y en algún abra dejó
su perseguida pisada,
fue leyenda condenada
cuento de espanto y de robo
y el que lo empujó a ser lobo
comía la borregada
de Zitarrosa “Defensa del gaucho”
Cerrábamos el artículo anterior con una requisitoria: que se publiquen las actas de las declaraciones realizadas en el Florida por los principales detenidos que protagonizaron las denominadas “negociaciones”
Se trata de las actas de declaraciones del Sr. EFH, del Sr. Mauricio Rosencof, del Sr. Julio Marenales, del Sr. Manera Lluveras, actas de declaraciones que son previas a las que pudiera realizar otro detenido: el Sr. Héctor Amodio Pérez
Y agregábamos, que se hagan públicas también, las declaraciones de los mismos en otro lugar, Paso de los Toros, donde debieron concurrir posteriormente al traslado desde “el Florida” a Punta de Rieles
Es singular que enterada la gran prensa que lee a las páginas alternativas (y que las cita como fuentes entre las bibliografías a las que recurrieron) de estas iniciativas, se niega sistemáticamente al comentario. Son los mecanismos de lo que hemos señalado como “la autocensura”. Saber las cosas como periodistas, pero silenciárselas al público
Pasa con esto, lo mismo que pasó, cuando ciertos círculos militares, hace años, dieron a conocer a cierta prensa local, las declaraciones “del detenido especial” EFH, copia facsimilar del documento, inclusive con los sellos que autentificaban su procedencia
El documento circuló, pero la prensa grande, así como la radio y la televisión, recibieron la orden de mantener la boca cerrada “hasta nueva orden”. El asunto debía ser silenciado a cal y canto.Las declaraciones eran de 1977 e, involucraban a 39 personas que estaban requeridos por el poder militar de facto que existía en Uruguay. Se daban de ellos “perfiles psicológicos” que en algunos casos los condenaban a muerte en caso de detención. Entre ellos, el recientemente fallecido Alberto “el Loco” Iglesias, que era descripto como “hombre de armas tomar, que no se entregará sin luchar”. Es decir un pasaporte a matarlo antes que capturarlo. El declarante era el “ortiva Número Uno”, al servicio del Ejercito, su actual ministro en el ramo. El Sr. EFH
Consignemos –de paso- que el Sr. Rolando Sasso en su último libro “Tupamaros, la Derrota” edit. Fin de Siglo, abril del 2015, 286 págs., consigna lo siguiente en el capítulo 11 que lleva el acápite “14 de abril de 1972” y que abarca las páginas 153 a la 167, lo que trascribimos, en su página 165: “El martes 11 de abril de 1972 se produjo un contacto –encuentro- entre el Cristo Miguel Ángel Olivera y el Loco Alberto Iglesias que pronto tendría una importancia capital
“Alberto estaba viviendo en la ruta 1, cuando Olivera llega hasta el local y tomando unos mates le plantea la necesidad de sacar una operación de apuro, con el argumento de ganarle de mano a la Quince. Le dijeron de hacerla desde el Collar para que no la hiciera la gente de Amodio, porque había una pica entre columnas, una competencia que superaba lo razonable, tomaba rasgos enfermizos, expresión de la lucha por el poder al interior del MLN.”
“Pero a mí me importaba un huevo, porque además yo venía de la 15….”
Este señalamiento es importante porque M.A.O. era un enviado del señor EFH, lo que demuestra que este representante de la “línea humanista” era tan sanguinario como los “representantes de la línea bestia” a los que supuestamente estaba opuesto.Y lo fue hasta el 11 de abril, o sea 3 días antes de ser capturado. Cuando capturado, se convirtió de panfletario teórico de la violencia de otros, en mansa palomita, que salía a recorrer el espinel proponiendo “la rendición incondicional” y desparramando a su paso todos los “caramelos” posibles con el mismo mensaje.
Es conveniente consignar estas cosas, en momentos en que por extraña casualidad se dejan granadas anti-tanque en el terreno (batallón No. 13) donde se realizaran excavaciones en busca de supuestos cuerpos asesinados por el ejército en aquellos años, porque quizás el mismo militar que colocó la granada antitanque, conoce que el Sr. Ministro del ramo, vive por el momento, en un departamentito muy coqueto en el mismo ministerio. Y quizás él o algún otro, encuentra la forma de conectar una granada de mano a la cisterna del baño del susodicho ministro y nos da a todos la felicidad de que accionando el sistema el hombre haga la felicidad interior de todos y se suicide como Barneix.
