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SOBRE RUSIA ? TEXTOS 26

EL PAÍS DE LA MENTIRA DESCONCERTANTE –

de ANTE CILIGA

 

LENIN TAMBIÉN 1

EL extraordinario capitulo, “LENIN TAMBIÉN” en donde Ciliga llega a criticar los fundamentos del leninismo, fue ocultado y censurado durante décadas: no aparecía completo en las primeras ediciones. En su primera edición completa en francés en 1949, prologada por el propio Ciliga y publicada ese año en Paris el autor aclara: La modificación más importante se ha producido en el capítulo “Lenin también…”. Este capítulo, que trata acerca de la política de Lenin durante la revolución rusa (de 1917 a 1924), se reproduce aquí en su redacción original con todos los argumentos que lo defienden, mientras que en la edición de 1938, a petición del editor, su contenido se redujo a una quinta parte y no hacía más que plantear el problema. Dada la importancia que estas partes del texto sobre el leninismo tuvieron en el pasado, que también han tenido y siguen teniendo en las discusiones actuales en todas partes, hemos tenido que dividir este capítulo en tres notas: era la única forma de tratar las cuestiones que Ciliga va planteando

Efectivamente es aquí donde Ciliga expresa mejor su ruptura con el leninismo y al mismo tiempo nos hemos visto obligados a insistir en lo que Ciliga no conocía (haciendo que las introducciones a las notas sean más extensas y complejas) de todas las luchas anteriores del proletariado en ese país.  En consecuencia, nos vemos obligados a comenzar a presentar los límites mismos de la ruptura programática de Ciliga con la socialdemocracia, marcada por el hecho de que solo conocía la versión que habían logrado imponer los bolcheviques sobre Rusia, lo que incluye a su vez aceptar el mito de que todo el proceso revolucionario en Rusia presocialdemocrático se habría reducido a un vago populismo terrorista, nihilista y/o “anarquista” /1

 La clave de la contrarrevolución leninista fue justamente presentarse como representante de lo opuesto: del proletariado y de la revolución social en Rusia. Pero para eso tuvieron que presentar a la democracia, a la socialdemocracia como la heredera de la lucha revolucionaria en Rusia y consecuentemente ocultar la verdadera lucha histórica del proletariado en ese país

Cuando Ciliga dice: Es más, todos estos grupos extremistas se formaron en 1919-1921 oponiéndose más o menos claramente a la política de Lenin, se refiere exclusivamente a las rupturas bolcheviques… Las oposiciones proletarias de primera hora socialistas revolucionarias internacionalistas de izquierda, anarquistas… (que eran las únicas que tenían muchas décadas de luchas contra el zarismo) y en general la lucha por la revolución social, no fueron conocidas por Ciliga, dado que fueron exterminadas en los primeros años 1917/19. Ciliga se refiere a las oposiciones que él conoció y que se desarrollaron después en 1919/21 que, salvo algunas referencias vagas, son las que conoció realmente.

Pero no deben subestimarse las mismas, no se trata para nada de grupúsculos aislados, como dirán con desprecio quienes quieren quitarle importancia a esta denuncia histórica del bolchevismo y en general a la contrarrevolución en Rusia. En efecto en el primer caso estamos hablando de decenas de millones de luchadores sociales que pelearon durante décadas contra el zarismo; en éste último caso se trata de decenas de miles de proletarios organizados en el partido bolchevique desde 1917 y que se fueron desilusionando ante la política burguesa del leninismo. Es en ese cuadro que adquiere importancia la distinción de Cíliga entre estas últimas y las oposiciones trotskistas, que eran incapaces de cuestionar a Lenin y las oposiciones que se desarrollaron contra Lenin [2] A pesar del límite que significó para Ciliga no conocer nada de las oposiciones opuestas a toda la socialdemocracia, es evidente que la distinción que hace, entre las oposiciones que siguen siendo leninistas y las que rompen con el reaccionario mito de Lenin sacrosanto, es de una importancia cardinal en los campos de concentración (¡por eso mismo fueron a parar a los campos , en su gran mayoría cuando Lenin estaba en el poder!), en Rusia en general y condicionaran todos los debates internacionales desde entonces

