Envíopostaporteñ@ 1471

Del Reglamento de Tierras de 1815 hasta nuestros días

Se han llevado a cabo en Mercedes y también  en todo el Uruguay,  diferentes actos, (charlas  históricas, actos musicales, etc.), para  conmemorar  este hecho histórico, casi único en América.

Todos los partidos políticos, a través de sus representantes han resaltado este hito histórico, lo vimos en el Parlamento, donde todos se refirieron a lo que pasó hace doscientos años,pero pocos hablaron de lo que pasa hoy en el país,  en que terminó ese fantástico proyecto que Artigas proclamó

Desde que nuestro prócer elaboró el Reglamento de Tierras, hace ya 200 años, dónde él proclamaba que “los más infelices sean los más privilegiados “,  expropiando  las tierras a “los malos europeos y peores americanos”, y dando órdenes precisas a su soldado Encarnación Benítez para llevar a cabo dicho reglamento, no han habido más que traiciones, ya nadie duda que Artigas fue el gran traicionado, y con él también su reglamento de tierras.

Desde esos tiempos a nuestros días, lo que hicieron los políticos y los militares de turno, fue alentar y llevar a cabo un largo proceso de  latifundización de la tierra uruguaya,  en efecto, los caudillos políticos y militares fueron adjudicando enormes extensiones de tierras entre sus partidarios, eso hoy ya nadie lo niega, son hechos históricos perfectamente constatables,  historiadores de la talla de Barrán y Nahun así lo confirman.

Pocos parlamentarios hablaron de ese tema

La latifundización de la tierra uruguaya fue la causa fundamental para  que éste país fuera un país pobre y atrasado, por un lado con una reducida y rica oligarquía rural, y por otro con un pueblo pobre y trabajador en su gran mayoría.

Desde mediados del siglo 19 y a comienzos del siglo pasado, La gente que vivía en el campo, y que no tenían sus títulos en regla, fueron lenta e inexorablemente  siendo expulsados de sus tierras, también el alambramiento de los campos ayudó a ese éxodo rural , y no olvidemos  los estragos de las continuas guerras, que  hicieron que miles  de personas fueran emigrando hacia las ciudades, pero otras miles de personas quedaron en el campo, generalmente viviendo en terrenos fiscales, viviendo en las orillas de los arroyos, o en las esquinas más lejanas de los latifundios, formando miserables rancheríos.

Estas personas excluidas por el sistema ofrecían su trabajo a los latifundistas, y cuando no lo conseguían no tenían más remedio finalmente  que recurrir al abigeato para mantener a sus familias.

En el libro “De Perseverano a Rodó”, - excelente trabajo de recopilación sobre la vida rural que hizo el amigo Eduardo Zaffaroni-,  nos habla que en esos años habían aproximadamente  unas 40.000 personas  viviendo en  esos rancheríos  o también llamados  “ pueblos de ratas”.

Preocupados por este tema, fue que el gobierno del Partido Colorado, allá por los años 1948 al 1950, creó el Instituto Nacional de Colonización, más que pensando en hacer una reforma de las estructuras agrarias, el mismo tenía como prioridad eliminar esos  rancheríos que existían, y que dicho sea de paso, tanto daño les hacían a los latifundistas de la época, a los abuelos y bisabuelos de los que hoy tienen esas tierras.

Y el Instituto cumplió con esa tarea, pueblos ratas como habían en esas épocas fueron desapareciendo, en Soriano hubieron muchos ejemplos, la colonia Manuel Victoria en Rodó es uno de esos ejemplos.

Pero esta herramienta, la del Instituto Nacional de Colonización,- que es  sin dudas  una buena herramienta para cambiar la realidad de nuestro campo-, ha sido en nuestro entender, bastante mal utilizada hasta el día de hoy, sobre todo al momento de elegir a los futuros colonos, primando fundamentalmente el color político del aspirante, que su capacidad para llevar a cabo una tarea agropecuaria, esto lo sabe cualquiera que tenga vínculos en el medio rural.

