Envíopostaporteñ@ 1497

ARG/ Agotamiento y muerte del último experimento burgués-desarrollista

Significado y perspectivas de la derrota electoral de

Cristina Fernández y el PJ

 La ficción queda al desnudo. Tras el prolongado engaño el así llamado kirchnerismo deja al país otra vez en bancarrota y en manos de un fu­turo gobierno reaccionario, sea que gane Scioli o Macri. Urge presentar ante la segunda vuelta un bloque de rechazo en todo el país, con un voto programático que unifique y enrumbe nuestras fuerzas.

 Cristina Fernández culmina su mandato con una abru­madora derrota electoral en el corazón del peronismo: la Provincia de Buenos Aires.

La vertiginosa caída en el principal distrito electoral del país arrastró al candidato designado por la Presidente, Daniel Scioli, presentado como ganador seguro el 25 de octu­bre. Deberá ir a segunda vuelta el 22 de noviembre contra Mauricio Macri.

 Los tres candidatos principa­les, Scioli, Macri y Sergio Mas­sa obtuvieron a nivel nacional 36,86%, 34,33% y 21,34% respectivamente. En compa­ración con las Paso, realizadas el 9 de agosto, Scioli perdió 2 puntos, Macri ganó 4 y Massa 1. En la provincia de Buenos Aires la gobernación quedó en manos de María Eugenia Vidal, del Frente Cambiemos, con 39,49% contra 35,18% de Aníbal Fernández, actual jefe de gabinete nacional, y 19,22% de Felipe Solá, ex gobernador peronista actualmente alineado con Massa

Conducido por la viuda de Kirchner el Partido Justicia­lista fue arrasado allí donde siempre tuvo su base principal. No sólo perdió la gobernación de la provincia de mayor peso en el país, sino también 64 gobiernos municipales en el interior, incluyendo La Plata, capital provincial, y todas las grandes ciudades del distrito: Mar del Plata, Bahía Blanca, Olavarría, Junín, Pergamino, Campana, Rojas... Peor aún: el PJ y el Frente para la Victoria perdieron municipios clave del Gran Buenos Aires, Quilmes, Lanús, Morón, 3 de Febrero, Pilar, entre tantos otros. A la pérdida de la provincia de Buenos Aires, que concentra el 40% de la población nacional, se agregaron derrotas por por­centajes inusuales en la Capital  Federal y en las tres provincias con mayor población y desa­rrollo industrial después de Buenos Aires: Córdoba, Santa Fe y Mendoza

En este cuadro de desagre­gación oficial e intento de recomposición burguesa en torno de dos nuevas formaciones, el Frente de Izquierda y los Trabajadores obtuvo el 3,27% y el Frente Progresista el 2,53%. El Partido Socialista, que originalmente encabezó ese sector, tuvo un durísimo revés con la derrota de Hermes Binner, que no logró la banca de Senador por la cual compi­tió. Otro fracaso estrepitoso lo sufrió el PC, quien se asoció públicamente a la campaña de Aníbal Fernández. El titular de Nuevo Encuentro, el ex intendente de Morón Martín Sabbatella, punta de lanza de Cristina Fernández en su fallida batalla contra Clarín, fue como candidato a vice gobernador de Aníbal Fernández. Perdió esa posición y también la in­tendencia de Morón, que había delegado en su hermano.

En otro plano y a diferencia de lo ocurrido en las Paso, el voto en blanco y los anulados (entre otros el Voto Protesta) fue bajo a nivel nacional: 2,36 y 0,75; también en Córdoba: 1,22% y 0,82%; en Santa Fe 2,52% y 1,10%. Pero hubo provincias donde cobraron una relevancia mayor. En Chubut hubo 9,58% en blanco y 1,51% nulo. En Santa Cruz 3,65 y 1,08%; en Neuquén 3,72 y 1,42 respec­tivamente. También hubo una participación mayor de la ciu­dadanía: del 74% en las Paso al 80,88% el 25 de octubre. Aunque no se puede medir en votos, la iglesia católica y propio Papa jugaron un papel importante en estos resultados. No tanto porque Vidal proviene de ese cenáculo, sino porque Francisco se empeñó personal­mente en que Aníbal Fernán­dez, acusado de narcotráfico y participación en asesinatos, no accediera a la gobernación de Buenos Aires.

La razón por la cual Cristina Fernández designó a este perso­naje –cuyo rechazo en el elec­torado se elevaba al 70%, dato públicamente conocido- es por lo menos indicativa: los cargos contra el jefe de gabinete pro­vienen de una voluminosa im­portación de efedrina por parte de personas que contribuyeron con la campaña oficial en 2007 y luego aparecieron muertos probadamente asesinados en Quilmes (el distrito de Aníbal Fernández), pero trasladados a otro extremo del Gran Buenos Aires.

