Envíopostaporteñ@ 1556

Coplas del payador perseguido

Con permiso via a dentrar
aunque no soy convidao,
pero en mi pago, un asao
no es de naides y es de todos.
Yo via cantar a mi modo
después que haiga churrasquiao.

No tengo Dios pa pedir
cuartiada en esta ocasión,
ni puedo pedir perdón
si entuavía no hei faltao;
veré cuando haiga acabao;
pero ésa es otra cuestión.

Yo sé que muchos dirán
que peco de atrevimiento
si largo mi pensamiento
pal rumbo que ya elegí,
pero siempre hei sido ansi;
galopiador contra el viento.

Antes de citar a Lenin, Trotsky, al Ché e incluso a Jorge Torres, he decidido empezar con algunos versos mucho más cercanos, porque creo que hay demasiados payadores en liza. Algunos, para entonar cantos propios, pero otros para entonar los ajenos… y vaya si desafinan!!!

Aparentemente, de lo que se trata es de comentar el último libro del Flaco, al que vuelvo a enviar mi más sincera enhorabuena. Veo que con la recuperación de la salud está empezando a darme la razón en varios puntos que son muy importantes, al menos para mí, que he sido el primero en sacarlos a la luz, allá por 1972. Espero que persista en esa línea y que de a poco vaya dando rienda suelta a tanto secreto que todavía tiene guardados.

Por ejemplo: desde qué fecha sabe que Wassen se adjudicó la responsabilidad de la cárcel del pueblo, cuando dijo que solo él era el responsable y de quién fue “la idea” de adjudicarme los señalamientos realizados por Donato Marrero y Rodolfo Wolf, los que fueron perdonados por los que desde 1985 se han adjudicado la potestad de decidir quién traicionó y quién no.

Ojo: yo no reprocho a Marrero y Wolf lo que hicieron, porque ellos, igual que yo, lucharon por su vida. Les reprocho que hayan callado una vez que el paso del tiempo los ha eximido de toda responsabilidad. Leerse otra vez Marenales, de Sergio Márquez Zacchino, donde el viejo Julio amaga pero no concreta.

Aunque sea una digresión, tengo que decir que nadie aprueba en comprensión lectora, porque yo no estoy diciendo nada que no se haya dicho ya. El problema está, en que como dice Zabalza, se consideran los hechos como si fueran aislados, sin capacidad para situarlos en su contexto y en la correcta relación que tienen unos con otros.

Vuelvo a Marrero y Wolf: quizás estén esperando a que se decrete la anulación de mi procesamiento. Sé que el mío ha sido una advertencia, tanto para ellos como para quienes han colaborado,  en “aras de otras futuras insurgencias” que hoy han quedado en el olvido, en mantener en funcionamiento a un aparato armado para construir y mantener una falsa expectativa revolucionaria, para mayor gloria de quienes serían finalmente los beneficiados… una vez que decidieron dejar de lado no solamente las expectativas, sino a quienes arriesgaban su libertad e incluso su vida para sostenerlas. Zabalza incluido.

Cualquier interesado puede comprobar, con la versión auténtica de mi manuscrito, no la versión falsa escrita por Fasano y el Ñato y publicada por Mate Amargo cuando el Flaco era su director, que los planes hoy llamados “del Ñato” o de Fernández Huidobro, representaban el sentir de un sector mucho más amplio, en el que revistaban reconocidos estrategas políticos, de la talla de Raúl Sendic, Julio Marenales, Jorge Zabalza y Mujica Cordano, antes de convertirse en el Pepe. Por nombrar solo a los más conocidos por el gran público.

Esos mismos planes, a los que Rosencof en Memorias de insurgencia califica de maravillosos, eran inviables. No lo digo yo, lo dice el mismo Rosencof, a renglón seguido, casi en la misma página. Son los mismos planes a los que el Ñato descalifica cuando en el mismo libro le dice a Clara Aldrighi que no se podían cumplir las acciones del plan antigolpe porque no había armas, balas, explosivos y ni tan siquiera varillas de hierro para los miguelitos.

