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Argentina entrampada: Entre el imperialismo y las mafias

En 2016 comenzará una nueva fase de la lucha de clases. La ficción de recuperación económica dejará un panorama de devastación y saqueo con pocos prece­dentes. Pero aún estamos bajo las relaciones de fuerza impuestas por la incapacidad de articular una respuesta revolucionaria en 2001/2002. A siete meses del cambio de gobierno la clase obrera, el conjunto de sus aliados estratégicos, la ciudadanía toda, está presa en una  trampa electoral y no se ven signos de reacción social para impedir que sea validado por votos un candidato del imperialismo o la continuidad de las mafias, que por supuesto están también imbricadas con el gran capital local e internacional. La tarea de los revolucionarios consiste en hacer los mayores esfuerzos por mostrar esta realidad a las masas y prepararse programáticamente y organizativamente para afrontar lo que viene.

 Este ejemplar de Eslabón apa­rece dos semanas antes de la huelga general convocada por los sindicatos del transporte y avalada luego por la CGT. Ya los síntomas de la grave crisis estructural están a la vista de todos. El gobierno se limita a camuflar esos signos y postergar su estallido para después de las elecciones y el traspaso del poder. Las diver­sas expresiones de la supuesta “oposición” dejan hacer. Por interés, pero también por inca­pacidad para evitar los daños crecientes infligidos a la ma­croeconomía capitalista por una camarilla desaforada.

Jamás en un siglo y medio las clases dominantes en Argenti­na han atravesado una coyun­tura de tanta disgregación y debilidad estratégica.

No es el gobierno de Cristina Fernández la causa de este trance dramático. A la inver­sa: es por la crisis estructural que sacude al país, detonada en 2001 y reaparecida con rasgos diferentes desde 2012,   que un elenco como el que actualmente ocupa la Casa Rosada pudo arribar y ejercer tales funciones.

La burguesía salió de la gran crisis que arrolló al gobierno de la Alianza mediante una alquimia desesperada. Aho­ra paga las consecuencias, aunque éstas no son todavía visibles para el ciudadano común. Como en 1995 y 1999, el descontrol económico no es perceptible para las mayorías. Y la apariencia de la realidad política está dominada por un hecho tan paradojal como incontrovertible: otra vez los aparatos políticos de la bur­guesía absorben el voto de una mayoría abrumadora de la clase trabajadora, de las clases medias y de las capas más pauperizadas y excluidas de la sociedad (las elecciones Paso en Capital Federal muestran que la propuesta fascista de Mauricio Macri tuvo resulta­dos arrasadores en las villas miseria de la Ciudad.

Anestesiada, la sociedad ar­gentina en su conjunto, con la clase trabajadora como centro vital, elige a sus verdugos en un festival electoral cuya na­turaleza antidemocrática está a la vista. Éste es otro aspecto relegado del análisis por el conjunto político involucrado en él, así como por los acadé­micos al servicio del sistema: Argentina ingresó a una etapa abiertamente antidemocrática sin que los partidos y la in­teligencia tomen nota de lo ocurrido

Llevamos ya un año entero de campaña electoral ininterrum­pida y el proceso comicial recién comienza. A un costo calculado por el diario La Nación en 100 millones de dólares para cada uno de los tres candidatos principales del capital, se vive una orgía publicitaria sin precedentes. Los medios de difusión del capital, opositores y oficia­listas, acompañan este degra­dante ejercicio de mentiras y ocultamientos, en el que los candidatos presidenciales y algunos de sus adláteres (no más de una docena en total) giran por todos los programas de radio y TV, donde repiten diariamente versículos dicta­dos por asesores tan ignoran­tes como ellos. El sistema ha llegado al extremo absurdo de que los habitantes de varios distritos, por ejemplo la Ca­pital Federal, deberán votar 6 veces entre abril y noviembre. Si la democracia burguesa es una caricatura grotesca de la genuina democracia, esto es un remedo nauseabundo de la democracia burguesa.

En el mismo lodo…

Al compás de esa degrada­ción del sistema, los aparatos políticos de la burguesía transitan una fase de decadencia extrema. Fragmentados y co­rrompidos hasta lo indecible, sin un solo líder reconocido y respetado como propio por las masas, ofrecen un espectáculo repugnante de incapacidad e inmoralidad individual, rodeada por la ausencia de principios, programas y estra­tegias. Los denominados “po­líticos” pasan de un partido al otro, de un bloque a su contra­rio, con absoluto desparpajo. Una pretendida adalid del republicanismo, Elisa Carrió, tomó la delantera ya desde el año pasado para arrastrar al bloque socialdemócrata Unen tras la candidatura de Macri, el ahijado de la Internacional Parda. Convención mediante, la UCR se sumó a esa política indigna y suicida.

El candidato oficialista, en­carnación de lo inverso que dice representar el oficialis­mo, esgrime como principal valor para ser presidente su capacidad para decir nada y hacerse el idiota repitiendo el latiguillo de “tengamos fe y esperanza”. No obstante, tiene el respaldo de las dirigencias de los principales sindicatos y, por ello, tras el impulso dado a Macri por el vuelco de la UCR y la bendición del G-6 (núcleo de las principales empresas de capital nacional y transnacional), succiona a candidatos desesperados del bloque presidido por Sergio Massa, tercero lejos ahora en las encuestas.

