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SOBRE CUBA Y LAS ACTUALES DISCUSIONES

El planteo de la discusión y sus inconsecuencias

El compañero F. Moyano ha largado la polémica sobre la naturaleza social de Cuba, citando ampliamente a diversos teóricos en la cuestión como Astarita, Katz…

Las preguntas que el se hace me parecen sumamente interesantes y también coincido en la importancia histórica general de los problemas planteados en la actualidad:

“¿Hay socialismo en Cuba? ¿Lo hubo alguna vez? ¿Hay capitalismo? ¿Hay o puede haber alguna cosa que no sea ni lo uno ni lo otro? ¿Hacia dónde va Cuba?... ¿Forma parte Cuba del “socialismo real”? ¿Y qué fue ese fenómeno, cuál su naturaleza social y sus causas? ¿Era una deformación o degeneración del socialismo, o una falsificación; había una clase dominante explotadora; era una forma de capitalismo de estado? Y Cuba ¿es una falsificación, una deformación, hay una clase explotadora, hay capitalismo de estado?”

Moyano intenta distinguirse de la apología estalino/trotskista tan común al respecto, dejando de lado la ideología del “antiimperialismo democrático” (y la apología del “país socialista”) y tratando incluso de ir más allá de la  “intencionalidad socialista” y afirmando: “La Revolución Cubana fue una revolución de intención socialista, una intención frustrada por distintas razones, objetivas y subjetivas, internas y externas…”

Realmente pensaba que Moyano quería encaminar la cosa a cuestionarse el fondo de la cuestión yendo más allá de todas las apologías y las intenciones de los protagonistas, a discutir y aclarar si lo que se llama “revolución cubana” fue una verdadera revolución de las relaciones sociales de producción o no. O dicho de otra manera: plantear si más allá de las reformas y políticas de Estado y las discusiones actuales en el partido y en su periferia entre libertad mercantil y estatismo, hubo un cuestionamiento social e histórico del asalariado, es decir de las relaciones de explotación y dominación capitalistas

Sin embargo en las diferentes notas a las que Moyano hace alusión y en las que éste escribe no encuentro, hasta el momento nada de eso. Moyano no trata nunca el fondo de la cuestión sino que se dedica a hacer malabarismo entre las tesis de Katz y Astarita por lo que la discusión no logra situarse en el nivel que promete

Así Moyano  coquetea con algunas de las más subjetistas afirmaciones de Katz:L a Revolución Cubana en los 60 “rompió todos los dogmas al demostrar que un proceso socialista era posible en el continente”  Este tipo de frase contradice todo lo propuesto, no solo por ser típica del más genuino estalinismo sino por no hacer referencia a ningún “proceso socialista” real en lo que a las relaciones sociales se refiere, sino situarse totalmente en el mundo de la ideología del marxismo leninismo como religión de Estado.

Más allá de esto que se puede considerar parcial las notas de Moyano parten de lo que se podría esperar que expusiera concretamente de que lo que hay en Cuba sería algo diferente al capitalismo. En vez de una explicación de las relaciones sociales diferentes y de cómo se llegó a ellas, Moyano da vueltas en torno a las tesis de Astarita de “estatismo burocrático”  que no es más que una forma elegante de adherir “críticamente”, “trostskistamente” a la tesis dominante y estalinista del “socialismo real”.

Moyano nos habla de la “frustración del socialismo en Cuba” pero una y otra vez vuelve a las intenciones (“La Revolución Cubana abrió un proceso continental de lucha revolucionaria”) sin que nunca se analice lo importante si cambiaron o no las relaciones sociales de producción capitalista

Moyano no responde a las preguntas centrales que parecía plantear al principio y que justamente son las que interesan desde el punto de vista revolucionario: ¿revolución o reforma? ¿hubo algo en Cuba para hablar de revolución social, de destrucción del trabajo asalariado o solo hubo reformas estatales?

Al contrario, de una forma u otra Moyano acepta la idea de que el estatismo sería menos capitalista y hasta acepta la oposición ideológica entre mercado y estatismo que hoy llega a niveles superiores cómo si el estatismo sea algo así como una resistencia al capital. Aunque pareciera lo contrario Moyano acepta implícitamente que la estatización hubiese cambiado algo esencial en el modo de producción. Por supuesto que me parece que esta es la idea central a combatir.

