EL PAÍS DE LA MENTIRA DESCONCERTANTE
de ANTE CILIGA
EL ESTALINISMO DEL TROTSKISMO Y EL HORROR REPRESIVO
A pesar de que Ciliga se considera a sí mismo como miembro de la oposición oficial (trotskista) ya en sus primeras expresiones políticas se muestra mucho más consecuente que todas las oposiciones trotskistas: en vez de cuestionar el bluf del Plan Quinquenal denuncia el carácter antiproletario y antisocialista del mismo. Es decir en vez de denunciar sólo la propaganda o la burocracia o los detalles como siempre hizo el trotskismo, denuncia el carácter contrarrevolucionario, lo que desde el pique es una ruptura con el bolchevismo mismo y con la contrarrevolución aunque Ciliga no lo explicite todavía así. En realidad en esa “diferencia” se encuentra toda la contraposición entre la oposición a su majestad y la oposición clasista en Rusia, entre las oscilaciones de la crítica burguesa y los intereses revolucionarios. Toda la crítica trotskista al estalinismo es limitada y miserable (seudorevolucionaria) pues se reduce a una crítica a la “burocracia” o a un Estado obrero (sic) degenerado; en vez de ser una crítica proletaria que denuncia el carácter capitalista y contrarrevolucionario del estalinismo, del leninismo. Al denunciar el carácter robespieriano del estalinismo se limita la crítica a lo político, a lo burocracia y se mantiene la gigantesca mentira de que la sociedad ha cambiado: por eso mismo es tan importante la crítica de Ciliga señalando el estalinismo cada vez más notorio del trotskismo.
Ello no impedía que, los eternales apoyadores críticos del estalinismo, los presos trotskistas se horrorizaran ante la espantosa represión que se abatía en todo el imperio ruso en nombre de la “deskulakización” (supuesta eliminación de los Kulak, es decir de los “campesinos ricos”) que ellos mismos habían apoyado (siempre un poco “críticamente”). ¿La “obediencia debida” a su líder e ideología, los exoneraría del complejo de culpa por complicidad? ¿Es que el trotskismo hubiese podido hacer una crítica clasista del estalinismo, cuando el propio Trotsky había sido el director de orquesta del terrorismo del Estado capitalista dirigido por los bolcheviques en los primeros y leninistas años?
Ricardo
EXTRACTOS
Debuté en la vida política de la prisión escribiendo dos artículos: “Algunas premisas teóricas de la lucha de la oposición” y las “Tesis de los bolcheviques militantes”. En ellos desarrollaba las siguientes ideas: había llegado el momento de dar unos fundamentos teóricos más serios a la lucha contra Stalin; a la hora de criticar el Plan Quinquenal hay que poner el acento en el carácter anti-socialista y anti-proletario en lugar de hablar de “bluf” y de criticar los detalles
Como miembros de la oposición –proseguía– identificamos a la camarilla estaliniana con la camarilla de Robespierre y predecimos que el destino de Stalin será el de su predecesor francés. Pero nos equivocamos, pues olvidamos que la burocracia “comunista” tenía en sus manos un arma de la que Robespierre no disponía: toda la economía del país. Dueño absoluto de todos los medios de producción esenciales, la burocracia comunista se ha ido convirtiendo poco a poco en el núcleo de una nueva clase dirigente, cuyos intereses son tan opuestos a los del proletariado como lo eran los de laburguesía. Hay que organizar en Rusia la lucha económica del proletariado (reivindicaciones, huelgas) exactamente igual que en los países de capitalismo privado. Incluso hay que aliarse con los socialistas y anarquistas que podamos encontrar en las fábricas. Hay que lanzar la consigna de un nuevo partido revolucionario obrero. Ha llegado el momento de abandonar los intentos de reformar el partido desde dentro y abrazar la lucha de clases revolucionaria
Esta lucha exige, por supuesto, unos fundamentos teóricos. “Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”, escribí a modo de epígrafe en mi primer artículo. En la sala en la que yo estaba había un trotskista de Járkov, llamado Densov, buen economista, antiguo jefe de la sección de coyuntura en el “Gosplan” (plan estatal) ucraniano. Era, por decirlo así, el único trotskista que consideraba la economía soviética como capitalismo de Estado. Citaba a este respecto algunas afirmaciones de Lenin, que databan del periodo 1918-1922, y que Trotsky había desdeñado erróneamente. Densov llegó a Verkhne Uralsk una semana antes que yo; se sumó al ala izquierda de los trotskistas, sin unirse sin embargo al grupo de “bolcheviques militantes”. Fue él quien me invitó a escribir los artículos que acabo de mencionar, “para reforzar las posturas del ala izquierda”
El nihilismo de la oposición y su mezquindad a la hora de considerar el Plan Quinquenal preocupaban a Densov. “La oposición se arriesga a verse agotada, decía, por no comprender a tiempo que el reproche que había que hacerle al inmenso esfuerzo estalinista era su anti-socialismo
Hoy Solntsev y Pouchas no consideran el Plan Quinquenal más que como algo desproporcionado o un bluf, ¿pero qué dirán de aquí a dos o tres años, cuando las desproporciones del plan hayan desaparecido, cuando mejore la producción, cuando el bluf se haya convertido en una realidad económica innegable? Rakovski escribía en primavera que en otoño ya no quedaría nada de la colectivización a ultranza. Ha llegado el otoño y la colectivización continúa afirmándose
¿Qué dirá Rakovski ahora? Desde luego, hay gente que se dedica a perder el tiempo en contradecirse; pero el resto, la gente seria, ¿cómo no van a sufrir una crisis si no logran hacerse a tiempo una imagen coherente de los acontecimientos?”