Las oposiciones que Ciliga denomina “comunistas de extrema izquierda” son claramente diferentes si rompieron o no con el nudo ideológico de Lenin mismo. Los que siguen siendo leninistas, como los trotskistas, conciben la revolución “socialista” como sinónimo de más capitalismo contra “la atrasada y semifeudal Rusia”, como gustaba decir a Lenin, en su totalmente sincera defensa del capitalismo.  La contrarrevolución para ellos no puede venir más que de la “pequeña burguesía”. Son tan capitalistas y estatistas, que todo lo que favorece el desarrollo económico y viene del Estado, les parece bien y siempre están a favor del autoritarismo estatal. En ese sentido anteceden a las oposiciones trotskistas y no se diferencian de ellas. En realidad ellos son partidarios de imponer el capital, el Estado, incluso pasándole por arriba a la pequeña burguesía. De ahí que las oposiciones leninistas capitulen tan fácilmente frente al Estalinismo con el mismo ritmo que el terrorismo del Estado del capital se va imponiendo.

Como Ciliga dice: Toda la estrategia de Lenin tras Octubre se basaba en la tesis de que la pequeña burguesía y el capitalismo privado eran los únicos que amenazaban al proletariado y al socialismo. Con coherencia leninista tales oposiciones que, como el trotskismo mismo, se habían hecho fuertes con el terrorismo de Estado de Lenin, aplaudirán el terrorismo de Estado de Stalin bajo el pretexto de que es contra los pequeños burgueses. Dichas oposiciones, por su función social y su programa son oposiciones burguesas y se contraponen a las oposiciones realmente proletarias al leninismo mismo. que en general Ciliga no conoce

Sin embargo la mayoría de las oposiciones bolcheviques SÍ conocieron las oposiciones proletarias, la mayoría de las cuales cuestionan las bases ideológicas de la socialdemocracia misma y algunas serán influenciadas por ellas hasta llegar a romper, en forma bastante importante, con la ideología leninista. Es parcialmente el caso de parte de los deceistas y más fundamentalmente el caso del “grupo obrero” (“de Miasnikov”) del partido bolchevique que cuestiona globalmente a Lenin y a toda la política burguesa y estatista del bolchevismo. Ciliga cita la importancia histórica del Manifiesto de dicho grupo proletario que se situará en continuidad con las oposiciones proletarias fundamentales a la socialdemocracia (leninista) y que junto con internacionalistas de muchos países (ejemplo con lo que fuera el mayor partido comunista del mundo de los primeros años: el KAPD), asumirá las posiciones de clase contra la política oportunista de la Internacional Comunista desde su fundación

En los extractos que siguen veremos que el conocimiento de estas críticas al leninismo ayudará a Ciliga a ir rompiendo con el mismo y llegando a una ruptura clasista en la medida que rompe al mismo tiempo con la crítica superficial de las oposiciones leninista. Lo más extraordinario del aporte de Ciliga es su capacidad autocrítica hasta reconocer que él también había sido partícipe de la religión “marxista leninista” que consideraba a Lenin como sacrosanto. Para todos nosotros estas notas aportan una clarificación decisiva sobre el leninismo mismo como religión de Estado.

