El primer día de enero de 1978 el venerable LUCIO G se presento en sociedad uruguaya, en los salones del clásico, hotel de Carrasco de Montevideo: llevaba traje color crema, sombrero panamá, anteojos con armazón de oro y bastón con pomo de oro centellante. Un general uruguayo vestido de civil se puso de pie y dio la bienvenida, al nuevo amigo italiano, augurándole grandes éxitos. GELLI Y ORTOLANI HICIERON NEGOCIOS CON EL BAFISUD (BANCO FINANCIERO SUDAMERICANO), que aumento su movimiento de dinero hasta llegar al record de 150 millones de dólares. La P-DUE de encargo de acercarle parteners influyente s: LA BANCA NAZINALE DEL LAVORO, DEL BANCO DE SICILIA, LA CSALPINE OVERSEAS BANK NASSU, DE BAHMAS (`PROPIEDAD DEL BANCO AMBROSIANO) y el también BANCO OCCIDENTAL DE MADRID. Don Licio ( le gustaba que lo llamaran Luciani en honor a un Papa) compro una villa en Montevideo, cerca del aeropuerto, entre un bosque de pinos y eucaliptos. Pago .600.000 dólares por su casa de quince habitaciones y un pequeño zoológico, y tardo más de un año en remodelarla, trayendo mármoles de carrara, cuadros de autores clásicos y antigüedades de todo tipo. También se ligo a los halcones de la dictadura: el ministro del interior Manuel Núñez el director de la escuela militar Alberto Ballestrino, el jefe de policía Hugo Arregui, el general Luis Queirolo , y con Pablo Pardo Santallana, propietario del banco comercial
Cabe acotar que el general Giulio Grasini, director de los servicios secretos, entre 1978 y 1981, reconoció, haber enviado a Don Licio a varias misiones internacionales de espionaje que aseguro no podía revelar por tratarse de asuntos de estado
En Washington, la viuda de CALVI declaro el verdadero jefe de p-due era Giulio Andreotti-líder democristiano, GELLI era el cuarto en jerarquía Andreotti el primero, Francisco Consentino, secretario de la cámara de diputados lo seguía.
La República revelo que la trama de la P-DUE enredo a la CIA al vaticano.
Parte de esta informacion es tomada del libro "ARGENTINOS" (2) escrito por el periodista muy reconocido en argentina Jorge Lanata
Aníbal Artigas
P 2 en Uruguay
En relación a lo enviado por el compa Aníbal agregamos esta nota
El Venerable Licio Gelli y la P2
Por Pino Buongiorno
17 de noviembre de 2011 Blog corruptosuruguay
La orquesta alternaba apasionados tangos argentinos y viejas melodías napolitanas. Algunas parejas bailaban exhibiéndose en pasos falsos y cambiados. Los ventiladores a paletas atenuarían a medias el calor de aquella húmeda noche de pleno verano.
El salón de fiesta estaba colmado; había cerca de doscientas personas. Estaban allí el Gotha militar del Uruguay, algunos diplomáticos acreditados en Montevideo, una decena de riquísimos terratenientes llegados del Paraguay y distintos políticos argentinos.
Umberto Ortolani, con saco negro y pantalón blanco, hacía los honores de dueño de casa junto a su mujer Marcella, que había deslumbrado a todas las señoras con aquellos siete hilos de perlas al cuello. No obstante el aspecto viejo y decadente, el hotel Casino Carrasco conservaba aún intacto su encanto.
También el chef estaba a la altura de aquella noche. Era óptimo el potaje hispanogermano, con trocitos de ananá fresco. Excelente, naturalmente, el mixto de carne a la parrilla. Faltaba sólo el agasajado, Licio Gelli. Aquella gran cena de primero de año de 1978 era en su honor: su presentación oficial a la sociedad uruguaya.
De improvisto, cerca de las 23, la orquesta dejo de sonar. En el fondo del salón apareció Gelli, con traje color crema, sombrero panamá en la cabeza, anteojos con armazón de oro y bastón con pomo de oro centelleante. Caminaba lentamente dando el brazo a su mujer Wanda, enjoyadísima para la ocasión. Ortolani corrió a recibirlo.
