"Cuba y el Che. La ruta mágica”. de Torres, ya fallecido, fue uno de fundadores del MLN-T, y un protagonista directo y de primera línea en algunos aspectos cruciales de los primeros tiempos. Dejó reflexiones muy serias sobre la experiencia tupamara, y más en general sobre las experiencias guerrillera en el continente, que pueden ser compartidas o no. Pero más allá de menciones puntuales, lo que no veo es, ni que se recupere y continúe su planteo, o que se lo refute. De los temas que él planteó, simplemente no se habla. “Fernando Moyano
Se transcribe el primer capítulo del libro:
“Existeun dato que ha proporcionado la historia del último medio siglo, pero que, sin embargo, no ha merecido, hasta la fecha, la atención que a nuestro juicio debería haber tenido. A partir del triunfo de la revolución cubana el 1° de enero de 1959, dirigida por Fidel Castro, en catorce países de nuestro continente se intentó reproducir o llevar a la práctica el mismo método que condujo al triunfo de la guerrilla en la isla de Cuba. A pesar de ser una cifra impactante, todavía podría incrementarse con dos países más, aunque en ambos casos con procesos y características diferentes (Colombia y Granada) que aclararemos.
A este primer dato de la realidad que hemos señalado, hay que agregar algunos más que no son menos importantes. De los catorce países en donde se intentó reproducir el modelo revolucionario cubano que condujo al triunfo, se fracasó en trece; y en el único donde triunfó la guerrilla fue en Nicaragua, donde se ha desarrollado un proceso lleno de luces y sombras que perdura hasta el presente.
Pero cuando decimos catorce países, en realidad apenas si estamos señalando una mínima parte de todo este proceso, o de ese fenómeno. Y es así porque también corresponde agregar como otro dato de la realidad, algo que vuelve más preocupante y hasta inexplicable el citado fenómeno, y ese dato es el número de organizaciones que intentaron reproducir lo que creyeron era el método adecuado que aseguraría el triunfo de sus ideas y sus proyectos revolucionarios. Ese número supera largamente las veinte.
Otro aspecto de no menor importancia, y que marcó al conjunto de los intentos fracasados, es el número de víctimas que, de hecho, aquellas experiencias produjeron. Si bien es cierto que hasta la fecha no se ha realizado un cálculo global de víctimas, que por otra parte resulta muy difícil, las estimaciones que pueden hacerse a partir de diferentes fuentes superan los cientos de miles, con mayor o menor número según cada país y cada experiencia llevada a cabo.
Pero a esa cantidad aterradora hay que agregar todavía al análisis de los aspectos cualitativos que distinguen a una parte de esos cientos de miles de individuos aniquilados por los ejércitos represores. Es que, dentro del total, cayeron definitivamente miles de combatientes que pueden ser calificados, sin cometer exageraciones ni errores, como partes integrantes de las cabezas políticamente más lúcidas en cada uno de los países. Vale decir que estamos señalando el costo en capital social que podría haber resultado decisivo para implementar otro futuro en cada caso y también para orientar a las generaciones siguientes.
El cuarto aspecto que merece especial destaque es que, como consecuencia de las experiencias guerrilleras llevadas a cabo, surgieron, y se consolidaron por largos años, sangrientas dictaduras militares que arrasaron con las tradicionales instituciones democráticas, con las organizaciones políticas, sindicales y estudiantiles, impulsando e imponiendo, de paso, planes económicos neoliberales que tuvieron como resultados el incremento de la pobreza, la marginación de grandes sectores de las sociedades, la inequidad social a todos los niveles, el exilio y el terrorismo de estado como metodología, y finalmente los discursos y las medidas económicas que no eran otra cosa que las que impulsaban las grandes multinacionales y los países centro del poder económico mundial.
Como quinto punto de esta enumeración, aparece uno que resulta altamente llamativo porque instaura una nueva modalidad de práctica política a nivel continental; en efecto, las guerrillas no responden a lo que hasta entonces habían sido las vigentes adhesiones ideológicas o partidarias, sino que congregan y se nutren de militantes y combatientes que provienen de ideologías y concepciones que hasta entonces, y a menudo, no solamente eran antagónicas sino que estaban casi siempre enfrentadas. Las experiencias guerrilleras que se instalan no responden a ninguna de las llamadas internacionales, e inclusive manifiestan su oposición y críticas a ellas.
El sexto aspecto claramente destacable lo constituye el cuerpo central de las concepciones que justifican, alientan e impulsan estas prácticas guerrilleras. En efecto, aunque en algunos casos con pequeñas variaciones que imponen las realidades nacionales, todas ellas toman como teoría funcional, determinante y decisiva, aquella que elaboraron en Cuba, y promocionaron en todo el continente, Fidel Castro, Regis Debray y Ernesto Guevara y que era conocida como teoría del foco. Estos tres "teóricos", a partir de una especial interpretación del proceso revolucionario cubano, reducen a un único elemento el factor decisivo del triunfo obtenido. Ese reduccionismo, sin embargo, se transforma en el factor teórico e impulsor de carácter decisivo en las diferentes prácticas revolucionarias que se intentan a lo largo y lo ancho del continente.