Ricardo

EXTRACTOS

LENIN TAMBIÉN 1

Los grupos comunistas de extrema izquierda no temían referirse al conjunto de la experiencia revolucionaria en Rusia, al contrario que la oposición trotskista, para la cual la época de Lenin seguía siendo sacrosanta. Es más, todos estos grupos extremistas se formaron en 1919-1921 oponiéndose más o menos claramente a la política de Lenin. El papel de Lenin en la revolución era objeto de acaloradas discusiones en la época en la que estuve encarcelado en el aislador de Verkhne Uralsk. En las discusiones con el resto y en las reuniones internas, la oposición trotskista defendía esta tesis: “Lenin siempre tuvo razón”. Para no enfrentarse a este dogma, Trotsky “reconoció” hace mucho tiempo lo correctas que eran las posturas de Lenin en todos los litigios pasados. Así, Trotsky aprobó la propuesta de Zinoviev de llamar a su grupo opositor “bolchevique-leninista”. Más tarde, Trotsky se encargó de reforzar este dogma: la postura correcta, en lo que concierne a la revolución permanente (y de todos los conceptos trotskistas este es ciertamente el más valioso), no era la suya, sino la de Lenin. A decir verdad, añadía Trotsky, Lenin también era en realidad partidario de la revolución permanente, y por eso su desacuerdo era puramente formal y carecía de importancia… Esto llevó a la oposición trotskista a desarrollar un nuevo tema: las divergencias entre Lenin y Trotsky nunca fueron muy profundas; Lenin y Trotsky siempre estuvieron de acuerdo en el fondo y los  desacuerdos no se centraban más que en cuestiones de detalle. La oposición trotskista reconciliaba así el pasado de Lenin con el de Trotsky. Negándose a adoptar una actitud crítica el uno hacia el otro, le daba un barniz  burocrático a las cuestiones más violentamente contradictorias de sus respectivas tendencias. Ante la leyenda forjada por Stalin, no proponía un serio estudio de los hechos, sino otra leyenda. Algunos trotskistas, los del grupo “V.B.” (Voïnstvouionchtchi Bolchevik), 100% trotskistas, iban aún más lejos al declarar que si bien los desacuerdos entre Lenin y Trotsky llegaron a ser muy graves, era Trotsky el que tenía razón. Un hecho interesante es que los trotskistas, a quienes les encantaban las citas, siempre se referían a Trotsky y nunca, o en contadas excepciones, a Lenin. El grupo del “centralismo democrático” se hallaba en una posición muy difícil cuando ponía en entredicho a Lenin. A diferencia de los trotskistas, el origen de este grupo era la vieja guardia bolchevique. Así, tanto en sus ideas generales como en sus enunciados, era “leninista”. En sus comienzos, en 1919, en 1921, representaba la oposición del aparato local, “la oposición de las eminencias” contra el centro. Se oponía al centralismo burocrático del Comité Central de Lenin en nombre del “centralismo democrático”. De ahí su nombre. Estimando que Lenin se iba apartando de su propio programa o que no sacaba las conclusiones pertinentes de sus propias palabras, este grupo se basaba en la defensa del leninismo contra Lenin. Sin llegar a confesarlo, oponía al Lenin del periodo decadente de la revolución el Lenin del periodo ascendente [3]  Criticaba la política practicada por Lenin en el Poder apoyándose en los principios leninistas de El Estado y  la Revolución. Pero por profunda que fuese esta obra de Lenin escrita en 1917, no era capaz de dar respuestas concretas a los nuevos problemas que iban surgiendo en el trascurso de la revolución. El grupo había ido vegetando durante diez años (1919-1929), tan pronto capitulando ante un ultimátum de Lenin, tan pronto apoyándose en los trotskistas en la lucha contra Stalin.  Su orientación “más papista que el papa” se reveló estéril. El Plan Quinquenal sacudió a este grupo hasta los cimientos. La mayoría, al igual que los trotskistas, capituló. Justificaron su capitulación diciendo que desde el momento en que se ha liquidado la N.E.P. y a las clases burguesas, eran ellos los que estaban equivocados,  pues se está construyendo el socialismo. Si la situación de los obreros era miserable, era porque no se podía hacer una tortilla sin romper los huevos, pues antes de construir integralmente el socialismo hay que pasar por una última y difícil etapa, la de la liquidación de la última clase capitalista: la pequeña burguesía. Así es como Timofei Sapronov [4] , líder del grupo y uno de los obreros bolcheviques más conocidos de Rusia, explicaba la postura de los “renegados”. Si nos atenemos a los principios leninistas, la postura de los renegados no carecía de lógica. Toda la estrategia de Lenin tras Octubre se basaba en la tesis de que la pequeña burguesía y el capitalismo privado eran los únicos que amenazaban al proletariado y al socialismo [5]  Lenin castigaba con mano dura a todas las fuerzas opositoras que calificaban el burocratismo y el capitalismo de Estado como peligros que amenazaban a la clase obrera. Siguiendo el camino trazado por Lenin, los “decistas”, en vísperas del Plan Quinquenal, no hablaban más que de la victoria de la “contrarrevolución pequeño burguesa” y de la transformación de la URSS en un “Estado pequeño burgués”. La concepción Leninista no admitía otro tipo de contrarrevolución…