Para revertir esa caída, Massa hizo un acto de masas el 1º de Mayo. Direcciones sindi­cales amarillas e intendentes corruptos, todos desesperados por la inminencia de una de­rrota anunciada, llevaron más de 50 mil personas al estadio de fútbol del club Vélez Sars­field. Sin contar la publicidad, ese acto no puede haber cos­tado menos de 30 millones de pesos. Pocos días después, una de las figuras de ese acto –la única mencionada por Massa en su discurso- rompió con el candidato y pasó a ofrecerse al mejor postor. La farsesca “re­volución de los intendentes” se muestra en toda su dimensión de estafa política

Mientras tanto, para celebrar el día del trabajador la CGT emitió un comunicado, la Presidente despachó un twit y el denominado Frente de Izquierda y los Trabajadores realizó una concentración en Plaza de Mayo, donde reunió varios miles de asistentes, que escucharon cómo se debe hacer para obtener más votos en la catarata electoral en curso. Ese sector neo-so­cialdemócrata propagandiza como un triunfo el resultado electoral en las Paso de Capital Federal, porque con el 2,26 % le ganó a todas las demás expresiones electorales de la izquierda (0,40 el MST, 1,4 la UP [CTA], 0,2 Libres del Sur….). Para semejante análisis no cuenta que el 92% de los votos válidos fueran a candidatos que se proclaman a sí mismo representantes de la burguesía.

Los asesores de Massa vieron en este cuadro la exigencia y la posibilidad de presentarse como abanderados del pero­nismo redivivo. El informante de la embajada yanqui hizo un discurso radical: elimina­ción del impuesto al salario, cárcel para todos los corrup­tos, limpieza total de todos los cargos donde el gobierno coloca desde hace dos años a miles de funcionarios de la Cámpora…

Con tales promesas, avaladas por el equipo que acompañó a Eduardo Duhalde en su agi­tada presidencia 2003-2003, Massa intentó revertir la fuga de aliados. No lo logró. Y pasó a asumir públicamente la exi­gencia del imperialismo y el gran capital –denunciada hace meses por Eslabón- para hacer un bloque único de la oposi­ción. Propone ahora sumarse a una Paso junto con Macri. De hecho, éste acompañó a Massa en las legislativas de 2013. Para esa elección, en realidad Scioli desistió a último minuto de romper con el oficialismo como lo hizo Massa, por lo cual no es impensable tam­poco un vuelco de éste en un acuerdo con aquél. Tal el grado de desorientación, debi­lidad y ausencia de cualquier principio y programa por parte de los tres candidatos con los cuales la burguesía ganará las próximas elecciones.

En cualquier hipótesis, ése es el verdadero problema: aun sin partidos, ni genuinos sindicatos, ni dirigentes con un mínimo de respetabilidad ante la población, el capital continúa con el control elec­toral absoluto de las grandes masas. Una práctica desplega­da al margen de esta certeza no es ni podría jamás ser una política revolucionaria. Inclu­so en el caso –para nada des­cartable- de que en un futuro próximo las masas produjeran un drástico vuelco electoral, es claro que tal posibilidad no se canalizaría a través de esta neosocialdemocracia que en lugar del rugido de la revolución emite lastimeros maullidos de gatito en busca de leche.

Sindicatos al servicio del capital

Mientras tanto la CGT y sus aliados para el exitoso paro general del 31 de marzo, desecharon la continuidad inmediata de un plan de lucha. Subordinaron explí­citamente nuevas medidas reivindicativas al curso y los requerimientos en la lucha interna de los tres grandes bloques burgueses. Un sec­tor de la CGT-Moyano apoya a Scioli, otro a Massa y un tercero llega a lo impensable: glorifica a Macri. El titular de la UTA, alineado con la CGT oficialista, calificó al candidato fascista como “el mejor peronista”. En la CTA disidente la cú­pula dirigente se divide entre quienes apoyan la propuesta socialcristiana de UP y quienes ensayan pasos de alianza con el Gen de Margarita Stolbizer, quien ocupa el lugar dejado vacante por Hermes Binner y representa el ala socialde­mócrata negada a sumarse a Macri. En otras palabras: la independencia política coyuntural y estratégica de la clase obrera no tiene absolutamente represen­tación política para estas elecciones

Quienes verbalmente sostie­nen esa bandera, la niegan con su política concreta, no sólo por caer en la ceguera sectaria de desconocer la dinámica concreta de las clases frente a la crisis. También lo hacen porque se ubican en la vereda contraria al proceso revolucionario latinoamericano: califican a las direcciones de los países del Alba como aliados del imperialismo y se ofrecen como agentes de la confusión, el desánimo y el desarme para la vanguardia con­tinental, en un momento clave de frente único antimperialista.