¿No parece una contradicción que en noviembre de 1971 se piense eso y con las mismas condiciones materiales se pretenda construir un segundo frente en el interior del país? Yo creo que sí. Es evidente. Nada había cambiado, salvo la paranoia de un puñado de iluminados. Nadie dice que esos iluminados tuvieron enfrente a muchos discrepantes

 Me atrevo a asegurar que fuimos los que valorábamos la acción militar por su carácter de movilizador político, los que fuimos mal llamados militaristas, los que nos enfrentamos a esos planes. Pero lo hicimos desde adentro, orgánicamente, tanto desde Punta Carretas como estando afuera, creyendo que quienes los propugnaban solo estaban equivocados.

Ignorábamos lo que el Ñato le dirá años después a Aldrighi: nos fuimos a la base porque nos habían rechazado los planes y queríamos demostrar que eran correctos. Sendic quería recuperar su prestigio perdido. O sea, dejaron de discutir orgánicamente y se fueron a la base, a hacer trabajo de zapa y a hacer uso de una autonomía que nadie les adjudicó y que llevará a Sendic a “declarar la guerra” desde Paysandú, prolegómeno de las acciones de las que el Kaki se caga de risa y a las que el mismo Zabalza acaba de reconocer en toda su irremediable estupidez. Ya lo había hecho antes, pero lo reitera en su –espero que no sea- último libro.

Como decía en el inicio, aparentemente estamos hablando del libro del Flaco, pero en realidad hablamos del MLN, o quizás mejor, de su debacle. Porque eso es lo que el Flaco pretende, para intentar hacer responsable a los planes del Ñato como si los planes hubieran sido del Ñato y no de un conjunto más amplio, tan amplio que encuadró a todos los baleros patrios, incluido el suyo.

Pero así como no ha vacilado en decir que fui el único que me opuse al “apoyo crítico” al Frente Amplio, podría decir que fuimos muchos los que en Punta Carretas discrepamos de los planes que con tanto mimo fueron copiados noche a noche por el Ñato y sus secuaces y discutidos de día en día por los que discrepábamos con ellos.

 No se me juzgue mal: hasta junio de 1972 los seguí considerando compañeros. Será a partir de esa fecha que entendí, Wassen mediante, que yo era el elegido para cargar con las culpas de una derrota que el mismo Flaco le contó a Hugo Fontana que yo vaticiné, cuando en marzo de 1972 fuimos informados del plan de reorganización llevado adelante por los que dieron el golpe interno el día 16 de ese mes.

Porque hay algo de lo que no se habla: las “masas populares” apoyan y respaldan a quienes van ganando. Nadie es tan turro ni chitrulo como para apostar a perdedor. El Flaco, que usa un símil futbolístico lo sabe. Hay que meter goles, y para meter goles necesitás una organización, nombre que han dejado de usar para hablar de “aparato”, dándole un sentido despectivo al término. Fueron precisamente los que no creyeron en la necesidad de la organización –el aparato tan denostado- los que emprendieron la loca aventura del Plan del 72, con el Tatú a cuestas, al que el Flaco se abstiene de criticar.

Y por favor, el plan Hipopótamo no fue más que una elucubración teórica. Pero que debe tenerse en cuenta para calibrar la capacidad de desvarío. Y menos mal que eran los que pensaban…

Los que hemos sido acusados de militaristas, aparatistas, accionistas y demás, fuimos los que nos encargábamos de meter los goles para poder seguir recibiendo el apoyo de la hinchada, para poder disponer de casa, autos y algo de guita para mantener el equipo en juego. Lo que pasó fue que algunos se creyeron que bastaba con agarrar a la gente de la 15 y llevarla para Paysandú, Salto o Colonia, y que sin equipo iban a poder seguir metiendo goles.

A los argentinos les pasa con Messi y a los uruguayos con Suárez. Ahora bien, alguno me dirá que todo eso pasó porque quienes condujeron a la debacle al MLN no habían leído a Lenin, a Trotsky, al Ché o incluso a Jorge Torres, nuestro ex compañero de los inicios, cuando revistaba como Alfil en la filas tupamaras, al que dimos de baja, entre Sendic, el Ñato y yo, tras la famosa espantada en el altillo de la casa de José L Terra y Larrañaga, en 1965, de la que Mujica le contó a Miguel Ángel Campodónico· su final, pero no el desarrollo, porque él no estuvo presente.

Pues les tengo que decir, una vez más, que se equivocan y que están meando afuera del tarro. Son precisamente los que todos han considerado con mayor bagaje teórico quienes pergeñaron los planes hoy llamados “suicidas”, pero antes defendidos con todo tipo de argumento e incluso artimañas, tal como finalmente han reconocido en sus múltiples escritos, que por lo visto nadie ha leído.

