Venezuela vive la crisis más grave e intensa de su historia, generalizada en los desabastecimientos de medicina y alimentos. Hundida en la corrupción, la inflación, inseguridad y con una deuda externa impagable, con empresas mixtas devorando la industria minero-extractiva, dejando en el espacio geográfico venezolano un terrible desierto, donde el impacto ambiental, lo pagaran las generaciones futuras
REVISTA RUPTURA CONTINENTAL
La doctrina y práctica social del neoliberalismo, en su version venezolana, doctrina impulsada por los que dicen representar el socialismo del siglo XXI y en una “extraña” combinación y confabulación con la llamada oposición que se autodenomina democrata, es la expresión de una alianza solapada y responsable de esta crisis económica que nos agobia, producto de sus ejecutorias como elites políticas, económicas, militares, intelectuales de la llamada derecha e izquierda
En varias oportunidades hemos señalado que la globalización, como nuevo paradigma de la economía mundial, se asienta en cualquier nación, no importándole si el país se denomina capitalista o socialista.
En el caso venezolano, la perfidia llego a tal extremo, que los “dirigentes del socialismo del siglo XXI” aliados al imperio del gran capital, le vendieron al país todas las políticas neoliberales como un proyecto revolucionario –acompañado desde luego- de una profunda corrupción que en la actualidad agudiza el desastre que nos corresponde vivir a todos los venezolanos y donde la clase política y económica, tanto del gobierno como de la oposición son responsables directos del escenario que vivimos.
Los prestamos adquiridos a través del FMI, la Banca China y rusa para la “inversión en función del desarrollo” más la millonada de dólares que ingreso al país por concepto de la renta petrolera se esfumaron, con el agravante de la pérdida del mercado con los hidrocarburos, acrecentando de manera descomunal la deuda externa que para muchos es impagable, los precios del petróleo bajaron a tal extremo, que no es de extrañar que llegue el momento – de seguir esta situación- en que no podrán pagar los salarios a los trabajadores del Estado.
Venezuela adquiría por concepto de venta del petróleo 100$ por barril y ahora el gobierno se ve obligado a venderlo a 23$, con el agravante de que siga bajando y nos cuesta producir un barril 18$, esto nos muestra una realidad muy crítica, que puede traernos consecuencias no solamente de carácter económico más grave de lo que estamos viviendo, sino que desde el punto de vista social el pueblo comienza a identificar los culpables de esta situación. Y cuando hablamos de los responsables no me refiero a los precios del petróleo, nos referimos a esa clase política que desde un simple concejal, pasando por alcaldes, diputados, gobernadores, ministros y el propio entorno presidencial, se han aprovechado de sus posiciones de poder para asaltar el erario público, unos a nombre de la democracia y otros a nombre del socialismo del siglo XXI
Los subsidios ya no se podrán mantener, los programas sociales de igual manera, la crisis educativa, hospitalaria y la vivienda se agravaran y el desempleo crecerá enormemente para llegar a una situación insoportable, cuyas consecuencias las padecerá en mayor grado el pueblo de siempre, producto de una clase política y económica irresponsable, corrupta, carente de respeto a la condición del ser humano y apátrida, pues despilfarro millonarias sumas de dólares en tiempos de vacas gordas y lo peor “construyo” una política internacional a costa de los petrodólares que entraban al país para exaltar la personalidad y el ego del caudillo, hasta el punto que han intentado reemplazar la figura del libertador por el mismo.
Paso la campaña electoral, los diputados elegidos por los partidos del gobierno y de la oposición, TIENEN UNA GRAN DISCUSIÓN, discusión profunda pues todavía no saben dónde colocar los cuadros que removieron de esa “ilustre Asamblea”.Y que queda de todo esto? Un país azotado por el neoliberalismo, fuente energetica del imperio del gran capital, escenario de ancestrales contradicciones sociales que vienen del universo pre colombino a la cometida globalizadora que hoy cumple su tarea recolonizadora, para seguir sometiendo al país a ese extractivismo salvaje, que además de llevarse nuestros recursos naturales, deja el triste saldo de pobreza para nuestra gente –claro esta- bajo la complicidad del poder constituido, conformado por los partidos que hacen oposición y constituyen gobierno y de esta manera consolidar sus privilegios.
La doctrina y práctica social del neoliberalismo, en su version venezolana, doctrina impulsada por los que dicen representar el socialismo del siglo XXI y en una “extraña” combinación y confabulación con la llamada oposición que se autodenomina democrata, es la expresión de una alianza solapada y responsable de esta crisis económica que nos agobia, producto de sus ejecutorias como elites políticas, económicas, militares, intelectuales de la llamada derecha e izquierda.
