Al llegar ayer del paseo con mis perritas Saskia, y Freja, Luis me esperaba con cara desencajada y los ojos vidriosos. Me sorprendió verlo así. ”Qué pasa?” pregunté. ”Claudio me acaba de decir que murió Eduardo Galeano”. Me apoyé en la mesa con los ojos en blanco y la boca abierta. Las cimarronas me miraban alerta y desde el living se escuchaba la voz de Loke gritando su propio nombre ”Loke, Loke”. Traté de encontrar la razón que me ayudara a ver que lo que acababa de escuchar no era cierto. Busqué por el lado de la equivocación y el malentendido la defensa ante tanto dolor. Luis se acercaba rápido para ayudarme y yo le dije ”Se debe haber equivocado. El escritor muerto es Günter Grass. ”Los dos han muerto hoy”, escuché, mientras me sentaba tratando de respirar.(Nej,nej!)
En la cabeza se me mezclaban recuerdos, El Tamborcito de Lata y Las Venas Abiertas de América Latina. Yo nací a unos pocos años del fin de la Segunda Guerra Mundial y recuerdo todavía los efectos del racionamiento, lo oscuro de mi ciudad Övik en invierno, la mala calidad de la ropa, y la poca variación en las comidas. (Efterkrigstiden.)
Cuando leí el Tamborcito de Lata, hace ahora mucho tiempo, sin ningún esfuerzo me pude hacer cargo de lo infantil y primitivo del ser humano europeo, deambulando entre ruidos de cañones y gritos de hombres bestias, el pueblo alemán representado por una parejita de enanos que deseando ser imperiales y poderosos les tocaba hacer ruido con un pequeño tambor de juguete. Europa desbastada por seres de existencia enana y psicológicamente minusválidos. (Groteskt.)
Naturalmente la lectura de Günter Grass fue en mi adolescencia la continuación de las reflexiones de Nietzsche, Herman Hesse, alemán nacido suizo, y Heinrich Böll. Llenaron mi juventud, el espacio del romanticismo y sentimientos fuertes junto a lloviznas frías y cielos grises. En ese entonces nada sabía sobre leyes de mercado, sobre ganancias acumuladas, ni la necesidad del mecanismo social que destruye civilizaciones fecundas ricas poderosas para poder vender y comprar. Fue mucho más tarde que escuché hablar del plan Marshall y del milagro alemán, que no lo fue tanto. Se trató de las finanzas de los bancos yanquis uniéndose a la fuerza de trabajo curda y turca, a pesar que los medios de comunicación de la época nos bombardearon ya, y mucho más eficazmente después de Goebbels, de lo generosos que eran los yanquis. También fue la época en que me enteré del cine de Fassbinder y Ana Shygulla y de Ingmar Bergman
Ayer escuché un video en el youtube donde Galeano explicaba que durante los primeros años de la dictadura, por poca experiencia en el manejo de la censura los milicos permitieron que Las Venas Abiertas de América Latina circularan casi libremente por centros de estudios y prisiones. Recordó que el último golpe de estado anterior, allá por los años 30, había sido ejecutado por el cuerpo de bomberos. Se ríe en el video cuando imagina que los milicos creyeron en principio que se trataba de un libro de medicina y el momento en que uno de ellos lo abrió y exclamó ”Esto no tiene nada de medicina”
Yo no estoy muy segura de esto último, porque a mí, creo que me curó de cierta soberbia eurocentrista que me hacía mirar hacia América Latina o África como continentes donde campeaban los más bajos instintos y las gentes eran demasiado primitivas. Galeano con sus Venas Abiertas produjo el efecto de una cascada de agua helada y fría sobre mi cabeza. América Latina rebosante de riquezas naturales, materias primas, comodities y mano de obra muy barata. Los bancos las fábricas, las fábricas de armas de los países desarrollados se lanzan sin reparos, sin derechos humanos, tratando siempre de tener una iglesia que los justifique y los medios de comunicación masiva que argumenten a favor de su saqueo y muchas veces genocidio de pueblos originarios a los que llegan para salvarlos con vacunas mientras les roban la información genética que los adaptan al medio en que viven. De ahora en más si quieren usar su propia sangre, tienen que pagar a los dueños de la patente
Galeano fue el primero que me puso frente a la realidad de un continente ferozmente desangrado por la fina cultura y civilización de los poderosos que también son dueños de las fábricas de armas y los tratados de libre comercio. Después de Galeano me fui a buscar a Asturias, a los Arguedas, a los Ciro Alegría y Vargas Llosa (por lo menos el primero) y el gran, grande García Márquez. Sin olvidarme de esa mujer fuerte que podría haberse llamado Latinoamérica, que fue Doña Bárbara de Rómulo Gallegos
Y todo esto antes de los existencialistas franceses y más aún de Marx, Engels, Babeuf y de Malatesta y Bakunin y también de Fidel y del Che Guevara (Que es mi héroe nacional). Todos vendrían después de Eduardo Galeano. Incluso mi vida en estas tierras hoy, el ser la compañera de Luis, amiga de nuestros compañeros, con los que hablamos, charlamos, discutimos y a veces nos enojamos y dueña o madre de mis mascotas. (En helt ny värld.)
En esta noche que pasó mi cabeza ha estado ocupada en algo que dijo Luis. Galeano esperó hasta hoy para no terminar su viaje junto a ese milico tan facho llamado Iván Paulós y de alguna manera si me dormí fue pensando en un video que ayer vi donde explicaba Eduardo Galeano con esa voz tan sonora y clara que los niños al nacer el primer gesto que hacen cuando dan el primer grito es levantar los brazos como si fuera un abrazo. También decía, y no lo estoy repitiendo literalmente, que algunos médicos habían comprobado que los viejos al momento de morir y como último gesto levantaban sus brazos, también como si fuera un abrazo
Entre esos dos aleteos transcurre el viaje. Saskia, Freja y Loke jamás han escuchado ni saben que es Galeano pero sienten mi tristeza y mi dolor. Saskia apoya su cabeza perfecta sobre mis rodillas y mira mis ojos interrogándome. Loke camina sobre mis hombros haciendo ruiditos y Freja sentada detrás de Saskia me mira sin saber qué actitud es la más adecuada a la situación. Yo siento que perdí un amigo muy cercano al que le debo una cantidad de decisiones que he tomado en la vida y al que nunca vi personalmente. Según él abracadabra significa envía tu fuego hasta el final. Creo que Eduardo Galeano lo ha hecho. Ha enviado su fuego hasta el final.
Abracadabra!