El leninismo y la estatización de los medios de producción

Lo expuesto me lleva a sostener que esas discusiones sobre Cuba siguen prisioneras de una visión leninista, según las cuales en ese país hubo un cambio de modo de producción (relativo o absoluto) producido fundamentalmente por la estatización de los medios de producción. Si desde el extremo estalinista se sigue afirmando que en ese país hay algo de socialismo, desde filas más trotskistas o “leninistas críticas” en general, se trata de matizar esa vieja y grosera mentira ideológica calificando las estatizaciones simplemente como burocráticas. Sin embargo, se admite la ideología de que la estatización cambiaría algo esencial en las relaciones sociales de producción

Sólo luego de estas afirmaciones que se dan como sentadas, se discute sobre las tendencias hacia una mayor libertad mercantil como si las mismas fueran una especie de peligro capitalista o peligro del final próximo del estatismo burocrático que podría terminar en el capitalismo a secas. Este es el caso explicito de los textos de Rolando Astarita y no parece para nada que Moyano se más claro en lo esencial.

El punto común de todas esas posiciones que yo critico es considerar la estatización como algo diferente al capitalismo, o como limitante del capitalismo (¡y si no es así espero con gusto que me desasnen los compañeros que defienden tales posiciones!) cuando clásicamente los socialistas y revolucionarios de todos los tiempos consideraban que la estatización del capital no tiene ninguna virtud en ese sentido, sino al revés y obedece a la necesidad del capital de concentrarse y fortificarse para su propio desarrollo

En principio toda estatización del capital se hace para que el Estado, que no es otra cosa que capital concentrado sea más potente. Y por supuesto el capital cuanto más potente es más trata de hacer trabajar a los proletarios (emulación, aumento de la intensidad y la extensión del tiempo de trabajo…) lo que históricamente se ha verificado, en Rusia y en todos los países que siguieron dicho modelo. De más está decir que esto que interesa al capital, se impone contra el proletariado y sus intereses: nunca el proletario tiene interés en trabajar más

El revisionismo de considerar que la estatización sería “socialista”, tiene su origen histórico, en el marxismo leninismo inventado por Stalin, a la muerte de Lenin (y apoyado “críticamente” desde siempre por el trotskismo), que definió por primera vez el “socialismo en un solo país” (que el trotskismo critica para defenderlo como “Estado obrero deformado o degenerado”), como sinónimo de país en donde se han estatizado jurídicamente una gran parte de los  medios de producción

Este nefasto invento de “socialismo” como sinónimo de capitalismo estatizado (siempre apoyado “críticamente” por el trotskismo), además de haber constituido un importante hito de la dominación capitalista mundial, significó la mayor ola de terrorismo de Estado contra el proletariado del siglo XX: la estatización pretendía imponer una tasa de explotación y crecimiento económico mayor que la que había en todas las otras potencias imperialistas. Los grandes triunfos del “marxismo leninismo” en el mundo significaron prácticamente que la apología del trabajo llegase a su paroxismo: se trataba de compensar el retraso tecnológico y el desfasaje desfavorable en desarrollo tecnológico (plusvalía relativa) en base al aumento de la plusvalía absoluta. Dicha imposición del máximo trabajo posible costó océanos de sangre, sudor y lágrimas. Lo que en los países de economía estatizada significó terrorismo de Estado y campos de trabajo, fue repercutido edulcorado por los partidos “comunistas” del mundo que en todas partes se volvieron agencias imperiales y comerciales del bloque imperialista denominado “socialista”. Todo ello sin dejar por supuesto de transformar “su marxismo” (el de los partidos denominados “comunistas) en una apología del máximo esfuerzo productivo posible y por lo tanto de todo aumento de la tasa de plusvalía o tasa de explotación

Volviendo a Cuba

Nadie puede negar la simpatía que suscitó la “revolución cubana” en la lucha internacional contra el capital, pero hay que dejarse de joder con eso cuando se analiza si hubo revolución social o no en ese país, sino se vuelve a caer en lo subjetivo, en lo ideológico, en el antiimperialismo (o mejor dicho en las contradicciones imperialistas entre Estados). No se le rinde ningún homenaje a la lucha revolucionaria del proletariado contra el capital manteniendo la confusión entre estatismo y socialismo o entre estatismo y menor capitalismo

La lucha contra el capitalismo es esencialmente lucha contra el trabajo asalariado, lucha contra la mercancía, lucha contra la cantidad e intensidad del trabajo, lucha contra el Estado, lucha contra la tasa de explotación y es justamente de eso que no se habla en Cuba, ni hablan tampoco Katz, ni Astarita, ni Moyano… que solo hablan de las reformas y las intenciones. Tampoco se critica a fondo el mito leninista (stalinista) del estatismo como algo diferente al capitalismo

Por eso se sigue situando el problema desde una óptica politicista y reformista y no desde el único punto en que las cosas pueden encontrar una solución: la revolución social mundial