De seguir así, la crisis se agudizara y la conflictividad social estara presente, situación que puede poner en jaque a esa clase política que gobierna en las diferentes instituciones del estado y que esta conduciendo a Venezuela hacia el barranco.
QUITARLES LA MASCARA
Si hay algo que desenmascarar en Venezuela es el llamado socialismo del siglo XXI, representa una estafa en el orden ideológico y político, el gobierno construye un discurso falaz, manejando desde el punto de vista sociológico la esperanza de cambio y transformación de un pueblo, que durante décadas ha sido engañado en los distintos gobiernos de turno, sin que éste sea la excepción.
Este gobierno mal llamado bolivariano, en nombre de la revolución entregó y sigue entregando nuestra riqueza petrolera a las trasnacionales, convirtiéndolas en socias propietarias del Estado venezolano, bajo la nominación jurídica de empresas mixtas. De igual manera lo hace con el gas, el carbón, el coltan y todo lo relacionado con la industria minero-extractiva. Los capitales financieros de la banca trasnacional, maneja a su antojo la economía del país y donde obtienen las mayores ganancias, comparado al resto de América Latina. El régimen impositivo, propio de los países capitalistas hace estragos en la economía de los venezolanos, reduciendo en la práctica su poder adquisitivo. En materia del mercado laboral, se aplica la flexibilización laboral, figura jurídica, que el capitalismo norteamericano invento, para evitar las contrataciones colectivas con los trabajadores, negando de esta manera un régimen de estabilidad laboral, utilizando para ello los contratos por semana o de uno a tres meses para interrumpir la relación laboral, de esta manera niega las prestaciones de los trabajadores, las vacaciones, los aguinaldos, convirtiendo a la masa laboral en un ejército de trabajadores sin seguridad social. La deuda externa continúa en crecimiento exponencial, donde los compromisos financieros adquiridos por el gobierno “bolivariano” en los últimos 9 años, tanto en el país como en el exterior, pasaron de 36,8 millardos de dólares a 74,2
Millardos y donde el pasivo que más se ha incrementado es la deuda interna, que se eleva de 4 millardos de dólares a 16 millardos de dólares durante el mismo período. La deuda externa contraída con organismos diferentes al FMI y el BM subió de 23,3 millardos de dólares a 25,8 millardos de dólares. En otras palabras, tenemos un gobierno con un discurso “revolucionario” pero con una ejecutoria profundamente neoliberal y globalizadora y de rodillas frente al capital trasnacional
Estos son los escenarios, que demuestran que no se marcha hacia ninguna revolución, por el contrario, la clase política en el gobierno se aprovecha de la misma para enriquecerse a costa de la renta petrolera, de manera parasitaria, donde el Estado tiende cada día a fortalecerse, controlado totalmente por el ejecutivo que cada día tiende más y más a concentrar el poder bajo la dirección de un caudillo que coarta la iniciativa popular, imponiendo políticas económicas que incluso atentan contra la soberanía nacional, manipulando y chantajeando a un pueblo que si quiere hacer una revolución.
Francisco Prada Barazarte (2007), al opinar sobre el mismo tema, declaro en el semanario nacional “La otra cara” lo siguiente: “No se puede hablar de socialismo, cuando el modo de producción capitalista permanece incólume, cuando se entregan los recursos de un país a las trasnacionales bajo la figura jurídica de empresas mixtas, cuando la banca se encuentra en manos de emporios extranjeros, cuando se establecen relaciones de poder, donde unos mandan y otros obedecen, cuando se crea un partido único que no permite la libertad de pensamiento y recreación de las ideas en el marco de la utopía, cuando los que administran el poder se enriquecen robando y saqueando a la nación, cuando se acrecienta las diferencia entre ricos y pobres, cuando los dirigentes se convierten en caudillos y encarcelan el poder popular, en fin no se pude hablar de socialismo en momentos en que el modelo económico que se desarrolla es un capitalismo de Estado con características globalizadoras”. (PRADA, Francisco. “La otra cara”. Junio del 2007)
¿QUE QUEREMOS?
Hoy día, requerimos de procesar y repensar la información, el conocimiento y las teorías transformadoras, para recrearlas, esto implicaría la elaboración de un corpus teórico propio. Que surja de realidades concretas en el tiempo y en nuestro espacio, partiendo de lo que fuimos socioculturalmente a comienzos del poblamiento de este nuestro continente latinoamericano. Buscar y encontrar en este legado histórico-concreto nuestra razón de ser, existir y vivir.
Hallar en esas áreas culturales el modo de ser indiano, latinoamericano, su espiritualidad, su religiosidad, sus valores, su ética, su filosofía, sus creencias, en otras palabras, su cosmogonía del mundo.