El costo de este juego

Bajo esta hojarasca en estado de putrefacción, avanza la crisis económica del capital, llevada al paroxismo por la ca­marilla gobernante. Para evi­tar la explosión latente desde hace dos años, han frenado la economía y producen un ajuste clásico mediante la mortal combinación de recesión e inflación. Con objetivo exclu­sivamente electoral ensayan ahora un auge de consumo de cortísimo plazo (“todo en 12 cuotas”). Supuestamente este impulso se vería acentuado por los aumentos de parita­rias. Y crearía un nuevo clima para mediados de año, antes de las Paso presidenciales del 20 de agosto. El propósito es convencer a una porción del electorado (cuyo eje está en la clase obrera formalmente empleada y con mayores in­gresos), de que el ajuste en ortodoxo en curso desde hace un año y medio no es tal y que se retorna a la bonanza.

Todo lo contrario es verdad. En los últimos 10 años el gobier­no ha pagado 220 mil millones de dólares al capital financiero por intereses y amortizacio­nes. Menem aparece como tímido aprendiz de entre­guista al lado del matrimonio Kirchner. Y para camuflar la realidad y mantener la mentira como discurso oficial pseudo progresista, ha provocado una suma de desequilibrios macroeconómicos más grave que el existente al fin de la convertibilidad. Aquél estaba casi exclusivamente centrado en el desfasaje en el precio del  dólar. Ahora, con una distorsión algo menor en ese sentido, pero de todos modos muy elevada (los economistas de la burguesía calculan en $15 el dólar para ellos necesa­rio), hay otro aspectos en los que el saneamiento inevitable para el capitalismo golpearía simultáneamente y de manera durísima sobre los asalariados y la masa desempleada (alre­dedor del 16%, según la CGT), además de otro vasto sector hoy contenido con planes sociales sin contrapartida en ingresos genuinos para el fisco

El G-6 exige ahora con mayor énfasis que el conjunto de la pseudo oposición vaya a elecciones con fórmula única. A la fecha es imposible saber si lo logrará. En cambio, con el concurso de Jorge Bergo­glio las facciones sindicales tienden hacia la unificación. El capital no puede confiar en la capacidad de sus partidos y redobla expectativas en el papel de las dirigencias sindi­cales, convertidas en garantía del sistema. Por eso se realiza la huelga general del 9/6.

Esta huelga cambiará las re­laciones de fuerza entre las facciones del capital, pero no entre las clases: los trabajadores van en silencio a remolque de di­rigencias que no son propias

Hay que subrayar, sin em­bargo, que el resultado de la medida de fuerza, con certeza altamente exitoso, afectará duramente al elenco gobernante y, potencialmente, abre espacio para que la crisis política desequilibre al régi­men. Hemos repetido que ese desenlace está latente desde hace tiempo.

Por supuesto la UMS apoya la huelga y participa de la movilización a Plaza de Mayo y otras que se decidan. Pero hace los mayores esfuerzos por explicar al menos a la vanguardia sindical el verda­dero significado estratégico de esa medida: acumulación política a favor de direccio­nes total y completamente comprometidas con el sistema capitalista y, en muchos casos, con las peores expresiones de éste, como lo son las mafias enquistadas en sindicatos, clubes de fútbol y organismos del poder burgués (Ejecutivo, Legislativo, Judicial, poli­cías, fuerzas armadas…). Al día de hoy las masas están entrampadas y van hacia un apoyo político a sus peores enemigos, como lo certifican las elecciones parciales hasta ahora realizadas

El costo para la burguesía de contar con las cúpulas sindica­les tiene su precio en términos de distribución de la renta. Y el hecho es que la crisis general y propia no deja margen para una operación de largo aliento en ese sentido.

De modo que, con mayor o menor incidencia de las cúpu­las sindicales, con uno u otro candidato vencedor, el fin de fiesta será más que duro; la desagregación en las cúpulas aumentará y tenderá a repro­ducirse en las masas, que a su vez estarán ante la obligación de asumir y dar respuesta a la brutal agresión económica que viene. Para eso está el general Milani, involucrado en desapariciones y torturas durante la dictadura, en la jefatura del ejército, sostenido por la Presidente y avalado por toda la pseudo oposición.

Como adelantamos en la Reso­lución del Plenario Nacional de febrero de 2014, nuestro país avanza hacia una situa­ción pre-revolucionaria. Y esto ocurre sin organización y conducción revoluciona­ria posible a la vista en lo inmediato. Así, sobre todo a partir de la desagregación social hoy dominante en el país, el riesgo de una deriva fascista para salir al cruce de ese inexorable alza de masa es evidente. Sólo la enajena­ción sectario-socialdemócrata puede desconocerlo.

Para grupos y organizaciones revolucionarios este cuadro de situación plantea un desafío de alcance histórico. La UMS reitera desde hace mucho su llamado a una Organiza­ción Federal para la Revo­lución Argentina. Es hora de comenzar a llevarlo a la práctica, incluso en medio de la antidemocrática y enajenante ola electoralista que envuelve al país.

ESLABÓN-Unión de Militantes por el Socialismo

21 de mayo de 2015 Año XX - Nº 127