Detrás de los números

Estos resultados no refle­jan un mero avatar electoral. Indican un rechazo social generalizado al gobierno, el desmoronamiento del partido peronista y la ausencia de una alternativa por fuera de los aparatos tradicionales del poder burgués.

Se esfuma así la idea de una corriente de peso nacional en torno a Cristina Fernández, calificada ahora por el pero­nismo como “mariscal de la derrota”, según una conocida expresión de Perón. Pierde toda base de sustentación el llamado kirchnerismo e ingresa en con­vulsiva crisis el peronismo en general, con aguda aceleración de enfrentamientos internos que se vieron durante la cam­paña y ahora ponen serios inte­rrogantes no ya para la segunda vuelta, sino sobre todo para la gobernabilidad burguesa en el próximo período.

Un hecho indica la magnitud de la debacle. Por azarosa co­incidencia dos días después se cumplieron 5 años de la muerte de Néstor Kirchner. Fernández fue al mausoleo construido en Río Gallegos acompañado sólo por su hijo, dos empresarios socios de éste y un tercero, Cristóbal López, dueño de ca­sinos y bingos–y ahora también de medios de comunicación y negocios petroleros- igualmente socio de la familia y actualmente acusado por la justicia junto a la Presidente y su hijo. Alicia Kirchner, elegida gobernadora de Santa Cruz, encabezó un acto de unas 400 personas. Hasta donde se sabe, es el único evento con­memorativo en todo el país. Por si eso fuese poco para comprobar el estado del kirchnerismo, a tres días de la derrota la Presidente no ha pronunciado una palabra en público ni se ha reunido con su candidato, cuando ya comenzó la campaña por la segunda vuelta.

El aparato central del PJ conclu­ye de este modo un prolongado proceso de degradación durante el cual la corrupción rampante y la penetración del narcotráfico se tradujeron en deterioro de la situación social e institucional hasta niveles jamás vistos Con 2,5% de ventaja en la pri­mera vuelta, Scioli sin embargo tuvo un desempeño por debajo no sólo de lo obtenido en las Paso, sino de la media histórica para el PJ, incluso en sus peores momentos electorales. Por eso es improbable que pueda cambiar la dinámica verificada el 25 en comparación con el 9 de agosto entre Scioli y Macri.

Un complejo desplazamiento de fuerzas sociales está detrás de este vuelco en la conformación política del país.

Sin duda las clases medias pa­saron a apoyar a Macri y Massa. Pero el fenómeno principal es el vuelco de sectores importantes de la clase obrera industrial hacia esos dos candidatos, que además de obtener un voto rural macizo, ganaron en todos los centros pro­ductivos. En Córdoba, por caso, Macri obtuvo el 53,24% contra el 20,4 de Massa y el 19,21 de Scioli.

Se configura de esta manera un cuadro con tres grandes bloques: el Frente Cambiemos, con eje territorial nacional en la Unión Cívica Radical, más el Pro, artificio ultrareaccionario creado en torno de Macri, más la Coalición Cívica, instru­mento para las operaciones de Elisa Carrió –portavoz oficiosa del Departamento de Estado- a través de la prensa comercial; el aparato central del peronismo, con Scioli como candidato y Cristina Fernández como sector minoritario en retirada; la disi­dencia peronista encabezada por Massa.

Las cúpulas sindicales se com­prometieron con los tres bloques, sea oscilando entre uno y otro, sea poniendo sus hombres en todos ellos. Sólo la CGT oficialista, el sector más corrupto entre los corruptos, hizo público un apoyo explícito a Scioli. El resultado obtenido garantiza que esta ala de la CGT completará el proceso de disolución acelerando la uni­ficación entre las tres fracciones. En cuanto a las dos fracciones de la CTA, derrotadas ambas elec­toralmente, se debaten entre la continuidad de una lenta agonía y la convergencia con la futura CGT unificada.

…Y detrás del rechazo social

Cuatro años de estancamiento y recesión con inflación, ruptura absoluta de cualquier lazo entre gobierno y población, auto­ritarismo vacío y caprichoso, corrupción descarada, mentira permanente y fractura entre pro­paganda y hechos (por ejemplo en el tema del endeudamiento), pago de 230 mil millones de dólares a los acreedores extran­jeros, incapacidad ostensible de los funcionarios de mayor grado, distanciamiento real del proceso revolucionario en América Latina, resumido en la inalterable negativa a integrar el Alba y el distanciamiento de la Revolución Bolivariana, desin­versión a escala nunca vista en infraestructura sanitaria, edu­cativa, vial, pese a los índices que figuran en los presupuestos, manipulación escandalosa de las estadísticas, complicidad a ojos vista con el narcotráfico, son algunos de los factores que abrieron una brecha irreparable entre el elenco gobernante, las expresiones políticas de dife­rente signo, incluido el PJ, las cúpulas sindicales, la clase tra­bajadora y el conjunto social.