Volvamos ahora, a nuestro tema
Cuando el Sr. Héctor Amodio Pérez, hace su reaparición –en el año 2013- era una figura olvidada, caracterizada como “el archi-traidor”. El estudio de las circunstancias llevó a muchos militantes –en el 1972 y después- a comentar que “al Negro” le habían también colgado “culpas ajenas”. O sea, lo usaron de chivo expiatorio, atribuyéndole artes y milagros que eran de otros y con una finalidad muy clara: sacarse los principales involucrados en las “denominadas” negociaciones, culpas propias. Ellos y otros asociados en dependencia directa de los mismos. Los indicios que llevaron a esas conclusiones eran muchos, entre otros cierta frase criptica de Sendic cuando se mencionaba el tema o, mejor dicho, los temas de la traición: “Dejemos las cosas como están”
Después sería el mismo Sendic, el que habría de sufrir en carne propia, las ramificaciones del poder de intriga, de sus antiguos camaradas dirigentes, cuando estos hicieron circular la versión: “de que estaba loco”
Héctor Amodio Pérez, despierta entre la vieja militancia sentimientos muy fuertes: es la personificación –con otros- del personaje del traidor. El hombre que traiciona a sus compañeros, el hombre que viola los pactos no escritos de lealtad, rectitud, decencia y dedicación a la causa de la revolución social. Eso y “la derrota” bullen todavía en la sangre de todos los militantes.
Para las “vacas sagradas” el tema es diferente. Para la dirección particularmente EFH, Julio Marenales, y también para otros que estuvieron en cargos de responsabilidad y dirección, es el hombre que puede hacerles bolsa, las “historias” cuidadosamente mentidas. En esta situación se encuentra “el referente” José “Pepe” Mujica, su señora esposa “la Tronca” Topolansky y muchos otros más que ejecutaron órdenes tendientes al desarme y la entrega de armas, así como en la segunda parte de las “negociaciones” que por Amodio Pérez, ahora sabemos que se dividen en dos fases: antes del ajusticiamiento del coronel Artigas Álvarez y la fase posterior de los “ilícitos económicos”.
Héctor Amodio Pérez, nos da otra historia y un ángulo diferente de interpretación. Nos dice que renunció al Comando General, como consecuencia de que se oponía a dos cuestiones concretas: el Plan Hipólito (que culmina el 14 de Abril) y el Segundo Frente (más conocido como Plan Tatú).
Curiosamente, estas apreciaciones, posiblemente el único hilo racional que puede llevarnos a una explicación de su defección, es sistemáticamente silenciada por todos los que se le oponen: los publicistas burgueses, los sobrevivientes de la antigua “dirección oficial” e, inclusive, “los aparatistas sin aparato”
Todos están aferrados a una visión caprichosa y elemental: “el traidor es un traidor y basta”
A “lo otro” que son discrepancias políticas en aspectos centrales, para explicar “la derrota” no hay quién los quiera examinar.
Este es para nosotros el punto fuerte de la argumentación de Amodio. El núcleo central de “su verdad”
Pero además, agrega otras “luces” sobre un episodio que también se elude: las consecuencias políticas y organizativas del episodio de “la caída de Almería” y sus repercusiones internas.
Se trata de tres caídas sucesivas de organismos de dirección (una nunca descubierta por el enemigo) que implicaron una tensión formidable al seno de la estructura organizativa. Hay que reponer en primer lugar la coordinación elemental entre las columnas, hay que lograr una nueva dirección aceptada por todas las columnas, hay finalmente, que reencauzar el funcionamiento y hacer frente a las críticas internas que provocaban esos retrocesos. Amodio también arroja luz, en su libro, sobre detalles fundamentales de estos acontecimientos.
Todas estas cuestiones han sido bagatelizadas en “la historia oficial”
Escribimos estas líneas en el 2015, -43 años después de los acontecimientos- y, cuando otras experiencias revolucionarias, en otras partes del mundo, también nos han dejado su saldo y sus experiencias y con ellas, nuevos elementos que en el 1972 ignorábamos completamente.
El militante “colgado”, el militante clandestino que queda fuera de la organización es la fundamental que queremos rescatar, más de un militante, en diferentes versiones conoce el tema, inclusive más de uno tiene experiencias particulares –y en algunos casos particularmente propias- sobre el tema.
Las organizaciones guerrilleras latinoamericanas no tenían solución al problema del militante clandestino que discrepaba. Mucho menos para un dirigente. La solución a la que se apelaba –y hasta hoy parece un mantra, cuando en realidad es una barbaridad- era la eliminación física del elemento discrepante.
De esa manera, todo lo que al esfuerzo revolucionario popular le había costado enormes sacrificios se dilapidaba por una visión estrecha y sectaria del problema, tomada de prestado directamente, de las peores experiencias del estalinismo.
Los activistas, los militantes los cuadros intermedios y los cuadros de dirección, no nacen –como tales- de la nada. Son el producto de una formación donde la convicción y la formación política fortalecen su voluntad y sus convicciones. Olvidar esa regla fundamental, lleva a los sectarismos inútiles, a las obcecaciones y a que primen los aventureros.
