Envíopostaporteñ@ 1480

Trotsky y Pannekoek sobre los sindicatos

ROLANDO ASTARITA

Como complemento de la nota sobre el carácter de clase de la burocracia sindical (aquí y aquí), y con el fin de aportar elementos para el análisis, transcribo pasajes de sendos textos de Trotsky y Pannekoek.

El texto de Trotsky es de 1933. Refiriéndose a los sindicatos británicos, el viejo revolucionario afirmaba que la burocracia de los sindicatos se había transformado "en lugartenientes del capital en la explotación intensificada de los trabajadores". Luego agregaba: "… la burocracia de los sindicatos persigue a los trabajadores revolucionarios... en esencia, transforma a los sindicatos en una suerte de campos de concentración para los trabajadores… (…)…la burocracia de los sindicatos se ha vuelto una parte, definitivamente, del aparato capitalista, económico y gubernamental...". Luego: "... la burocracia reformista se ha transformado en la policía económica del capital..." (The Militant, 30 septiembre de 1933).

De Antón Pannekoek (1873-1960) lo que siguen son pasajes tomados de “El sindicalismo”, publicado en 1936 (http://www.milgac.info/spip.php?page=article_es&id_article=115).

Después de señalar que el sindicalismo “fue la primera escuela de entrenamiento en virtud proletaria, tanto en solidaridad como en el espíritu del enfrentamiento organizado”, y que “expresaba la primera forma del poder proletario organizado”, Pannekoek señala que en los sindicatos de Estados Unidos e Inglaterra “esta virtud a menudo se petrificó y degeneró en una estrecha corporación gremial, con una verdadera mentalidad capitalista”. Luego, observando cómo habían evolucionado los sindicatos con el crecimiento del capitalismo, añade:

“Se convierten en grandes corporaciones de miles de miembros, extendiéndose por todo el país, con secciones en cada pueblo y cada fábrica. Deben nombrarse funcionarios: presidentes, secretarios, tesoreros, para conducir los asuntos, manejar las finanzas, a nivel local y central. Ellos son los jefes, que negocian con los capitalistas y que por esta práctica han adquirido una destreza especial. El presidente de un sindicato es un pez gordo, tan grande como el empleador capitalista mismo, y él discute con aquél, de igual a igual, los intereses de sus miembros. Los funcionarios son especialistas en el trabajo sindical, que los miembros, completamente ocupados en su trabajo de fábrica, no pueden juzgar o dirigir ellos mismos.

De manera que las corporaciones sindicales ya no son simplemente un conjunto de trabajadores; se convierten en un cuerpo ordenado, como un organismo viviente, con su propia política, su propio carácter, su propia mentalidad, sus propias tradiciones, sus propias funciones. Es un cuerpo con intereses propios, que están separados de los intereses de la clase obrera. Tiene una voluntad de vivir y luchar por su existencia. Si en algún momento los sindicatos dejaran de ser necesarios para los trabajadores, éstos no desaparecerían instantáneamente. Sus fondos, sus miembros, y sus funcionarios: todas estas son realidades que desaparecerán inmediatamente, sino que continuarán su existencia como elementos de la organización.

Los sindicalistas, los dirigentes obreros, son los portadores de los intereses especiales del sindicato. Siendo originalmente obreros de la fábrica, adquieren, por la larga práctica a la cabeza de la organización, un nuevo carácter social. En cada grupo social, una vez que es suficientemente grande para constituir un grupo especial, la naturaleza de su trabajo moldea y condiciona su carácter social, su modo de pensar y actuar. La función de los sindicalistas es completamente diferente de la de los trabajadores. No trabajan en las fábricas, no son explotados por los capitalistas, su existencia no es amenazada continuamente por el desempleo. Se sientan en oficinas, en posiciones bastante seguras. Tienen que llevar adelante los asuntos de las corporaciones y hablar en reuniones de trabajadores y discutir con los empleadores. Por supuesto, tienen que ponerse del lado de los trabajadores, y defender sus intereses y deseos contra los capitalistas. Esta es una posición, sin embargo, no muy diferente de la del abogado quien, como secretario de una organización, se pone del lado de sus miembros y defenderá sus intereses al máximo de su capacidad