El punto séptimo y último se propone dilucidar una cuestión o interrogante que ha sido eludida hasta el presente: ¿la revolución cubana -y su teoría o teorías en cuanto a la factibilidad de aplicar con éxito en otros países lo que interpretaban como el único y acertado camino- tiene alguna responsabilidad en el fracaso de las experiencias guerrilleras que alentaron y apoyaron; es co-responsable principal de aquellas experiencias que acabaron en derrotas completas, totales?
(Jorge Torres. Cuba y el Che. La ruta mágica - Fin de Siglo, 2007) - Fernando Moyano
El objetivo de estas notas es argumentar que las guerrillas de la década del 60 hasta nuestros días se enmarcan en un proceso histórico, donde ocupan el período de luchas precursoras hacia las revoluciones triunfantes por el socialismo y que esas luchas precursoras tiene un sustento teórico con influencias de las revoluciones proletarias triunfantes del siglo XX cuyos vehículos políticos fueron los partidos, las organizaciones político-militares, los movimientos revolucionarios, etc.
Todas las clases revolucionarias han recogido las luchas que jalonaron el camino hacia el éxito, valorándolas, no en función de éxitos o fracasos (pragmatismo burgués) sino como etapas ineludibles hacia el poder.
Consecuente con las ideas guías del leninismo “… En segundo lugar, el marxismo exige que la cuestión de las formas de lucha sea enfocada históricamente. Plantear esta cuestión fuera de la situación histórica concreta significa no comprender el abecé del materialismo dialéctico”, (Guerra de Guerrillas –Lenin) analizaremos el período revolucionario anterior, el de la burguesía.
La guerra de guerrillas en Latinoamérica: orígenes y el proceso emancipador de la burguesía revolucionaria contra la dominación española., raíz que influencia la realidad del proceso revolucionario de la clase trabajadora de los siglos XX y XXI
El significado de proceso implica que los hechos tienen un antes, un durante y un después. En el caso de las luchas de liberación contra el dominio español en la primera mitad del siglo XIX, existen antecedentes de esas luchas en los siglos anteriores. En cada proceso revolucionario existen luchas que se anticiparon a la etapa histórica donde se fraguaron los hechos que condujeron a la victoria, son luchas precursoras. Estas luchas fueron precedidas por una teoría revolucionaria y la práctica social las fue confirmando.
Lo nuevo se engendra de lo viejo y una vez más, el período de la independencia contra el dominio español, lo confirma. De las entrañas de la monarquía feudal, mercantilista, monopólica y retardataria del desarrollo de las fuerzas productivas, surge un pujante capitalismo empujado por una burguesía revolucionaria.
Todos los sectores sociales comprometidos con la revolución iniciada en los primeros años de siglo XIX (1800-1820) (indios, esclavos, criollos, burgueses) tuvieron en los siglos anteriores expresiones de lucha, siendo las guerrillas el método más frecuente.
El siglo XVIII o sea todo el 1700, es un siglo de lucha de clases donde la lucha ideológica entre burgueses y feudales es preponderante, y en el plano de la lucha política se va consolidando la revolución burguesa inglesa, y en el transcurso del siglo se dan las revoluciones burguesas de EEUU (1779) y Francia (1789).
Las ideas revolucionarias burguesas de los enciclopedistas, de Locke, de Voltaire, de Rousseau, de Montesquieu, etc. se van materializando con los procesos revolucionarios hechos en Europa y América del Norte junto a los procesos revolucionarios en desarrollo de América Hispana.
Las luchas precursoras
Durante dos siglos los mapuches desarrollaron la guerra de guerrillas contra los españoles. En Hispanoamérica, en los años, 1780-81, apenas 30 años de la Revolución de Mayo en 1808-10, el movimiento insurreccional acaudillado por Tupac Amaru, que es sin duda, la rebelión mas social en la historia de las tres Américas; que se refleja en un programa claro y definido: extinción de corregidores, supresión de mitas, eliminación de obrajes y otras formas de explotación degradante. Esta rebelión, como un vendaval terrible, conmovió los cimientos de la estructura de opresión española en las Indias, constituyendo uno de los jalones más importantes en el camino hacia la independencia de Hispanoamérica.
