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LA MENTIRA DE LA TRANSICIÓN EN EL MARXISMO LENINISMO (5)

Stalin “el malo de la película”

¿Porqué Stalin cayó en desgracia? Es los hechos las atrocidades de la época de Stalin son la continuidad perfecta con el terrorismo de Estado de la época de Lenin y Trotsky, pero la historia oficial exagerará las diferencias, ocultando sistemáticamente lo que había sucedido en aquel primer período. A la apología generalizada y divinización descomunal de Stalin que llevaron, hasta la CNT española, en nombre del anarquismo y el antifascismo, a hacer su alabanza, hasta al poeta Pablo Neruda a escribirle loas (“Loas a Stalin), sucedió un período en el cual la “autocrítica” estatal terminó por achacarle al siniestro personaje las culpas de todo. El estalinismo real fue apoyado prácticamente por demócratas, socialdemócratas incluyendo muy especialmente sus variantes libertarias durante décadas. El punto más álgido de esa alianza sin principios fue el antifascismo en donde “comunistas” y “anarquistas” aplaudían a Stalin y a los generales yanquis que tiraban las bombas atómicas antifascistas.

Como en tantas otras oportunidades muerto “el déspota” sus secuaces tratan de achacarle todo al personaje para asegurar mejor la continuidad del despotismo. Se falsifica la historia haciendo del Dios un Demonio. ¡Hay que para lavarle los colmillos sangrientos a la inmunda jeta del Terrorismo de Estado! ¡Como en el Cono Sur cuando los “civiles” culpaban a los “militares”!  Cuanto más mal se decía de los excesos de Stalin mejor se aseguraba la continuidad del terrorismo de Estado histórico, el zarismo zarista de rojo por los bolcheviques.

Por supuesto que el fin del estalinismo real no tuvo nada que ver con el fin del Dios Stalin en el culto oficial. Cuando sacaron su cadáver del Kremlin, y lo escondieron en los placares como al amante impresentable, el modelo todavía persistía y públicamente todo era “socialismo próspero” y triunfo en la competencia capitalista. ¡Hasta iban (decían) ganando en la “carrera espacial” frente a los yanquis gracias a los sputniks!

La principal razón de la “caída” en desgracia de la imagen de Stalin se debe simplemente esa necesidad permanente del Estado de renovarse y sacarse los eminentes personajes que la opinión pública liga al terrorismo de Estado. Aunque el terrorismo de Estado continúa (y ¡Si que continuó!) hay que renovar el personal para lavar la imagen. ¿quién dijo que el capital no es acumulación y cambio permanente más que el esquematismo del mismísimo marxismo leninismo?

Ello no quiere decir que el estalinismo haya sido un fracaso. El estalinismo aseguró la contrarrevolución rusa e internacional. Es decir el desarrollo capitalista en base a un tremendo “esfuerzo productivo” de la masa proletaria que había teorizado Lenin. Además gracias a la sumisión de todos los Partidos “comunistas” a dicha política, liquidó todo lo que quedaba de autonomía del proletariado en el mundo (tanto ideológicamente como por el terror Estatal importado). Transformó un Estado decadente y en descomposición por su vetusta apariencia “feudal” [1] (zarista) en una potencia militar e imperialista mundial de primer orden. ¡Cuando escribo estas líneas (9 de mayo 2015) presencio con estupor la muestra del poderío militar y terrorismo de Estado de la Rusia imperial en el día del triunfo en la “guerra patria” contra el nazismo!

Pero ese triunfo de la contrarrevolución estalinista y del disciplinamiento y sometimiento internacional del proletariado al capital no logró nunca hacerse extensivo a un disciplinamiento intercapitalista, ni transformarse nunca en una disciplina del capital frente al Estado. El capitalismo de Estado, que tanto admiraba Lenin, no llegó nunca a concretarse, tal como aquel imaginaba, controlando la economía, ni eliminando la lucha interfracciones. El capital actúa como capital imponiéndose frente a la voluntad política. El estalinismo nunca pudo imponer sus imperativos frente a el caos de la lucha intercapitalista, el mercado y la ley del valor. Objetivamente la ley del valor no obedeció nunca a los déspotas estatales, ni jamás se podrá hacerla obedecer a la voluntad política. La explicación de eso, es lo que Marx les había dejado de “regalo” envenenado.

En efecto todas sus pretensiones de hacer de la planificación la dirección de la economía fue un fracaso total, las cifras eran sistemáticamente falsas y falsificadas por los burgueses y sus intereses particulares, como puede comprobarse por los gigantescos marcos de error que encontraban los propios planificadores de Moscú. O dicho de otra manera: por más autoritarismo y terrorismo de Estado, el Kremlin nunca pudo disciplinar realmente al capitalismo y la competencia capitalista triunfó en toda la línea frente a los gobiernos que terminaron “confesando” como había previsto magistralmente Amadeo Bordiga el carácter capitalista de todas las relaciones sociales

Hasta la mentira histórica más importante del estalinismo se vino abajo: “el socialismo” y “la planificación”. Poco a poco se fue abandonando la pretensión de controlar la economía y aceptando públicamente lo que sabían los “economistas”: “esto no lo controla nadie”, la no existencia de crisis pertenece a la utopía y había sido todo propaganda. No podemos analizar aquí este fracaso, pero el pragmatismo de los estalinistas modernos se basó en la oportunidad de echarle también la culpa al estalinismo de autoritarismo, de no ser lo suficientemente liberales. Así cuando deciden sacarse de encima el cadáver de Stalin lo culpan no sólo de lo peor del terrorismo de Estado, sino por “dogmatismo socialista”, la falta flexibilidad frente al mercado. En síntesis la desestalinización implicó cada vez más un reconocimiento del reinado capital mismo, la libertad de empresa, el funcionamiento sin trabas del mercado. Hasta el discurso se tuvo que hacer menos socialista y comunista y al capitalismo se lo volvió a llamar con su nombre, confesando una realidad cuyo secreto de Estado había sido ocultarlo. Durante las últimas décadas solo los extranjeros hablaban de socialismo y otras ideologías; en Rusia y todo el imperio del Este nadie más creía nada. Era un verdadero mito ajeno a las relaciones sociales mismas, era un manto ideológico solo de exportación