Como un día el Flaco le preguntó al Ñato ¿Para qué sobrevivimos?, yo le pregunto al Flaco ¿Para qué escribimos, Flaco?

Porque es evidente que si lo leyeran al Flaco como corresponde, se darían cuenta que ha cambiado de opinión en varias ocasiones, como demostraré en poco tiempo. Y si me hubieran leído a mí con la mínima atención no se me habría hecho el vacío del que estoy rodeado y se les habría exigido a mis acusadores algo más que la simple defenestración verbal.

¿Qué Amodio ha traicionado, que ha mentido, que ha mandado a la muerte y a la tortura a los compañeros? Aquí estoy. Demuéstrenlo.

Ahora la panacea es el Tejazo, la antigua “operación tero”, como antes fueron las tatuceras. Siempre a la búsqueda del arma milagrosa, la que les iba a proporcionar los atajos para la toma del poder.

Vamos entonces a hablar del Tejazo:  fue organizado por el MLN, que envió militantes de grupos en formación con un plan elaborado de antemano, al que se sumaron, por contagio barrial –por algo se eligió La Teja para llevarlo a cabo- algunos  vecinos del barrio, aprovechando que la policía, sorprendida, se vio desbordada y no reprimió.

Confundir un hecho aislado, una algarada popular con un levantamiento, es exagerar. No demos por el pito más de lo que el pito vale. Para que vean que no exagero: la fuga iba a concretarse el día 5 de setiembre. Un accidente obligó a postergarlo 24 horas. Casualmente, el Tejazo también se postergó y no se movilizó ninguno de los vecinos. Lo organizó el MLN. Y la policía no intervino porque fue un hecho aislado.

No se puede construir el futuro sobre bases falsas. Y eso no se arregla leyendo a los teóricos. Dejémoslos en paz, que ellos ya cumplieron su papel y analicemos con seriedad lo que realmente sucedió. Porque en el fondo, los únicos beneficiados son los que hoy casi unánimemente son calificados como traidores a unos ideales por los que todos dijimos luchar.

Si queremos “que las futuras insurrecciones” no cometan los mismos errores que cometimos nosotros, ahora sí empleo el plural, no para esconderme en el colectivo, sino para reconocer nuestras responsabilidades, tenemos que decir la verdad, aunque ello signifique reconocer que se ha mentido para “salvaguardar” lo que quedaba en pie

No tuvieron en cuenta que lo que quedaba en pie eran unas ruinas que no valía la pena conservar. Cuando me entrevistaron de Voces les dije que el Frente Amplio no tendría salida hasta que no se despojara de la mafia que provenía del MLN. Creo que tampoco me equivoqué. A las pruebas me remito. Y espero que todo quede por estas, solo mala gestión. Para los que no lo saben, el libro de cabecera en Punta Carretas no era de Abelardo Ramos, ni de Mariátegui ni de Trías. Era El padrino, de Mario Puzo. ¿Les suena de algo?

No conozco a C.E.R. ni a Moyano. No sé quien es Pelusa pero lo sospecho. Con el gallego Arguiñarena he compartido horas mejores y peores, y con el Kaki no tengo palabras para referirme a tantas cosas que compartimos.

Creo que forman en el equipo de los que llamo “bienintencionados”, junto a Mau Mau, que le sigue mandando flores al Bebe, junto con un 38. Seguramente todos, de alguna manera, piensan en futuras insurrecciones. Yo no. Por convencimiento. Vengo de presenciar otra insurrección fallida: la primavera árabe. Era la panacea: la revolución vía Internet, por Facebook. El sueño de todo revolucionario: derrotar al imperialismo con sus propias armas. Como dice el Flaco, hacer la revolución tomando mate, conduciendo a las masas con el celular, mientras mirás alguna telenovela. Si es venezolana, mejor, por aquello de la revolución latinoamericana. Cuidado: lo del Flaco se acaba en el mate, el resto es de mi cosecha. Tiene copyright. ¿Se dice así, verdad?

Si no es así, corregirme

Amodio

PD. Sobre el resto también me pueden corregir, pero como estoy haciendo uno de esos cursos para aprender idiomas en unos días, quiero comprobar mis progresos.

Gracias