Así se sacrificó a Roque Dalton, y así se sacrificó a muchos otros. Así también pasó en el viejo MLN-Tupamaros. Pasó después del 72 y pasó también en Chile con los “renunciantes” y pasó también, después, en Argentina, en otros episodios. Cierto discrepante: Efraín Martínez Platero me lo señalaba –al pasar- cuando me narró sus discrepancias a tomar partido en las polémicas internas que dividían bandos entre “los renunciantes” y “la tendencia proletaria” que acaudillaba Cultelli. Si hay sobrevivientes de aquellas experiencias sectarias, es porque al seno de la organización no faltaron individuos con sentido común y el coraje suficiente para oponerse –aún con riesgo de su propia vida- a convertirse o en sicarios, o en indiferentes que dejaban pasar las cosas, para no ser envueltos por los acontecimientos.
Otro compañero –para nosotros muy querido y experimentado- le ha dado al asunto un nombre original: “llevar a un hombre a patear rejas”
Todo esto sucedió en el caso de Héctor Amodio Pérez, sin que estos señalamientos signifiquen en medida alguna que justifiquemos su traición, pero que sí, que situemos a la misma en un contexto, donde también intervengan nuestras propias carencias, nuestras limitaciones y nuestros propios errores. Los nuestros, como militantes, y los de los dirigentes que entonces, lo eran
Amodio, cuando renunció al Comando General, tenía los días contados. Había jugado a tomar el poder, a imponerse como jefe único, a romper con “la unidad con tensiones” que era lo que les daba a todos ellos vitalidad, capacidad de adaptación, unidad de acción con discrepancias de miras y de perspectivas.
El proceso, sus etapas, él mismo lo ha consignado: empieza después de Almería, cuando Sendic viaja desde la Cárcel Central al Penal de Punta Carretas y dialoga sobre las posibilidades futuras de los secuestros y los secuestrados, con solo una parte de la dirección, excluyendo ilegítimamente a Amodio. Sabía que se exponía a críticas por las condiciones de su caída, que fue perfectamente evitable. De la caída general –de toda la dirección- se salva solamente “el negro” Mansilla, que contempla (al igual que Sendic) el despliegue policial en la zona, pero que opta por retirarse.
Después, esas diferencias iníciales, se solidificaran en Punta Carretas, dónde Amodio, tenía las llaves y las claves de un elemento central de comunicación: la entrada y salida de los mensajes de la dirección interna a la dirección actuante afuera. Sobre estos elementos que demuestran hasta la saciedad como se combinaban “la confianza política” y las discrepancias, no se quiere hablar, ni analizar.
Hasta el “Abuso” esas diferencias se irán profundizando y abarcando otros campos: las comunicaciones “paralelas” de Sendic con las columnas (o estructuras) del interior, con las cuales Sendic mantenía contactos particulares separados e independientes de la vía regular de esas comunicaciones. Estas comunicaciones hechas bajo el pseudónimo “Pico y Pala” son las que merecen ser investigadas. ¿Son las mismas un hecho cierto, o son una mentira? ¿Es cierto o no es cierto que Sendic tenía el vicio de tener comunicaciones fuera del marco regular, válido para todos? Nuestras investigaciones particulares nos llevan a la conclusión de que esos aspectos de las actividades políticas de Raúl Sendic, están plenamente demostradas
Que eran una de las formas (preocupantes e inquietantes para la dirección de la interna) que Raúl Sendic utilizaba para impulsar o forzar situaciones políticas y poner a los demás ante los hechos consumados. Rasgos, comentarios, de todos estos aspectos, aparecen en todos los que han recordado, comentado o, glosado sus actitudes políticas. Son las famosas “picardías” del Bebe
Señalar estas cuestiones, pero no verlas en las implicaciones organizativas que las mismas tenían para los otros miembros de la dirección, es uno de los aspectos sobre los que los comentaristas, biógrafos y partidarios se niegan a comentar, a pesar de que todos reconocen –en otros contextos- que eran situaciones penosas y que complicaban extraordinariamente las tareas. Sendic –es nuestra posición actual- era en muchos aspectos “un águila”, un vaqueano certero, un líder apreciado y querido por las bases, y fue también un hombre que no claudico ni en la tortura, ni en las prisiones, pero también tenía aspectos negativos, con los cuales se ha sido completamente indulgente. El hombre “completo” tenía sus luces y sus sombras. Así hemos llegado “al finado, santificado, en el recuerdo”
Cierto compañero antiguo que no se caracteriza por hacer juicios a la ligera, sino que medita y mucho, sobre los conceptos que vierte, ha dicho en alguna oportunidad: “Al Negro Amodio no lo fuimos a buscar hecho a la Feria de Tristán Narvajas”. Es señalar que se formó (o deformó) al seno de todos nosotros.
Por todos estos motivos, consideramos que se hace necesaria una tercera nota