Nosotros no podemos tragarnos la píldora de que ahora si cambiaron algo esencial: la desestalinización fue más de lo mismo, con menor pretensión de resolver todo desde el poder central. La tiranía política siguió siendo lo mismo, toda la flexibilidad se concentró en lo económico aplicando las recetas más liberales de la burguesía mundial

Sobre todo luego del derrumbe del imperio Soviético y las sucesivas autocriticas de los propios servicios secretos rusos. Solo se buscaba lavarle la sanguinaria jeta al Estado ruso. Al proletariado de la región Rusa le  presentaron jetas, de esos mismos servicios secretos, vestidos cada vez más a la occidental y a lo “democrático”. Ya no lo llamaban como Generalísimo como a Stalin o Franco. Habían decidido incinerar a Stalin en nombre de las “nuevas” necesidades de la economía. Desde Stalin a hoy lo que más cambiaron son los trajes de los milicos importantes que dirigen el Estado: ya no se visten de “autoridad”, de milico…., sino con el mismo traje y corbata que los otros jefes de Estado del mundo. Lo único que había realmente cambiado era que el traje y la corbata se habían puesto de moda y que los Generalísimos como Stalin [2] y Franco habían pasado de moda.

En el resto del mundo, desde entonces el estalinismo no se reivindicó más como tal. A la sucesión de cuadritos Marx, Engels, Lenin y Stalin  (¡Trotsky o a Mao!), le suprimieron el de Stalin. ¡Así de simple!  Hicieron desaparecer la imagen de Stalin y sin hacer ninguna crítica de fondo de lo que había sido el marxismo leninismo y la esclavitud en la URSS y sus campos de concentración consideraron que bastaba con eso.

Contra ese voluntario “olvido” del siniestro personaje de Stalin, me parece fundamental denunciar la maniobra. Denunciar todo marxismo leninismo como estalinismo, agregando además que el estalinismo no cambió en absoluto, aunque los estalinistas se presenten más bien como leninistas, como marxistas leninistas como trotskistas o lo que sea, cuando callan y esconden lo que significó el marxismo leninismo en la práctica en términos de esclavitud humana. Aunque callen su estalinismo lo importante es denunciar la concepción misma de ese socialismo burgués que condujo a la esclavitud de una sociedad basada en campos de concentración.

Por más que repitan que “no son estalinistas”, el marxismo leninismo como ideología estatal no podrá borrar las huellas de las masacres que la ideología de Stalin, el marxismo leninismo como religión de Estado realizó. ¡Como si el marxismo leninismo fuera en serio las ideas de Marx combinadas con las de Lenin y ocultando sistemáticamente que no había sido más que una invención ideológica y religiosa del terrorismo de Estado ruso!.

¡En realidad nunca hemos visto a los supuestos marxistas leninistas que dicen no ser  “estalinistas” denunciar lo que fue en realidad la apología del trabajo y la sociedad del trabajo y la represión en la época de Lenin, Trotsky y Stalin!

Quieren separarse del cadáver putrefacto de Stalin, pero no tienen la valentía de denunciar la esclavitud real que fue el leninismo, el estalinismo y el marxismo leninismo! Tampoco denuncian que, todas esas jetas democráticas del Estado terrorista ruso, son caretas decididas en la vieja e inmunda policía política del terrorismo de Estado: la KGB. ¡La misma que torturó durante todo un siglo a  millones de seres humanos! Al contrario hay muchos que hoy se reciclan apoyando a los Putines y otros milicos y siguen aplaudiendo el despotismo del militarismo e imperialismo ruso.

Y para terminar ¿qué decir de la lucha contra la impunidad? Es que se puede honestamente luchar contra la impunidad en América Latina denunciando el siniestro papel que jugaron las potencias occidentales (Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Israel…) y seguir siendo cómplices de la impunidad del estalinismo, del “marxismo leninismo”?

Me parece que es lo mínimo que se debe denunciar si se quiere analizar objetivamente las relaciones sociales de cualquier país: sin denunciar la religión de Estado que justificó la esclavitud capitalista de los campos de concentración en nombre de un supuesto “socialismo” no se puede aceptar hablar enserio de “transición del capitalismo al socialismo”


[1] Atención: no sostengo para nada que el zarismo era feudal, pues en los hechos era tan capitalista como el estalinismo. El cambio también aquí fue entre un Estado debilitado y en desbandada, tanto por su capacidad para hacer trabajar a la masa proletaria como para hacerlo luchar por la nación (el derrotismo revolucionario era generalizado); a un moderno Estado con alto poder de aumentar al máximo la cantidad de trabajo como para hacerlo marchar al paso de la guerra nacional y luego triunfar en guerra imperialista. Cabe señalar que en plena “Primera Guerra Mundial” hubo estrategas militares que fueron conscientes de la capacidad militar de los bolcheviques para hacer lo que el zarismo no lograba: que la “Gran Rusia” mantuviera su potencia militar e imperial

[2]  Para ser exacto, debo señalar que el propio Stalin prefirió el cargo de Mariscal de la Unión Soviética, como grado supremo del Imperio soviético y el Ejército Rojo, al de Generalísimo que le propusieron en 1945