Envíopostaporteñ@ 1549

CRISIS HAITIANA Y RESPUESTA AL EMBAJADOR ARGENTINO EN HAITÍ

Henry Boisrolin
Coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina


Resumen Latinoamericano, 31 de enero 2016.-

La crisis política y social haitiana ha entrado en una nueva etapa y dinámica. Hoy, sin lugar dudas, queda claro que la máscara de la dominación ha perdido de manera significativa su eficacia y eficiencia de antaño y se desarma casi al mismo ritmo que la descomposición del sistema de dependencia impuesto hace más de un siglo. Salvo un observador mal intencionado o afectado por una severa ceguera política no puede aprehender la rebelión popular que ocurrió en Haití como la principal arma que ha hecho imposible la aplicación en los últimos meses de varias maniobras y estrategias del poder imperial que pretendían seguir con el statu quo.

En este sentido, la farsa electoral trágica empezada con la primera vuelta de las legislativas el 9 de agosto último pasado y luego con la escandalosa jornada de la primera vuelta de la presidencial el 25 de octubre pasado, ha sido bloqueada por la voluntad popular a partir de una resistencia marcada por una movilización popular activa y combativa a través de las calles del país. Puerto Príncipe, la capital, se transformó en el epicentro de esta rebeldía, y la gigantesca manifestación del viernes 22 de enero de 2016 asestó el golpe mortal a la pretensión de hacer avalar a todo un pueblo lo inaceptable. La postergación sin die del balotaje que estaba previsto para el 24 de enero como consecuencia directa de la misma no ha sido sólo una derrota del gobierno del presidente Martelly y del CEP -Consejo Electoral Provisorio- sino también de la llamada Comunidad Internacional comandada por el imperialismo norteamericano. Pues esta entidad fue la que -a pesar de todas las denuncias con pruebas irrefutables de fraudes masivos, de actos de violencia perpetrados sobre todo por los partidarios del actual gobierno para imponer a sus candidatos, de la decisión de la inmensa mayoría de las organizaciones haitianas exigiendo una revisión de lo actuado antes de seguir con el proceso electoral- alentó al gobierno y al CEP de seguir con la mascarada.

Pero la ira popular que se desató ese viernes 22 de enero pasado, por ejemplo, al llegar la manifestación frente a la Embajada de Canadá, fue determinante e hizo comprender a los enemigos del pueblo que era preferible suspender la comedia. Así, minutos después el presidente del CEP en un mensaje televisado anunció al país la postergación sine die de la elección. Ni siquiera la presencia y el accionar represivo de la MINUSTAH como fuerza de apoyo a la Policía Nacional Haitiana han podido doblegar esa determinación popular.

Ahora, cabe resaltar que esta victoria y manifestación de la soberanía popular es la característica de la actual etapa. Y es el primer paso en un nuevo camino donde la injerencia internacional tuvo que retroceder. Hace bastante tiempo desde que el despertar de la conciencia en medio de una terrible situación de miseria generalizada, del colapso de las estructuras de dependencia, y gracias a un trabajo de hormiga en el seno de las masas a pesar de las enormes dificultades por parte de varias organizaciones populares, que la lucha de clases en Haití se ha agudizado. Pero se trata de una victoria parcial que provocó solo un retroceso y no puso todavía un punto final a la injerencia extranjera. Así hay que interpretar, por ejemplo, el llamado efectuado por Martelly sobre todo a la OEA para el envío de una Misión Especial para constituirse en árbitro de la crisis. Se trata de un nuevo Plan para retomar la iniciativa perdida por la acción de la calle.

El embajador argentino en Haití, el Sr. Alejandro Guillermo Deimundo Escobal, lo revela claramente a partir de unas declaraciones realmente escandalosas, injerencistas y ofensivas para el pueblo haitiano. Este Sr. no sólo se siente complacido por el rol de la OEA sino que se atrevió a plantear que Martelly podría seguir en su cargo hasta el 14 de mayo, una idea que fue desestimada hasta por dos principales consejeros del propio Martelly. Y así, según este diplomático, Haití podría seguir adelante con este proceso electoral. Una postura que se asemeja a la sostenida unos días antes por el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, cuando afirmaba que los haitianos han de seguir con el proceso electoral hasta su finalización y que su gobierno no va a tolerar a ningún gobierno de transición en Haití por un tiempo prolongado.

En vez de imitar de manera tan obsecuente a Kerry, hubiese sido mucho más útil para el Sr. Escobal leer el libro Haití: Fracasos y Desafíos Internacionales del profesor brasileño Ricardo Seitenfus, el ex representante de la OEA en Haití durante las escandalosas elecciones de 2010-2011 donde la OEA contribuyó a la designación de Martelly como presidente. Su intromisión en los asuntos internos del país manipulando los resultados electorales transformó a este organismo regional en uno de los responsables directos de la actual crisis. Así lo interpreta el pueblo haitiano que resiste en la calle. Y, por favor, Sr. Embajador Escobal, las imágenes de las masivas protestas de la oposición que circulan a través de todos los medios de prensa muestran con contundencia que es totalmente ridícula e insostenible su afirmación acerca del carácter minoritario de la oposición a Martely. También, Sr. Embajador, sería importante para no seguir ofendiendo de manera tan liviana al pueblo haitiano tratar de entender por qué la Iglesia Católica Haitiana hasta ahora se niega a dialogar con los miembros de la Misión de la OEA.

Ahora para llevar adelante esta especie de Plan B, los supuestos presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados han elaborado con Martelly una propuesta de salida. En esta nueva maniobra macabra tratan de neutralizar hasta el Grupo de los 8 candidatos a presidente y, obviamente, nada de consultar a las masas movilizadas. Y el descarte del G 8 de su vergonzosa propuesta se debe a que los 8 candidatos no reconocen a esos usurpadores de cargos y exigen una revisión por una Comisión de cómo llegó cada uno a su puesto.

Entre tanto, entonces, Martelly y sus cómplices nacionales e internacionales pretenden que los manifestantes que estuvieron detrás de las barricadas, que marcharon kilómetros y kilómetros, que enfrentaron la represión, que recuperaron la dignidad del país, que dijeron NO a Martelly, al CEP y a la Comunidad Internacional, sean borrados de un plumazo del escenario para que unos traidores que ocupan ilegalmente el Parlamento a partir de elecciones fraudulentas sean los que determinen el futuro del país. Pero esta maniobra no pasará, por lo menos tan fácilmente como lo suponen. La lucha será larga y difícil, pero el pueblo haitiano es un hacedor de proezas. La historia lo avala.