Y en esto llega el Plan Quinquenal, que declara la guerra a la pequeña burguesía y la liquida. Hay que elegir: o permanecer fiel a las tesis leninistas y reconocer que el Plan Quinquenal realiza el socialismo, o inclinarse ante la realidad y reconocer, dijera lo que dijera Lenin, el triunfo de una “tercera fuerza”: la burocracia y el capitalismo de Estado. Los “decistas” que no capitularon eligieron esta segunda vía… Pero este cambio en la evaluación de la situación, que de hecho negaba todas las concepciones de Lenin tras Octubre y que ponía en duda incluso también las de antes de Octubre, sólo se llevó a cabo lenta y progresivamente. Y el pequeño grupo “decista” de nuestro aislador, que incluía a unas veinte personas, se escindió debido a esto en tres o cuatro fracciones. Unos seguían pensando que Lenin, tras Octubre, aunque cometió algunos pequeños errores, mantuvo una postura correcta, y la línea no empezó a desviarse más que con Stalin; otros pensaban que ya en la época de Lenin, con la instauración de la N.E.P., la estructura democrático-burguesa de la revolución había pasado por encima de la estructura socialista y que el propio Lenin no sabía lo que hacía. Los terceros declaraban que a pesar de todas las proclamaciones, la estructura socialista de la revolución siempre fue más débil que la estructura pequeño-burguesa. La revisión del leninismo alcanzaba, pues, no sólo al capitalismo de Estado, sino también a la dictadura del partido. Al principio, cuando Lenin sostenía en 1920 la tesis del partido único y su dictadura, los decistas la aprobaron y siempre se demarcaron de la “Oposición Obrera”, que se levantó inmediatamente en contra. La experiencia de la dictadura del partido les llevó a rechazar sus primitivas ideas. Ahora empezaban a comprender que no puede haber democracia interna en el partido sin democracia obrera. El proceso de esta revisión de las ideas políticas de Lenin fue más rápido que el de la revisión de sus ideas económicas. En la deportación, pude seguir durante dos años todas estas peripecias. El resultado final fue una actitud crítica, por no decir hostil, hacia la actuación y las teorías de Lenin después de Octubre. En la crítica del Lenin del periodo revolucionario, el tono lo dio la “Oposición Obrera” de 1920, o mejor dicho su ala izquierda, que se organizó en 1922 con el nombre de “Grupo Obrero”. En el  lenguaje coloquial, a los partidarios de este grupo se les llamaba “miasnikovistas”, debido al nombre de su líder, Miasnikov, conocido obrero bolchevique. Estas es una de las figuras más destacadas de la revolución bolchevique. La “Oposición Obrera” y el “Grupo Obrero”, por sus orígenes, eran grupos de la vieja guardia bolchevique. Pero al contrario que los “decistas”, criticaron la actuación de Lenin desde el principio y no tanto en los detalles como en su conjunto. El “Grupo Obrero” fue incluso más lejos y se refería al régimen político de partido único, instaurado por Lenin antes de la N.E.P. En la persona de Serge Tiyunov, el “Grupo Obrero” tenía en el aislador a un ilustre representante, muy activo y riguroso. Por lo que se decía, no carecía tampoco de rasgos “nechaievistas [6]