Él le hizo una seña con la cabeza y comenzó a pasar revista a las mesas para las presentaciones. Hablaba con voz débil y pronunciaba alguna palabra de circunstancia; a todos les deseaba "feliz año". Se aproximó a un diplomático italiano: "¿Cómo están las cosas en Roma?", le preguntó. "No es un buen momento, comendador", respondió el diplomático. "Lo sé, lo sé", dijo Gelli. "Veremos qué se puede hacer para mejorar la situación. Entre tanto ¡diviértase! "A medianoche en punto brindaron con Moët & Chandon producido en la Argentina. Un general uruguayo vestido con ropas civiles se puso de pie y dio solemnemente la bienvenida al "nuevo amigo italiano" y le auguró "grandes éxitos".
A 25 minutos de vuelo de Buenos Aires, después de haber atravesado el estuario del Río de la Plata, el jefe de la P2 había descubierto en el Uruguay un nuevo paraíso para multiplicar sus negocios. Un país que era al mismo tiempo una inmensa caja fuerte para capitales libres de impuestos y de control y una gran hacienda con vista sobre el Atlántico, con las vacas en el pastizal abundante de los gigantescos latifundios y, los turistas cada vez más numerosos sobre las playas de Punta del Este, una localidad balnearia de moda, conocida también como la "Acapulco del Cono Sur".
En Montevideo había encontrado a su brazo derecho, Umberto Ortolani, una verdadera potencia financiera, con el acreditadísimo y muy dinámico Banco Financiero Sudamericano (BAFISUD): cinco agencias en la capital y cinco sucursales en el interior del país, una filial sobre la avenida Paulista, en San Pablo, Brasil, y dos oficinas de representación, una en Roma y otra en Ginebra.
Desde que lo había comprado, a comienzos de 1970, el BAFISUD no había hecho otra cosa que aumentar su movimiento de dinero hasta alcanzar la cifra récord de 150 millones de dólares, con capitales especulativos provenientes sobre todo de Italia, como había admitido el mismo Ortolani ante una comisión del gobierno uruguayo.
También los partner del Banco eran importantes: Lavorobank, una financiera luxemburguesa controlada directamente por la Banca Nazionale del Lavoro el Banco de Sicilia; la Cisalpine Overseas Bank de Nassau, de Bahamas, propiedad del Banco Ambrosiano de Roberto Calvi y el Banco Occidental de Madrid, dependiente del Banco Ambrosiano
El régimen político del Uruguay era sin duda lo mejor que Gelli podía desear. En el poder, después del golpe de Estado del 27 de junio de 1973, estaban los militares, quienes habían transformado en una dictadura durísima aquella que había sido hasta entonces una isla de civilidad.
En el Uruguay, la famosa Suiza de América latina, la mujer había alcanzado la paridad de derechos ya en 1910; el analfabetismo había sido erradicado a fines de 1920 y las instituciones eran un modelo de eficiencia y seriedad. Con los generales, en cambio, habían llegado los escándalos, la corrupción y el peculado.
La represión era feroz: cerca de 80.000 personas encarceladas; 60.000 torturadas, 200 muertas bajo tortura; 110 prisioneros oficialmente "desaparecidos"; 15.000 dirigentes políticos proscriptos; 107 decretos de clausura de diarios y revistas. También las condiciones de vida habían empeorado: los salarios habían perdido más del 40 por ciento del poder adquisitivo; 500.000 personas habían sido obligadas a emigrar, los desocupados, sobre un total de 2.800.000 habitantes eran 300.000.
Los únicos sectores que habían recibido ventajas eran el gran capital bancario ligado a la especulación financiera y la industria de la conservación de la carne. En total no más de 150 familias. Vivían todas en la residencia de Carrasco, a 10 kilómetros del centro de Montevideo, en el "barrio de los elefantes", definido así porque allí habitan los "elefantes", los poderosos del país.
También Gelli, que "elefante" se ha sentido siempre, fue a comprar una villa en 1978 entre los pinos y eucaliptos de Carrasco. Quizás era menos bella que la de Arezzo, pero también esta tenía de todo: un parque grandísimo que ocupaba toda una manzana, la piscina, una veintena de habitaciones y por último un pequeño zoo. La pagó 600.000 dólares.