La pobre colonización llevada a cabo, -como así también las colonias de productores que ya existían antes de que naciera el Instituto de Colonización,  (por ejemplo la de Nueva Helvecia, la de Colonia Suiza, la colonia rusa, etc.)--,  han demostrado en la práctica, de ser la manera más eficiente para poblar la campaña, y sobre todo han demostrado que es muy eficiente para aumentar la producción de una zona, de una región, y por ende de de un país,  desenmascarando de esa manera también, la ineficiencia del latifundio.

Está comprobado que una colonia de diez productores, con cien hectáreas cada uno,-como puede ser la Colonia El Progreso de Soriano-  produce mucho más que un predio de 1000 hectáreas de un solo productor.

 Y a su vez el número de gente asentada en el área de la colonia es mucho mayor que la que vive en el predio del estanciero, en el primer caso, en un área similar, viven cuarenta o cincuenta personas, mientras que en el otro no pasan de las cinco o seis personas.

La Unidad cooperaria número 1 de Soriano también lo demostró.

Es que el pequeño, o mediano productor,  tiene que esmerarse en hacer rendir su predio al máximo, para de esa manera poder mantener a su familia, para poder educarla, y nunca le va a sobrar dinero como para comprar más tierras. 

En el caso del latifundista, con muy poca dedicación, o haciendo una actividad agropecuaria extensiva,  puede mantener holgadamente a su familia y a su vez sobrarle dinero como para seguir acaparando tierras.

 Y esto es, a grandes rasgos, lo que ha venido pasado en el Uruguay hasta hace algunos años.

A partir de los años setenta u ochenta del siglo pasado, un nuevo  fenómeno ha venido sucediendo, muchos ineficientes latifundistas fueron vendiendo sus campos a multinacionales extranjeras, comenzando así otra etapa en nuestra nación, la era de la concentración y de la  extranjerización de los suelos uruguayos, fenómeno que se ha acentuado mucho más en estos últimos diez años.

Lo ocurrido entre el Censo Agropecuario realizado en el año 2000, al último realizado en el  2011, nos muestra que han desaparecido unos 11.500 productores, fundamentalmente pequeños y medianos propietarios de tierras.

Hablamos de unas 50 a 60.000 personas que emigraron del campo a la ciudad, con sus consabidas consecuencias.

Hoy en nuestro país,  un 2,6 % de los productores son dueños del 31 % de la tierra uruguaya, si cambiamos el tamaño de los predios e incluimos a predios de un tamaño un poco menor al índice anterior, podemos decir que un 9.6 % de los productores poseen el 61 % del Uruguay.

A su vez,  en éstos últimos años , casi  seis millones de hectáreas cambiaron de dueño, los nuevos dueños de esas tierras, en su gran mayoría hoy son extranjeros, y fundamentalmente son sociedades anónimas extranjeras, con esto queremos  decir que no sabemos a ciencia cierta quiénes son sus verdaderos dueños, que bien pueden ser otros estados que estén  incluidos dentro de esas sociedades, situación que sería muy grave como la  que un país comprara bajo una sombra jurídica una porción de otro país.

Hoy tres sociedades anónimas del rubro forestal poseen cerca de un millón de hectáreas.  

Donde quedó entonces el proyecto ARTIGUISTA?

Nosotros consideramos que obviamente  que el mismo ha sido traicionado a lo largo de éstos doscientos años, nadie puede desmentir éste hecho más que constatable.

La Unidad Popular, partido político al cual a quien adhiero actualmente, acaba de presentar a través de su diputado, Eduardo Rubio, un proyecto que tiene como finalidad frenar la extranjerización de la tierra y su extranjerización, proyecto de ley en el cual tuvimos alguna participación.

Posteriormente presentaremos otro proyecto de Ley, este sí, más de fondo, será un proyecto de Reforma Agraria.

Estamos convencidos que de esa manera estaremos cumpliendo con el deseo de nuestro Artigas, y no nos quedaremos con sólo palabras, palabras que el viento se lleva fácilmente.

Retornemos pues a la senda ARTIGUISTA, la mejor manera de reconocer a nuestro prócer.

Dr. Horacio Zefferino de la Fuente

(Artículo publicado en Diario Acción de Mercedes)