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Argentina: Otro paso en la desagregación nacional

La lucha interburguesa escaló al asesinato

Un fiscal, agente reconocido del Mossad y títere de la CIA, fue asesinado 24 horas antes de concretar una acusación gravísima contra la presidente Cristina Fernández

Condenamos ese crimen. Ignoramos quién lo cometió. Todo es posible en la madeja de lucha interburguesa. Se trata de actuar con urgencia y eficiencia para edificar una fuerza política de masas e impedir que la crisis se encamine a una nueva orgía de violencia utilizada por la burguesía y el imperialismo para engañar y aplastar a los de abajo.

Aunque la forma resultó inesperada, el contenido es un desenlace obvio y fue adelantado una y otra vez desde estas páginas.

El fiscal Alberto Nisman, reconocido agente del Mossad y por esa vía artífice de la causa que carga a Irán la voladura de la Amia en 1994 y la muerte de 85 inocentes ciudadanos argentinos, fue asesinado el 18 de enero de un balazo en el cráneo, dos centímetros por debajo y por detrás de la oreja derecha.

Al día siguiente Nisman se presentaría ante el Congreso de la Nación para dar detalles de la denuncia adelantada el 14 de enero: pedía el procesamiento de la presidente Cristina Fernández, de su canciller Héctor Timerman y de otros funcionarios, por «encubrimiento a los culpables» de la voladura de la Amia, mediante el memorándum de entendimiento firmado con el gobierno de Irán, dos años atrás.

Dicho de otro modo: por mucho que el secretario de Seguridad primero y la Presidente luego se esforzaron por plantar la hipótesis del suicidio, el hecho físico refrenda la más elemental e inmediata interpretación política: Nisman fue asesinado por un profesional. Así lo entendió la sociedad toda, al punto que en 48 horas Cristina Fernández cambió su hipótesis y sostuvo que se trató, en efecto, de un asesinato.

En ausencia de un proletariado organizado, de sindicatos genuinos y partidos con existencia real (de cualquier signo de clase), la crisis estructural del capitalismo argentino, llevada al extremo por el desempeño patético del elenco gobernante, se expresa de este modo esquinado: enfrentamiento de aparatos armados dentro del sistema de espionaje oficial. Como sea, el significado es inequívoco: diferentes fracciones de la burguesía y la protoburguesía (grupos advenedizos al asalto de los negocios con las palancas del poder en sus manos), han llegado al punto inicial de una etapa de violencia armada

Por si el absurdo que caracteriza la coyuntura nacional fuera insuficiente, la reacción frente al asesinato y sus seguras derivaciones provino de ...un grupo de fiscales y jueces. Estos funcionarios, todos ellos al servicio diligente de este gobierno hasta poco tiempo atrás, han convocado a una «Marcha del silencio», en todo el país, para el 18 de febrero. La totalidad de los partidos del capital y no pocos sindicatos y pseudocentrales sindicales, se apresuraron a respaldar la movilización. Es presumible que ese día habrá una poderosa fuerza social canalizada por ese sendero hacia la nada. Hay un parámetro objetivo para prever la magnitud del rechazo social: el mismo 19, de manera espontánea, hubo movilizaciones en decenas de ciudades de todo el país, con cientos de miles de ciudadanos aunados en la incredulidad y el espanto. Aún sin orientación política explícita, sin conciencia ni estrategia, ese torrente de rechazo y temor chocará de frente con el gobierno y agravará hasta un punto extremadamente grave la situación del oficialismo.

Mientras tanto, la justicia burguesa hace honor a su condición.

Tres semanas después del crimen, embarrada por insólitas operaciones del Ejecutivo y el Poder Judicial, la investigación está a fojas cero.

En medio de la conmoción social Fernández sumó una retahíla de torpezas que en lugar de calmar a la opinión mayoritaria, la exacerbaron en frontal oposición al gobierno. El paroxismo ocurrió cuando después de un mes de ausencia por un esguince en un tobillo, la Presidente que se había referido al crimen mediante Facebook, apareció en una cadena de difusión nacional en una silla de ruedas, vestida de inmaculado blanco, en un aparente intento por presentarse como víctima, para atacar al muerto, plantar la hipótesis de lo que ya para ella era un seguro asesinato, subrayar conceptos homofóbicos en el intento de ligar sentimentalmente al fiscal con un ayudante que, supuestamente, le habría prestado un arma de la que supuestamente habría salido la bala que lo mató y completar el espectáculo con gestos desquiciados.

Cuando tres días después Fernández apareció en China caminando normalmente, el grueso de la sociedad argentina paso del rechazo a la burla. En Buenos Aires, sus primeras espadas multiplicaban el ridículo con acciones y afirmaciones que no vale la pena reseñar, puesto que son por todos conocidas. El resultado ha sido echar leña al fuego. A esto hay que agregar que, terminada la feria judicial de enero, comenzó ya una avalancha de juicios pendientes contra adláteres de la familia gobernante, incluido el hijo de la Presidente, el vicepresidente, el jefe del ejército y un socio reconocido de la titular del Ejecutivo, por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. En breve, a ese cúmulo se sumará la denuncia del malogrado Nisman, ahora en manos de otro juez y con enorme presión de todas partes para que se lleve adelante.