La insurrección de Tupac Amaru había estado precedida por Juan Santos Atahualpa que había combatido a los españoles desde 1742 a 1761 sin ser vencido, y que llegó a crear un estado libre en la zona selvática del Perú, que se extendía al Matto Grosso en alianzas con etnias guaraníes. Vinculada con su rebelión, se había producido una insurrección india en Lima en 1750, con apoyo criollo, sofocada a sangre y fuego por el poder español. En Quito, en julio 1765, miles de criollos, mestizos e indígenas se amotinaron.
Solamente las rebeliones de mediados del siglo XVIII en el Alto Perú fueron: entre 1730 y 1739 diez rebeliones, la mitad en la década 1740, once de 1750 a 1759, veinte entre 1760 y 1769 y sesenta y seis de 1770 a 1779.
La zona guaraní, presentó bajo el siglo XVIII una serie de levantamientos de distintos orígenes e intereses.
En 1781 sucede en Nueva Granada, actual Colombia, uno de las principales rebeliones por el régimen impositivo español.
Las insurrecciones de esclavos negros del siglo XVIII, (negros, zambos y mulatos) fueron precursores de la independencia de Haití y Venezuela. En 1795, levantamientos en Jamaica y otras islas, revolución en Haití (Toussaint) y en Venezuela un gesta liderada por Chirino
Existen en toda Latinoamérica, movimientos burgueses precursores directamente comprometidos por demandas y acciones por la independencia de los imperios de Portugal y España.
En 1789 estalla en Brasil, la rebelión de “Tiradentes” hacia una república liberal.
En Ecuador, en 1752 las conspiraciones de Eugenio Espejo. Diez años después del levantamiento de los comuneros en Colombia (1781), Antonio de Nariño prepara la revolución separatista en 1797.
La conspiración de los Tres Antonios en Chile (1780), fue también un movimiento precursor de la Independencia.
En Venezuela, uno de los movimientos más relevantes fue encabezado en 1797 por Picornell, Gual y España. Participó, asimismo, Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar. El plan de Gual, encargado de las operaciones militares, contemplaba realizar ataques simultáneos en Caracas, Coro, Valencia, Puerto Cabello, Maracaibo y Cumaná.
Francisco de Miranda no sólo fue precursor de la independencia, sino pionero de la unidad latinoamericana. La expedición de Miranda fue derrotada porque no encontró ningún apoyo de la población. Además de las fuerzas militares, faltó un paciente trabajo de adhesión y participación de los sectores sociales interesados en la Independencia.
Los partidos políticos revolucionarios de la emancipación de España: las logias
Creada la doctrina revolucionaria, era necesario sembrarlas y le corresponde un destacado papel a los partidos-sectas, las logias masónicas. Concientizaron, conspiraron y organizaron la empresa emancipadora.
En el siglo XVIII en Inglaterra se forma la Gran Logia de Londres que se desarrolla rápidamente en Europa, en Norteamérica y luego en Sudamérica. Reclutan nobles progresistas, burgueses y clérigos reformistas. A las Logias se integran los filósofos y los hombres de la Revolución Francesa (Voltaire, Montesquieu, Dantón Robespierre, Marat); son masones los líderes de la revolución norteamericana (Franklin, Washington y Payne). En Latinoamérica son masones Miranda, Bolívar, O´Higgins, San Martín (Logia Lautaro) y Alvear, entre decenas de próceres. Inglaterra domina las logias, que predican la independencia de las colonias de España, en un proceso lento e instaurando monarquías parlamentarias a su semejanza, pero a partir de la revolución francesa nuevas logias de influencia francesa se desarrollan en América con las consignas de revolución acelerada y la fórmula republicana. Y desde 1807 se detectan, agentes norteamericanos de la logia yorkina de EE.UU., con la misión de apoyar la revolución en el Río de la Plata, que al igual de las logias de influencia francesa eran republicanas pero bajo las fórmulas de federación o confederación. Las diferentes Logias recibieron de Gran Bretaña, Francia y EE.UU. apoyo diplomático, recursos y armamento (a modo de ejemplo el chileno O’Higgins consiguió un préstamo británico con el cual se financió la campaña de Los Andes de San Martín).
Todas las logias organizan la lucha armada durante decenios, a veces en forma prematura, y la lanzan hacia la victoria en la coyuntura histórica de debilidad de la corona española; período de la resistencia española contra las tropas napoleónicas, en el marco de la crisis estructural generalizada del colonialismo español.
La guerra de guerrillas en la emancipación, se convierte en un método eficaz en períodos, tanto en los flujos como en los reflujos. Güemes en Salta, Juana Azurduy en Bolivia, las guerrillas mexicanas bajo Vicente Guerrero entre 1815 y 1820, Manuel Rodríguez en Chile, las guerrillas de Santander en Colombia, etc.
Próxima entrega: las guerras de guerrillas latinoamericanas en la segunda mitad del siglo XX, precursoras de la revolución socialista