BÚSQUEDA EDITORIAL Nº 1835
- MONTEVIDEO, 1 DE OCTUBRE DE 2015
Esta semana se conocieron dos sondeos que muestran que las expectativas de los uruguayos respecto a la situación económica siguen mostrando una clara tendencia al deterioro.
Por un lado, el índice de confianza del consumidor elaborado por la Universidad Católica y Equipos Consultores mostró en el mes de agosto la sexta caída mensual consecutiva, con un retroceso de 1% en relación al mes de julio, ubicándose en un nivel de 44,6 puntos (nuevo mínimo histórico), en una zona de "moderado pesimismo". A su vez, el subíndice que mostró la mayor caída mensual fue el de "situación económica del país", y dentro de él, el de "situación a un año", que tuvo un retroceso de 7,1%.
Por otro lado, la consultora Cifra publicó una encuesta que mostró que en setiembre 47% de la población considera que la situación económica del país es mala o muy mala, frente al 27% que pensaba lo mismo en el mes de julio. Es una velocidad de deterioro que no tiene antecedentes en los últimos 10 años
Ciertamente que existen muchos factores objetivos para el mayor pesimismo de la población sobre la situación económica uruguaya y sus perspectivas, particularmente vinculados al contexto externo regional y extra regional, factores que hemos analizado en repetidas oportunidades en los últimos meses. En conjunto, el deterioro de los factores externos implica que como país somos mucho menos ricos de lo que nos creíamos, sea porque los precios de las cosas que producimos y vendemos en el mundo se desplomaron (por ahora con la única excepción relevante de la carne), o porque la demanda regional ha colapsado y los precios en dólares de nuestros vecinos alientan el que vayamos a comprar a Brasil (como ya está ocurriendo) o volvamos a hacerlo a corto plazo en Argentina (cuando luego de las elecciones de octubre el país vecino deba sincerar su tipo de cambio, que hoy muestra una relación bilateral con Brasil que es peor a la del período 1999-2001 previo al colapso de la "Convertibilidad")
El país y el gobierno no tienen ningún control sobre el cambio negativo en el contexto externo, que deberá ser asimilado de una u otra manera. Esto es más que suficiente para causar el fuerte deterioro de las expectativas de los agentes económicos que se ha registrado en los últimos meses.
Pero la respuesta de política económica que hasta ahora ha dado el gobierno, así como la postura que han sostenido hasta ahora los sindicatos en materia de negociación salarial, son factores adicionales que han contribuido al deterioro de las expectativas tanto de consumidores como de empresarios.
Varias veces hemos señalado que el gobierno y el equipo económico parecen vivir en una "realidad virtual" que se aleja cada vez más de la "realidad real" que marcan los datos económicos, tanto del país como de la región y del mundo. Así, se envía un proyecto de Presupuesto elaborado sobre hipótesis de crecimiento económico, inflación y evolución del tipo de cambio real totalmente inconsistentes con el cambio negativo del contexto externo y la necesidad de ajuste que dicho cambio impone, en particular en lo que tiene que ver con los precios relativos y la estructura y nivel del gasto interno. Asimismo, el gobierno parece haber tomado como suyo el objetivo de los sindicatos de que el salario real no puede caer y tiene que seguir subiendo, algo que también choca frontalmente con lo que está pasando con las variables externas más relevantes para nuestro país.
La política fiscal esbozada en el Presupuesto y las pautas que se están discutiendo en las actuales negociaciones salariales están en un "curso de colisión" con la necesidad de ajuste que impone el deterioro en el contexto externo, y ello es y será cada vez más evidente para cada vez más gente. Todo esto crea una incertidumbre adicional en los agentes económicos.
La punta del iceberg ya es cada vez más visible, salvo aparentemente por ahora, para el equipo económico. Las tensiones entre las políticas fiscal y salarial y el deterioro del contexto externo llevarán a una profundización de la recesión, a una fuerte caída del empleo y aumento del desempleo, a una mayor reducción de la recaudación impositiva y del BPS y consiguiente ampliación del déficit fiscal, a una aceleración de la pérdida de reservas internacionales, a un encarecimiento y menor disponibilidad del crédito, tanto para el sector público como para el privado, a expectativas cada vez más negativas de los agentes económicos, y a una inflación "reprimida" a corto plazo por la recesión, pero que será mucho mayor en el futuro, cuando haya que "limpiar" el desastre. Cuanto más demore el capitán del barco en rectificar el rumbo, mayores las chances de que no pueda evitarse la colisión. Salvo que el iceberg se corra solo