Raúl Zibechi
LaJornada 16/10/15
Cuando la visibilidad es mínima porque poderosas tormentas nublan la percepción de la realidad, puede ser conveniente levantar la mirada, trepar laderas para buscar puntos de observación más amplios, para discernir el contexto en que nos movemos. En estos momentos, cuando el mundo está atravesado por múltiples contradicciones e intereses, es urgente aguzar los sentidos para mirar lejos y adentro.
Tiempos de confusión en los que naufraga la ética, desaparecen los puntos de referencia elementales y se instala algo así como un vale todo, que permite apoyar cualquier causa siempre que vaya contra el enemigo mayor, más allá de toda consideración de principios y valores. Atajos que conducen a callejones sin salida, como emparejar a Putin con Lenin, por poner un ejemplo casi de moda.
La intervención rusa en Siria es un acto neocolonial, que coloca a Rusia en el mismo lado de la historia que Estados Unidos, Francia e Inglaterra. No existen colonialismos buenos, emancipadores. Por más que la intervención rusa se justifique con el argumento de frenar al Estado Islámico y la ofensiva imperial en la región, no es más que una acción simétrica a la que se condena usando idénticos métodos y similares argumentos.
La pregunta que considero central es: ¿Por qué desde las izquierdas latinoamericanas se levantan voces en apoyo de Putin? Es evidente que muchos han colocado sus esperanzas en un mundo mejor, en la intervención de grandes potencias como China y Rusia, con la esperanza de que frenen o derroten a las potencias aún hegemónicas. Es comprensible, en vista de las fechorías que Washington comete en nuestra región. Pero es un error estratégico y un desvío ético.
Quisiera iluminar esta coyuntura, especialmente crítica, apelando a un documento histórico: la carta a Maurice Thorez (secretario general del Partido Comunista Francés), escrita en octubre de 1956 por Aimé Césaire. El texto nació en uno de los recodos de la historia, poco después del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, donde se denunciaron los crímenes del estalinismo; el mismo mes del levantamiento del pueblo húngaro contra el régimen burocrático pro-ruso (con un saldo de miles de muertos) y de la agresión colonial contra Egipto por la nacionalización del canal de Suez.
Césaire renunciaba al partido luego de un bochornoso congreso en el que la dirección fue incapaz de la menor autocrítica ante la revelación de crímenes que, en los hechos, estaba apoyando. Nació en Martinica, al igual que Frantz Fanon, del que fue maestro en la secundaria. Fue poeta y fundador del movimiento de la negritud en la década de 1930. En 1950 escribió Discurso sobre el colonialismo, de gran impacto en las comunidades negras. Su carta a Thorez fue, en palabras de Immanuel Wallerstein, el documento que mejor explicó y expresó el distanciamiento entre el movimiento comunista mundial y los diversos movimientos de liberación nacional (en Discurso sobre el colonialismo, Akal, p. 8).
Encuentro tres cuestiones en su carta que iluminan la crisis de los valores de izquierda por la que atravesamos.
La primera es la falta de voluntad para romper con el estalinismo. Césaire se revuelve contra el relativismo ético que pretende conjurar los crímenes del estalinismo con alguna frase mecánica. Como ese latiguillo que se repite una y otra vez, diciendo que Stalin cometió errores. Asesinar millones no es un error, aunque se mate en nombre de una supuesta causa justa.
La mayor parte de las izquierdas no hicieron un balance serio, autocrítico, del estalinismo que, como se ha escrito en estas páginas, va mucho más allá de la figura de Stalin. Lo que dio vida al estalinismo es un modelo de sociedad centrado en el Estado y en el poder de una burocracia que deviene burguesía de Estado, que controla los medios de producción. Se sigue apostando a un socialismo que repite aquel viejo y caduco modelo de centralización de los medios de producción.
La segunda es que las luchas de los oprimidos no pueden ser tratadas, dice Césaire, como parte de un conjunto más importante, porque existe una singularidad de nuestros problemas que no se reducen a ningún otro problema. La lucha contra el racismo, dice, es de una naturaleza muy distinta a la lucha del obrero francés contra el capitalismo francés, y no puede considerarse un fragmento de esta lucha.
En este punto, las luchas anticolonial y antipatriarcal tocan las mismas fibras. Estas fuerzas se marchitarían en organizaciones que no les sean propias, hechas para ellos, hechas por ellos y adaptadas a objetivos que sólo ellos pueden determinar. Aún hoy hay quienes no comprenden que las mujeres necesitan sus propios espacios, como todos los pueblos oprimidos.
Se trata, afirma Césaire, de no confundir alianza y subordinación, algo muy frecuente cuando los partidos de izquierda pretenden asimilar las demandas de los diversos abajos a una causa única, mediante la sacrosanta unidad que no hace más que homogeneizar las diferencias, instalando nuevas opresiones.
La tercera cuestión que ilumina la carta de Césaire, de rabiosa actualidad, se relaciona con el universalismo. O sea, con la construcción de universales no eurocéntricos, en los cuales la totalidad no se imponga sobre las diversidades. “Hay dos maneras de perderse: por segregación amurallada en lo particular o por disolución en lo ‘universal’”.
Aún estamos lejos de construir un universal depositario de todo lo particular, que suponga la profundización y coexistencia de todos los particulares, como escribió Césaire seis décadas atrás.