Este planteamiento, nos obliga a revisar conceptos como “desarrollo”, “tecnología, “ciencia”, “progreso”, “sociedad”, “crecimiento”, “industrialización”, “civilización”, “democracia” -entre otros- ya que los mismos han dejado en nuestro territorio solamente miseria, hambre, marginalidad y dependencia.
Estas versiones no han respondido a nuestras necesidades como nación y como pueblo. En estos conceptos todos occidentalizados e impuestos desde la colonia hasta nuestros días, por quienes siempre nos han dominado, son tramposos, los han utilizado para la colonización y ahora para la recolonización de nuestro continente, para hacernos más dependientes, más subdesarrollados e imponernos modelos de civilización, que además de explotar al hombre, ahora buscan la destrucción del mismo, en ese nuevo modelo de dominación llamado globalización.
Aquí el planteamiento de Douglas Bravo toma vigencia, donde indica que: “Un proyecto alternativo de nueva civilización y el Caribe es el asiento, como hemos dicho, de ese nuevo proyecto, desarrollara un nuevo modo de producción, no capitalista, no industrializado, (…) no depredador. Será una manera de producir que también tiene mucho que ver con la reconstrucción de la memoria histórico-cultural que contiene las formas de alimentación, distribución y consumo que quedaron sepultadas en el proceso de occidentalización. Si la forma de producir no es alternativa al capitalismo, quedará atrapado finalmente como ocurrió con la economía del socialismo (…) Esa forma de producir caribeña reivindicará nuevamente las relaciones hombre-naturaleza en este espacio geográfico, político, social, religioso, cultural, tecnológico, económico. Esa es la utopía que hoy presentamos para la discusión”. (BRAVO, Douglas. “Utopía del Tercer Milenio”, Edit. El Centauro. Caracas, 1997.pp. 21)
Se trata de la construcción de un modelo societario distinto y totalmente opuesto a cualquier forma “civilizadora” de las que nos tienen acostumbrados, llamase capitalismo o socialismo. Buscar una nueva civilización, sin desestimar los aportes que nos pueden dar las teorías revolucionarias, que nos hagan independientes, solidarios y protagonistas de nuestros propios procesos históricos
En el marco de estas ideas y de otras posiciones que vienen sosteniendo el movimiento revolucionario latinoamericano, es donde hay que buscar, el modelo civilizatorio que queremos, para evitar repetir los errores de otros pueblos y no entramparnos nuevamente, en malas interpretaciones y fusiones que nos puede conducir al fracaso tan frustrante y castrador de los mal llamados “socialismos”
Es obligatorio reunificar los esfuerzos, robustecerlos, ampliarlos, rearmar ideológicamente y políticamente a nuestro pueblo y al propio movimiento revolucionario, para impulsar y fortalecer la lucha insurgente de la nación latinoamericana.
Es plantearnos el enfrentamiento, en la unidad de nuestros pueblos, que conduzca al derrocamiento, de las oligarquías, de las burguesías, de las clases políticas, tanto de la derecha como de la mal llamada izquierda del sistema dominante, para que de paso a la ejecutoria de un programa mínimo de contenido patriótico, nacionalista y de auténtica participación de las masas, con carácter antiimperialista y antiglobalizador.
No se trata de hacer vulgares reformas en nombre de la “revolución” y de hablar de la perfectibilidad de la “democracia” para seguir engañando a los pueblos, para seguir cabalgando sobre conceptos occidentales, en función de dejar en la práctica las cosas como están. Sobre el tema Kleber Ramírez (1991) señalaba lo siguiente: “En estas condiciones, ciertos políticos teorizan diciendo que debemos luchar por la perfectibilidad de la democracia, pero por supuesto, siempre en el sentido de las reformas. Pero ellas son las que se pueden ir acumulando en las diversas etapas; ahora hemos llegado al final del ciclo; las reformas adquieren un sentido vacuo, en vez de entusiasmar producen reserva, porque la gente intuye que son cambios para que todo siga igual, cuando de lo que se trata es de realizar profundas transformaciones.
Es aquí donde asemejamos el accionar político, la lucha por la consecución de objetivos político-sociales claros y precisos, con una marcha incesante en pos del horizonte, hacia una perfectibilidad continua.” (RAMÍREZ, Kleber. “Venezuela la IV República. Caracas, 1991.pp. 173)
Se trata de construir un nuevo pensamiento emancipador, es parte de la dialéctica, donde no puede haber fronteras, donde nos encontremos con nuestros sueños, el humanismo militante, la solidaridad, los revolucionarios, los militares nacionalistas, la iglesia comprometida, la desobediencia, los patriotas rebeldes, la insurgencia popular, el chavismo revolucionario, la esperanza y la conjura, para hacer de la utopía un proceso ontocreador que nos conduzca a la emancipación de nuestros pueblos y la construcción de un modelo civilizatorio que dignifique la vida.