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CUANDO LOS POLÍTICOS SE ADUEÑAN DE LA POLÍTICA

Editorial del n°98 de Punto a Punto

Montevideo octubre 2015

Ya sea cuando se obtiene una banca, o cuando se obtiene el gobierno por las mayorías, en nuestra mal llamada democracia, el político no puede hablar en nombre del pueblo sin recordar que esa autoridad emana del ciudadano y cesa ante su presencia soberana (Artigas). Lo que deberían recordares que lo único que se debe hacer, es adquirir plena conciencia del poder que se posee y no olvidarse que no puede ejecutarlo sin el pueblo y que nada puede hacerse si el pueblo no lo quiere  (Eva Perón), máximas que deberían estar siempre presentes en quienes ocupan bancas y ejercen el gobierno.

Escuchamos a diario atribuciones por parte de quienes creen tener la sartén por el mango, mintiendo cuando dicen que hacen cosas en nombre del pueblo. Tomemos algunos ejemplos: contratos bajo el rótulo de secreto con empresas transnacionales; extranjerización de nuestras mejores tierras en detrimento de una reforma agraria pensada para nuestros campesinos; presupuesto nacional acomodado a los intereses de la banca internacional y no de la salud, ni de la educación ni de la vivienda; acuerdos políticos en defensa de los tratados que atentan contra la soberanía nacional caso Aratirí, la Regasificadora, el TISA hoy en retroceso y ahora convertido en un circo por la pseudo oposición; discursos que van y vienen, todos prendados de intereses partidarios y de posibles acumulación de votos; y así podríamos seguir con una lista interminable que van en contra de los intereses de nuestro pueblo. El caso más reciente es el PRESUPUESTO quinquenal,  que va contra los intereses de la educación, de la salud y del propio trabajador, atribuyéndose ser la voz del pueblo. Sin embargo la que se hace sentir es la voz que está presente en la calle, en las manifestaciones, organizaciones  y movimientos sociales peleando por una justa distribución presupuestal que sale de los bolsillos de los ciudadanos.

Es sabido, que nuestros políticos juegan con la ignorancia cívica política y social de nuestro pueblo, como bien decía Simón Bolívar: “un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción. La ambición, la intriga abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; y adoptan como realidades las que son puras ilusiones”

Es por ello que, ya lo advertía Salvador Allende: “el pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni dejarse masacrar, pero también debe defender sus conquistas”.  Clara alusión, podríamos decir hoy, a los sindicatos que se entregan sumisos, atados de pies y manos a los gobiernos de turno, entregando las mejoras salariales de los obreros, ante políticos que piensan que $15.000  son suficientes para mantener una familia. Cabe preguntarse ¿por qué ellos no se asignan dicho salario? ¿Qué es lo que los distingue de un obrero? ¿Acaso su condición de político? ¿Olvidan acaso los políticos que la política es servicio y no lucro ni ambición de poder? Los integrantes del PIT-CNT, súbditos del gobierno de turno con aspiraciones a ser representantes partidarios que aceptan los ajustes salariales ¿podrán vivir con $15.000 pesos? ¿Se puede proponer dar batalla por la cultura del trabajo, contra la holgazanería y la viveza criolla para lograr el desarrollo cuando están cerrando empresas todos los días? ¿Quién favorece la holgazanería y la viveza criolla sino ellos mismos?

No se trata de una discusión teórica, sino de la vida práctica. Los derechos  no se imponen, se ejercen y nadie los logra si no se defienden. Las horas parlamentarias son dignas, pero no cuando se duermen en las butacas o sólo cuando se está para levantar las manitos de yeso porque su partido se los manda, olvidándose que son representantes del pueblo y no de los partidos.

No perdamos la esperanza, como dice el poeta “ya llegará desde el fondo del tiempo otro tiempo y me dice que el sol brillará sobre un pueblo que él sueña labrando su verde solar” (Alfredo Zitarrosa) porque “la felicidad de un pueblo descansa en la independencia individual de sus habitantes” (José Martí)