enumeración larga y documentada

a) Los intereses imperialistas y burgueses y en primer lugar Bill Clinton, de terminar ya (o sea, hace diez años) con el bloqueo. b) Los reaccionarios en América Latina (el entonces presidente Sanguinetti por ejemplo) que también querían terminar con el bloqueo de Cuba. c) Los economistas cubanos propiciando un nuevo “sector emergente" de empresas con participación de capital extranjero, desplazando al “sector tradicional” de empresas puramente estatales y creando una masa de desocupados que saliesen a buscar trabajo en las nuevas empresas. d) Las nuevas leyes cubanas para facilitar la inversión privada extranjera. e) Los índices de miseria creciente en Cuba. "A los bajos salarios y creciente prostitución se suma al surgimiento de la abierta mendicidad... duermen a la intemperie, piden ayuda en las esquinas, llevan la casa a cuestas..." todo lo cual podría llevar a "estallidos sociales". f) Varias citas de Jorge Altamira sobre el acuerdo entre la burocracia castrista, una nueva burguesía cubana y el capital extranjero, llegando a la conclusión: "Cuba está condenada al mismo destino" del llamado "campo socialista". g) Y por último las loas que canta Fidel al modelo chino-vietnamita como la verdadera solución para Cuba.

Decía Rafael hace diez años: "El modelo chino no es otra cosa que la restauración capitalista impuesta a sangre y fuego contra la clase obrera". Precisamente en esa frase está la clave para entender por qué esa muerte anunciada hace diez años no ocurrió, pese a Sanguinetti, Clinton y todos los otros (y encima Fidel).

Yo, que no soy un devoto incondicional de Fidel, tampoco me voy a creer que, aunque sea Fidel el que quiere meter un elefante en una caja de fósforos, eso vaya a pasar. Cuba no es China. Para restaurar a toda marcha el capitalismo en China había que hacerlo a sangre y fuego. Los chinos lo hicieron porque podían.

¿Qué hubiese pasado si los burócratas cubanos (burócratas en un sentido muy diferente de los chinos, burócratas al fin pero con una "cierta diferencia de matiz") hubiesen hecho en La Habana algo parecido a la masacre de Tienanmén?

Que los yanquis hubiesen aprovechado la oportunidad para invadir Cuba en cuestión de horas

Porque lo que prometió Fidel que en ese caso pasaría, que encontrarían "un Stalingrado más un Vietnam", eso, si antes había un Tienanmén no podría pasar

Los yanquis entraron en Grenada y el Haití. Pero no entraron China, ni se les ocurrió. ¿Podrían entrar en Cuba? Sí, siempre y cuando los gobernantes cubanos hagan eso que le reprochó una vez Talleyrand a Napoleón. "Peor que un crimen, una estupidez". Pero los burócratas cubanos tienen algunas diferencias con los rusos o los chinos.

"Cuba está condenada", dijo Altamira.

Los muertos que vos matáis... Un pronóstico de muerte inminente hace diez años no nos inspira hoy mucha confianza para repetirlo tal cual. Hay primero que explicar por qué no ocurrió esa muerte. Por eso me parece saludable que ahora Rafael deje el final abierto.

Antes de aplicar a Cuba los conceptos originales trotskistas construidos en el contexto del análisis de la sociedad soviética es mejor hacerse algunas preguntas.

Si bien es cierto que Trotsky consideró la posibilidad de una restauración capitalista en la URSS, eso era solo una hipótesis argumentativa, su previsión principal del futuro y su verdadero llamamiento fue a una revolución política anti-burocrática, dando por sentado que la recuperación del poder por la clase obrera supondría la conservación de la estructura básica de la propiedad estatal. Y en vísperas de la Segunda Guerra Mundial llamó a la defensa incondicional de la URSS.

En algún punto de la historia de la Revolución Rusa el proceso de burocratización tuvo un salto de calidad, un cambio en la de naturaleza del Estado y de la misma burocracia.

La restauración capitalista en Rusia implicó un “golpe blando” de Boris Yeltsin en 1991, sin muertos, aunque resultaron presos los diputados que se resistieron en solitario a la disolución de la Duma. (Boris Kagarlitsky fue uno). Las reformas subsiguientes fueron mucho más radicales que las privatizaciones que vivimos en América Latina, pero su naturaleza fue parecida, un cambio de patrones.

Luego, en algunos puntos de la ex URSS hubo una guerra civil. La de Ucrania hoy, más de veinte años después, se produce como resistencia a los últimos extremos de la restauración capitalista ya hecha.

Leyendo esto de Altamira pienso que a algunos les pasa con la Revolución Cubana como al ex-novio con la ex-novia que lo dejó por otro. Tal vez no la maten diciendo "mía o de nadie", pero que le desean la muerte, se la desean. Lo de "castrista" suena como cuando alguien nombra a su ex-pareja por el apellido.

Esta asociación de ideas se me ocurría cuando escuchaba a William Yohai, asistente a la charla, decir que nuestra posición ante la Revolución Cubana tiene que ser una cuestión de amor, y sonaba medio raro en ese ámbito.

Voy a tratar de explicar eso en forma freudiana, si se me permite la herejía (y si no se me permite qué me importa, yo soy Charlie)

Hay que distinguir entre fascinación y enamoramiento. El amor no excluye la pelea.

En Introducción al narcisismo y en otros ensayos Freud se ocupa de la "elección de objeto amoroso". Distingue dos instancias psíquicas, como él las llama. El Yo Ideal, y el Ideal del Yo

El Yo Ideal es un fósil de la primer época del desarrollo psíquico, la ilusión de restaurar en la unión con el objeto amado la condición ideal (el sentimiento "oceánico" de El porvenir de una ilusión) con el seno materno.

La fascinación ocurre cuando se coloca al objeto amoroso en ese punto. El amante es impermeable a la realidad, simplemente se le cae la baba. Así, hay compañeros que ante cualquier crítica a la Revolución Cubana no les entran ni las balas, están como Don Qujote con Dulcinea.

Hay a veces una anti-fascinación, un mecanismo inverso, los hay que de la Revolución Cubana les falta decir "yegua de mierda"

El Ideal del Yo es en cambio una instancia madura y dinámica, es la reunión de los atributos a los que el Yo ama y se reivindica a sí mismo en eso. Es un lugar de exigencia, de construcción. El enamoramiento gira en torno al Ideal del Yo. Es un proceso de pasión y crisis, ilusión y decepción, completamente inevitable porque está basado en una exigencia de satisfacción egoísta, y por lo tanto en una insatisfacción básica. Es allí donde veo la diferencia.

Durante décadas, la Revolución Cubana ha ocupado para la izquierda latinoamericana el lugar de un ideal a construir, y construir por y para nosotros mismos. Ese proceso ha sido espantosamente doloroso, ha costado miles y miles de muertos, algunos de ellos entre los mejores de nosotros. Pero la Revolución Cubana no es idealizable.

A dónde va Cuba -dice Rafael- es también a dónde va América Latina. La Revolución Cubana ató su destino al de América Latina. Todos decimos que la verdadera profundización del socialismo en un país aislado es imposible, que solo puede ocurrir con el desarrollo de la revolución mundial. Pero es apenas un enunciado. Poner en discusión las estrategias concretas ya es otra cosa.

¿Llamamos hoy en Cuba a una “revolución política”, a derrocar el gobierno?