Poniendo en la base de su programa la consigna de Marx para la Primera Internacional “La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”, el “Grupo Obrero” entró en guerra desde el inicio contra los conceptos leninistas de la “dictadura de partido” y organización burocrática de la producción, enunciados por Lenin en el periodo inicial de decadencia de la revolución. Al contrario que la línea leninista, exigía que fueran las masas quienes organizaran la producción, empezando por los colectivos de fábrica.

En lo que se refiere a la política, el “Grupo Obrero” reclamaba el control del poder y del partido por las masas obreras. Éstas, verdaderos jefes políticos del país, deberían tener el derecho de retirar del poder a cualquier partido, también al partido comunista, si estimaba que este partido no defendía sus intereses. A diferencia de los “decistas” y de la mayoría de la “Oposición Obrera”, cuyas reivindicaciones de “democracia obrera” se limitaban prácticamente al terreno económico y trataban de que se conjugara con la del “partido único”, el “Grupo Obrero” extendía su lucha por la democracia obrera a la reivindicación de libertad para los obreros de poder elegir entre los partido políticos concurrentes en el medio obrero. El socialismo sólo puede ser obra de la libre creación de los trabajadores. Mientras que esto que se estaba edificando mediante la coacción y se le daba el nombre de socialismo, para ellos no era más que capitalismo burocrático de Estado, desde el principio.

En 1923, en mitad de la mayor huelga dirigida por el “Grupo Obrero”, éste se dirigió al proletariado ruso y al proletariado internacional con un Manifiesto en el que exponía sus puntos de vista, claramente y sin circunloquios inútiles. En él estigmatizaba la creciente tendencia bolchevique de no apoyarse ya en la clase obrera, sino en el “culto al jefe”. Este manifiesto es uno de los documentos más destacados de la revolución rusa. Cuando se está produciendo el derrumbamiento interno de la revolución rusa, este documento adquiere el mismo significado que el Manifiesto de los Iguales de Babeuf, que apareció cuando se derrumbaba internamente la revolución francesa

Durante bastante tiempo, en el aislador, me abstuve de participar en las discusiones acerca del papel de Lenin. Yo pertenecía a esta joven generación comunista que había crecido con la idea de que Lenin era sacrosanto. Para mí estaba claro que “Lenin siempre tuvo la razón”. Los resultados –la toma revolucionaria del poder y su conservación– hablaban a su favor. Por tanto, concluía yo con mi generación, la táctica y los medios también eran los correctos. Cuando llegué al aislador, hablé en ese sentido. Y no me llevé poca sorpresa al escuchar al obrero “decista” Prokopenia darme este irónico consejo:

– Es inútil que te acalores, camarada Ciliga, hablando de la lucha de Lenin contra la burocracia. Te basas en uno de los últimos artículos que escribió antes de morir, el de la reforma de la Inspección Obrera y Campesina. ¿Acaso llama en él a que las masas se organicen contra la burocracia? Nada de eso. Propone la creación de un organismo especial con personal bien pagado, un organismo superburocrático que debe combatir contra… ¡la burocracia!

“No camarada extranjero –continuó Prokopenia–, Lenin al final de su vida perdió su confianza en las masas obreras. Contaba con el aparato burocrático, pero por temor a que éste se excediera, quiso limitar el mal haciendo que una parte del aparato controlara a la otra.” Tras un instante de silencio, continuó: “Evidentemente, no hace falta pregonarlo a los cuatro vientos, pues lo único que conseguiríamos es dar más argumentos a Stalin. Pero no deja de ser un hecho.” Si el estudio de las discusiones y las disputas del pasado me interesaban poco era porque estaba completamente sumergido en los problemas presentes. Pero en la medida en que me interesaban estas cuestiones históricas, me parecía que estos grupos sobreestimaban la importancia de sus viejas diferencias con Lenin. El destino de la revolución, en mi opinión, lo decidía la correlación de fuerzas entre las clases y no las fórmulas o las tesis que adoptara tal o cual tendencia interna.