Papel del imperialismo y de nuevos actores internacionales

Mientras tanto, el respaldo a la Presidente cayó al 19% (como punto de referencia: De la Rúa tenía el 23% cuando huyó en helicóptero). Al margen de estos datos, indicativos pero equívocos, lo cierto es que esta deriva lleva, en la mejor de las hipótesis, a una aplastante derrota electoral del oficialismo; pero no excluye un desenlace traumático que hoy resulta imposible predecir.

En previsión de una crisis como la que ahora detona, aunque sin imaginar que ocurriría de esta manera, la UMS adelantó hace más de un año que rechazaría toda ruptura del orden institucional, condenaría a la burguesía local y el imperialismo involucrados en la ofensiva, pero no defendería al elenco gobernante. El ataque del gran capital no es contra un gobierno empeñado, siquiera en algún aspecto mínimo, en una transformación económica o social positiva. Fernández encabeza desde hace más de dos años un ajuste calcado de los aplicados por ministros de la dictadura, de Alfonsín en su segundo período, de Menem y de De la Rúa. No es papel de los revolucionarios defender a los «burgueses buenos» de los «burgueses malos». Para poner un ejemplo clásico: era necesario defender a Kerensky de Kornilov, porque el primero representaba la revolución burguesa contra la cual se levantaba el feudalismo. En Argentina, defender a la camarilla gobernante equivale a respaldar a Obama contra los Republicanos rabiosos

Hasta en las apariencias ha abandonado Fernández su relato mentiroso: en la reciente cumbre de la CELAC, clave por muchas razones, de los 33 mandatarios estuvieron ausente 12. Los tres principales: los presidentes de Argentina, Perú y México. La bota ortopédica fue usada para dar lástima en Argentina y justificar la ausencia en la CELAC, aunque 24 horas más tarde inició su viaje a Beijing, donde curó su mal por milagro de Confucio. Y la vestimenta blanca en silla de ruedas para disimular, en medio de la conmoción por el fiscal asesinado, que su gobierno aumento en un 400% el presupuesto de los servicios de espionaje, mientras se jactaba ante el mundo por haber pagado 190 mil millones de dólares de fraudulenta deuda externa.

La presidente pasó de la frivolidad de aquel célebre video en noviembre de 2013, posterior a una de sus múltiples convalecencias -que al ser expuesta en su irresponsable inconducta despertara inesperadas reacciones- al ridículo ilevantable que la muestra ahora ajena por completo a cualquier plan de gobierno serio, le quita respaldo popular al límite de lo insostenible y abre una fase de ingobernabilidad cuyo desenlace inmediato no podemos prever.

No creemos que la oposición burguesa busque un relevo inmediato. Pero no es imposible que la situación se salga de control: detrás de este panorama político hay un acelerado agravamiento de la crisis económica, con mayor recesión, inflación desbocada y aumento de la desocupación, todo agravado por un malestar político profundo que sacude a todas las clases y sectores sociales.

Ignoramos a quién respondía el servicio de espionaje que mató a Nisman. Todas las hipótesis son posibles. Podemos citar el N° 1 de El Espejo, en septiembre de 1994, días después del atentado a la Amia, para avalar nuestra visión de lo que sacude al país:

«El atentado que destruyó la Asociación Mutual Israelita de Argentina -un acto de incalificable vesania- es impensable si no se parte de una honda fractura en las altas esferas gobernantes. Una maniobra propagandística burda, pero no por ello menos exitosa, se propuso atribuir exclusivamente a un factor externo la realización de un acto terrorista de semejante magnitud y trascendencia. Pero esa operación es impensable sin mucho más que colaboración de grupos que operan en el interior: es por la fractura abierta en el bloque de poder que se filtra la posibilidad de que alguna organización nazi -y en Argentina estos agrupamientos jamás dejaron de tener estrechos lazos con sectores de las fuerzas armadas y los servicios de información- decida dar un golpe desestabilizador de gran impacto táctico pero, sobre todo, sostenida trascendencia para el mediano y largo plazo. Que no lo hayan entendido así los comunicadores sociales apresurados por exigir mayores medidas de control y «seguridad» -es decir, más presupuesto para los servicios de información y represión muestra el grado de confusión y desamparo en el que está la opinión pública».

Basta trasladar aquella interpretación al momento actual - de hecho, nada ha cambiado en 21 años respecto del esclarecimiento de aquel atentado terrorista- para situar el debate en un terreno racional de lucha de clases y debilitamiento extremo de un gobierno burgués, que coloque la llamada «guerra de los servicios» sobre la base de la sanguinaria lucha interburguesa, a la cual no son ajenos intereses imperialistas.