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A la lucha ideológica en el “Colectivo” trotskista vino a sumarse un conflicto organizativo que durante unos meses relego la cuestión ideológica a un segundo plano. Este conflicto caracteriza la psicología y los hábitos de la oposición rusa, por lo que lo comentaré brevemente. La derecha y el centro plantearon a los “bolcheviques militantes” el siguiente ultimátum: o se disolvían y dejaban de publicar su periódico o serían expulsados de la organización trotskista. En efecto, la mayoría pensaba que dentro de la fracción trotskista no debía haber ningún subgrupo. Este principio de la “fracción monolítica” en el fondo era el mismo en el que se inspiraba Stalin para elconjunto del partido
Así fue como se formaron en el aislador, hacia el verano de 1931, dos organizaciones trotskistas diferentes: el “colectivo de bolcheviques leninistas” (mayoritarios) y el “colectivo de bolcheviques leninistas” de izquierda. Cuando se produjo la escisión, la mayoría estaba formada por unos 75 o 78 miembros y la “izquierda” por unos 51 o 52. Algunos camaradas se quedaron al margen de ambas organizaciones y formaron un grupo que defendía la reconciliación entre trotskistas. Por lo demás, ambas organizaciones sufrieron luego importantesmodificaciones tanto en sus efectivos como en su ideología. La “izquierda” se puso a editar un nuevo periódico, el Bolchevique Leninista, redactado por N.P. Gorlov, V. Densov, M. Kamenetski, P. Pouchas y A. Ciliga. Mientras se producían estas disputas, la G.P.U. seguía trabajando. Al principio fomentó la escisión, y una vez se produjo se esforzó en profundizarla. Los agentes provocadores que había entre los presos actuaban a veces con un descaro asombroso
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Era costumbre entre los presos que los recién llegados escribieran un informe detallado sobre aquello que habían visto mientras estaban en libertad y que pudiera ser de algún interés para los camaradas de prisión. Los yugoslavos hicimos como todo el mundo; y pudimos, a nuestra vez, recibir también las últimas informaciones de los que iban llegando. Las noticias sobre la suerte de los campesinos deportados nos revelaron un mundo de horror y muerte. Cuando estaba en libertad, había oído hablar, por supuesto, de las revueltas campesinas, de las deportaciones, pero no me imaginaba lo inmensa y feroz que era la represión.
Un camarada que venía de la región de Narym nos informó de que durante el otoño habían visto llegar a 100.000 campesinos deportados. Todos los edificios estaban llenos, hasta las iglesias; las mujeres y las jóvenes se entregaban al primero que pasaba a cambio de un trozo de pan. Al llegar el invierno les repartieron por los distritos más alejados y desiertos: para ellos la muerte era segura. Ahora ya podía completar el cuadro que me había hecho sobre la colectivización… ¡100.000 deportados sólo en la región de Narym y en una sola estación!
¿Cuántos serían entonces en toda la URSS durante los cuatro años que duró la “deskulakización”? Otros prisioneros contaban las miserias de los campesinos en el trascurso de su viaje al exilo. Los campesinos de Ucrania eran deportados a Siberia en trenes llenos. El viaje duraba cuarenta días; les apiñaban en vagones como si fueran ganado y no les estaba permitido bajar cuando el tren paraba en las estaciones. No les daban nada de comer y a menudo carecían de agua. Las provisiones que habían podido llevar consigo no bastaban para tan largo viaje. La gente moría en masa; vivos y muertos, provisiones y excrementos, todo se mezclaba. Habían visto a padres desesperados cogiendo a sus hijos hambrientos y rompiéndoles la cabeza con los postes telegráficos que pasaban a toda velocidad
También había muchos testimonios sobre los excesos de las autoridades del pueblo. Citaré sólo uno, que nos llegó de Siberia. Van a fusilar a un grupo de campesinos. El delegado de la G.P.U. les obliga a cavar su propia tumba. Lo hacen, se despiden, les abaten y les cubren de arena. De pronto, ante el supersticioso espanto de los asistentes, una mano se levanta y se mueve en la arena: con las prisas de la ejecución se habían olvidado de abatir a uno de esos infelices… Pero como supimos más tarde, todos estos horrores no superaron a los de 1932.
A. Ciliga