Quienes apuestan por poderes simétricos a los existentes, excluyentes y hegemónicos, pero de izquierda; quienes oponen a las bombas malas de los yanquis las bombas buenas de los rusos, siguen el camino trazado por el estalinismo de hacer tabla rasa con el pasado y con las diferencias, en vez de trabajar por algo diferente, por un mundo donde quepan muchos mundos.
Sobre Nuevos colonialismos y crisis de los valores de izquierda
de Red Latina sin fronteras
Una aclaración que creemos necesaria: en este caso sí debemos reafirmar que la edición de la nota no refleja nuestra opinión.
Reproducimos este artículo concientes de sus insuficiencias para abordar no pocos temas conexos pero fundamentales que aquí se ignoran deliberadamente en una generalización sospechosamente incompleta considerando la sapiencia del autor. Hablar de crisis de “la izquierda” para terminar refiriéndose al tradicional cretinismo oportunista, no aporta novedad alguna. “Chocolate por la noticia”!
La historia de los pueblos en lucha contra todo tipo de opresión y explotación, ha estado plagada-en el sentido de sufrir reiteradas plagas– de estas influencias sin valores ni principios. Y no sólo estalinistas y la real politik siempre presente en sus partidos y estados satélites, a través de las cuales intentaban justificar traiciones, sometimientos, entregas y sacrificios de pueblos en lucha, de causas y valores cuyas banderas y reivindicaciones arriaban y traficaban en el mercadeo de influencias y ventajas.
Hablar de crisis de los valores cuando de lo que se trata es -una vez más- de la presencia de fuerzas y sectores que poco y nada tienen que ver con esos valores y significados, es transferir las causas a crisis de valores y no a intereses inducidos, a oportunistas en alquiler con nombres y apellidos partidarios e incluso estatales. Las actuaciones y orientaciones en ese sentido vienen siendo mucho más graves que lo referente a la intervención rusa en Siria en defensa de sus propios intereses geopolíticos y por supuesto económicos. El bastardeo de conductas, fines y principios campea en determinados ámbitos en nuestrAmerica; siempre en función de negociados absolutamente concretos en torno al poder dominante y sus prácticas cortesanas. Y si no que miren detrás de los escenarios y funciones de los gobiernos autopromocionados como “progres”. Sus castas, sus socios, sus sistemas de corrupción y prebendas, sus negociados con los otrora opositores conservadores
Y si lo que incomoda es que entreveren a Lenin con Putin, que tal? el entrevero de Lenin con los ayatolás de Irán que ha sido propagandizado con un descaro sin igual… Las crisis no son de los valores anticapitalistas y antiimperialistas, esos valores y sus banderas siguen en manos de las gentes y pueblos en lucha por su liberación, sin estados guías ni patrones, ni dioses ni amos de ninguna especie
Esos valores existen, siguen existiendo en las resistencias y alternativas, en la existencia antagonista de las comunidades en lucha, sus organizaciones, sus pueblos y cada una de las personas que las hacen reales y posibles cada día, ya mismo. Y si no que le pregunten al Pueblo Kurdo que sostiene una heroica guerra de resistencia ante la barbarie fundamentalista, pero al mismo tiempo construyendo la nueva vida en cada espacio liberado. Y tampoco hay crisis ni mercadeo de valores en las luchas de los pueblos zapatistas, y en tantas expresiones más de combate por la liberación social integral a lo largo y ancho del planeta, siempre por abajo y a la izquierda.
No se trata del vaso medio lleno o medio vacío, ni de formas de ver… El vaso está lleno donde tiene que estarlo, entre los pueblos y comunidades en lucha. Y esta no sólo vacio, sino hecho pedazos entre los oportunistas y entregadores, los advenedizos y entregadores al mejor postor siempre en beneficio de sus propias castas y aparatos.
No hay crisis de valores ni principios, en el bloque que sigue siendo izquierda anticapitalista, abajo y a la izquierda. Como no hay sumisión en numerosas comunidades y pueblos originarios en defensa de su dignidad, bienes y causas en común. NO hay crisis de valores entre los que defienden los seres humanos y su entorno natural contra la depredación y la insalubridad del desarrollismo capitalista. NO hay crisis de valores entre los movimientos antipatriarcales. NO hay crisis de valores en los miles de combates antipatronales y antiburocráticos, por la dignidad y la autonomía social. NO hay crisis de valores entre los cientos de colectivos y movimientos de solidaridad con las luchas de liberación, por el contrario el internacionalismo de los valores y principios se extiende por fuera de corralitos partidarios, de alambradas estatales e incluso liberado de mitologías mentirosas y manipuladas
No es bueno andar con el farol buscando al ser humano compañero, sus principios y banderas en los chiqueros administrados por cualquiera de las franquicias del poder dominantes, por allí sólo se encontrarán cerdos y alguna que otra mona vestida de seda -enmierdada claro está-.
Ni tampoco es necesario irse al Medio Oriente, con mirar hacia el Ministerio de Defensa del Uruguay -sin ir más lejos- alcanza y sobra.
Ninguna histeria entonces con los valores de izquierda, están a buen resguardo donde siempre estuvieron: en manos de los pueblos, comunidades y gentes en lucha por la liberación contra todo tipo de opresión y explotación. Lo demás es campo enemigo, se llamen como se llamen.
Salud y saludos!
redlatinasinfronteras.sur@gmail.com