Envíopostaporteñ@ 1487

A Posta Portenia

Bajo el título “Corrección a Jorge Zabalza", con pasajes del libro Milicos y Tupas de Jorge Haberkorn reproducido en posta portenia nro., 1485 (14/10/2015) aparece el testimonio de Pedro Montero sobre tupamaros torturadores, detalle que el autor registra parece haber olvidado Zabalza.

Y remata su testimonio aclarando: “Son otros tupamaros quienes lo cuentan.”

Puedo decir que no tiene por qué ser solo tupamaros quienes conocieron esas “infamias”, como las califica el citado Montero.

Nunca fui tupamaro, pero por edad y actividad me tocó estar muy a menudo en contacto con tupamaros. Y aunque voy a evitar dar su nombre aquí y ahora, puedo decir que o muy a fines de 1972 o muy a comienzos de 1973, cuando el desbarajuste tupamaro era total me topo a bordo de un bus con un viejo conocido de la Escuela Nacional de Bellas Artes que se había hecho tupa y que como tal había caído preso.

 Sorpresa y alegría, y nos ponemos a hablar. Me cuenta entonces que ‘en los cuarteles’ se estaba o se estuvo  –ya no recuerdo– cocinando acuerdos entre tupamaros y peruanistas para “dársela” a la oligarquía. Primero objeté dicha alianza, pero con mucho realismo el exdetenido, rubio, petisón, me dijo: ?nos ofrecían salir en semanas si cooperábamos; si no, íbamos para muchos años… Y es muy difícil resistir. Me comentó que habían liberado apenas una decena o una veintena entre los más livianos. Pero que había sido como la prueba de que la “alianza” marchaba. El primer objetivo era Jorge Batlle y su gente y que a ese Jorgito ya le iba a llegar el tacho. Que no había otra que torturarlos.

Si mi primer disgusto fue por la idea de una alianza entre represores y torturados, mi  bronca fue decisiva cuando el fulano elogia la tortura.  Me enojé abierto, le dije que opinaba de la práctica de la tortura, y enojado, furioso le dije que no tenía nada más qué hablar con él. Permaneció callado, supongo que sorprendido. Yo a mi vez, me bajé del bus en la primera.

No lo vi más. No supe siquiera si volvió a caer preso. O si tomó el camino del exilio o del insilio. Sé sí que un compañero suyo, con quien se enroló en los tupas, había muerto tiroteado en la calle.

Luis E. Sabini Fernández