Para reestructurarla y arreglarla empleó más de un año: hizo traer directamente de Italia los preciados mármoles de Carrara, los muebles seleccionados por anticuarios, los cuadros de autores famosos. Para transportarlos usufructuó de las franquicias de los diplomáticos. Amigos en el ambiente no le faltaban, comenzando por el embajador Emiliano Guidotti, toscano como él, siempre a su disposición. Logró también hacerse instalar un teléfono conectado al servicio de telediscado internacional. Otro símbolo de poder, en el Uruguay no lo tienen más de 80 familias. Y de Estados Unidos se hizo mandar una potentísima radio transmisora.
Aquella villa, transformada en fortaleza, a sólo 300 metros del palacete estilo morisco de Ortolani, se convirtió en el cuartel general de sus negocios en América latina. Organizó diversas recepciones y huésped fijo era el embajador argentino en Montevideo, Guillermo de la Plaza, ya afiliado a la logia secreta, un personaje clave para entrar en contacto con los generales y ministros más influyentes.
También se ligó a los halcones de la dictadura: el ministro del Interior, Manuel Núñez; el director de la Escuela Militar, Alberto Ballestrino; el jefe de la policía de Montevideo, Hugo Arregui, que dimitieron tres meses después, a fines de mayo de 1981, porque estaban comprometidos en un grueso escándalo financiero.
Logró además acercarse al general Luis Queirolo, jefe de estado mayor del Ejército, el hombre fuerte del régimen. Para congraciarse con él, el 28 de diciembre de 1979 lo hizo condecorar con la "Gran Croce al merito con Spade" por el fiel Ortolani, designado el 19 de julio de 1979 embajador de la Soberana Orden Militar de Malta, quitándole a último momento el puesto a un secretario de la embajada de España, el abogado Medina. Asimismo, estrecha amistad con Pablo Pardo Santallanna, al propietario del Banco Comercial la principal entidad bancaria privada del Uruguay, y editor de dos diarios de Montevideo, "Mañana" y El Diario”.
Construida así la red de enlace con las cumbres del país, Gelli creó un imperio de inmuebles y latifundios. "Tierras y departamentos", repetía frecuentemente, "son las inversiones más seguras". En pareja con Ortolani fundó 280 sociedades anónimas, con sede en el edificio Artigas, en el centro de Montevideo.
Entre las propiedades más importantes está la Cachorro, y se incluyen además de su villa otra treintena de casas en Carrasco, muchas de las cuales fueron compradas a precios irrisorios a los diplomáticos acreditados en el Uruguay.
Compró también departamentos y chalés en Punta del Este y haciendas en el interior del país, sobre todo en el Departamento de Soriano. Igualmente adquirió terrenos para hacer importantes especulaciones, como los 1850 lotes (por un valor aproximado a los 80 millones de dólares) del conocido Club del Lago. Confió la administración de todos estos bienes a un comerciante de Montevideo, Luis Fugasot, a quien, naturalmente, lo inscribió en su logia.
Desde el Uruguay extendió sus ramificaciones al Brasil, a Méjico y a Venezuela, donde adquirió decenas de propiedades en los lugares más elegantes, y una sociedad de import-export. Pero sobre todo Gelli se fijó como objetivo a uno de los 183 propietarios de tierras del Paraguay, otra dictadura de hierro, donde domina de modo absoluto desde mayo de 1954 el general de origen germano Alfred Stroessner que ha fundado su poder en el anticomunismo militante, la rígida aplicación del liberalismo económico el contrabando y la corrupción.
El Paraguay debía ser su refugio ideal cuando las cosas se pusieran mal en otro lugar. Stroessner siempre había sido hospitalario con los prófugos millonarios y tuvo en el punto de mira la protección de los perseguidos encolados en el nazismo o en el fascismo: aún hoy viven en las perdidas plantaciones del Chaco paraguayo, sin ser estorbados, criminales de guerra nazis como Josef Mengele, el "ángel de la muerte de Auschwitz", y Eduard Roschmann, el "carnicero de Riga".
Para los neofascistas italianos existe una especie de hermandad con todas las características, también en el nombre, de una logia masónica que asiste y protege a los "socios": "La Sociedad Italiana Socorros Mutuos". Allí están inscriptos desde 1978 Gaetano Orlando, Elio Massagrande y Clemente Graziani, tres de los mayores exponentes de los negocios turbios, requeridos por la justicia italiana para ser sometidos a investigación. "Somos tratados con guante blanco", ha admitido el mismo Massagrande en una entrevista realizada por un periodista brasileño. Y, francamente, Gelli no podía elegir una compañía mejor