Sólo el salvaje sistema clien­telar, la manipulación extorsiva de 12 millones de pobres e indigentes (28,7 y 6,4% res­pectivamente, según índices de la Universidad Católica) y el fraude electoral explican el porcentaje alcanzado por Scioli, que aún así se inscribe en lo que cualquier gobierno mantiene como piso desde hace años.

Comprado a fuerza de consu­mo de bienes importados y en el mejor de los casos ensambla­dos aquí, el respaldo electoral se agotó junto con el fin de los artilugios utilizados para sostener el gasto personal con base en endeudamiento. Todos estos recursos constituyen una hipoteca ya vencida, aparte del significado cultural y moral insuflado en las masas.

Los nudos económicos están a la vista. Si bien los subsi­dios directos a las personas representan menos del 5% del déficit público, los subsidios a empresas y sectores de alto poder adquisitivo (base de una corrupción desenfrenada) han provocado un desajuste fiscal insostenible, además de un desequilibrio en los precios relativos que, sumado a la fuga de divisas, al déficit en la balanza comercial y al bloqueo crediticio por causa de los fon­dos buitre y la coacción de la justicia estadounidense (a la que voluntariamente se sometió este gobierno supuestamente nacional y popular), todo con base en la recesión con altísima inflación, configuran un cuadro que en términos capitalistas exi­ge saneamiento con urgencia. A eso se abocará el próximo gobierno, sea el que fuere. No hay duda que para cumplir ese objetivo, más allá de las apa­riencias políticas para engañar a la población, se unirán los tres bloques mencionados ape­lando a un “gobierno de unión nacional” o alguna fórmula semejante.

Contarán también con el concurso del grueso de las cúpulas sindicales, que por supuesto apelarán a engañosas formas de lucha reivindicativa para mantener sus cargos e im­pedir un brusco desplazamiento a izquierda de las masas.

Tras 12 año de mentiras y de­magogia, el elenco gobernante deja al país en recesión, sin haber avanzado un paso en la industrialización, con inflación devastadora, marginalidad y pobreza crecientes, endeudado como en 2003 tras haber pagado al capital financiero internacio­nal más que ningún gobierno anterior, aislado del proceso revolucionario latinoamericano, con el pueblo trabajador dividi­do, desmoralizado y sin rumbo y a las puertas de un ajuste económico rabioso.

Es en este cuadro que, antes incluso del recambio presiden­cial el 10 de diciembre se abre un período de dura resistencia para la clase obrera y el conjun­to del pueblo. No habrá defensa exitosa del salario, el empleo, los derechos laborales, sin una estrategia política para los trabajadores y la corresponden­cia herramienta para llevarla a cabo: un partido de masas, plural, democrático, antimpe­rialista y anticapitalista.

Tareas urgentes

El primer paso para estar en condiciones de encarar ese combate es conformar aho­ra lo que no se hizo para la primera vuelta: un bloque de rechazo que denuncie ante la población el significado de esta nueva elección y convoque a un voto programático. En nuestra propuesta de Voto Protesta pre­sentamos los puntos básicos de ese programa. Con eso como punto de partida llamamos a la militancia revolucionaria, a las organizaciones políticas y sociales que se nieguen al chantaje de optar entre dos representantes de la burguesía y el imperialismo.

Esa tarea debe iniciarse ya mismo y desplegarse con la mayor energía posible hasta el 22 de noviembre. Los datos reseñados indican que hay un descontento extendido, con picos en algunas provincias y sectores, que expresa su re­chazo de manera disgregada. Lograr una primera acción coordinada y hacernos sentir de manera unificada en todo el país será la plataforma para comenzar, inmediatamente después de los comicios, la ta­rea de encuentro, organización y recomposición.

Proponemos que en cada punto del país se realicen re­uniones, asambleas, conferen­cias, con el objetivo explícito de avanzar, ya a comienzos de 2016, hacia sucesivos encuentros nacionales que desemboquen en un Congreso Fundacional de un partido de la clase obrera, las juventudes y el conjunto del pueblo del campo y la ciudad.

Argentina, 28 de octubre de 2015

Unión de Militantes por el Socialismo| / Eslabón 133