Como no jugamos a los detectives, nos importa establecer que Nisman respondía a Washington vía Tel Aviv. Que su muerte golpea en el centro de la estabilidad del gobierno. Que, además, eso ocurre en el marco de una lucha de poder entre grupos de inteligencia (Jaime Stiuso, puesto al comando por Néstor Kirchner, César Milani, probado represor y desaparecedor, afirmado por Cristina Fernández como base de una organización de espionaje superior a la SIDE, ahora formalmente disuelta). Que el giro de Fernández respecto de Irán se inscribe en un vuelco diplomático más general, que abandona por un lado el compromiso real con la unidad latinoamericana y por otro reemplaza la subordinación a Washington por apresurados negocios y acuerdos en diferentes áreas con China, todo hecho con absoluta prescindencia de la alegada política de «vivir con lo nuestro», «sustituir importaciones» y «fortalecer la soberanía».

Gobierno en colapso y tareas de los revolucionarios

A la par de estos acontecimientos, mientras la burguesía opositora busca armar un bloque único para ganar las elecciones y enarbola, como carnada, la idea de condenar, encarcelar y expropiar a los corruptos, Fernández sólo parece empeñada en garantizar su impunidad luego del 10 de diciembre, cuando en teoría deberá entregar el bastón de mando. Los corruptos de siempre, falsamente escandalizados por el descontrolado saqueo actual, se aprontan a ocupar el lugar

Proponen el «nunca más a la corrupción». Intentan repetir, en las condiciones actuales, la operación de ilusionismo llevada a cabo en 1983 por quienes comprendieron que para sostener la gobernabilidad tras la dictadura debían condenar a los represores

Los encargados de esa operación son tres: Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri. Todos probados aliados del gran capital.

Massa, agente directo de Washington. Macri, miembro de la Internacional Parda, el fascismo internacional encabezado por Uribe y Aznar. Scioli, formado durante el gobierno de Menem. El gobierno no tiene candidato propio y, hasta el momento, parece que terminará apoyando a Scioli. En esto desembocan 12 años de un falso «gobierno nacional y popular».

De manera que, por el lado que se mire, Fernández y su elenco son indefendibles. La tarea de la militancia revolucionaria es acelerar en la construcción de una alternativa de clase, latinoamericanista, antiimperialista y anticapitalista.

Debemos hacerlo en durísima inferioridad de condiciones, como resultado de la penetración de ideas burguesas en nuestras filas, la división y confusión, las innumerables operaciones financiadas por el gobierno y llevadas a cabo por fuerzas reformistas e incluso pseudorevolucionarias para impedir la consolidación de un partido de masas, plural, democrático y revolucionario.

Pero el inexorable desmembramiento de la coalición (para ser más precisos, podría llamársela runfla) gobernante, que hoy aniquila al PJ, arrastrará también a innumerables formaciones reformistas, oportunistas y centristas que contribuyeron, acaso de manera decisiva, a impedir el surgimiento de una fuerza revolucionaria que unificara a la mayoría del activo y se enraizara en las masas.

Así quedará abierta la posibilidad de plasmar una unión federal del activo antiimperialista y la creación de una fuerza política nueva. Posibilidad, cabe subrayarlo, no implica realización cierta. Eso depende de la voluntad revolucionaria, firmeza programática, solidez estratégica y una enérgica disposición para la acción.

Como saben nuestros militantes, simpatizantes y lectores, la UMS no cree que eso pueda llevarse a cabo mediante cualquiera de las formaciones actuales por sí mismas.

Y sólo instrumentalmente podría ser apuntalado por la catarata de elecciones que viene, en medio del desbarajuste del sistema político burgués y la crisis económica que sólo podrá agravarse en el corto y mediano plazos, sea cual sea el resultado de la lucha por el poder entre las fracciones del capital.

Reiteramos nuestro llamado a una participación electoral en ese sentido, sin candidato presidencial, con un amplio bloque de personalidades antiimperialistas que se ubique como punto de referencia general, y mediante la utilización de las Paso para escoger candidatos a legisladores a todos los niveles, en todo el país, de modo de imponer un poderoso bloque de legisladores antiimperialistas en el próximo Congreso.

Convocamos a reafirmar tales objetivos en torno a un accionar conjunto que condene la inanidad oficial frente al comienzo del empleo de la violencia armada para dirimir peleas interburguesas, que exija la disolución real y comprobable de la SIDE, imponga la destitución de Milani, bregue por el cese de los pagos por ilegítimo endeudamiento externo (que este año suma más de 14 mil millones de dólares), defienda un aumento de salarios y jubilaciones equivalente a la inflación del 40% y exija el alineamiento de Argentina en la defensa de la Revolución Socialista Bolivariana, frente al descarado plan golpista que Estados Unidos aplica por estos días contra Venezuela.

7 de febrero de 2015

Eslabón Año XX - Nº 125 – UMS  -Unión de Militantes por el Socialismo