A. Ciliga


1/ Varios compañeros me han escrito y/o han publicado comentarios generales aportando diferentes elementos y evaluando la importancia de la ruptura programática de Ciliga. Al mismo tiempo se preguntan por qué esa posición no logró hacerse conocer internacionalmente en esos años. No me faltan las ganas de pronunciarme sobre todo esto, pero creo mejor hacerlo, en un futuro próximo y sobretodo luego de presentar este importante capítulo que permitirá una mejor evaluación de la capacidad de la contrarrevolución en ocultar lo que nos era más importante y esencial a nivel mundial. Así como el oscurantismo de nuestro presente, nos clarifica sobre la importancia de la ruptura de Ciliga, también nos da la pista de cómo se puede haber ocultado a Ciliga mismo. Pero desde ya puede adelantarse que la clave se encuentra en que más allá de la contrarrevolución stalinista/leninista en Rusia, lo que está triunfando en ese momento es la contrarrevolución mundial que había falsificado social democráticamente la historia mundial en base a su objetivo central: transformar la energía revolucionaria del proletariado internacional en base a la ideología de las tareas democrático burguesas, en fuerza de trabajo renovada del capitalismo mundial. En Rusia la falsificación iba mucho más allá que el leninismo mismo que Ciliga cuestiona: la verdadera revolución rusa nunca había estado representada por los partidos de la socialdemocracia (mencheviques y bolcheviques) contrariamente a la historia que Ciliga llegó a conocer. Estos partidos así como la misma concepción democrática se habían desarrollado no con la revolución proletaria en Rusia, sino contra ella. Pero este tema requerirá el dar a conocer y discutir sobre otros materiales.

[2] Las oposiciones que se unificaron contra la política imperialista de los bolcheviques y en general contra la política capitalista de la primera hora, nunca habían sido socialdemócratas, ni demócratas en general y rechazaban globalmente a los bolcheviques en general.

 

[3] Esta distinción entre ascendente y decadente es clásica y se encuentra en la obra de Marx. Pero aquí vemos que para Ciliga, el período decadente de la revolución no empieza con el poder bolchevique, como en realidad sucedió, porque desde el principio el leninismo reprimió a todas las fuerzas revolucionarias del proletariado que llamaban a continuar la revolución. Como veremos y criticaremos en las notas siguientes para Ciliga hay un período todavía ascendente gracias al leninismo (Nota de Ricardo).

[4] Timofei Sapronov (1187-1937), bolchevique desde 1912, miembro de la fracción de izquierda de Bujarin en 1918, posteriormente será uno de los líderes de los “decistas” (centralistas-democráticos). Firmante de la “Declaración de los 46” en 1923, es expulsado del partido en diciembre de 1927 y deportado a Crimea. Tras capitular en 1928, será arrestado de nuevo en 1932 y sentenciado a muerte en 1937

[5] Ello implicaba que el gran capital Estatal era para Lenin el aliado principal y también el objetivo al principio. Cabe señalar que luego el propio Lenin considerará que el capital privado también será aliado de la “patria socialista” y por eso defenderá abiertamente el libre comercio y la burguesía e impondrá la NEP en 1921 (Nota de Ricardo)

[6] El anarquista jacobino Nechaiev, discípulo de Bakunin, a quien inspiró su “catecismo revolucionario”, fue el típico “nihilista” de la época zarista. Inspiró a Dostoievski la célebre novela Los Poseídos. [Nota del traductor de la edición francesa de 1950]